martes, 23 de abril de 2019

Hoy celebramos el Día del libro con Javier Holmes

Javier Rodríguez Pascual, economista dedicado al mundo del ferrocarril y a la enseñanza, nació en Valladolid. Según nos cuenta él mismo fue una mujer la que ayudó a que naciera Javier Holmes, el escritor que llevaba dentro y el detective que salió de su pluma.
Es autor, y quizás protagonista, de las novelas “Mi primer gran caso”, “Por un puñado de vides”, finalista del Premio Fernando de Lara 2016, del Grupo Planeta, y finalista del VII Premio Internacional de Novela “Alcorcón Siglo XXI y “Olivas de acero” En 2016 obtuvo el Primer Premio en el Certamen Literario “María Eloísa García Lorca”, convocado por la Unión Nacional de Escritores de España, dentro de la modalidad de Relato Corto. En 2018 nació otro de sus personajes y publicó El primer gran caso de Yaiza Cabrera y este año nos ha vuelto a sorprender con Procelosos Lodazales, novela que vuelve a juntar a estos dos peculiares detectives.
Todas sus obras están disponibles en Amazon y os invito a visitar su página web, Javier Holmes.es.

Hoy es el día del libro y en SalamandraNegra queremos celebrarlo con él y conocer mejor a un escritor al que una delgada línea separa de sus personajes.

  En tu obra hay claras influencias de la novela negra clásica, pero, sin embargo, escribes un tipo de novela que se mueve entre varios géneros. ¿Cuáles son tus fuentes?


Es cierto que son los clásicos mi fuente primaria, desde el descreído Philip Marlowe hasta el enigmático Poirot. Pero creo que el romanticismo debe estar siempre presente en la literatura, incluso en la más negra. Por eso debo decir que también disfruto y me dejo influenciar por el coqueteo subliminal del Guardia Civil Bevilacqua y su compañera Chamorro.
Por qué un hombre crea una detective que es una mujer totalmente empoderada y dueña de sí misma sin caer en ningún tópico. Es algo que no tendríamos por qué preguntarnos, pero hay que reconocer que aún no sólo no es habitual, sino que, si existe, es anecdótico. ¿Cómo has construido el personaje de Yaiza?

Disfruto con los detectives duros, esos irreverentes investigadores privados tan dados a reventar las reglas. Pero ese es un patrón que siempre ha sido típicamente masculino. Sabuesos rompecorazones de facciones duras, pero ¿no es posible que ese papel lo represente una mujer? Probablemente algún lector haya considerado exagerado y cargado de tópicos el comportamiento de Yaiza Cabrera, pero solo parémonos un momento a pensar si no es el mismo al que los duros detectives del cine negro de Hollywood nos tienen acostumbrados. ¿Y por qué no? Había que intentarlo.

La trama de tus novelas tienen clara influencia de los patrones clásicos de la novela negra, pero tus personajes, tanto Javier Holmes como Yaiza Cabrera, se encargan de convertirlas en historias diferentes por sus personalidades extravagantes. ¿Les dejas fluir a ellos o eres tú el que se enfrenta al sistema?


Cuando creé tanto a Javier Holmes como a Yaiza Cabrera, yo era el dueño de sus vidas. Eran títeres manejados por mi pluma, pero eso duró unas páginas, nada más. Poco a poco la personalidad de ambos cobró fuerza y se impusieron a mi voluntad de forma dulce a la vez que tirana. Tal es el caso que hay escenas y situaciones que después de escritas he tenido que corregirlas porque me decía a mí mismo: “No, Yaiza no puede hacer esto, no va con ella”. Me había vencido la personalidad del personaje y he de decir que me he rendido dócilmente ante la evidencia.
El tono de los Relatos ganadores que incluye tres cuentos tuyos que han sido premiados es muy diferente del de las sagas de Javier Holmes y de Yaiza Cabrera. ¿Dónde te sientes más cómodo en las novelas de tus detectives o en literatura más intimista?


Sin duda con la novela negra. Aprendí a leer con Montalbán y con Simenon y me hice reo de sus historias. Necesito bastante espacio en el papel para desarrollar lo que quiero decir.
Escribir relatos, que pocos han sido aunque sí premiados, ha sido una huida hacia el corazón cuando este así lo pedía. Los sentimientos son aliados y enemigos, por eso en vez de combatirlos he aprendido a manejarlos a través de las palabras. Cualquiera que lea estos relatos, entenderá de qué hablo.
Sé que no se puede elegir entre papá y mamá, pero ¿nos podrías decir si prefieres escribir relatos de Javier Holmes o de Yaiza?


