viernes, 27 de noviembre de 2020

La puerta, de Manel Loureiro. El regreso a la tierra y a la leyenda

Maya Velasco.

La puerta de Manel Loureiro es una excelente historia, su primer thriller después de dedicarse al
género fantástico.

El principio es sencillamente aterrador. En plena tormenta, dos operarios de molinos de viento suben al Monte Seixo, en Galicia y encuentran una muchacha muerta y rodeada de ofrendas junto a la Puerta de Alén (del más Allá).

Raquel Colina, Guardia Civil de Madrid, es informada de que a su hijo Julián, víctima de un cáncer atroz, le quedan semanas de vida. La desesperación de una madre la hace buscar una salida, en creencias populares y la lleva a pedir el traslado a Viascón e instalarse en una pequeña aldea de una deshabitada zona de Galicia, Fosco.

Las dos historias se unen cuando Raquel junto con su compañero Juan Vilanova, empiezan a investigar este extraño suceso de resonancias sobrenaturales.

Juan es un gigantón que se hace querer desde el primer momento. Casi todos los personajes de esta novela son enternecedores por distintos motivos.

Esta novela es un regreso de Manel a su tierra de origen, a las leyendas que escuchó en casa de sus abuelos, a la naturaleza verde y lluviosa de Galicia. Y un homenaje a la ciudad de Pontevedra. El amor a esa naturaleza llena esta historia. Manel logra crear atmósferas inquietantes, empapadas, parece que realmente la niebla nos está rodeando.

Encuadrada en la corriente actual de la novela negra española, que huye de las grandes ciudades habituales para trasladarse a zonas rurales y cuyos protagonistas son policías, o guardias civiles. Y, por otra parte, podemos relacionarla con las primeras novelas negras europeas donde empezaron a introducirse elementos fantásticos, de la novela gótica, en tramas que solían ser totalmente racionales.


Esta es uno de los principales temas de La puerta. La lucha entre razón y fe. Raquel es una persona muy racional y metódica en su trabajo, pero tras sucumbir a la tentación de acudir a una curandera para salvar la vida de su hijo, empieza a ver cosas a su alrededor que parecen desafiar a su racionalidad. La Santa Compaña, los ritos funerarios celtas, extraños seres que susurran y desaparecen, alucinaciones… todo ello la lleva a pensar que alguien está jugando con ellos:

“Detrás de cada leyenda, por muy disparatada que parezca, siempre se esconde un trozo de verdad”

El otro es el día a día de una madre rota por el dolor y de un niño de nueve años que sabe perfectamente que tiene los días contados. Creo que todos los lectores, pasan las páginas angustiados esperando que ocurra un milagro, venga de donde venga que salve al niño, sabiendo además que esto es imposible.

Sin duda, La puerta es un thriller magnífico con un final cerrado y muy doloroso que nos deja con ganas de un segundo episodio de Raquel Colina:

“La vida y la muerte están entrelazadas de una manera tan densa que no hay que sentirlas, sino abrazarlas cuando toca”

Hoy en día, sigue habiendo personas que creen en la Puerta de Alén y que siguen dejando ofrendas a sus pies.

Nº de páginas: 352
Editorial: PLANETA
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788408233206
Año de edición: 2020
Plaza de edición: BARCELONA


viernes, 20 de noviembre de 2020

5 Jotas, de Paco Gómez Escribano. Ladrones de guante blanco en Canillejas

Almudena Natalías.


Paco Gómez Escribano acaba de publicar 5 Jotas (Alrevés 2020), una historia negra, tan negra como los cerdos que le proporcionan al Sr. Sánchez Romero Carvajal los mejores jamones de bellota del mercado.

El Charli se ha gastado sus últimos 30 euros en el pagar el funeral de uno de sus colegas en la bodega del barrio. Pero al rato le dan un soplo. Va a convertirse en ladrón de guante blanco y para ello necesita el cerebro privilegiado de su colega El Banderines. El Banderines ha salido hace años de Canillejas, pero el barrio imprime carácter y, después de tener algunas dudas y de incluir en el grupo al Pestañas, el mejor jáquer del barrio, empieza a organizar el mayor robo realizado jamás a un almacén de jamones.

El cerebro del atraco es el Banderines. Un veterano que ha logrado salir del barrio y que vive en el centro de Madrid organizando reuniones de Tuppersex que le dan pingües beneficios y que le permiten beneficiarse a casi todas las compradoras, un comercial entregado que se dice. Su coeficiente intelectual, enfocado al mundo del hampa, le permite formar un grupo digno de las mejores historias patrias de atracos. Ya le hubiera gustado al Dioni participar en él.

El Charli es un perdedor nato. Separado de su mujer y sus hijos vive como puede en el barrio pero sigue manteniendo sus sueños aunque solamente a ratos.

El Pestañas es su primo. Ha crecido encerrado en su cuarto bebiendo Coca colas y se ha convertido en un jáquer de los buenos “un nota de esos que puede entrar en el ordenador de la CIA y reventarlo, no un nota de esos que sabe manejar Word y Facebook”.

Así que los tres se reúnen en el reservado del bar del Piraña a dar forma al mayor robo de jamones de la historia. Nada puede salir mal.

Paco Gómez Escribano reinventa la figura del ladrón de guante blanco. Arsenio Lupin, El Santo y Fantomas, figuras aristocráticas con una inteligencia superior y una elegancia innata, se convierten en 5 Jotas en un travesti superdotado de Canillejas con querencia a la cerveza y a la comida china y los diamantes y las antigüedades se convierten en esta historia en jamón de bellota. Dónde va a parar.


También recupera en esta novela al narrador omnisciente que no sólo nos cuenta la preparación del robo, el momento del robo y sus consecuencias, sino las vivencias del dueño del almacén y de su mujer y las consecuencias del atraco en ellos. 

En esta ocasión, Paco Gómez Escribano, nos saca un poco de Canillejas y nos enseña los bares del centro, los chalets de los barrios privilegiados y los polígonos de fuera de la ciudad, magníficos escenarios para conocer a ritmo de Blues, pero la esencia de sus novelas sigue llenando cada capítulo de 5 Jotas.

Así que preparad una cerveza con sus aceitunas y unas tajaditas de jamón del bueno y poneos a leer 5 Jotas. Ya me lo agradeceréis.

Nº de páginas: 304
Editorial: ALREVES
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788417847494
Año de edición: 2020
Plaza de edición: ES



viernes, 13 de noviembre de 2020

La oscuridad que conoces, de AmyvEngel. Unos personajes que intentan comprender su vida

Maya Velasco.


La oscuridad que conoces de Amy Engel es una de las novelas negras de actualidad.

Últimamente, se publican cantidad de novelas negras que podríamos calificar de mediocres, sin embargo, La oscuridad que conoces además de ser la típica noir rural y domestic noir con los habitantes de la zona, los policías, los buenos y los malos, es la historia de una mujer, de su pasado y presente y de cómo la vida puede asestar golpes cada vez más fuertes. La narración en primera persona hace que se profundice en los sentimientos de la protagonista, sobre todo en el dolor que significa la pérdida de un hijo.

En una población de los montes de Ozark, aparecen muertas dos niñas de doce años, brutalmente asesinadas. Izzy Logan, hija de un matrimonio bien situado y Junie, la hija de Eve Taggert. Eve es nuestra protagonista. Una mujer cuya madre es drogadicta, borracha y todo lo peor que uno se pueda imaginar. La infancia de sus hijos fue durísima, a veces sin comida y a menudo educados a golpes. Esto hizo que Eve y Cal, policía, se apoyasen y se hicieran inseparables.

El lugar donde transcurre la historia nos muestra también esa oscuridad. Las viviendas a menudo son caravanas destartaladas en medio del monte, llenas de suciedad y de borrachos, la gente malvive de la droga, los policías están metidos hasta el cuello en asuntos oscuros…

Tras una adolescencia al borde de lo peor, Eve se queda embarazada y su hija Junie, será quien la salve del desastre. Ella no quiere que la infancia de su hija sea como la suya y quiere protegerla de su propia oscuridad. Hasta que aparece muerta y decide averiguar quien la mato para poder vengarse. Según avance la investigación, empezaremos a saber más cosas sobre la vida de Eve, sus amores, quienes la apoyaron, quienes la hundieron…

Amy Engel bucea con maestría en las relaciones humanas, especialmente entre madre e hija, ese lazo que, a pesar de los golpes, nunca se rompe. Profundiza en cómo la infancia nos marca para siempre y nos hace ser quien somos de adultos: “Y entonces me di cuenta de que algunas cosas siempre terminan volviendo a tu vida, por mucho que desees haberlas dejado atrás para siempre”

La verdad se intuye según va avanzando la historia, si bien es cierto que no queremos creérnosla.

En fin, que no es una novela de crímenes más pues profundiza en la psicología de los personajes, unos personajes que intentan entender sus vidas, a menudo sin éxito.

Nº de páginas: 296
Editorial: SUMA
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788491294108
Año de edición: 2020
Plaza de edición: ES
Traductor: LAURA VIDAL SANZ


viernes, 6 de noviembre de 2020

Desconfía, de Jon Arretxe. La cara B de París

Almudena Natalías. 

Jon Arretxe vuelve a fascinarnos una vez más con otra entrega de su detective Touré. En Desconfía (Erein 2020)el vidente, detective, soplón, cantante, gigoló  y ladronzuelo, se encuentra en la ciudad de la luz viviendo una vida que, sospechamos, no es la suya.

Touré es un emigrante sin papeles que probó, sin mucho éxito, fortuna en el barrio de San Francisco en Bilbao. Después de convertirse en topo para la ertzaintza, huye al Pirineo navarro (No digas nada) donde además de la vida sencilla del campo encuentra cabezas de burro decapitadas, música heavy, clubs de carretera y se ve de nuevo obligado a huir, esta vez con una amiga, Yareliz.

La vida en París hace honor a la canción de Édith Piaf todo es de color rosa. Touré y Yareliz tienen dinero, sexo ocasional, el proyecto de robar en el Moulin Rouge… Pero la felicidad y Touré no se llevan bien. Una vez más la casualidad, o el destino, le juegan una mala pasada y a pesar de que Touré sabe que no debe confiar en nadie se presta a cavar su propia tumba.

Desconfía empieza con una escena premonitoria, Notre Dame arde ante la vista de numerosos curiosos a los que Touré y Yareliz les roban la cartera. Una de las ciudades más bellas del mundo empieza a convertirse en una ciudad oscura que arde. 

Touré ha perdido la inocencia que tenía en las primeras novelas de la saga, pero no del todo. Empieza a investigar la desaparición de una amiga de Yareliz y esto le lleva a salir del barrio en el que vive para entrar en el Distrito 13 de Paris, el mayor barrio chino de Europa. La mafia, la policía y su propio pasado se unen para destrozar el sueño de paz de Touré y la realidad le vuelve a dar un bofetón al sufrido detective.


Jon Arretxe ha vuelto al noir urbano con una novela que vuelve a describir la cara B de una gran ciudad. Junto a la Torre Eiffel y a las grandes avenidas están los barrios marginales donde los emigrantes no disfrutan de la luz de la ciudad. Prostitución, juego, mafias y desamparo conviven de espaldas al lujo. Los barrios a los que los turistas no irán nunca esconden vidas rotas y presiones policiales.

No deberíais perderos esta séptima entrega del aspirante a detective. Si no habéis leído ninguna de las anteriores no tendréis ningún problema ya que son historias independientes, pero yo os recomiendo que, una vez que descubráis a este personaje, leáis las anteriores. Todas ellas forman la historia de una buena persona que sale de su país para encontrar el paraíso europeo y que, sin embargo, descubre lo que es el infierno de la marginalidad. 

    Des nuits d'amour à plus finir

    Un grand bonheur qui prend sa place

    Des ennuis des chagrins s'effacent

    Heureux, heureux à mourir


Colección: Cosecha roja, 39
Formato: 135 x 205 mm
Páginas: 240
Encuadernación: Rústica
Fecha de publicación: 01-10-2020
ISBN: 978-84-9109-656-6


viernes, 30 de octubre de 2020

Mañana no estas, de Lee Child. Cómo reconocer a un terrorista

Almudena Natalías. 

La editorial Blatt & Rios acaba de publicar en España otra entrega de la saga escrita por Lee Child y


protagonizada por Jack Reacher, un veterano de guerra que recorre EEUU con un cepillo de dientes como equipaje, como si de un vagabundo se tratara. Mañana no estás se adentra en el mundo del terrorismo islámico, los secretos del Pentágono y la carrera de un aspirante a senador.

Jack Reacher está en el metro de Nueva York a las dos de la mañana observando a los demás viajeros. Uno de ellos cumple todos los requisitos para ser un terrorista islámico. Jack se acerca a la mujer para evitar un atentado cuando esta se suicida antes de que Jack pueda actuar. A partir de este momento se desata una carrera en la que el protagonista, ayudado por una joven detective de la ciudad y un policía municipal de Nueva Jersey va a bajar a los sótanos de las fuerzas de seguridad estadounidenses.

"Los terroristas suicidas son fáciles de identificar. Emiten señales delatoras de todo tipo. Más que nada porque están nerviosos. Por definición todos son primerizos."

Mañana no estás es la segunda novela de la saga de Lee Child, tras Noche caliente, que nos presenta la editorial. El protagonista de ambas es un peculiar personaje al que es difícil catalogar. Es inteligente y cínico. Viaja por el país sin equipaje, quemando su ropa cuando compra una camisa nueva y viajando en autobús. Nada le sorprende, es frío. Ni que una mujer se suicide ante él, ni los interrogatorios de la policía le hacen pestañear. Jack Reacher es un tipo duro.

Lee Child ha creado uno de los personajes más conocido por los lectores de todo el mundo y que, por fin, ha llegado a España para que lo descubramos.

El ritmo de Mañana no estás es muy rápido. Cada capítulo termina con una incógnita que hace que el lector tenga que seguir leyendo. Este ritmo  se mantiene durante toda la narración.


Lee Child es conocido como uno de los más importantes escritores de Best Sellers. Sus novelas no intentan convertirse en libros de culto sino entretener al lector y eso lo consigue con creces. Son puro entretenimiento y eso nos gusta. 

Así que este fin de semana tan complicado os propongo este plan. En vez de ver una película de acción, leed Mañana no estás y descubriréis en ella todos los ingredientes de las películas americanas pero sin el desagradable sonido de las explosiones y de los tiros. Todo eso va a estar sólo en vuestras cabezas. Ya me contáis.

Nº de páginas: 488
Editorial: BLATT & RIOS
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788412180831
Año de edición: 2020
Traductor: ALDO GIACOMETTI


viernes, 23 de octubre de 2020

La vida mentirosa de los adultos, de Elena Ferrante. Mentiras y relaciones humanas

Maya Velasco.

 La vida mentirosa de los adultos me ha devuelto una vez más al mundo literario de Elena Ferrante.

Elena Ferrante es cuanto menos una escritora controvertida, primero por su deseo de mantener su identidad en el anonimato y segundo porque muchos lectores la clasifican de escritora de segunda. Sin embargo, después de su clamoroso éxito en Italia, sus libros se han vendido en todo el mundo consiguiendo multitud de seguidores. A día de hoy, es casi seguro que la autora es la propia Anita Raja

Pero aparte de este. misterio que es secundario a la hora de leer sus obras, he de decir que su Saga de las Dos amigas me fascinó y la leí de un tirón. Ahora nos sorprende con su nuevo éxito, La vida mentirosa de los adultos. Es la historia del paso de la niñez a la vida adulta que además de la transformación física, se verá acelerada por el descubrimiento de que nada es lo que parecía. Los adultos mienten, y tras esas mentiras se esconden secretos nunca revelados que Giovanna irá descubriendo y que irán modelando su carácter. El descubrimiento de un mundo ajeno a su infancia, el descubrimiento del sexo.

“Dos años antes de irse de casa, mi padre me dijo a mi madre que yo era muy fea”. Esta frase desencadena toda una búsqueda de la propia identidad, de la historia de sus padres, de su familia, de todos los que le rodean. Y sobre todo de la tía Vittoria, personaje increíblemente rico por todas sus ramificaciones.

Los personajes son fascinantes, desde los padres de Giovanna, hasta sus amigas, el entorno de la tía Vittoria que de pronto se convertirá en su centro gravitatorio, desplazando a sus padres, que hasta entonces fueron todo para ella. Todos están perfectamente definidos por su forma de actuar, por sus reacciones, por sus discursos.

Transcurre en Nápoles, mostrándonos como en otras obras, las zonas más castigadas por la pobreza, aunque en este caso se narra en primera persona desde el punto de vista de la burguesía de los años 90. La vida culta, estructurada, medida de la familia de Giovanna, explota hecha pedazos por la irrupción de la otra realidad.

Al igual que en sus otras novelas, La vida mentirosa de los adultos nos atrae por su lenguaje directo y la profundidad de los que nos cuenta. La característica principal de Elena Ferrate es que no nos relata hechos, sino que nos habla de las relaciones humanas y sus consecuencias, siendo las más importantes la relación madre-hija y la sentimental, el amor o el desamor, según venga. La autora no juzga estas relaciones ni la forma de actuar de sus personajes, simplemente nos presenta la vida como es. Y más importante quizás, cómo van cambiando estos personajes y estas relaciones a lo largo de su historia.

“Quizá en ese momento en alguna parte de mi cuerpo algo se rompió, quizá debería situar ahí el fin de la infancia”

Nº de páginas: 368
Editorial: LUMEN
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788426408341
Año de edición: 2020
Traductor: CELIA FILIPETTO ISICATO

viernes, 16 de octubre de 2020

EQUINOCCIO. Jimena Tierra. Grupo Tierra Trivium (2018)

 

Manu López Marañón

Jimena Tierra (Madrid, 1979) es licenciada en Derecho por la UAM con postgrado en Asesoría


Financiera. Aunque «Equinoccio» sea su primera novela desde hace un tiempo escribe, y con éxito, relatos y poesía. Así, por su narración corta «Escombros» gana el concurso de Ediciones Saldubia en 2014 y su relato «No fue un verano cualquiera» es galardonado en el certamen Don Manuel de Moralzarzal de 2017. Su segunda novela, «Cambio de rasante», que incluye a personajes de «Equinoccio», ahonda sobre los avances de la ciencia y denuncia las desigualdades sociales del mundo en que vivimos. Jimena Tierra es una de las coordinadoras de Grupo Tierra Trivium, emprendedora editorial que aporta novedosos enfoques al tradicional, y un poco anquilosado, proceso de publicación.


Cualquier introducción de «Equinoccio», novela que se desarrolla durante los primeros meses de 2014, debe adelantar que combina una investigación criminal (la del detective Anastasio Rojo, a la búsqueda del asesino de su hija) con un thriller en el que interviene una secta cuyo satánico líder practica torturas, mutilaciones –e incluso asesinatos de inocentes– destinadas como ofrendas para el príncipe de las tinieblas. Tales barbaridades conducen a un camino de purificación para alcanzar un estadio superior de conciencia que desemboca en una «santidad» bastante macabra, la verdad sea dicha. Los protagonistas aquí son Eduardo Yuste, un estudiante apocado, opositor a judicatura, y, especialmente, Amadeo Figueroa: hombre corpulento de espesa barba al que un rastro de profanaciones y desapariciones lo acompaña adónde va, y que lidera este grupo juvenil encarnando una malignidad sin fisuras. 

Amadeo Figueroa: perversidad en estado puro.

Rescatando la célebre frase de Hitchcock acerca de que cuanto más conseguido esté el malo mejor resultará la película, de Figueroa destaca su inagotable insidia: lo más logrado de esta novela. «Todos deseamos que triunfe el criminal», dejó escrito De Quincey, «porque el criminal, incluso en su versión más despolitizada y cínica, enfrenta la ley, se enfrenta con los procedimientos brutales del Estado»… En el caso del líder de esta secta lo cierto es que cuesta empatizar con él, pero su aquilatada infamia consigue que prenda en el lector un magnetismo similar al que despierta en sus devotos adeptos.

 Quincey y Hitchcock: el irresistible encanto de la maldad.

El ex sacerdote Figueroa, atrapado en un pasado de humillaciones, se ha convertido en un sedicioso dominado por su vanidad extrema y despiadada   («El orgullo fue el elemento que llevó a Lucifer a rebelarse contra Dios y rechazar su autoridad y prioridad como creador», Ezequiel 28:12-19). Su severidad es tal que no titubea a la hora de atormentar delante de todos a su propia hija, Yurena, una integrante más del grupo. Con su eterna sed de venganza hacia la Iglesia católica Amadeo Figueroa –apodado «Seth»– alimenta el laberinto trastornado y fantasioso de su afilada mente, a lo que colabora esos atracones de lectura esotérica y satánica que se pega. Sus expertos conocimientos han convertido a su persona en «representante de la Iglesia de Satán en Madrid». El viejo sueño de Seth de crear una sociedad secreta o secta pararreligiosa está ya materializado al comienzo de «Equinoccio», cuando descubrimos a varios discípulos suyos envileciendo blasfemamente cementerios y capillas.


Eduardo, opositor que desde su ventana controla a una chica que a diario aguarda al bus, se decide a hablarla. Verónica resulta ser «una mujer siempre enferma, apática y siniestra hasta el punto de llegar a contagiar su pesimismo al que tenga al lado». Pero de su mano Eduardo conoce a la pelirroja Carlota (Charly), toda una sacerdotisa satánica y experta bruja por la que se siente irremediablemente atraído. Tras acostarse con ella y seducido por sus malas artes empieza a asistir a reuniones de la secta. Abducido por la carismática personalidad del líder, Eduardo ingiere drogas alucinógenas y participa en orgías. En una dura batalla interna que pugna entre quedarse (por la pasión sexual que siente hacia Charly y la amistad que comparte con Verónica) y las ganas de salirse del grupo (ante los desatinos de Seth, capaz incluso de merendarse a un bebé), el opositor, con apoyos desde dentro de Verónica y de la propia hija de Amadeo, inicia los pasos para dejar ese tinglado diabólico en el que se ha dejado meter, y hasta el fondo, por su debilidad y concupiscencia. 

Anastasio Rojo, detective privado con licencia, es el otro gran personaje de «Equinoccio». Tras cinco años en el dique seco, deprimido por el asesinato de su colaboradora –su hija Sonia–, recibe a Juan José Mendoza (eminencia de la bioquímica y el cáncer) que le ruega investigue el suicidio de su hijo. Israel, un veinteañero asocial, adicto a la marihuana, se arrojó desde un undécimo piso hace varios meses. Rojo averigua qué hizo, con quién andaba y qué lo motivo a tirarse en una canónica trama policial hasta que los argumentos de la novela, el detectivesco y el satánico, se fusionan –capítulo 16 del libro primero– al reconocer Rojo, en la casa de Amadeo Figueroa, una foto grupal en la que junto a Seth posa el joven Israel Mendoza.


Aunque Jimena Tierra entrecruce con acierto ambas tramas sosteniendo su interés hasta el desenlace, no olvidamos cómo los altibajos son prerrogativa de casi cualquier novela (frente a la tensión sostenida y continuamente exacerbada del cuento o el poema). En «Equinoccio» –para quien esto escribe– la inevitable imperfección pudo haberse fácilmente minimizado al venir dada por un exceso de documentación, satánica sobre todo. Y es que encuentro sobreabundancia de actos vandálicos, robos, tráfico de obleas consagradas, biblias satánicas, esoterismos, manuales de ocultismo, ofrendas a Lucifer, profanaciones, misas negras y orgías, descrito con gran lujo de detalles. Esta apuesta porque nada falte induce a pensar que la autora desestimó hacer una criba con vistas a que «Equinoccio» ganara en ligereza lectora. Por ejemplo Ira Levin en su novela «La semilla del diablo», e incluso el no pocas veces excesivo Roman Polansky en la adaptación al cine, manejaron la tentadora escenografía satánica con un rigurosísimo criterio de selección.

Sectas diabólicas en el cine.

Un punto a favor de «Equinoccio» es saber crear opresivas atmósferas. Al grupo gusta celebrar sus reuniones (como pasaba en «Los sin nombre», la novela de Ramsey Campbell) en edificios abandonados: sanatorios para tuberculosos; psiquiátricos; casonas como la de Cangas de Onís…, emplazamientos, en fin, sobre los que las fuerzas sobrenaturales (muchas veces convocadas a golpe de Ouija) parecen más propicias a aparecer y que logran en ellos ese adecuado clima de terror psicológico inspirado en los relatos góticos. Cuando la novela se desarrolla en Madrid Jimena Tierra actualiza los escenarios y presenta una ciudad suburbial, de centros comerciales; una urbe asfixiante, de ajetreos y extraños, que aumenta la ansiedad. Pero la autora no es de las que dan más importancia a los escenarios que a la acción y esto, en una obra de grueso tamaño, siempre es de agradecer.


La tortura psicológica ejercida por Amadeo Figueroa sobre Eduardo y Verónica (quien, desequilibrada por el satanismo, se debate entre la ilusión y la desesperanza, desgajándose lentamente del mundo) impide a estos jóvenes casi discernir ya entre la realidad y los ensueños de sus alienadas mentes, algo que, potenciado por la ingesta de drogas, va peligrosamente in crescendo.


El 30 de abril –cumpleaños de Lucifer– se celebra la Noche de Walpurgis: en esa propicia oscuridad espectros, duendes y espíritus se presentan para llevar a cabo las más espeluznantes francachelas. El grupo de Amadeo Figueroa pretende hacer coincidir la onomástica con el definitivo pacto de Eduardo con Satán. Por su parte Anastasio Rojo, conocedor de cómo Israel formaba parte del Grupo de Seth, esconde varias cámaras por la iglesia del Sordo, lugar previsto para la diabólica alianza. Este doliente padre pero efectivo detective vive obsesionado con desenmascarar y detener al malvado Seth (motivos muy personales no le faltan…). Durante esta inminente Walpurgisnacht, sobre la que todos los personajes han puesto –en un mayor o menor grado– sus expectativas, tendrá lugar un deux ex machina de los que hacen época.


En «Equinoccio» predominan las sombras ante cualquier luz de esperanza. La autora nos sirve una descorazonadora historia sobre el ser humano y su incomprensible fascinación por la violencia más brutal. A Amadeo Figueroa lo domina la hybris, esa arrogancia de quien desafía a los dioses y encuentra su propia ruina. A ese tipo de personalidad perturbada y narcisista no la destruyen agentes externos: es de adentro de donde provienen los embates más fuertes contra ella. «Amadeo ha conseguido hacernos salir de la ignorancia con su sabiduría sobre la vida y la muerte», explica Carlota a Eduardo, sentando cátedra: «él conoce los límites de la realidad y lo que hay más allá de nosotros mismos». Lograr que sus adeptos se traguen sandeces de este calibre es el mayor logro de estas mentes nacidas para dominar y exterminar, y Jimena Tierra lo refleja con indudable acierto.


ENTREVISTA CON JIMENA TIERRA:


Tu novela combina investigación detectivesca con thriller satánico, curiosa mezcla en el desgastado noir ibérico. Dinos Jimena: ¿cómo surge la idea de «Equinoccio»?

Estaba estudiando la carrera de Derecho cuando leí la noticia de que en Tenerife la policía había frustrado un intento de suicidio de más de 30 personas. Aquello me sorprendió.


¿Con cuál de las dos tramas arrancas y, narrativamente hablando, cuál te lleva mayores esfuerzos? 

La trama del adolescente que se introduce en la secta es dura, mucho más que la del detective. La investigación que llevé a cabo para reproducirla me quitó el sueño en varias ocasiones.


¿Entrecruzar las tramas te originó muchos quebraderos de cabeza?

Ninguno. Sabía lo que quería escribir desde el primer momento. Para generar una atmósfera de tensión al lector era fundamental introducirle en ambos ambientes y ligar el hilo conductor en el momento justo.


Al comienzo de tu libro avisas de cómo está inspirado en hechos reales, de que «todas las referencias e invocaciones que se mencionan han sido extraídas de diversos manuales ocultistas y religiosos». La verdad, leyendo aterradoras páginas de «Equinoccio», cuesta aceptar que en todo momento te hayas limitado a registrar sucesos acreditados. A mí, y creo que a ninguno de tus lectores, no nos molestaría que desvelaras si en tu novela hay algo –o bastante– de recreación, de legítima exageración: al fin y al cabo distorsionar la realidad para llevarla a su terreno es algo innato para cualquier escritor. Sincérate para el Terrario: ¿Hasta qué punto se ajustan a lo real tus misas negras, las profanaciones y, sobre todo, esas espeluznantes ofrendas?

Absolutamente todo está documentado. De hecho, en mi investigación tuve que filtrar mucha información para que al lector le llegara en forma de trama narrativa. Analicé movimientos de diferentes grupos, tanto en Sudamérica como en Europa, y fruto de esos operativos es la secta que presento y que unifica muchos de los rituales estudiados.


Que la documentación que manejas esté empleada con hiperrealismo brutal (en no pocas ocasiones parece que estemos ante una película de Michael Haneke, «Funny Games» por ejemplo) otorga una de sus principales señas de identidad a «Equinoccio». Habrá lectores con la sensibilidad a flor de piel que tengan problemas para continuar la lectura. A este crítico, que está hecho ya a todo, le ha resultado fuerte conocer desde sus entrañas, y con aplastante lujo de detalles, las barbaridades que se pueden cometer en una secta satánica. ¿Cómo llegas a este tipo de documentación sensible y, supongo, no fácil de conseguir? 

Difícil, cruel, absolutamente diferente a cuanto estamos acostumbrados. Internet es una fuente abierta en todos los sentidos. Escuché y leí autobiografías, reuní noticias de la hemeroteca, hablé con sacerdotes… resido a pocos kilómetros del hospital abandonado de La Barranca donde, curiosamente, se realizan ritos satánicos. Esta semana ha sido noticia que un grupo de jóvenes ha ido a pasar la noche allí y uno de ellos, de 29 años, ha caído al vacío y está con un traumatismo craneoencefálico. Se están investigando los hechos.


¿Te resultó complicado hacerte con los manuales de esoterismo y ocultismo que muestras o adquirir incluso esa biblia satánica que detallas?

No especialmente. Desde niña he sentido fascinación por lo oculto. En la universidad leía el tarot mientras los compañeros jugaban al mus en la cafetería, y se me daba bastante bien. La Biblia Satánica no obra en mi poder.


¿Aportaron datos para la construcción de «Equinoccio» novelas y películas que hayan abordado antes el tema de las sectas? 

En realidad… no. No me he inspirado en ninguna película concreta (que yo recuerde).


La gran baza de «Equinoccio» son sus protagonistas varones: Amadeo Figueroa, Anastasio Rojo y Eduardo Yuste. Creo que Figueroa es uno de los malos más pulidos que haya encontrado en la literatura española y quiero felicitarte por dar vida a un sujeto tan lleno de conocimiento y rebeldía, una rebeldía canalizada para hacer el mayor daño tanto a la sociedad como a los propios miembros de su secta. ¿Cómo prende en tu clarividente cerebro de abogada semejante monstruo al margen de toda ley? 

Esa es la clave. No era capaz de comprender cómo una persona podía incitar a suicidarse a treinta, sin ningún tipo de coacción, únicamente usando su carisma como arma de fuego. Después de aquella noticia hice un seguimiento exhaustivo respecto a lo que publicaba la prensa. Resultaba tan sorprendente como fascinante.


¿En algún momento lo pasaste mal desarrollando a Figueroa? ¿Sería tu creación favorita de «Equinoccio»? 

Figueroa es un personaje, en cierto modo, estereotipado. Siempre lo he imaginado culto pero no repelente, atractivo pero no guapo, convincente pero no categórico. A ello se le junta una infancia marcada por un mal uso de la religión, algo habitual en el desarrollo de este tipo de conductas. Me costó trabajo profundizar en él dado mi conocimiento frugal del terreno.


Respecto al abúlico Anastasio Rojo decir que, partiendo de unos estereotipos de detective privado, crece a lo largo de la novela y termina convirtiéndose en un hombre de acción fundamental a la hora de perseguir a Figueroa. Similar proceso se da en el opositor Eduardo, un joven bastante parado al comienzo y al que das un potente impulso convirtiéndolo en alguien audaz que cobra importante protagonismo en el desenlace. ¿A Anastasio y Eduardo los creas como previsto contrapunto a la maldad ilimitada de Amadeo, o, por el contrario, tenían un desarrollo autónomo hasta que las tramas se entrecruzan? 

Buscaba paralelismos. Pretendía escribir algo que entretuviese pero que informase. Para mí era fundamental plantear los diferentes puntos de vista de los implicados y, en cierto modo, el terror que somete a cada uno de ellos estando tanto dentro, como fuera.


Mujeres como Verónica y Carlota tienen su enjundia en «Equinoccio». ¿Qué puedes decir de ambas chicas, tan diferentes pese a ser miembros de una misma secta y estar sometidas a idénticos tormentos?

La mujer es un elemento clave como símbolo de fertilidad en cualquier tribu. Con independencia del machismo o el feminismo. Era crucial aportar diferentes perspectivas de un mismo problema para mantener la objetividad del lector.


En tu novela más reciente, «Cambio de rasante», participan Verónica y Anastasio. ¿Tiene esa obra puntos de contacto con «Equinoccio»? 

Se trata de una nueva investigación, absolutamente diferente, pero con personajes que tienen una relación más profunda dado su pasado.


¿Qué puedes adelantarnos de ella? 

«Cambio de Rasante» plantea al lector dudas sobre las limitaciones de la exploración científica.


¿Estaremos ante el inicio de una saga? ¿Cuáles son tus planes literarios para el futuro?

No estoy segura. Imagino que si vuelvo a enfrentarme a la escritura presentaré a estos nuevos personajes, es algo que me gustaría, pero no tengo claro el formato que los daré. En la actualidad estoy sumida en el texto de un nuevo libro de no ficción que verá la luz en mayo de 2021.


Por último, contéstame a una curiosidad. No estropeo nada si desvelo que la Walpurgisnacht tiene su importancia en esta primera novela tuya… Jimena, ¿no crees que titularla precisamente así, La Noche de Walpurgis, hubiera sido más indicado, y hubiera dado más fuerza al libro que llamándolo «Equnioccio»?

Creo que La noche de Walpurgis es demasiado conocida y se ha usado en varias ocasiones. La palabra Equinoccio, precisamente, no le lleva al lector directamente a la maldad, sino que da lugar a diferentes interpretaciones.

                                                                        Jimena Tierra


viernes, 9 de octubre de 2020

El mar de Octubre, de Francisco Silvera. Fotografías negras del otoño

Almudena Natalías.

El otoño es la estación más complicada. Entre el verano y el invierno vamos navegando entre los


excesos de agosto y el encierro de noviembre. Los colores se matizan, los días, poco a poco se acortan, y las ausencias se hacen más patentes. Con El mar de octubre, de Francisco Silvera, vamos a reconocer en cada uno de los capítulos de la novela, el ritmo del otoño.

El mar de octubre comienza con una muerte en el mar, así, sin anestesia. El mar y la espuma son cómplices de ella. El lector ya sabe a qué atenerse.

Los capítulos de El mar de octubre son contos. Cada uno de ellos es un poema negro con las palabras exactas. Alguno de ellos, narrados en primera persona, muestran los pensamientos más ocultos de personajes solos, agotados, sin esperanza, fracasados. Traficantes, yonkis, padres, policías, todos comparten lo mismo, la sensación de que la vida ha perdido su sentido y que hay que dejarse caer, como las hojas de los árboles en otoño. Y el mar de octubre de fondo.

Algunos de los relatos son muy cortos, en ellos cada una de las palabras es necesaria, no sobra nada pero tampoco falta nada. Son disparos que van creando un mapa más amplio.

Algunos de ellos están narrados en primera persona, son reflexiones del protagonista que nos introducen en un mundo casi caótico pero que forman parte del mapa del que hablábamos antes. Otros están narrados en tercera persona, pero no por un narrador ajeno al personaje, nos da los datos precisos para que construyamos una perfecta fotografía de todo lo que ocurre, sin florituras pero sin omisiones.



“El sonido del océano entra y sale del agua, como un dardo que atravesara capas de fluido sin dejar de avanzar.”

Francisco Silvera, en El mar de otoño, escribe poemas en prosa, poemas negros, poemas que llegan al lector provocando olores, sonidos, colores, visiones, y sensaciones ásperas. Otra novela imprescindible de la Serie negra de la editorial Akal. Leedlo.

Serie: Negra
Idioma: Castellano
EAN: 9788446048602ISBN978-84-460-4860-2
Fecha publicación: 22-06-2020
Páginas: 128
Ancho: 14 cm
Alto: 21,5 cm
Formato: Rústica


viernes, 2 de octubre de 2020

Pedro Aranda, autor de El ruido que nos separa, habla con nosotros

 El ruido que nos separa, la primera novela de Pedro Aranda, es una novela que nos ha sorprendido a


nosotros y al jurado del premio Icue de novela negra ya que ha sido finalista este año en Cartagena Negra.

Hoy vamos a conocer un poco más al autor.

Buenos días, Pedro. Has escrito una novela redonda. Una novela en la que aparecen muchos personajes que forman parte de una misma historia sin que ellos lo sepan. ¿Qué intención tenías al escribirla?

Lo primero de todo, muchas gracias por tu apreciación. La intención básicamente era una: Entretener al lector. Me parece que contar una única historia e ir desarrollándola a lo largo de trescientas páginas es algo que ya se ha hecho muchas veces. Ya se ha matado de todas las formas posibles. Cualquier tipo de asesino ya está escrito. También nos han contado ya todas las maneras de enamorarse y descrito las reacciones de los protagonistas. Y yo quería alejarme de ahí. Escribir una novela fragmentada, de personajes que se van cruzando conforme van avanzando historias aparentemente desconectadas, no es para nada algo original, pero sí que es menos frecuente. También es cierto que exige más concentración al lector, más memoria, pero, por otro lado, yo creo que agradece que los capítulos no se le hagan eternos y mantengan la intensidad de principio a fin sin tener que acabar leyéndolos en diagonal. Hay gente que ha leído el libro que me dice que tiene ese toque a películas de Guy Ritchie, o a Babel, a Crash, etc. Mientras sean esas y no otras, yo bien contento que estoy con las comparaciones. 

En cuanto al comentario final de tu pregunta sobre personajes que forman parte de una misma historia sin que lo sepan, efectivamente, es el efecto que quería conseguir. Pero no hay nada especial en ello. Es la vida misma. Por no irnos muy lejos en el tiempo, vámonos al día del certamen de Cartagena Negra. Allí nos reunimos los cuatro finalistas, los miembros del jurado, los cámaras de televisión, periodistas, público, políticos, etc. Y la novela, por hacer la extensión a este momento, no se centraría solo en los actos que ocurrieron ese día, sino que profundizaría en los días previos de cada uno de los que nos juntamos allí. Y mi propósito era que el lector (o vidente, en este caso, a través de la televisión) conociera la vida de cada uno de ellos antes de ver en directo la gala -por llamarlo de alguna manera-. Y que se fijara en la persona que más le hubiera llamado la atención, que no tiene por qué ser ninguno de los cuatro escritores que estuvimos charlando en la mesa redonda. Podría ser perfectamente la chica de pelo corto sentada en la segunda fila.


El ambiente trágico de El ruido que nos separa es claro, aunque hay pequeños destellos de esperanza. ¿Tu propia visión de la vida coincide con el de la novela? 

Mucho me temo que sí. Hace poco, con motivo de la nominación del certamen, nos entrevistaron a los finalistas y nos preguntaban si el Covid era el gran villano del año. Y yo contesté que prefería pensar en otros términos, como el baby boom que se ha observado en este tiempo entre elefantes a los pies del Kilimanjaro. Y la gente me decía que les parecía raro que, precisamente yo, hubiera dado la respuesta más positiva de todas, que viera el vaso medio lleno. Y yo les dije que no, que yo el vaso lo sigo viendo medio vacío, pero que prefiero fijarme en la señal de pintalabios y no en el vino. Y son esas pequeñas cosas a las que presto atención sin las cuales la vida sería completamente insoportable, como dice la canción.

Si me permites, voy a seguir tratando de contestarte contándote con una pequeña historia que me ocurrió hace un par de veranos. Me encontraba en la playa leyendo un libro que había cogido esa tarde de la biblioteca, cuando se cayó un trozo de papel que había dentro. En el papel aparecía una ecuación matemática complicadísima, llena de X e Y, que luego, quien la había escrito, había terminado tachando tantos números y despejando tantas incógnitas, que al final la ecuación no parecía la misma. Había una chica a mi lado ocupando un trozo de mi toalla a la que vi despertarse y girarse hacia mí, mirándome un poco desorientada. Y cuando logró ubicarse me preguntó, vete tú a saber por qué, si nos comprábamos un barco. A mí me sorprendió bastante la pregunta porque la había conocido la noche anterior, y le respondí que yo no tenía dinero para un barco. Ella me miró como si se hubiera confundido de persona y me dijo algo que todavía no he olvidado y que me pregunto cuándo lo haré. Me dijo: “Prométeme una cosa, prométemela de verdad. Prométeme que la harás”. Pero antes de que me diera tiempo a responderle, vi que se había quedado dormida otra vez. Aparté un poco los auriculares que llevaba para que no se le clavaran en el costado y volví a mirar el papel. Le di la vuelta y salía una antigua dirección de hotmail. Metí la hoja más o menos donde estaba en el libro y seguí leyendo por donde me había quedado. Y ponía: 

"Cariño, desconéctame, si crees que es lo mejor".

 Creo que esa historia, que es real, de alguna manera responde a tu pregunta.


Uno de los personajes de la novela, el Sr. Primavera, parece que ha conectado mucho con el público. ¿Tienes pensado algo para él en el futuro?

Se trata de un personaje cargado de referencias cinematográficas. Lo escribí pensando en el papel de Mel Gibson en Conspiración, pero también de Sentencia -en El bueno, el feo y el malo-, e incluso Jacob -de Perdidos, que es esa figura misteriosa que de alguna manera ordena y da sentido a la trama-. Y su historia es también muy atractiva: un adolescente americano al que agentes del gobierno secuestran para someterle a distintos experimentos mentales secretos haciendo creer a su familia que ha muerto. Y luego va él manipulando a gente con un determinado propósito. Cuando fui desarrollando su papel me di cuenta de que tenía un potencial tremendo para escribir un spin-off sobre él, y escribí un borrador del mismo que ahora mismo tengo abandonado. Es una historia puramente negra y esa es precisamente la razón por la que he decidido dejarla aparcada un tiempo. Me apetece más escribir otras cosas en estos momentos. Tengo miedo a repetirme y que ese spin-off no esté tan alejado de El ruido que nos separa, al menos en cuanto a la voz. Por eso prefiero volver a él más adelante. También te digo que si lo escribo como lo tengo en mente, tendré que autopublicarlo. No creo que haya editorial en este país tan valiente como para publicar eso.


Muchos te comparan con los clásicos de la novela negra. ¿Cuáles son tus referentes?

¡Por favor! ¿Quién ha dicho eso? Es amigo, ¿verdad? En cualquier caso, respondiendo a tu pregunta te diré que empecé leyendo mucho a Jim Thompson y Barry Gifford. Pero también veo trazas de novela negra en los primeros libros de Richard Ford, como La última oportunidad o Un trozo de mi corazón o en La mancha humana de Philip Roth. Y, por supuesto, en Edward Bunker. Aun así, creo que ahora mismo un tipo ha adelantado a todos ellos por la derecha: Donald Ray Pollock es una fiesta para amantes del género negro. 

Y ¿cómo crees que está el panorama literario actual en España? 

Me parece que hay autores muy interesantes y libros realmente buenos en las tiendas. Por citarte algunos, se me vienen a la cabeza Ray Loriga, Manuel Jabois, Javier Sierra, Jerónimo Tristante, Mikel Santiago, Sergio del Molino, Luis García Montero…, aunque si te soy sincero, solo de un par de ellos me considero seguidor realmente. Del resto he ido leyendo libros puntualmente y si te los he nombrado aquí es porque me han gustado especialmente. Espero tener tiempo de seguir profundizando en ellos más adelante y tener una visión más global de sus obra. 

Pero también es cierto que luego ves cada libro por ahí de gente que nos bombardean continuamente en medios que te da ganas de llamar al teléfono de la esperanza. A ver, que nadie me malinterprete, si yo fuera el director de la sección cultural de un medio de comunicación haría todo lo posible por publicar una reseña o una entrevista de un señor, no sé, de pelo largo y rizado que sube todos los días fotos en las que se ve un brazo lleno de pulseritas con miles de likes y que luego va cantando no sé qué de una mujer de verde que de alguien que no saben ni en su edificio que ha publicado una novela. Y esto aplica del mismo modo al caso de las editoriales. No nos olvidemos que son empresas. Si yo fuera el CEO de una editorial haría exactamente lo mismo que hacen ellos: evaluar el riesgo. Y el riesgo, cuando eres famoso, tiende a cero, de ahí que a cualquier músico o presentador de televisión nunca le falte una editorial grande con la que publicar. Ojo, que no me quejo, eh. Piensa que están poniendo un dineral que no saben si van a recuperar o no. Y con esta gente, el retorno de la inversión es inmediato. Otra cosa es que cuestionemos la calidad de las obras que, como digo, normalmente las más populares no son muy buenas, o al menos, a mí, no me lo parecen, pero ahí ya entramos en el terreno de lo subjetivo y es muy opinable. Seguro que hay alguien en algún lugar del mundo que prefiere a Leticia Sabater antes que a Salinger.  

Por otro lado, y para completar mi respuesta, yo veo el mundo literario un tanto endogámico, en el sentido de que son siempre los mismos escritores los que salen en los medios de comunicación, pero es que, además, se citan continuamente entre ellos, sin dejar espacio a nadie más. Es como cuando Fernando Redondo sacaba los codos y no había manera de robarle la pelota. A veces me da la sensación de que las propias editoriales de esos autores son las que pagan a los medios para que aparezcan. Y que aplica eso de “tanto pagas, tanto sales”. 

A ver, no te digo que me des un trozo de la tarta, pero joder, ofréceme el lacasito. 




¿Crees que de la pandemia saldrá un mundo más amable, como sostienen muchos, o crees que nos haremos más cínicos? ¿Habrá una literatura post-covid? 

¡Qué difícil que es la primera pregunta! ¡Y qué fácil la segunda! Voy a empezar por el final. Por supuestísimo que sí. Que no te quepa duda. A los escritores de novelas de zombies les ha tocado la lotería con el coronavirus. Lo que no tengo tan claro es dónde deberían ubicar el origen de sus historias, si en un mercado de comida cruda o en un laboratorio de armas biológicas.   

En cuanto a la primera pregunta, a la vista está que menos “amable” yo usaría cualquier otro adjetivo que encontraras en el diccionario. De esta vamos a salir infinitamente más divididos que antes. Los medios de comunicación se han convertido en fanzines. Ahora si quieres enterarte de la actualidad, lo mejor es leer la prensa deportiva porque tienen una sección de noticias donde te cuentan cómo está el mundo. Te metes en Twitter y es lo más parecido al odio que existe. Ves las sesiones de control del gobierno de los miércoles y te lo pasas mejor que cuando veíamos las películas de Agárralo como puedas, de pequeños. Cuando todo esto termine, no sé si dentro de un año, de dos o de diez, al final nos recuperaremos del golpe económico y saldremos adelante, como ha pasado siempre. Poco a poco nos olvidaremos de lo que se han ido y la sociedad irá recuperando su vieja normalidad. Solo que eso que hemos oído siempre de que ni los buenos eran tan buenos, ni los malos eran tan malos, cuando todo esto pase, en España (y solo en España), los buenos serán más buenos. Y los malos serán más malos.


Qué planes literarios tienes. ¿El confinamiento te ha bloqueado como nos ha pasado a muchos o has podido aprovechar para escribir? ¿Habrá ponto una novela tuya en el mercado?

Mira, esa pregunta me la hacen siempre y hasta hace bien poco decía que no sabía muy bien cuáles eran mis planes a corto plazo. Escribir un libro, sobre todo el primero, que no tienes experiencia en el mundo editorial, desgasta mucho. A eso, se le suma que, gracias a Dios, el libro ha funcionado realmente bien y ha sido un año intenso de promoción, por lo que no me había planteado hasta la fecha nada que no fuera seguir centrado en El ruido que nos separa. No quería que me pasara como a ese actor de El resplandor, que se tira toda la película corriendo, atravesando kilómetros y kilómetros de nieve, para llegar a la casa y justo cuando lo hace le clavan un hachazo. Yo tenía todo el rato esa sensación cuando me preguntaban por mi próximo libro nada más empezar la promoción de éste. ¡Qué menos que me dejéis sentarme cinco minutos en el sofá! Por otro lado, y muy a mi pesar, mucho me temo que no soy tan productivo como otros escritores que conozco que en este mismo tiempo dicen que han escrito otras tres novelas. No sé. No quiero escribir libros como churros, ni sagas, ni nada por el estilo. Creo que tengo más mentalidad de músico en ese sentido que de escritor, siendo que no sé ni tocar la flauta. Pero me parece que sacar un disco o un libro cada dos o tres años es la frecuencia correcta. Y no necesariamente todos los discos tienen que seguir el mismo estilo. La gente cambia. Los gustos cambian. Las influencias también. He escrito novela negra porque me apetecía entonces y ahora me apetece ya otra cosa. No quiero decir que rechace este género, ni mucho menos. Es lo que decía en una pregunta anterior. Sé que acabaré volviendo en algún momento a él y al Señor Primavera, pero mi mente ahora está ya en otro lado. Y ese otro lado está más cerca de Carver que de Chandler. 

Pero poco más te puedo contar sobre el nuevo libro. Solo que empezaré a escribirlo a comienzos de 2021, que la historia me parece que es muy potente y que ya tiene título.

 

Y que nada me gustaría más que estuvieses ahí para leerlo.


viernes, 25 de septiembre de 2020

Tirar del hilo, de Andrea Camilleri. Montalbano no se ha ido

 

Maya Velasco.

Tirar del hilo es el último capítulo de la saga Montalbano publicado en España. Aunque el gran maestro falleció en 2019, nos dejó todavía el consuelo de varios libros por publicar, entre ellos el premeditado final de Montalbano, Ricardino. Pero tranquilos, aún no ha llegado ese momento.

La comisaria de Vigatá está absolutamente desbordada tratando de organizar la llegada masiva de barcos llenos de inmigrantes. Todos los habituales están al borde del colapso, sin dormir y hundidos en una tristeza ante la visión de tanto sufrimiento y tanta injusticia. En medio de todo esto, a Livia, su eterna novia, no se le ocurre otra cosa que obligar a Salvo Montalbano a ir a la boda de unos amigos. Para ello, tiene que hacerse un traje “de calidad” y acude a una sastrería cuya dueña, Elena, es asesinada a los pocos días. Salvo tendrá que alternar su trabajo en el puerto con la investigación de este sangriento asesinato, y por si no fuera poco, hacerse con un traje.

Tirar del hilo es una novela de Montalbano menos divertida pero imbuida en el espíritu, triste espíritu, de la cansada y vieja Europa, porque lejos de centrarse en la acostumbrada crítica de Camilleri a los asuntos mas peculiares de Italia o Sicilia, se encarga de socavar los cimientos del continente. En esta novela se hace patente el triste tema de los inmigrantes que se lanzan al mar a costa de sus ahorros y a menudo de sus vidas, buscando un mañana mejor que rara vez llegará.

Denuncia pues la inoperancia y egoísmo de las autoridades europeas antes un problema que disfrazan con la posible amenaza de la llegada de terroristas yihadistas a nuestros países. Eso sí, Camilleri logra dotar a estos inmigrantes de vida propia, convirtiéndolos en músicos, muchacha violadas con nombre propio o madres desesperadas por un trozo de pan para sus hijos, también con nombre propio: “Junto a aquellos muertos, estaba naufragando también lo mejor del hombre”

La estructura de Tirar del hilo es la acostumbrada en la saga Montalbano. Todo empieza con un sueño del comisario, más bien pesadilla, cosa poco extraña con las comilonas que engulle cada noche. La trama se salpica de visitas a la hora de comer a la trattoria de Enzo donde el protagonista degusta los más sabrosos platos de la cocina italiana. Posterior paseo por el puerto y conversación con un cangrejo que siempre le espera allí. Riñas continuas con Livia por teléfono y reconciliación final. Bella mujer (en este caso la muerta) que hipnotiza a Montalbano. Y de fondo, un problema político, de corrupción, que nos pone de manifiesto lo frágil que es la naturaleza humana. Ah, y no faltan las meteduras de pata del telefonista de la comisaría, Catarella: “Pido comprinsión y pirdón, dottori, pero he tenido un ataque de indurmiscamiento”.

En definitiva, otra magnífica obra del maestro Camilleri. No tiene desperdicio.


jueves, 17 de septiembre de 2020

VERSOGRAFÍA MALDITA. Paco Gómez Escribano. Grupo Tierra Trivium (2019)

 Manu López Marañón

VERSOGRAFÍA MALDITA. Paco Gómez Escribano. Grupo Tierra Trivium (2019) 



Al autor de «Versografía maldita», el madrileño Paco Gómez Escribano, lo conocí por «Manguis», la mejor lectura mía en aquel 2016, y desde entonces sigo con gran interés su producción, la cual, aun siendo anual, de momento no sufre altibajos; algo de lo que sus lectores nos alegramos porque adquiriendo cada nuevo libro suyo la calidad literaria viene garantizada. 2018 fue el año de «Cuando gritan los muertos», y en 2019 el autor hace doblete: en Editorial Milenio edita «Prohibido fijar cárteles», quinta entrega de su saga ambientada en el barrio de Canillejas, y en Tierra Trivium publica «Versografía maldita», primer poemario suyo de versos y prosas.


Finalizado en la revista amiga Moon Magazine mi trabajo sobre 8 poetas que escriben en Madrid, reseñar este libro, de afilado aliento poético, tiene no poco de epílogo. Además, incorporando a su autor a ese grupo la suma da 9 poetas, igual número que aquel mítico libro de Josep Maria Castellet, «Nueve novísimos poetas españoles», una antología del crítico catalán para promocionar a los más relevantes poetas de la década de los 60. Con Gómez Escribano dentro tenemos nuestros «Nueve novísimos poetas madrileños».


Las dos partes de «Versografía maldita» vienen caracterizadas por un airado nihilismo de barrio que arremete contra todo y contra todos, cubriendo de vituperios y exabruptos a personas, creencias, pensamientos e ideas, hasta plasmar una imagen de la vida y de la sociedad como un infierno de malvados, borrachos, locos y oportunistas en el que los canallas triunfan y donde todo está corrompido o por corromper.


Este poemario, de pesimismo y negrura ciertamente acongojantes, resultaría indigerible si no fuese por la fuerza cautivadora de un lenguaje virulento que no duda en recurrir –como tono habitual– al sarcasmo más incandescente, sarcasmo que transforma los poemas y las prosas de Gómez Escribano en una colección de apocalípticos aquelarres.


Con igual fuerza destructiva del, por ejemplo, Louis-Ferdinand Céline de «Viaje al fin de la noche», no encontramos aquí un solo personaje entrañable, ni siquiera alguno que merezca solidaridad y comprensión, empezando por el propio poeta, compendio de autodestrucción, pereza y mala uva. El mundo que disecciona viene marcado por el resentimiento, el egoísmo y alguna forma de estupidez y vileza. Pero el éxito literario de Gómez Escribano es pleno: sus versos y sus frases imantan al lector, quien no puede apartar los ojos de tantas disparatadas y sórdidas peripecias, abocadas irremediablemente al sumidero del infierno.


La primera parte de «Versografía maldita», del mismo título que el libro, consta de 35 poemas. En ellos, bajo las apariencias de un mundo estático que guarda las formas, Gómez Escribano levanta el velo a toda clase de deformidades, siempre desde una mirada oblicua y sin olvidar que el primer monstruo perfecto es el poeta. En el ánimo de esos espíritus enfermos anida la secreta –y cada vez más remota– esperanza de que algo, alguien, ponga orden en este burdel degenerado en que se convirtió la sociedad, una idea muy de Roberto Arlt.


Para ilustrar este extenso bestiario de la derrota que Gómez Escribano poetiza elijo 11 composiciones ([1], [2], [3], [5], [9], [19], [21], [27], [28], [30] y [35]) que dan cuenta de la vida, definiéndola como una lucha continua en la que sólo contamos con nuestras almas; como una sucesión de delirios de tristeza y amargura que acaban abrazando a la muerte; como algo lleno de oportunidades perdidas; la vida como un fracaso continuo; como un total sinsentido cuyo timón llevan estúpidos de vacías existencias; como procesión de muertos vivientes solo sostenidos por el alcohol; la vida como un vómito de versos malditos para intentar huir de ella; como una sucesión de fracasos resplandecientes; como un espejismo donde ni los potentes guitarrazos de un grupo sirven para escapar de su miseria («Espejismos») o como una sucesión de extrañamientos en lugares inmundos como bares o pensiones, y, también, la vida como una dantesca visión de frustraciones anticipando el infierno.


ESPEJISMOS


Buscar en el fondo de un vaso de whisky 

los trozos de existencia 

que perdiste hipotecando tu voluntad.


Vivir en el infierno 

mientras las guitarras y el contrabajo 

desgarran el aire que respiras.


No tienes fuerzas 

ni para abandonar el vestíbulo de tu miseria.

Y sin embargo crees vislumbrar

esperanza en la penumbra.


Sin darte cuenta de que los espejismos 

son miserablemente recurrentes.


Calles y bares de barrio, enmarcados muchas veces por música, son localizaciones ideales para que de ellas brote la más desquiciada poesía. En [7] encontramos unas calles tristes habitadas por espectros y regadas con sangre; los parterres del parque están asimismo abonados con sangre de yonquis muertos [10]; el vacío existencial de las calles del barrio envuelven voluntades torturadas [11], y esas calles húmedas destinadas al desagüe universal son tan tristes como las barras de los bares [12]. Unos bares en los que el sombrío cerebro del poeta encuentra prolongación, como aquel que tan buena música ponía [8] o ese otro, también clausurado, símbolo de días muertos que tienen hoy continuación en las alcoholizadas ideas del poeta [14]. Las barras de los bares están heladas por pensamientos muertos de los parroquianos, ahogados en sus desgracias [31]; el deseo del poeta de ser barman para hacer de su pasión oficio queda sin realizarse [32]; la joven borracha y solitaria que baila en el último bar de madrugada refleja el no future actual [33] y los vasos de whisky servidos con un blues de fondo son bálsamo para el dolor, ayudan a sentirte menos solo [34]. Una música que revolotea sobre el alma en forma de canción que habla de naufragios [22]; pero también –sobre todo la horrible de hoy– poniendo banda sonora a la tristeza, congelando cualquier amago de sonrisa [24] o anticipando sueños eternos de tumbas góticas («Conciencias en el filo») [25]. En [29] el jazz acompaña a ese espectro que aguarda el momento de ser incinerado.


CONCIENCIAS EN EL FILO


Trazas de sangre coagulada, 

en un asfalto huérfano, 

heridas manchadas de rabia, 

una barra de bar vacía, 

en la calle del silencio, 

bajo unas nubes grises 

que opacan conciencias, 

en el filo de la vida, 

donde se mueren los besos, 

y la racionalidad es la nada, 

tatuajes de malaventura, 

almas errantes que vomitan bilis, 

mientras una canción triste 

horada cada grabado de desventura, 

en tardes que nunca acaban, 

en sueños de tumbas góticas, 

y en cada esquina un cuervo, 

que se ríe más allá de lo grotesco.


A la segunda parte, en prosa, de este poemario, «Mi banco del parque», aun manteniendo el pesimismo de la precedente, la encuentro más sosegada en su desarrollo, con menos directos y ganchos, como si el autor-boxeador, mientras baila sobre el ring, intercalase algún preciso golpe sobre el lector dándole (no demasiado) tiempo para respirar.


En su primera novela, «El pozo» (1939), Juan Carlos Onetti decía: «Soy un hombre solitario que fuma en un sitio cualquiera de la ciudad». Los monólogos del protagonista, impregnados de amargura, transmitían la decadencia de aquel Eladio Linacero paseando obsesivamente por su cuarto, más bien habitáculo. Gracias a los sueños que se contaba escapaba de su mediocre realidad inventándose otra personalidad y hasta otro mundo.


El autor innominado que redacta «Mi banco del parque» fuma en un banco, iluminado por una farola, al que acude siempre de noche. Lo acompaña, indefectiblemente, la soledad, metafísica dama con quien, sin embargo, dialoga, riñe y en ocasiones hasta ríe. Esta es la base invariable para los 31 fragmentos en prosa. Sobre ella, el poeta combina otras tantas variaciones. Las más abundantes vienen dadas por sus reflexiones (noches en las que nunca fue feliz, errores del pasado, vanidad, combate entre demencia y cordura, melancolía, inmanencia, mutismo, remordimientos, la nada y lo transitorio de la vida, o su inutilidad), los recuerdos del pasado o de episodios vitales (que lo transforman en un espectro o condenan, como Sísifo, a la repetición de ritos) y la muerte (se pregunta si al morir, al haber dejado toda su sustancia en el banco del parque, no se convertirá en otro espectro; o se siente un cadáver viviente desnudando su alma en el banco; el parque le recuerda a un cementerio sin tumbas que huele a muerto, y la soledad echa su capa sobre el poeta, que al final del poemario se desvanece bajo ella). Aparecen motivos para la sonrisa (la soledad hace un collar con los pensamientos del poeta o se ríe frente a sus intentos de socializarse o hasta cuando le ofrece la mano para bailar), para el aburrimiento (las salmodias del poeta acaban hartando a la soledad, que se va del banco), o la misantropía (el poeta comprende que su única compañía es la soledad, más misántropa que él) y la angustia (provocada por las rarezas del poeta, que renuncia a entenderse).    


I (Reflexiones)


[…] Suspiro por las noches antiguas en las que nunca fui feliz. La muerte me pregunta al oído por la dama que me acompaña y ella le da un zarpazo que la hace huir. Para mí que se ha puesto celosa […].


V (Recuerdos)


[…] Estoy cansado de coleccionar episodios vitales infecundos. Al final, después de todo, cada noche acabo sentado en este banco del parque viviendo mi verdadera vida y a mi lado se acomoda la soledad, fiel como un amor verdadero […].


VII (Muerte)


[…] Ignoro si cuando yo deje este valle de lágrimas seré un espectro, creo que sí, pese a que tengo demasiado apego a este banco. Creo que he dejado impregnada aquí toda la sustancia inherente a mi ser […].


XXI (Motivos para la sonrisa)


[…] Las sombras me rodean y me invitan a su baile nocturno. Declino la invitación y vuelvo a sentarme en el banco, junto a la soledad. Por una vez ella me sonríe y mantiene ese rictus en el rostro durante unos instantes que podrían ser varias eternidades […].


XXIII (Aburrimiento)


[…] Exhalo hacia el vacío el humo de mi última calada para sufrir en silencio el plomizo estado de ánimo que me atenaza. La soledad se marcha […


XXVII (Misantropía)


[…] Esta noche me rodean los fantasmas de tiempos pasados. Los he invocado con mis inclinaciones estériles y ahora que los tengo delante no sé qué hacer excepto presentarles a las sombras y los espectros. La soledad ha declinado mi invitación. No obstante, fue ella quien me inculcó el no querer conocer a nadie más […].


XXX (Angustia)


[…] La angustia preside mi estado de ánimo esta noche. No hay motivo aparente y conociéndome como me conozco no tiene por qué haberlo. Son muchos años metido en este cuerpo sin encontrar sentido a nada, aguantando mis rarezas […].


No creo haber leído libro que se sumerja tanto –y con este empeño– en la mugre humana. Gómez Escribano no tiene intenciones críticas frente a la obtusa humanidad, que describe con el conocimiento de quien sabe de lo que habla. Para Paco el mundo es así, los seres humanos están hechos del mismo barro fangoso que el poeta pisa bajo ese banco de parque las noches de lluvia, y nada ni nadie los mejorará. Como bien dice Pedro de Paz en su prólogo a «Versografía maldita»: «las sentencias de Paco, a modo de versos, son como trallazos directos al corazón, disparos en los que no falta ni sobra una palabra».


ENTREVISTA CON PACO GÓMEZ ESCRIBANO: 


Antes de comenzar «Versografía maldita» especulaba con la posibilidad de encontrar un libro tuyo menos amargo que los hasta ahora leídos por mi («Manguis», «Cuando gritan los muertos» y «Prohibido fijar cárteles»), violentísimas novelas negras de barrio y en las que pocos protagonistas sobreviven.


¿Cómo surge la idea de un poemario tan insólito como resulta ser esta «Versografía maldita»?


Bueno, para mí no es tan insólito. Mi perspectiva sobre la vida, sobre lo que nos rodea y acontece tiende a ser muy real. No me gusta lo que veo y tanto la novela negra como la poesía maldita me parecen dos herramientas muy certeras para protestar.


¿Tuviste claro desde el principio que los poemas y los fragmentos en prosa que componen el libro podrían ser interpretados como continuación del aterrador panorama reflejado tus novelas suburbiales? ¿Qué le dirías al lector de tu poemario que extraiga esa conclusión?

 

Los lectores, al menos los míos, son muy inteligentes, y son varios los que ya me han hecho llegar esta perspectiva que desde mi punto de vista es acertada. Tanto en los poemas como en los fragmentos en prosa hay protesta y malditismo, una actitud que siempre me llamó la atención a la hora de afrontar la vida.


¿No te rondó la tentación de incluir algún poema, digamos, no tan pesimista o sarcástico?


En absoluto. El libro es rotundo, por tanto, no podía permitirme el lujo de alterar su esencia con alguna composición que rompiera el tono general.


¿No tuviste la tentación de dejar alguna puerta abierta en tus poemas para que el lector tenga un momento de respiro entre tanto agobio?


No, no suelo administrar placebos a mis lectores. Quienes se acercan a mis libros saben lo que buscan. Y si bien es cierto que en mis novelas hay elementos como el humor que dulcifican un poco por así decirlo, la narración, aquí no hay tregua. En los poemas no hay tiempo para el descanso o la distracción. O lo tomas o lo dejas.


La voz del poeta, tanto en estrofa como en prosa, por lo que dice y por su tono, puede corresponder perfectamente a la de algún protagonista de tus novelas como, por ejemplo, el Mochuelo o el Tijeras (descartamos que al Torre de «Manguis» lo sacuda semejante vocación…). Pero ante la catarsis tan personal y desencantada que supone verter así al papel aspectos de un mundo siniestramente egoísta (al que parece no esperar otra escapatoria que el infierno) no pocos pensarán otra cosa… 


¿No te preocupa que haya lectores que crean que eres tú directamente quien retrata con tal grado de crudeza y sin ningún paliativo a tu barrio? 


No. Sé demasiado bien dónde he nacido y todo lo que he visto. Y todo aquel que tenga dudas que tire de hemeroteca.


Para quien no lo conozca, avisar que Versografía maldita juega en la misma liga de otros escritores y pensadores tradicionalmente pesimistas como puedan ser Sartre, Schopenhauer, Cioran, Celine, Arlt, Onetti... Hay que decir que en no pocas ocasiones el pesimismo de Paco supera al de esta cuadrilla.


¿Qué poetas conoces que puedan señalarse como antecedente al descarnado nihilismo que muestras en tu primer poemario?


Siempre me han gustado Leopoldo María Panero y David González, pero también Benedetti y Alberti, pero de ahí a considerarlos antecedentes, no sé. Eso deben decirlo los lectores.


¿Cómo ves el nivel de la poesía actual en España y, más concretamente, en Madrid? 


La verdad, siempre encuentras por ahí gente con talento, y creo que las actuaciones en directo que han ido proliferando por muchos garitos han contribuido a la diversidad y a generar tendencias, así como movimientos como el rap. 


¿Qué te ha parecido el revuelo organizado tras la concesión del premio Espasa al poeta venezolano Rafael Cabaliere?


La verdad es que leyendo alguno de sus presuntos poemas te quedas un poco ojiplático, la verdad. Pero bueno, Espasa no es precisamente hoy uno de mis referentes en poesía. Apuesta por el mercantilismo. La calidad les da absolutamente igual.


 ¿Escribir otro poemario figura entre tus más inmediatos proyectos? ¿Leeremos alguna vez versos amorosos de Paco Gómez Escribano?


Los versos amorosos solo los lee mi mujer, todos son para ella, y no se comercializan. Hay un nuevo proyecto que sale en diciembre con la misma editorial, Tierra Trivium. Se titula «La vereda de la derrota» y cuenta con una primera parte compuesta de poemas y una segunda parte que es una novelita corta en donde la metáfora y la alegoría campan a sus anchas. Está entregado y me han dicho que han flipado. Esto es primicia.



viernes, 11 de septiembre de 2020

La sangre manda, de Stephen King. Volvemos al universo King


Almudena Natalías

 La sangre manda, de Stephen King es el último libro publicado en España del Maestro del terror.  Es una antología de relatos, cuentos largos o novelas cortas, en las que King vuelve a su esencia. Los relatos que componen La sangre manda son El teléfono del Sr. Harrigan, La vida de Chuck, La sangre manda y La rata.

El teléfono del Sr. Harrigan está protagonizado por un niño que gana algún dinero leyendo clásicos a su vecino, el Sr, Harrigan. Como en otras novelas protagonizadas por niños en el universo King, nos veremos inmersos en un mundo en el que la inocencia de la infancia se rompe al tener contacto con la muerte y con elementos fantasmagóricos que, en este caso, nos habla de una relación de amistad que la muerte no puede romper y menos si los dos tienen un Iphone.

La vida de Chuck es el relato que más me ha gustado. Está dividido en tres capítulos, tres actos, que nos cuentan la historia comenzando por el final de la misma. Nada más comenzar a leer nos vemos inmersos en un mundo apocalíptico en el que California desaparece poco a poco, la gente huye a lugares más seguros, internet desaparece y la gente da por hecho que el final del mundo llegará de un momento a otro.  Además empiezan a proliferar anuncios en las vallas publicitarias dando las gracias a Chuck ¿quién es Chuck? Para conocerlo tendremos que leer esta fascinante historia.

El siguiente relato es el que da nombre a la novela. En la sangre manda volvemos a encontrarnos con Holly Gibney a la que conocimos en la trilogía de Mr. Mercedes y en El visitante. El cuento es la continuación del visitante ya que Holly vuelve a encontrarse con una criatura que se alimenta del dolor de los demás. Con esta historia King analiza la prensa amarilla que parece disfrutar con los detalles más escabrosos de las tragedias diarias llenando horas de informativos con sangre, lágrimas y escombros.

Por último, tenemos otra historia de escritores bloqueados y aislados en parajes imposibles. La rata tiene muchos de los elementos que los lectores de Stephen King reconocerán. Un escritor incapaz de escribir una novela se refugia en una cabaña aislada del mundo. Se acerca la tormenta del siglo y él tiene un resfriado terrible que no promete nada bueno. Y también hay una rata...

Los relatos que componen La sangre manda van a ser llevados a la pequeña pantalla de manera independiente. Ya sabemos que las obras de Stephen King son golosas para las plataformas independientes y nosotros, después de ver en la tele Mr. Mercedes y El visitante nos alegramos de ellos porque, en esta ocasión, no han defraudado a los lectores del Maestro.

Pero antes que esperar a estas adaptaciones, os recomiendo que leáis La sangre manda, en la que el autor vuelve a llevarnos a sitios conocidos con personajes nuevos y con historias que no nos dejarán indiferentes.

Nº de páginas: 464
Editorial: PLAZA & JANES EDITORES
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788401024757
Año de edición: 2020


viernes, 4 de septiembre de 2020

El ruido que nos separa, de Pedro Aranda. A veces hay que escuchar por encima del ruido

 

Almudena Natalías

Un caleidoscopio es un tubo con tres espejos en el cual, algunos objetos de colores brillantes, se reflejan varias veces en estos espejos. Cada vez que lo giramos conseguimos una imagen perfecta a partir de piezas que se unen al azar. Esto es lo que consigue Pedro Aranda en El ruido que nos separa (Libros Indie), a partir de personajes, aparentemente inconexos, construye una historia en la que cada uno de ellos consigue llegar al mismo punto, que no es otro que un combate de boxeo que se celebra en Bangkok en 1987 y cada una de sus vidas toma sentido en una imagen perfecta.

Tomando como punto de partida el intento de suicidio de dos jóvenes japoneses se nos presentan, separadas por los años y por los lugares en los que suceden, escenas de personajes que, sin saberlo, forman parte del universo de la novela. Un cantante en horas bajas, un espía que sale de la cárcel, un oscuro psiquiatra, un asesino a sueldo que lee la mente de quien le rodea… Todos ellos están unidos entre sí pero también están cruelmente separados por un ruido que los separa y los acaba uniendo en Bangkok, pero ellos no saben que viven en una misma historia. Como dice uno de los personajes

"El mundo es un pañuelo, pero no tanto."

Pedro Aranda consigue con El ruido que nos separa mantenernos atados a una novela que hará que amemos a unos personajes que nos desagradan violentamente. Casi todos ellos arrastran un pasado que preferirían no haber vivido pero sin el cual no se encontrarían donde están. El deseo de venganza, el remordimiento y el amor perdido dejan en el lector un poso de melancolía que hace que pueda comprender los asesinatos y las traiciones que todos ellos llevan a cabo. 

Pero no esperéis encontraros con una trama centrada en el boxeo. Este combate es otra de las casualidades que forman parte del caleidoscopio. Aunque al final todos ellos formen una imagen perfecta, es el azar el que los reúne en Bangkok, o quizás no.

La trama es compleja hasta que el lector se da cuenta de que todas las historias y todos los caminos conducen al mismo sitio, Los errores de unos personajes afectan a los otros. Las casualidades, como pasa en la vida real, muchas veces condicionan la vida, sin que nadie se de cuenta. En El ruido que nos separa el lector reconoce un mundo en el que las acciones de unos afectan a los demás y que el control que creen tener sobre sus vidas no es real.

Os recomiendo leer El ruido que nos separa, una de esas novelas que no terminan con el último capítulo ya que, aunque dejes de leer, no dejas de pensar en él. 

Ya me contaréis, y si no me creéis sabed que está nominado al II Premio Icue Negro que galardona a autores noveles en el IV festival de novela Negra Cartagena Negra. Mucha suerte, Pedro.

Nº de páginas: 290
Editorial: LIBROS INDIE
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788417721855
Año de edición: 2019