viernes, 5 de noviembre de 2021

Dostoievski en la hierba, de Mar Aísa Poderoso. Una novela negra fuera del estereotipo

DOSTOIEVSKI EN LA HIERBA. Mar Aísa Poderoso. Editorial Siníndice (2018)

Manu López Marañón

Mar Aísa Poderoso (Zaragoza, 1967), autora de «Dostoievski en la hierba» que hoy reseño para SALAMANDRANEGRA.COM, está de actualidad por haber publicado el pasado junio «¿Quién ha visto a una sirena?» (Bohodon Ediciones, 2021). Ambas novelas constituyen, de momento, el corpus literario de esta licenciada en Filosofía y Letras. Residente en Logroño desde 1995, ejerce allí como profesora de Geografía e Historia y Filosofía. Mar alterna la docencia con labores de formación del profesorado.

Cuando, tras prolijas gestiones, adquirí el que debió de ser último ejemplar de la edición de «Dostoievski en la hierba» (una tan esforzada como amable librera de la Casa del Libro de Bilbao removió Roma con Santiago para conseguírmelo), lejos estaba de imaginar que iba a leer una ficción criminal en clave de novela de detectives... «Otra más», me dije al descubrirlo, no demasiado animado. Aunque haya reducido drásticamente mi afección a esta rama del noir, el empacho de hace unos años, cuando si no a todos (imposible dada su proliferación) leí a muchos de sus autores españoles, aún me dura.

Pero reconozco que mis ahora esporádicas incursiones en la investigación criminal suelen saldarse con notables éxitos. Así, enterado el pasado año del excelente estado de salud que goza la saga de Belvilaqua y Chamorro, creada en aquel lejano 1998 por Lorenzo Silva (publicada en 2020, «El mal de Corcira» es –junto a «La niebla y la doncella»– la mejor entrega de la serie), o sorprendido por la irrupción de esa particular familia de detectives –los Hernández– fruto de la feraz imaginación de la novelista Rosa Ribas (A «Un asunto demasiado familiar» ha seguido este 2021 «Los buenos hijos», joyas no ya del género, sino de la literatura), con Mar Aísa Poderoso y su opera prima acabo de incrementar el grupo de autores policíacos que llama mi atención.

«Dostoievski en la hierba» se inicia con el hallazgo de un cadáver, durante las fiestas de San Mateo, en el logroñés parque de la Ribera. Hoy día, para no fatigar al lector con la incesante presencia de un detective desmadejando un asesinato se requiere de este una personalidad capaz de superar el creciente aburrimiento de las visitas, los interrogatorios y las posteriores decepciones que lleva esclarecer un misterio a la postre mediocre. 

                                                            Parque de la Ribera. Logroño


Mar Aísa Poderoso se las apaña para que el subinspector de policía Diego Cárdenas y su hermana, la traductora Lucía, cada uno desde sus profesiones, desenreden una complicada trama (desprovista de cualquiera de los atributos del tedio), que ha llevado a la muerte a Svetlana Yurievena Lebedeva, experta violinista de la Orquesta Nacional de Bielorrusia a punto de ser fichada por la Chicago Symphony Orchestra.


                                                        Orquesta Sinfónica de Bielorrusia

Una vez aparecido el crimen, las malas novelas negras responden al enigma con esquemas previsibles. Solo los escritores buenos son capaces de dar a la construcción de la intriga algo que vaya más allá del simple suspense o de la resolución de un problema. Mar Aísa Poderoso innova en el género creando una doble investigación: la profesional que lleva la policía y otra –en paralelo– a cargo de Lucía y el compañero que trabaja con ella, traductor de lenguas eslavas. A diferencia de tantos escritores de hoy que no evitan caer en el solapamiento –algo que a mí me indigna–, las pesquisas de Diego y Lucía Cárdenas, complejas y que requieren escenarios en varios países (California, Minsk) así como la recreación de épocas bien alejadas del presente (la Guerra Civil española, la URSS en la que ha triunfado la Revolución,...), resultan, siempre, oportunamente complementarias. 


Con tal juicioso dinamismo la autora logra que sus lectores nos sintamos activos, parte de la investigación (y no meros espectadores, tratados de cretinos, a los que se deben repetir dos –y hasta tres veces– datos y desvelamientos ya expuestos). Este doble enfoque, profesional y aficionado, magistralmente ensamblado a la hora de enfrentarse al misterio acaba por resultar la principal baza de «Dostoievski en la hierba». 

Las novelas negras que empiezan con un muerto son comerciales, juegos de artificio policial: por eso abundan. Y como no pueden permanecer invariables y aplicar siempre un único y mismo patrón, cada vez resultan más complejas, más absurdas..., más insoportables. 