No solo no elijo, sino que los combino. Se podría decir que hasta ahora han convivido pacíficamente los dos personajes. A Holmes le tengo mucho cariño porque en su primer libro se enamoró de una mujer maravillosa que luego llegó a convertirse en su socia: Marisol Romerales. Mucho de ella hay en la que es mi pareja y esposa: su nombre, su belleza, su inteligencia y mucho más.Y a Yaiza le debo la oportunidad de escribir en primera persona desde la perspectiva femenina siendo hombre. Eso me ha enriquecido enormemente y me ha ayudado a acercarme mucho a ese lado femenino que casi todos los hombres niegan, que casi todos tenemos y que muchos admiramos.
Acabas de publicar Procelosos Lodazales ¿pero nos puedes adelantar algo de tu próxima novela? ¿Van a seguir colaborando los protagonistas de tus dos sagas?


Las cuatro primeras aventuras del detective Holmes, que han sido publicadas por Penguin Random House, dieron paso a una detective terriblemente transgresora. En las dos aventuras de Yaiza Cabrera ha colaborado Javier Holmes como segundón, haciendo bueno ese dicho de que detrás de una gran mujer siempre hay un gran hombre ¿o es al revés? No me quiero desprender de ninguno de los dos y no sé como continuaré. La pluma me pide escribir la quinta de Holmes y la tercera de Yaiza de forma conjunta, bajo un mismo título. Pero la arrolladora personalidad de la detective no creo que lo permita, ¡acabarían peleándose por ver quién es más detective de los dos! De nuevo me domina el carácter del personaje.


Vamos a hacerte un pequeño cuestionario para conocerte mejor.
-     ¿Qué libro estas leyendo? Me ha prestado Hippie, de Paulo Coelho, mi hija. Un viaje a través de un sueño que marcó toda una generación y que nunca debería haber acabado. Llevo poco más de un tercio y ya me atrevo a recomendarlo.

-     ¿Cuál es tu libro preferido? Como novela negra me ha marcado mucho Cosecha Roja de Hammett. Fuera del género, recientemente me ha impresionado mucho Joël Dicker, en especial La verdad sobre el caso Harry Quebert, sin desmerecer los dos siguientes.

-     ¿Cuál es tu autor preferido? Es difícil quedarme con uno, muy difícil. Lorenzo Silva. ¡Que me perdone el resto!

-     ¿Cuál es tu novela negra favorita? El Largo Adiós de Chandler que supuso la sexta aventura de Marlowe. Genial sus cínicos diálogos.

-     ¿Y el autor de novela negra? Sin lugar a duda, Raymond Chandler es el que más me ha influido como escritor. Me pregunto cómo sería su relación con Philip Marlowe.

-     ¿Qué libro recuerdas especialmente de tu infancia-juventud? No me avergüenzo en reconocer que me inicié en la lectura con las novelas del oeste. Recuerdo a Silver Kane y Estefanía. También las aventuras de Los Cinco, de Enid Blyton. 

-     ¿Cuándo y dónde prefieres leer? Tengo en el salón de mi casa un sillón de mimbre. En él, en silencio y con una copita de Ribera de Duero saboreo mis lecturas. Adoro la música, pero creo que es incompatible con la lectura. En cambio el vino, cuando es bueno, creo que resulta el complemento perfecto.

-     ¿Si un libro no te gusta te obligas a terminarlo o lo dejas sin remordimientos? Me cuesta, pero lo dejo cuando me declaro incompetente para continuar con él. Y me resulta difícil porque creo que un autor se merece ser leído, es mucho el esfuerzo que supone escribir un libro. Igual me ocurre con una copa de vino.

Muchas gracias, Javier por atendernos. Y te deseamos un feliz día del libro.
Ha sido un placer enorme Almudena, gracias a ti.

viernes, 19 de abril de 2019

El último barco, de Domingo Villar. Una novela reflexiva

El último barco, de Domingo Villar, es la más que esperada tercera entrega de la serie negra protagonizada por el inspector de Policía Leo Caldas. Después de Ojos de agua y La playa de los ahogados la expectación era enorme. La obra ha sido reescrita al menos de una vez.

El doctor Andrade, prestigioso cirujano de Vigo, acude a la policía a denunciar la desaparición de su hija Mónica. En principio, nada hace sospechar que su ausencia sea algo más que la de una adulta que se ha marchado unos días, pero la insistencia del padre lleva a Leo Caldas y su ayudante Rafael Estévez, a investigar y encontrar ciertos indicios. El gato sigue en la casa, su bicicleta aparcada en el puerto de Vigo…

Mónica es profesora en la escuela de Artes y Oficios donde enseña cerámica, vive en un pueblecito pequeño. Su relación con su padre no es buena. Él hubiera querido que siguiera sus expectativas pero nada fue así. Mónica es una especie de hippy que vive su propia vida. No tiene una relación estable aunque sí fuertes amistades como la que mantiene con un fotógrafo inglés.

