viernes, 15 de mayo de 2020

El último combatiente, de Maximiliano Rodríguez Vecino. Un empujón al mundo real


El último combatiente, de Maximiliano Rodríguez Vecino. Un empujón al mundo realMaximiliano Rodríguez Vecino se estrena en el mundo de la novela negra con El último combatiente, una novela original que nos lleva a Las  Palmas de Gran Canarias a perseguir a un asesino en serie que ha sabido permanecer escondido los últimos 30 años.

En Las Palmas aparece el cadáver de un sin techo asesinado. Néstor Bandama, inspector de policía, es el encargado de investigar el caso. Al poco tiempo desaparecen dos turistas inglesas en la isla y esto hace que Néstor vea similitudes con un caso inconcluso de su padre, también inspector de policía. Desde hace 30 años hay un asesino en serie cuyas víctimas son británicos afincados en la isla.
El protagonista de El último combatiente es un policía cuyos problemas personales parecen superar al desarrollo de la investigación. A pesar de su determinación por descubrir al asesino y terminar así la larga investigación que su padre comenzó, sus adicciones emborronan su trabajo. Néstor tiene problemas con el alcohol y con el juego y es incapaz de solucionar los problemas que también tiene con su mujer. Néstor es un tipo antipático, misógino, homófobo y déspota. El lector no puede empatizar con él aunque entiende que lo que le ocurre es que el bosque le impide ver los árboles.
Los personajes femeninos parecen débiles a su lado. Los masculinos, también. 
Maximiliano Rodríguez Vecino ha conseguido crear un personaje diferente, extremo pero creíble. Pocas personas son capaces de separar sus problemas personales de sus problemas laborales, eso sólo pasa en los libros. Néstor no parece un detective de novela, parece una persona real, lo que a veces resulta inquietante para el lector.
La búsqueda del asesino remueve en la memoria la guerra de las Malvinas en la que Argentina se atrevió a toser al Imperio Británico. Creemos que las guerras terminan con el recuento de las víctimas, con los desfiles de los vencedores, pero nunca es así. La mayoría de nosotros las bloqueamos para que su recuerdo no nos altere, pero algunos siguen enganchados al problema que las produjo y muy pocos no permiten que la guerra termine. Esto es lo que ocurre en El último combatiente, pero tendréis que leerla para saber quién gana. Y el final os aviso de que es muy sorprendente.
Desde luego, además de agradecer a Maximiliano Rodríguez Vecino su labor como sanitario en esta época también convulsa, hay que agradecerle que con El último combatiente haya podido sacarnos de nuestra burbuja y llevarnos al mundo real.


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