La autora zaragozana se ha preocupado de aunar comercialidad y calidad literaria, algo que honra a un género tan devaluado por la flagrante ausencia de esta última. Al patrón canónico policíaco no lo combate con complejidades argumentales, bizarros detectives conservados en alcohol y violencias gratuitas. Todo lo contrario: tanto Diego como Lucía son personajes reales, con las aficiones y los problemas que pueden tener un recién separado y una viuda; la trama interesa desde la aparición del cuerpo de la violinista; los cambios de escenario siguen una lógica narrativa, alejada de esos otros virajes incomprensibles con que tanto thriller pretende salir adelante... En fin, lo absurdo, la complejidad gratuita, quedan al margen de «Dostoievski en la hierba», un título que, aportando las dosis necesarias de violencia, se hace merecedor de que retengamos el nombre de su autora.

Numerosas novelas de deducción decepcionan a la curiosidad cuando el detective ata los muchos cabos sueltos con la invencible pericia de quien despeja un teorema. Ante esa contundente solución lógica pierdo el placer de seguir dudando. En la obra de Mar Aísa Poderoso, cada hallazgo que lleva a la resolución del caso viene duramente peleado: tanto el trabajo en equipo liderado por el subinspector Diego Cárdenas (a sus órdenes tiene a dos oficiales efectivos, Sofía Virumbrales y Sebastián Jubera), como la labor detectivesca que, por cuenta propia, aunque informalmente supervisada por Diego, llevan Lucía Cárdenas, el traductor sueco Lars Erik y el padre de Lucía (el jubilado Francisco), acaban dando sus frutos. Pero nadie les regala nada, cada pista –y los lectores somos apasionados testigos de ello– viene lograda por el sudor y el riesgo.

                                                                        Un violín Stradivarius

De estar solo ante un «caso», una historia abierta y sin sentido como las que proliferan en la crónica roja de los diarios, «Dostoievski en la hierba» genera suficientes remedios para que un género con convenciones, fórmulas y líneas temáticas tan definidas y estereotipadas como las de la novela policial respire con mayor libertad. 

Mar Aísa Poderoso se incorpora a la lista de solventes autores que resuelven asesinatos: Lorenzo Silva, Rosa Ribas, Alberto Pasamontes, Alexis Ravelo, Esteban Navarro y tres vascos en los que tengo puestas mis expectativas: Javier Sagastiberri, Anton Arriola y Aritza Bergara. Que siga creciendo.


ENTREVISTA CON MAR AÍSA PODEROSO:


                                                              Fedor Dostoievski (1821-1881)


La literatura rusa es una de las señas de identidad de «Dostoievski en la hierba». «Crimen y castigo» tiene un papel primordial en el arranque de las investigaciones sobre la muerte de la violinista. Además, los aficionados a los escritores rusos hallarán también un guiño en tu obra a una de las grandes novelas de León Tolstoi y algunos de ellos –esto ya es para nota– descubrirán, en un personaje tuyo maravillosamente trazado, la enrevesada personalidad de Iván Karamazov (uno de los inmortales hermanos creados por Fedor Dostoievski...)

¿Cómo llegas a la novela rusa y cuál ha sido su influjo en tu caso?

Desde muy niña he sido una lectora voraz. Tuve la gran suerte de que mi padre tuviera una biblioteca muy bien nutrida y variada en donde podías encontrar desde Zane Grey hasta Colette, Zweig, Dumas o Dostoievski. Ello hizo que ya en la adolescencia fuera leyendo a autores muy distintos. Recuerdo que me llamaba mucho la atención un volumen que llevaba por título «Crimen y castigo»; sentía hacia él una atracción especial. Fue mucho tiempo después cuando me atreví a adentrarme en él. Sentí como un golpe en el estómago, creo que fue algo casi físico. Me enamoré del alma rusa, tengo que confesarlo. Así es como llegué a Dostoievski y luego a Tólstoi. Con «Anna Karenina» quedé rendida para siempre. Años después, tuve la oportunidad de estudiar ruso en la Escuela Oficial de Idiomas de Zaragoza y vivir pequeñas temporadas con familias en Bielorrusia y Ucrania. Aproveché para visitar mercadillos y librerías de libros de segunda mano en donde adquirí algunos ejemplares antiguos preciosos  y muy baratos de autores como Pushkin. Leerlos en su lengua original me resultó bastante complicado, pero me animé a comprarlos en español y así fueron llegando otros autores como Gógol, Turgueniev, Pilniak o Bulgákov.

Rusia y la cultura rusa me han facinado desde siempre y especialmente después de convivir con sus gentes. Nunca olvidaré esa noche de 1994 en la que llegamos por primera vez en tren a Minsk y bajamos en una estación que parecía una fotografía en color sepia, como si hubieramos entrado en un tunel del tiempo. Después de ese impacto inicial, descubrí un pueblo extraordinario que ama la cultura: la literatura, la danza, el circo, la música... Fue una experiencia inolvidable que me marcó para siempre. 