Camilo es un muchacho que sufre un retraso y es incapaz de comunicarse con los demás. Es amigo de Mónica de la que ha hecho dibujos que parecen fotos. Porque Camilo es capaz de dibujar de memoria cualquier escena que haya visto. Como merodea constantemente por la casa de Mónica, pronto será foco de las sospechas. Además, como todos sabemos todo el que es distinto es señalado tarde o temprano.

Leo Caldas es un inspector que se parece bastante al propio autor, solitario, serio… muy gallego. No es un tipo de acción, es reflexivo, se queda mirando al mar, desarrolla sus ideas. Está muy solo, añora el amor. En El último barco le vemos en varios momentos ayudando al más débil, doliéndose de los dolores ajenos, preocupado por su padre. El resto de personajes apenas se perfilan, por ejemplo de Rafael, sabemos que es maño, un bestia y que los perros le odian. Poco más.

Se nos muestra la Galicia desfavorecida del mendigo-sabio Napoleón, las mujeres y hombres que recogen marisco. El clima lluvioso, cambiante, gris. Los escenarios siempre bellos de Galicia. El día que se celebran dos funerales a la vez, vemos claramente las diferencias entra la Galicia rica y la más pobre y solitaria.

No es una novela negra al uso, no hay violencia ni a penas intriga. Es demasiado descriptiva, meláncolica. La única crítica social que contiene es la situación de enfermos, como Camilo a los que la sociedad da la espalda. Su madre a penas puede cuidarlo. También es importante el homenaje a los dos maestros, personajes reales, y a la labor de la enseñanza.

En el principio de El último barco, Domingo Villar se recrea en detalles que nada tienen que ver con la historia principal: descripción de diversos pájaros, descripción de edificios de manera que puede hacerse un poco lenta. El principio de cada capítulo es una entrada con los significados de una palabra clave. Los capítulos son bastante breves y se construyen con magníficos diálogos que informan al lector de todo lo que va pasando. Según se va acercando el final, la acción, las sospechas, los sucesos se aceleran hasta dejarnos sin respiración. De hecho la primera mitad, se hace un poco lenta, parece que la acción no avanza.

viernes, 12 de abril de 2019

Procelosos Lodazales, de Javier Holmes. Una detective dura entre tipos duros

Hoy os recomiendo la última entrega de la detective Yaiza Cabrera. Javier Holmes acaba de publicar Procelosos lodazales, novela que convierte a Yaiza en una auténtica aunque peculiar detective.

Yaiza recibe dos invitaciones que volverán a ponerla en aprietos. La primera es una invitación a una exclusiva fiesta para practicar sexo de forma libre. Yaiza, contra todo pronóstico, no asiste. En esta fiesta es asesinado un hombre con una daga poco común. Por otro lado, una amiga de nuestra detective, le invita a visitarla a Paris donde trabaja hace tiempo. Durante su visita, el Louvre es asaltado y la tabla del Código Hammurabi es saboteada. Con la ayuda de su amiga Luisa Gómez, vigilante del museo parisino, Yaiza encuentra la conexión entre la fiesta, el asalto del museo y una oscura reunión ocurrida en 1903 presidida por el dominico Jean-Vicent Scheil, traductor del código, y cuyos tentáculos llegan a la actualidad.

Cada vez es más habitual encontrar detectives mujeres. En la época victoriana se empiezan a escribir novelas protagonizadas por mujeres que investigan crímenes o misterios, pero siempre dentro de un ámbito doméstico y apoyándose solamente en su intuición, su conocimiento sobre el género humano, su persistencia y su curiosidad. El primer ejemplo que se me viene a la cabeza es Miss Marple, la famosa ancianita creada por Agatha Christie. Ella es detective porque resuelve enigmas pero está muy alejada de la idea que tenemos ahora de una investigación. Las tramas de Miss Marple se desarrollan en su pequeño pueblo y se resuelven, sin que ella dispare un solo tiro, en su cocina.

Cuando las mujeres se incorporan a las fuerzas del orden como policías o agentes, aparecen novelas protagonizadas por mujeres intrépidas que no tienen miedo de enfrentarse a delincuentes o a asesinos. Quizás la más conocida es Petra Delicado, detective creada por Alicia Giménez Bartlett, dura como una piedra con los delincuentes y delicada con las víctimas.

