viernes, 16 de julio de 2021

No oigo a los niños jugar, de Mónica Rouanet . Perdonarse para poder sobrevivir

No oigo a los niños jugar de Mónica Rouanet me ha parecido tan buena que ya he empezado a leer
Despiértame cuando acabe septiembre, la anterior novela de la autora.

Alma es una joven que tras un accidente de coche con sus padres y hermana sufre trastorno disociativo, todo ello la lleva a intentar suicidarse, es ingresada en una clínica psiquiátrica. Allí hace amistad con otros jóvenes que sufren a su vez diferentes trastornos, encontrándose así en un mundo que al lector le resulta opresivo y delirante. La medicación, la natación y recuperar a su abuelo le hacen ir mejorando. Alma también hace amistad con dos niños y otro adolescente, Diego, que aparecen por la clínica de vez en cuando para ver a Alma.

Este thriller nos lleva a través de este presente dos tiempos pasados: uno en el que tuvo lugar el accidente de coche y otro, el pasado más lejano de este edificio que en su día fue un colegio para niños sordos. De hecho, algunos de los empleados actuales ya trabajaron o residieron en este centro. El presente se narra en primera persona por nuestra protagonista y el pasado se nos va presentando de la mano de uno de los niños pequeños que aparentemente se cuelan en el psiquiátrico de vez en cuando.

El trasfondo de esta novela es la denuncia de las familias que aparcan a niños con algún tipo de incapacidad, ya sea física (como la sordera) o mental, para no tener que encargarse de ellos. Si bien en el caso de los trastornos mentales está más que justificado el tratamiento por parte de personas especializadas en el tema. En este sentido, la autora subraya el papel del doctor y los cuidadores que en todo momento tratan con mucho cariño a los niños:

“Para comprender que nuestro silencio es nuestro ruido tienes que haberlos confundido desde pequeño, desde tan pequeño que ni siquiera hubieras nacido. Solo entonces podrías comprender por qué gritamos los sordos, por qué hacemos tanto ruido”

También aborda la autora, la necesidad que tiene el ser humano de perdonarse para poder sobrevivir y dejar atrás experiencias que ya no tienen remedio pero que nos impiden avanzar por la vida.


En mi opinión, Mónica Rouanet, tiene una prosa cuidada pero sencilla, intimista, con unos diálogos y un lenguaje muy apropiado para los personajes que describe, en su mayoría adolescentes con diversos traumas. La descripción del inmenso edificio, cuya parte superior esta cerrada por un muro, es impactante, ya que no se demora en detalles innecesarios, pero nos lleva a través de los escenarios creando un ambiente triste y un suspense que hace que el lector intuya desde el principio lo que está pasando. Hay que tener en cuenta que nos hallamos en un lugar cerrado, con una trama más que inquietante, y con el deseo de averiguar los detalles de la vida de Alma y del secreto que parece encerrar este edificio:

“Cuando se marchó la de los tacones, cerré la puerta y corrí hasta la ventana. Una reja fija la resguardaba por su parte exterior, aún así, la abrí buscando oxígeno. Me ahogaba, necesita aire, escapar, saltar…”

Los personajes están muy bien caracterizados, cada uno con sus trastornos o sus circunstancias.  Y me parece muy relevante ya que son adolescentes con trastornos psíquicos, lo que indudablemente dificulta su creación. Gabriela sufre trastornos alimenticios, Ferrán está obsesionado por el sexo, Luna solo busca amor y atención, Mario tiene manía persecutoria

En fin, que No oigo a los niños jugar es una novela ideal para estos días de estío o para cualquier ocasión.

Nº de páginas: 300
Editorial: ROCA EDITORIAL DE LIBROS
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788418417283
Año de edición: 2021



1 comentario:

  1. Hola!!
    Gracias por la recomendación, se lee intrigante.
    Besos💋💋💋

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