La falta de motivación emocional de los personajes de Dostoievski hace que muchos de ellos parezcan locos que hacen cualquier cosa sin que les afecte la memoria afectiva... Desde que Fedor crea para «Crimen y castigo» a Rodion Romanovich Raskólnikov ningún escritor de novela policíaca puede ya resistirse al influjo de un personaje totalmente original para su época y que hoy sigue más vigente que nunca.

Dinos, hasta dónde puedas,... ¿Hasta qué punto consideras a alguno de tus personajes «hijo» de Raskólnikov?

Creo que muchos lectores hemos sucumbido al influjo de Raskólnikov y seguramente esto haya hecho que como escritores haya estado presente en nosotros de forma inconsciente. Los escritores somos consecuencia de nuestras lecturas. Todas ellas forman parte de nuestro bagaje personal y de forma inevitable emergen al escribir. Es un personaje ambivalente, como lo somos todos, como lo son la mayoría de los personajes. En realidad, la novela plantea, más allá de la trama, algunas reflexiones sobre las que efectivamente se extiende la larga sombra de Raskólnikov. Pero no podemos contar nada más, simplemente que los lectores se atrevan a descubrirlo. 


«En las novelas policiales hay una situación de lectura que define el género mismo, el lector sabe o imagina lo que le espera al leer ese libro, y lo sabe antes de comenzar». Esta frase de Ricardo Piglia (uno de los escritores que mejor teorizó sobre el género negro) resume a la perfección el aplanamiento que muchos sentimos al iniciar la lectura (por afición u obligación) de cualquier investigación criminal.

En la reseña trato de aclarar cómo con tu «Dostoievski en la hierba» consigues desemarcarte, –y muy bien–, del canon policíaco; cómo durante su lectura no hay cabida para el aburrimiento.

Me gustaría saber si al iniciar tu novela tenías ya claro el objetivo de buscar para ella un mayor grado de originalidad (tanto en el argumento y ambientación como en el plano estrictamente técnico de la escritura) o si, por el contrario, esta fue surgiendo de manera espontánea.

Esta novela surgió una noche de verano, después de cerrar un libro de Donna Leon. Pensé que sí Venecia tenía su inspector Brunetti, por qué Logroño no podía tener su propio detective o policía. Y así surgió el subinspector Diego Cárdenas. Pero es cierto, que pronto tuve la idea de acompañarlo con otro personaje que imprimiera cierta singularidad a la investigación, alguien que interviniera con otras aportaciones y perspectivas; así surgió su hermana Lucía. Quería escribir una novela con personajes con cuerpo y alma. De hecho, muchos de los lectores y críticos me decís que mis novelas son de personajes.  Los dos hermanos forman un buen tándem. Son muy distintos, pero se complementan. Diego está tratando de salir de un divorcio mal encajado y Lucía se encuentra en una situación de absoluto desconcierto personal ya que su marido desapareció tres años atrás en un accidente de aviación en la frontera entre Colombia y Venezuela. Son dos personas heridas que unen fuerzas para seguir adelante. 

Por otra parte, tenía claro que quería escribir algo más que una mera trama policiaca. En la novela hay aspectos que se introducen y se entremezclan como historia, literatura, música, filosofía, arte o cine, que no son habituales del género y que le aportan singularidad. Asimismo, he cuidado también la palabra, la forma. La literatura tiene sus propios códigos, su propia manera de  provocar en el lector la emoción y la evocación. Otorga al lector el poder de imaginar, de decidir cómo quiere que sea un personaje o un lugar. Cuando el libro llega a las manos del lector convierte a este en protagonista activo del proceso creativo. Ahí reside la magia y creo que en parte esa magia está llegando a los lectores cuando me dicen que tienen ganas de llegar al final para descubrir el misterio, pero que por otro lado, no quieren que las novelas terminen porque se sienten muy a gusto y felices dentro de ellas. 

Antes un relato, para ser policíaco, exigía que la función de investigar se encarnase en un sujeto que solo se dedicaba a dilucidar enigmas como  el Auguste Dupin de Poe o el Sherlock Holmes de Conan Doyle (y su sucesión de epígonos y descendientes)… En el siglo XX, sobre todo gracias a la novela negra norteamericana, se rompe con esa tendencia, y, aparte de policías o detectives, investigador puede ser ya cualquiera. Así, una de las líneas de investigación en «Dostoievski en la hierba» viene protagonizada por dos traductores y un jubilado.

Como he dejado escrito, la conexión del subinspector Cárdenas con Lucía y su equipo resulta modélica (tanto a nivel argumental como de estructura) a la hora de ir arrojando luz sobre el caso. 

