viernes, 12 de noviembre de 2021

Besos usados en hilera, de Maripau González. Doce relatos breves que forman un libro inolvidable

Manu López Marañón


BESOS USADOS EN HILERA Maripau González. Letra Minúscula (2021)

Maripau González, autora de Besos usados en hilera nació en Madrid pero lleva muchos años residiendo en Reus. Escritora de microrrelatos desde 2010, ha quedado finalista de concursos importantes, como Premis Literaris Constantí (2016) y Premis Literaris de Relatos de Nou Barris (2017). Ha publicado relatos para el taller «El Vici Solitari» y en 2018 participa, de manera grupal, en el libro solidario Pasión por la escritura. Maripau González tiene un blog personal de narrativa, Micro-Regalos. En él comparte poemas, microrrelatos, reflexiones y, de vez en cuando, redacta unas maravillosas reseñas sobre libros que le han llegado al corazón.

Julio Cortázar da una definición de relato que debería ser interiorizada por cualquier autor de cuentos: «Género de difícil definición, tan huidizo en sus múltiples y antagónicos aspectos, y en última instancia tan secreto y replegado en sí mismo, caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía en otra dimensión del tiempo literario». Añade Cortázar, en el ensayo que sigue a este enunciado, tres características principales del relato que resumo para los lectores de SalamandraNegra.com.

En primer lugar está la significación. Un cuento es significativo cuando sabe quebrar sus límites con una explosión de energía espiritual que ilumina bruscamente algo que va más allá de la anécdota (por el tamaño, generalmente pequeña) que expone. Aquí se produce una criba inicial entre buenos y malos cuentistas.

Sigue la excepcionalidad. El tema del que sale un buen cuento busca siempre ser excepcional, pero ello no quiere decir que sea algo extraordinario, fuera de lo común. Muy al contrario, puede tratarse de una anécdota cotidiana. Lo excepcional en el tema es ser capaz de imantar al lector, atraerlo a un sistema de relaciones conexas, a una cantidad de nociones, visiones y sentimientos que flotan en la memoria o en la sensibilidad del autor y calan, después, en sus lectores. En este tramo naufragan ya muchos.

La tercera característica para Cortázar es la intensidad. Significación y excepcionalidad carecen de sentido si no las ponemos en contacto con los conceptos de intensidad y tensión, que no se refieren solo al tema sino a su tratamiento literario, a la técnica para desarrollarlo. La intensidad elimina ideas o situaciones intermedias, los rellenos o fases de transición que la novela permite e incluso exige. En el cuento la intensidad busca convertirse en tensión pura y el autor la logra cuando sabe acercarnos, con su ritmo requerido, a lo narrado. Lejos de saber qué va a ocurrir en el cuento, sin embargo, los lectores no podemos sustraernos a su atmósfera. En unos relatos los hechos, despojados de toda preparación, saltan sobre nosotros atrapándonos. En otros, más demorados, sentimos que los hechos en sí carecen de importancia, que lo bueno viene en las fuerzas que los desencadenan, en aquello que los precede y acompaña. Saber aplicar grados diferentes de intensidad en su acción, dar con la tensión interna del cuento son cualidades producto de escritores –pocos, y a quienes llamamos maestros– con amplio dominio del oficio.

Doce son los relatos que Maripau González regala en Besos usados en hilera. Siguiendo el itinerario cortazariano, hay que decir que iluminación, magnetismo y tensión definen a todos los cuentos de esta gran autora. En efecto, con su libro, la escritora de Reus consigue ponerse a la altura de los grandísimos escritores de cuentos que en nuestro país no cesan de aparecer (por desgracia, de silenciosa manera y con lamentable escasa repercusión). Será cuestión de predisposición, más que de suerte, pero no hay volumen de relatos que caiga en estas manos que no despierte el mayor de mis entusiasmos literarios. El año pasado fueron los del bilbaíno Oskar Bilbao (Historias de la chusma, Kuletxov Factory, 2016) y la madrileña María Jesús Mena (Relatos monocromáticos, Olé Libros, 2020). En este 2021 Maripau González pone altísimo el listón para los que vengan después.

Cabe definir a Besos usados en hilera como un libro donde el amor triunfante, no sin pocas complicaciones –a veces bizantinas– logra protagonismo estelar. En efecto, hasta en ocho cuentos Maripau ofrece sus visiones, de un matizado optimismo, sobre este capital sentimiento humano. 

Más allá de la soledad, más allá de la vida, más allá del sueño, más allá del tiempo, más allá del azar, más allá de las desgracias físicas, e, incluso, más allá de la ausencia –en efecto– el amor para Maripau González nace, se encuentra, resurge y resucita. Solo la violencia deja de ser una dificultad superable. Ella lo deja clarísimo en su noveno relato, de una extrema dureza pero muy necesario si se busca una completa radiografía del sentimiento amoroso durante estos tiempos actuales.

