viernes, 16 de agosto de 2019

Luces negras. 10 navajazos a ambos lados de los Pirineos

Marina Mayoral escritora y articulista cuyos relatos se encuentran en las mejores antologías en lengua española, dice que “la novela es como un veneno lento y el cuento, como un navajazo” Pues eso es lo que vamos a encontrar en Luces Negras 10 navajazos que no vamos a poder esquivar.

Luces Negras es la recopilación de 10 relatos escritos por cinco escritores españoles que los amantes del género negro van a reconocer y que están apadrinados por Víctor del Árbol, lo que ya es una garantía, y cinco escritores franceses que vamos a poder descubrir a este lado de los pirineos y que son apadrinados por Bernard Minier. Solamente los prólogos que nos regalan Víctor del Árbol y Minier merecerían por sí solos toda nuestra atención, pero es que encima los relatos son ese tipo de relatos que hay que paladear despacio.

La idea surge por la relación existente entre el festival Valencia Negra y el festival de Toulouse. Crearon un premio para un autor de cada país con la invitación al festival del otro, pero no se quedaron ahí. Este libro es la continuación del apoyo entre ambos.
Los autores son Franck Bouysse, Carlos Augusto Casas, Empar Fernández, Christophe Guillamot, Johana Gustawsson, Susana Hernández, Daniel Hernandez, Jordi Juan, Rafa Melero y Pierre Pouchairet.

Los relatos tienen como hilo conductor la ciudad y las historias que esconde el asfalto.

Yo he tenido largas temporadas en las que compraba novelas al peso, cuanto más largas mejor. Últimamente he empezado a leer relatos y he de reconocer que me parece una magnífica forma de condensar una historia y de que el lector, en unas cuantas páginas, encuentre emociones de una manera rápida y sorprendente sin que la narración se pierda en adjetivos que muchas veces sobran.

Como ejemplo quiero mencionar el relato de Carlos Augusto Casas, Pasamontañas. En él encontraremos como protagonista indiscutible un saquito de diamantes que es robado de la caja fuerte de una tienda de compraventa de oro en Madrid. En 14 páginas nos encontraremos con situaciones que nos harán reír y otras que nos pondrán los pelos de punta, con personajes hilarantes, buscavidas urbanos a los que la suerte nunca acompaña, policías corruptos, niños que aspiran a ser sicarios y, por supuesto nuestro puñado de diamantes, que recorren las calles de Madrid sin encontrar dueño.

Así que los lectores habituales de relatos disfrutareis con Luces Negras y los lectores que, como yo, no han leído demasiados relatos vais a descubrir que, a veces y desde luego en este caso, los navajazos no os van a dejar ni respirar.

viernes, 9 de agosto de 2019

La mecedora, de Anna Hernández. Tres países y tres culturas

Maya Velasco. La mecedora de Anna Hernández es la conjunción de tres historias absolutamente dispares que se ven unidas por una circunstancia común: un niño. Tres países y culturas lejanas que se encuentran: España, Suecia y Ucrania.

Esta es la primera novela de Anna Hernández, licenciada en Periodismo que entre otras cosas, realiza reportajes sociales. Esta es la base para una novela de vidas tan problemáticas y situaciones tan extrañas.

La historia: Nils es un policía sueco a cuyo hijo, Axel, secuestran cuando estaba en un parque jugando con Elena Rius, inspectora de la policía española, que también desaparece. Como es evidente, ambas policías se vuelcan en el caso en una carrera por salvar la vida del pequeño.

Pero más allá del thriller, La mecedora es una novela que destripa y pone al descubierto la personalidad de los tres personajes principales y que hace preguntarse al lector si puede existir la felicidad dentro del dolor. La perfecta construcción de los personajes por parte de una autora novel nos hace pensar en lo mucho que conoce al ser humano.

El personaje de Mykola Solonenko es absolutamente impactante. Tras una infancia desoladora logra encontrar su camino traficando con drogas. Su obsesión con su propio hijo, Oleg, hace que rapte a Elena y a Axel. Y este rapto es lo verdaderamente impactante de La mecedora. Mykola se mueve por venganza hasta que empieza a moverse por amor.

Elena Rius, hija de una familia acomodada de Barcelona que siempre le llevó la contraria a su vida, parecía estar siempre fuera de lugar hasta que se hizo policía.Un desengaño amoroso le lleva a pasar unas vacaciones a Suecia, sin saber lo que la esperaba. Tras su rapto, va observando los movimientos de Mykola y protege al niño a toda costa. ¿Siente Elena el síndrome de Estocolmo?

“En la tarde de ese martes, 4 de octubre, el nacimiento de Oleg fue el argumento de una historia que estremecería a la inspectora y que cambiaría, radicalmente, el concepto que tenía de un hombre capaz de abducirla y convertirla en una Elena que ni ella misma reconocía.”