¿Te ha llevado mucho tiempo conseguir que las evidencias a las que llega tanto la policía como los traductores cuadren tan bien y de forma nada artificiosa, sin el menor rastro de solapamiento?

Cuando empiezo a escribir parto de una idea que me llega a modo de fogonazo. En el caso de «Dostoievski en la hierba» todo comenzó con la imagen de la traca final de los fuegos artificiales de las Fiestas de San Mateo. Ese momento único en el que después de haber permanecido absortos contemplando el espectáculo se van encendiendo poco a poco las luces y parece que todo empieza a resurgir a  cámara lenta. A partir de ahí, imaginé a un grupo de niños jugando que  encontraban por sorpresa un cadáver. En este caso, el de una mujer joven vestida con ropas de prostituta, una máscara de lobo de cuento sobre el rostro y a su lado una extraña nota con un texto en alfabeto cirílico. Este fue el punto de partida de la historia que fue surgiendo día a día al sentarme a escribir. Aunque la historia fue fluyendo, no dejó nada al azar; casi desde el primer momento intuyo el final al que quiero llegar. Es evidente que si no sabes a dónde vas puede que no llegues a ningún sitio, pero me gusta también dejarme sorprender.

Por otra parte, soy muy minuciosa en las correcciones para que todo tenga sentido y encaje. Para mí es un proceso importante, muy interesante e intenso como escritora. Es un tiempo de dedicación y concentración plena en el que la novela se convierte en un todo, toma cuerpo. Es solo después de este trabajo cuando lo doy a leer a mis lectores cero para recibir las primeras impresiones antes de enviarlo a la editorial.    

Tienes tu nueva novela, «¿Quién ha visto a una sirena?», recién sacada del horno. No creo que sea el único que, tras terminar tu opera prima, tenga ganas de hacerse con ella… 

Para quienes vamos a comprarla: ¿Es también novela policíaca? ¿Comparte algún personaje de «Dostoievski en la hierba»? ¿Qué puedes adelantar de su argumento?

«¿Quién ha visto a una sirena?» es un segundo caso de los hermanos Cárdenas que se puede leer de forma independiente de «Dostoievski en la hierba». Los personajes tanto principales como secundarios son los mismos. El escenario principal continúa siendo Logroño y, por supuesto, también hay escenas en Zaragoza, mi ciudad natal, que siempre va a aparecer; en este caso llevo a los personajes al barrio de la Magdalena, bohemio y cosmopolita, que tiene una torre mudéjar impresionante. En esta novela, como novedad respecto de la anterior que se vinculaba a Minsk, hay una parte de la trama que se desarrolla en París, una ciudad que me encanta y que va a jugar un papel relevante en la resolución del caso. 

La novela empieza delante de la hermosa iglesia de San Bartolomé, la más antigua de Logroño, cuando Lucía reta a sus sobrinos a encontrar a una sirena. Curiosamente esta iglesia también tiene su torre mudéjar.

Del argumento puedo decir que el caso comienza unos días antes de Navidad cunado una pareja de ancianos es encontrada muerta en su domicilio de Logroño en un aparente caso de violencia de género. Sin embargo, tras una segunda inspección más minuciosa, se encuentran escondidas en un tocador una agenda con unas misteriosas citas con una pitonisa y unas cartas en francés dirigidas a la esposa por un anticuario parisino que nos llevarán al mayo del 68 y a la época de la Transición española. A partir de ahí, Cárdenas dará un giro a la investigación a pesar de la oposición de sus superiores. 

Es una novela en la que se tocan muchos temas de actualidad, con más de veinte personajes interactuando y en la que la pintura impresionista y el cine clásico juegan un papel destacado. 

Para acabar me gustaría que los lectores de SALAMANDRANEGRA.COM accedan a tus gustos literarios, tanto en tu faceta de (supongo) lectora devoradora como a la hora de convertirte en rigurosa escritora de noir.

Dinos, ¿Aparte de Dostoievski, qué autores influyen más sobre tu actividad literaria?

Son muchos los que me han ido acompañando en mi andadura vital y que forman parte de mí: Jane Austen, las hermanas Brontë, Balzac, Tolstoi, Flaubert, Stendhal, Wilde, Emilia Pardo Bazán, Agatha Christie, Colette, Pearl S. Buck, Edith Wharton, Scott Fitzgerald, Némiróvsky, Carmen Martín Gaite, Isabel Allende, Paul Auster, Pierre Lemaitre, Donna Leon, Fred Vargas…tantos y tantos que me han hecho y me hacen muy feliz y que han contribuido a ser lo que soy como lectora y como escritora.  


                                                    Mar Aísa Poderoso

1 comentario: