viernes, 5 de agosto de 2022

La última cabaña, de Yolanda Regidor. Una historia de desamor

Maya Velasco.

La última cabaña
de Yolanda Regidor es ante todo una novela de superación. Desde el comienzo de la pandemia he leído varias historias en las que el protagonista huye de un pasado que le mortifica y se instala en algún lugar retirado de la gente: La forastera de Olga Merino, Los besos de Manuel Vilas, Un amor de Sara Mesa o Los nombres prestados de Alexis Ravelo.

Dice Yolanda Regidor que cuando todo nos va mal, es a la naturaleza a donde acudimos para sanarnos.

Volviendo a nuestro libro, El Escolta (mote que le ponen en el pueblo) se retira a una casa en las afueras de un pueblo montañoso, huyendo de su pasado, de la gente y en definitiva de sí mismo. Sin saber por qué, comienza a escribir un diario en el que va vomitando todas las cosas que le han llevado donde está. Vamos pues reviviendo su pasado, intercalado con su día a día en la cabaña.

Este diario es la vuelta a una infancia desgraciada, marcada por el desamor de sus padres y de su hermano que desemboca en una tragedia que le persigue hasta el día de hoy. Y como no, una historia de desamor que termina de desgarrar su ya roto corazón.

“Vine para estar solo, y me sentí muy solo… sin embargo, en la máxima soledad dejé de sentirme así. He comprendido que el mayor vacío de un hombre es la incapacidad de huir de sí mismo, y que solo se puede escapar de uno a través de los demás”

Pero cuando el Escolta busca la redención en la soledad, comienza a sentirse solo. ¿Por qué la autora nos transmite estos sentimientos a través de un hombre? Porque quiere que su protagonista lleve a cuestas, además del resto de pesares, el síndrome de Caín, la culpa primigenia de haber matado a su hermano.

Como en todas estas novelas de supervivencia, el autor nos cuenta que es imposible huir del pasado y de nuestros errores, ya que nos persiguen allá a donde vayamos. La redención solo puede venir de las personas que vamos encontrando: un anciano, una tendera, un lobezno y un niño que busca tus brazos.

“No se puede borrar el pasado ni los surcos que deja”

En la primera parte de la vida de nuestro protagonista nadie tiene nombre. La llegada a la cabaña trae consigo los nombres de lo que le rodea: personas animales, árboles, sensaciones…Los libros que le acompañaron en su vida y que ahora sirven para alimentar el fuego de su chimenea

La autora nos hace reflexionar sobre la indefensión de la niñez y de cómo la adolescencia y nuestras decisiones marcan el futuro del adulto que seremos.



Me ha llamado poderosamente lo que dice el Escolta sobre la tristeza y cómo nos atrapa en sus garras si no luchamos con uñas y dientes:

“Es peligroso dejarse llevar por la melancolía."

Si, es un trastorno morboso. La melancolía es traicionera: siempre se presenta como algo cálido y ligero, tranquilo y reposado, e incluso llegamos a ver belleza en ese camino directo hacia el desasosiego. Una vas allí, es complicado desandar lo andado.”


viernes, 10 de junio de 2022

El mentalista de Camila Lackberg y Henrik Fexeus, un libro ligero para entretenerte

 El mentalista de Camila Lackberg y Henrik Fexeus, esperado y ansiado por los seguidores de esta famosísima escritora de novela negra nórdica.

Un thriller muy orientado al mundo de la magia, en el que Camilla ha recurrido a un mentalista muy conocido por actuar en la televisión. El método de escritura a cuatro manos se ha desarrollado así: Camilla escribe un capítulo de la historia y se lo pasa a Henrik, que lo revisa y se lo devuelve con sus anotaciones.

Pero vamos a la historia, en las afueras de Estocolmo, en un parque de atracciones, aparece el cuerpo de una mujer joven. El cadáver está en una caja de mago atravesada con espadas. La policía no tiene ninguna pista más que la evidente relación con la magia y deciden acudir a un mentalista que suele aparecer en televisión, Vincent Walder. Un asesino en serie y una serie de asesinatos que nos dejan helados por su crueldad.

El equipo de policía que lleva el caso se pone en contra del mentalista. Pero Mina y Vincent, los dos protagonistas, se complementan desde el principio. Los dos son personas bastante espaciales, tocs incluidos.