El tema de fondo es la superación personal. Mykola es un boxeador que se levanta una y otra vez tras cada golpe. Elena es una luchadora que no se detiene ante nada.

Nils es un policía amargado por sus muchos fracasos personales, mujeriego, bebedor con otro misterio del que no sabremos nada hasta casi el final. Su lucha es recuperar a su hijo a cualquier precio. Es un personaje muy oscuro. Que en contraposición a los anteriores no supera sus errores.

La estructura de la novela también es sorprendente: cuando parece que va a acabar, vuelve a empezar y luego acaba de repente, dejando abierto el principio de una segunda parte. La autora también juega a darnos pistas al final de algunos capítulos: por ejemplo, cuando nos habla de la testosterona del biólogo colombiano…

En resumen, no solo la trama de la mecedora es inquietante, la fuerza real de la novela es la construcción de unos personajes que nos llegan muy adentro, personas rodeadas de problemas que de repente se ven inmersos en una relación que no comprenden y que no pueden manejar.

Y ¿qué pasa después del rapto? Hay que leer La mecedora para comprobar por qué la historia empieza de nuevo con fuerza inaudita.

viernes, 2 de agosto de 2019

Una tumba sin nombre, de Javier Sagastiberri. La historia se cierra

Al cerrar Una tumba sin nombre me invadió la terrible depresión post saga, así, de golpe. Al leer la
última página, al llegar a un final tan inesperado, sentí una sensación de vacío que empieza a ser frecuente en mí con tantas sagas literarias y con tantos maratones de series.

Javier Sagastiberri nos ha acompañado durante un par de años (es de agradecer su rápida pluma) a identificarnos con las ertzainas Iztiar Elcoro y Arantza Rentería en las cuatro novelas que componen esta saga. Son dos mujeres muy diferentes entre sí. Itziar es la razón y Arantza es el misterio.

Iztiar Elcoro, que sigue afincada en Bilbao, viaja al Goierri tranquila comarca guipuzcoana en la que ha sido asesinado Ernesto Compton, empresario perteneciente a una secta anarquista, surgida a raíz del 15-M. Itziar decide investigar esta muerte en parte porque en el Goierri pasó la infancia su compañera Arantza Rentería, de la que no sabe nada tras la terrible muerte de dos compañeros. Allí conoce al Padre  Muniategi que le pondrá al día de las historias locales y de parte del pasado de Arantza.

Itziar tiene que investigar dos misterios, el asesino que está acabando con los cabecillas de una secta a la que parece que le queda poco recorrido y, al mismo tiempo, tiene que reconstruir el pasado de su compañera. Necesita saber dónde estuvo antes de ser adoptada y donde se encuentra después de la muerte de sus compañeros. También cuáles fueron los hechos que forjaron esa personalidad tan fría y tan oscura. Pero hay cosas del pasado que no quieren ser descubiertas.

El título de cada capítulo hace referencia al personaje desde cuyo punto de vista es narrada la historia. El narrador va uniendo partes de diferentes realidades ocurridas en presente y en pasado y es el lector quien va recomponiendo las imágenes de este caleidoscopio hasta componer una nítida fotografía que cierra la saga.


Por supuesto, en una novela de Sagastiberri no podían faltar los cameos de los más insignes personajes de otros autores del llamado Txapela noir, pero esto os dejo que lo descubráis vosotros.

Esta novela no tiene el ritmo de un thriller ni el de una investigación a contrarreloj. Los paisajes y las gentes del valle tienen un compás más lento. Los recuerdos del Padre Muniategi van completando la historia de la infancia de Arantza. Estos son quizás los pasajes que más me han gustado, los recuerdos de un sacerdote que ayuda a una niña y que no deja de ayudarla aunque ella crea que no necesita nada de nadie.

El ritmo de la novela es pausado, más lento que las que se desarrollan en Bilbao, pero el final es tan sobrecogedor como en la anterior novela, Un dios ciego. Una vez que el lector une los diferentes cristales del caleidoscopio se produce una explosión de la que nadie podrá salir ileso.

Ahora nos toca esperar un poco hasta que Javier nos presente a sus nuevos personajes. Cruzad los dedos para que no tardemos en hacerlo aunque mientras tanto podemos releer las novelas de Arantza e Itziar para llenar el vacío post saga. Os advierto que casi es más emocionante imaginar los personajes que conoceremos en la próxima novela de Sagastiberri. Si el que no se contenta es por qué no quiere.

Colección: Cosecha roja, 35
Formato: 135 x 205 mm
Páginas: 304
Encuadernación: Rústica
Fecha de publicación: 29-05-2019
ISBN: 978-84-9109-465-4