En Geranios en azul Aníbal, un solitario feo, gordo y sentimental conoce en un recital de poesía a Eva, una culta mujer llena de inquietudes culturales incomprendida por su recio marido. La fuerza del amor cuenta cómo Alfonso, muerto hace 10 años, regresa del más allá para un encuentro con la chica asmática que fue su gran amor. En Mujer de blanco varios encuentros en Barcelona de Lope y Lola, a mitad de camino entre lo onírico y lo real, van urdiendo el clima propicio para superar cualquier tipo de interferencia y obstáculos. Las infidelidades que dos cónyuges se provocan articulan Paula y los caprichos del azar, un relato plagado de matices y recovecos sobre el sentimiento amoroso, a cuyo desenlace colabora una imprevista figura del pasado. En Cita a ciegas, verdadera cita a ciegas entre el varón experimentado y trotado y la señora acostumbrada a saber defenderse en un mundo hostil, un zapato sin tacón y una función teatral se alían para soplar a favor de este complejo romance. En Eulalia se reinventa, la protagonista, arquetípica madre de familia aburrida sin demasiado horizonte, y Daniel, bohemio pianista de jazz, se encuentran en un vagón de tren y acaban liándose; el imprevisto embarazo de Eulalia les abrirá nuevas perspectivas vitales. Natalia y su Ulises narra la historia entre el feo Josep, amante de las focas monje, y Natalia, arquitecta; la descubierta pasión común por la Odisea de Homero pone en bandeja lo que parecía una dispar relación. En Besos con caracola una caracola portadora de miles de besos acaba siendo el instrumento conductor (y benefactor) para esta muy cortazariana historia donde se mezclan espacialmente planos reales e imaginarios. 

Como he avisado, al margen de estos ocho relatos, pero sin desgajarlo del grupo, como tremendo reverso de su optimismo imperante, encuentro, como punzante recordatorio, Pero eso ya es historia. La convivencia del matrimonio formado por Miriam y Lucas consigue realmente acongojar a los lectores por los malos tratos («solo» psicológicos al principio, físicos más tarde) infligidos por él hacia ella. El inevitable divorcio de esta pareja no será el fin de tantos tormentos infernales para Miriam, por desgracia.

Independizados del grupo principal, mostrando personalidad propia, encuentro tres estupendos cuentos más en Besos usados en hilera. Haciendo de atractivo contrapunto al otro grupo, desde un humor muy británico, están protagonizados por oficios muy variados entre ellos. Desde su diferencia se asiste, gracias a quienes deciden ponerlos en práctica, a diferentes riesgos profesionales que incorpora su desempeño cotidiano.

Barbero vocacional, con un sarcasmo saludable e irresistible, relata la  inopinada tentación sentida por un barbero de rebanar el cuello a su bellísimo cliente. En La mujer escultural de Daniel un joven mago frustrado reconvertido en esforzado escultor, modela en arcilla, con paciencia y fervor dignos de encomio, una estatua femenina que va a terminar con él en una clínica. Y en Escritor a tiempo completo un hombre que decide dejar trabajo y mujer para tratar de ganar el premio Planeta descubrirá la profunda soledad del oficio de escribir desde ese desangelado apartamento que le presta un conocido, en una Costa Dorada fuera de temporada y particularmente desangelada.

Una escritora capaz de lograr magistrales relatos como «Mujer de blanco» y «Pero eso ya es historia» presenta sus credenciales de cuentista grande que, desde ahora, va a requerir mi especial seguimiento. 

Recomiendo a Maripau González con el júbilo de quien es un ferviente convencido en el porvenir de un género aún tan joven y disponible como es el cuento en este país. Un porvenir que veo esgrimido aquí, en este libro inolvidable que ha resultado ser Besos usados en hilera, por una mano repetidamente certera que logra debutar con maestría en la publicación. 


ENTREVISTA CON MARIPAU GONZÁLEZ:


De ser una experimentada escritora de microrrelatos, para tu primer libro publicado eliges al cuento como género para debutar. ¿Te ha resultado complicado dar el salto?

No, en realidad eran textos que por su extensión hacían imposible su publicación en el blog. Eso no es óbice para que dos de ellos ya los hubiera publicado. Los quise rescatar porque disfruté mucho con ellos. 


Aparte de la diferente extensión, ¿qué otras diferencias encuentras entre microrrelato y relato a la hora de crearlos?

El microrrelato es casi una instantánea, algo así como un paréntesis acotado, sobre algo en particular, donde el principio y el desenlace son muy abiertos. En el relato intento que la raíz da la trama y su desenlace, más o menos, se perciban. Los doce cuentos peregrinos de García Márquez podrían dar para una novela, pero su elección me parece magistral. En parte porque cuento y novela pueden ir de la mano. 


¿Quedas igualmente satisfecha, como autora, con los resultados que consigues en ambos formatos de relato breve?

En el blog uso formatos muy pequeños, a veces con menos de cien palabras y casi siempre quedo satisfecha con lo que plasmé, porque recoge lo que quería mostrar. En estos relatos optimistas también creo haber plasmado esa historia de la manera que imaginé, porque para escribir, yo imagino, casi siempre poniéndome en el lugar de los protagonistas. 


He definido Besos usados en hilera como un libro donde triunfa el amor. En ocho de sus doce relatos, el amor, tras superar diversas pruebas y obstáculos, vence. ¿Consideras que en la vida real un sentimiento humano tan capital como es el amor prevalece?

Rara vez, pero es muy deseable. Por eso se llama «besos usados», porque he conocido más relaciones que no llegan a buen puerto que con final feliz, pero para eso están las nuevas oportunidades, en esa búsqueda del amor. Que nunca llega tarde, y que es eterno mientras dura, como dice Sabina.


¿Cómo escritora, qué te lleva a estar tan esperanzada?

Precisamente esa capacidad del ser humano de seguir persiguiendo un sueño tal vez. Esa inmunidad al desaliento. Ese no renunciar a los anhelos, (que en parte nos vendieron con el «y comieron perdices». Bien es cierto que el cuento acaba donde empieza la convivencia, así que nos quedamos sin saber el final) 


Se ha repetido infinidad de veces que los finales felices resultan poco estimulantes desde un punto de vista literario… Besos usados en hilera, en su conjunto, viene a demostrar lo contrario. ¿Te has propuesto con este libro acallar esas bocas contrarias al happy end?

Salvo en el texto del maltrato, basado en una noticia de hace un año, sobre dos cuerpecitos en Medicina Forense, porque el marido quiso hacer daño su ex, creo que hay que dar una oportunidad a la vida. Que por muchas vueltas que dé, puede traer un renacer tras cada fracaso.


El relato «Pero eso ya es historia» da un contrapunto tremendo a los otros ocho relatos amorosos. En su brutalidad, a mí me parece uno de los mejores cuentos de tu libro. ¿Consideras que la violencia de género es una barrera insalvable, quizá la única, en cualquier relación amorosa?

La violencia, da igual de quién, no puede darse en una relación amorosa. Entre homosexuales también la hay y es igual de penosa que si ocurre de una mujer hacia un hombre. Es una línea roja.


La pregunta valdría para cualquiera de los doce relatos de Besos usados en hilera pero quiero hacértela sobre este cuento tan desabrido. ¿La labor de documentación te ha llevado mucho tiempo? ¿Te has entrevistado, por ejemplo, con mujeres maltratadas? 

No me he documentado casi nada. Eran textos casi locales, ubicados en Barcelona o Tarragona, y sobre temas muy universales. 


Todos tus relatos dan sensación de vividos, de estar ahí, de ser una privilegiada testigo de los acontecimientos. ¿Cómo logras transmitir de manera tan eficaz tu cercanía con lo narrado y en tan distintos niveles? 

Es ponerse en la piel, no hay más misterio. Ahora ando con una escritora de novela romántica que se transforma al extremo de escribir novela negra, porque se muda a un edifico de Barcelona con mucha historia, secretos y un inquilino que acaban por asesinar entre tres de los ocho vecinos.  


A todos los autores de cuentos os preguntan lo mismo, algo que, supongo, llevaréis con resignación. Yo, lo siento, no voy a ser la excepción. ¿Te planteas dar el salto a la novela? 

Ando con los pañales de esa novela que te digo, de esa escritora, en cómo se transforma, o evoluciona, de cajera de supermercado a novelista imitadora de Las Sombras de Grey para verse envuelta en una casualidad que parece confabulación para matar a un impresentable. La trama pide diferentes personajes, con historias variopintas, que confluyen. Sería imposible abarcar lo que quiero plasmar, la evolución de una mujer que acaba siendo escritora, sin ese formato largo. Borges no escribió ninguna novela, les recuerdo a veces a quienes menosprecian relatos o cuentos. 


Para terminar esta entrevista me gustaría que dijeras a los lectores de SalamandraNegra,com qué autores de cuentos han podido influir más sobre tu actividad creadora. También saber alguno de tus escritores favoritos, con independencia de que hagan relatos.

Influir no sé, porque cuando escribo algo que me suena a otro, lo modifico. Favoritos tengo bastantes. Leonardo Padura, con su personaje Mario Conde, es una maravilla cubana.  De Cortázar me gusta todo. Su imaginación en primer lugar. De Gabo me apasiona cómo describe lo más onírico como cotidiano, por ejemplo. Tony Hill me encanta también. Eduardo Sacheri me resulta refrescante. John Vernon me deja siempre maravillada por la personalidad en su Dave Gurney. Pero Almudena Grandes ahora, con sus episodios de una guerra interminable me ha resultado el prototipo del escritor que yo aspiraría a ser.


                                                                    Maripau González

2 comentarios:

  1. EXCELENTE RESEÑA!!
    Sigo en Blogs y admiro a Maripau.
    Excelente narradora-escritora.

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  2. Hola!!
    Gracias por la recomendación y reseña.
    Besos💋💋💋

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