Sin embargo, y corregidme por favor si me equivoco, todas estas historias están escritas por mujeres. Los autores que han escrito novelas en las que una mujer protagoniza una investigación siempre tienen como protagonistas a una pareja. La detective tiene a un hombre de compañero o de contrapunto. Sin embargo en esta saga de Javier Holmes encontramos que un escritor (loados sean los dioses de la evolución) elige como protagonista a una mujer que disfruta repitiendo los roles masculinos que caracterizan a los detectives clásicos, pero que lo hace de una manera consciente y disfrutando ante las reacciones que esto causa. Yaiza es lista y descarada, aunque tiene poca experiencia en el mundo de la investigación, pero para suplir este pequeño contratiempo cuenta con unos secundarios tan estrambóticos como ella: su novio Melitón, el jefe de éste el inspector Luis Bárcenas y Javier Holmes detective protagonista de la primera saga de este innovador escritor con el que comparte nombre.

La investigación de Procelosos Lodazales le viene grande a Yaiza Cabrera. Matones que le pegan una monumental paliza, mentiras que la llevan a callejones sin salida, hombres que la llaman princesa (cosa que duele más que un bofetón) y misterios que nacen en la antigua Mesopotamia.

No os perdáis la aventura de esta singular detective, nacida de la mano de un hombre que se llama como otro detective, Javier Holmes. Procelosos lodazales os va a sacar más de una sonrisa y os va a arrancar alguna carcajada.

viernes, 5 de abril de 2019

Annabelle, de Lina Bengtsdotter. ¿Es la vida lo que esperabas?

Entre las últimas novedades editoriales hay una clara tendencia a las novelas negras donde desaparece una joven: Annabelle de Lina Bengtsdotter es una de ellas. Tenemos El caso Hartung de Soren Sveistrup o El último barco de Domingo Villar. A menudo, lo que las diferencia, es el modo de narrar la trama, el ambiente en que sucede la desaparición, el ritmo… No sé si esto es un síntoma de la cantidad de personas que desaparecen a diario en el mundo.

Annabelle se desarrolla en Suecia, en un pequeño pueblo llamado Gullspång. Una joven estudiosa, agradable, que había estado en una fiesta salvaje con sus amigos desaparece al volver a casa. Todos se conocen, es un pueblo tranquilo. Pero a la mañana siguiente Annabelle no aparece. La policía de Estocolmo envía a una pareja, Anders Bratt y Charlie Lager. Lo que nadie sabe es que para Charlie este viaje supone la vuelta a su infancia, a su casa, a sus peores miedos.

La novela se desarrolla en dos tiempos, por un lado el momento real en que los policías están investigando y por otro, distintos momentos de esa noche antes de que desapareciera Annabelle: ese día, esa noche… También habrá dos historias paralelas con dos protagonistas: Annabelle cuya madre es superprotectora hasta el ahogo, con su habitación en tonos rosas, con un padre cariñoso que siempre está con ella. Sin embargo, también es una chica rebelde, que bebe, toma drogas y sale con un hombre mayor. ¿Será él la pieza clave de su desaparición?
Por otra parte Charlie, entonces llamada Charline, cuya madre es alcohólica, viviendo en una vida de continuas fiestas en la casa donde la niña se encuentra rodeada de borrachos desconocidos y sin un padre que la cuide. Ella también tiene un serio problema con la bebida y una vida sentimental sin ninguna estabilidad. El único que parece apreciarla es su jefe.
A la vez, sin que entendamos muy bien quienes son, se nos cuenta la historia de dos amigas en un tiempo pasado, que derivará en un drama.

Lo que esta historia nos quiere retratar en la vida en un pequeño pueblo donde las mujeres se ven relegadas a vivir como en el siglo XIX porque no tienen o no parecen tener otra alternativa. La violencia que a veces se vive en familias donde los hombres patalean a las mujeres hasta que abortan. Madres que viven borrachas, hijas que empiezan a emborracharse muy pronto. Asesinatos de niños y cartas que se esconden en el desván.

También tengo que señalar la continua crítica a los servicios sociales y protección del menor que he detectado en la novela negra nórdica de los últimos años: el por qué los servicios sociales no tutelan con mayor eficacia a los menores en mala situación familiar, la inacabable lista de hogares de acogida por los que pasan, en muchas ocasiones su desaparición.

Como decía, aunque parezca una historia más de niñas desaparecidas, siempre hay algo que las diferencia. El ritmo y las diferentes tramas de Annabelle engancha y mucho.
“La vida no es como yo esperaba.
Nunca lo es”
Editor: Planeta
Fecha de lanzamiento: enero 2019
Colección: Planeta internacional
EAN: 978-8408201786
ISBN: 9788408201786
Número de Páginas: 416