viernes, 14 de junio de 2019

Prohibido fijar cárteles, de Paco Gómez Escribano. Recuperar la energía de la juventud

Prohibido fijar cárteles (nótese la tilde en cárteles) es la nueva novela que Paco Gómez Escribano ambienta en Canillejas, un barrio periférico de Madrid. En este caso el barrio está manejado por un cártel rumano que extorsiona a varios vecinos hasta que, casi por casualidad, un grupo de perdedores inicia una guerra contra ellos.

El Tijeras es un cuarentón alcohólico que vive con su madre y cuya única aspiración es pasar el rato en el bar El Candil y esconder de su madre una botella de DYC. Un buen día entra en el Candil su amigo el Lejía, que después de defender a la Patria en la Legión vuelve al barrio buscando tranquilidad. Pronto se les une el Pipo al que excarcelan por estar en estado terminal. No se meten con nadie, pasan los días en el palo corto de la L que forma la barra del bar, viendo la vida pasar hasta que, por defender al dueño del bar, pegan una paliza a unos matones que resultan ser sicarios del Ruso, rumano que se ha hecho con el tráfico de drogas del barrio y que ofrece préstamos a intereses astronómicos. Por una funesta casualidad, la guerra por la independencia empieza en Canillejas.




Los protagonistas de Prohibido fijar cárteles representan los valores de los veteranos de los 80 y 90. Ellos son supervivientes de la droga, sumergidos en un mundo de millennials cuyo lema es el individualismo brutal. Antes los amigos se apoyaban y se defendían en las peleas, ahora no. La sensación de pertenencia a un grupo se ha perdido. Ya nadie conoce a sus vecinos y casi nadie movería un dedo por defender a un amigo. Sin embargo el Tijeras y sus colegas siguen defendiendo a sus vecinos sin que les importen las consecuencias.

El barrio de Canillejas sigue siendo un personaje más como en el resto de las novelas de Paco Gómez Escribano. A pesar de que el barrio ha evolucionado y casi ha dejado de ser lo que fue, los vecinos quieren seguir conservando la esencia de vecindad de aquellos años. Entre ellos se ayudan y si uno tiene un problema otro se lo soluciona porque es del barrio. La gente del barrio es gente honesta, vecinos que se conoce y que comparten espacios comunes. Si roban es porque lo necesitan para comer, para los hijos, para droga o para pagar deudas de juego, nobleza obliga.

El ambiente en el que se desarrolla Prohibido fijar cárteles es un ambiente melancólico en el que nuestros tres héroes parecen anclados. A pesar de que son tres perdedores que lo único que esperan es que los dejen tranquilos, cuando alguien del barrio los necesita se ponen el pasamontañas y solucionan los problemas. Pero la verdadera causa por lo se embarcan en esta batalla para intentar limpiar el barrio de matones rumanos, esta vez al menos, no es con un fin altruista. El Lejía, el Tijeras y el Pipo se ven obligados a enfrentarse a estos mafiosos para salvar su propio pellejo y ya de paso el de sus amigos.

Quizás esta es la novela de Paco Gómez Escribano más nostálgica a pesar de que mantiene los golpes de humor negro que caracterizan al autor. Los tres protagonistas son personajes que rezuman derrota pero que, a pesar de ello, se sacuden la caspa si es necesario y recuperan por un rato la energía de la juventud.

Ellos no son héroes, son gente corriente que se enfrenta a los problemas según les llegan sin plantearse las consecuencias que puede traer a largo plazo. El futuro sigue sin importarles, tienen claro que nada bueno les espera ya. Si alguien no tiene nada que ganar tampoco tiene nada que perder.

Así que leed Prohibido fijar cárteles y acompañad al Tijeras al Lejía y al Pipo a limpiar el barrio y ya de paso os tomáis algo con ellos en el palo corto de la L.

ISBN: 978-84-9743-866-7
170 páginas
Tapa rústica con solapas
150 x 240 mm
Colección: Marrajo Nº 08
Fecha de publicación: Mayo 2019

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