Mina es inteligente y metódica y tiene un trastorno obsesivo con la limpieza. Está sola, no tiene amigos ni familia. Vincent es uno de los mejores mentalistas que hay y su cabeza pasa el día haciendo cálculos mentales que le den un poco de seguridad. Atractivo, casado con una mujer con celos enfermizos. La relación de Mina y Vicent es bastante peculiar.

Los autores incluyen detalles de la vida de todos los personajes, de unos más que de otros, claro, pero hace que tengamos una perspectiva global. Como es lógico, todos guardan secretos que iremos descubriendo a lo largo de la lectura.

Como viene siendo habitual en la novela negra y en especial en la nórdica, tenemos dos líneas temporales, la actual en la que se desarrolla la investigación y la pasada, Kvibille en 1982, en la que nos narran la historia de una madre y sus dos hijos.

Otra característica que se cumple en El mentalista es el carácter triste predominante y que el ambiente frío suele aumentar: “La muerte, la vida… todo era una mierda”

Se detallan muchos artefactos de ilusionismo. Me ha resultado muy curiosa la reivindicación del machismo en este mundo, resaltando que los ayudantes del mago, a los que normalmente se corta en dos, se acuchilla, se encierra, son mujeres. El mago es el dueño de sus vidas y, por tanto, el artífice de sus muertes.

Esta es una novela con un gran componente psicológico en la que nos damos cuenta que los errores se pagan, que la vida de la infancia nos dejará marcados para siempre, lo importantes que son algunos rituales para las personas con trastornos compulsivos: “Todo queda depositado en algún rincón del cerebro, a la espera de manifestarse cuando uno menos lo espera”

Siempre que reseño novela nórdica, los más refinados, me critican porque la consideran superflua. Yo siempre digo que cada libro tiene su momento y su finalidad. Si quieres distraerte, leer un libro ligero que te enganche, que te entretenga… El mentalista cumple tus expectativas.


viernes, 3 de junio de 2022

MECÁNICA TERRESTRE Emma Prieto. Eolas ediciones (2021)


Manu López Marañón

La madrileña Emma Prieto es autora del poemario Radiografía de ausencias (Indie, 2020) y de dos libros de relatos: Extravíos (Caligrama, 2017) y Escamas en la piel (Adeshoras, 2018). Licenciada en Ciencias de la Educación y profesora de educación especial, ha impartido talleres de cuentacuentos en colegios de educación primaria y actividades de cuentacuentos para adultos en librerías y bibliotecas. Eloy Tizón cita a Emma Prieto en su muy aprovechable Herido leve, colección de ensayos sobre literatura que este gran cuentista y novelista reúne tras treinta años de lecturas.


He nombrado varias veces a Emma Prieto cuando selecciono autores y autoras que ejemplifiquen la época de oro por la que el relato pasa en España. Mi enamoramiento literario por esta autora surge al leer y reseñar su anterior libro, Escamas en la piel (2018). Compuesto por diecisiete narraciones en las que la escritora demostraba una insólita madurez a la hora de enfrentarse a un género tan exigente, caí rendido no solo por su originalísima temática, también por el variado despliegue de recursos técnicos y por la habilidad de orfebre que ella exhibe con las palabras.

La necesidad de soledad que sentían –o padecían– los personajes de muchos relatos en Escamas en la piel (escapatoria ante una vida insoportable, o, en otros casos, revelándose su soledad como inapelable sinónimo de la resignación humana) no es ya la temática principal de Mecánica terrestre, aunque aparezca en dos de los veinte relatos de este libro (que comparten con sus precedentes todos los aciertos señalados). En Save the Whales una mujer opta por un retiro radical en una casa campestre, pero los cerdos que la acompañan facilitan el sorprendente desenlace. Y Piedras caldeadas, sin perder el optimismo, refleja las duras tribulaciones por las que pasa en el hospital una enferma sin visitas para no dejar de ser ella misma.

Es la incomunicación el asunto más recurrido por Emma Prieto para este tercer y prodigioso volumen suyo de cuentos. La incomunicación de estas mujeres (hay un casi absoluto protagonismo del género femenino, en cualquier edad) se presenta en diez relatos que abordan el fenómeno en diversas formas y situaciones. Así, en Fragilidad de existir, la falta de diálogo en la vida conyugal se identifica con esa carcoma que asola el domicilio, una alegoría del aburrimiento e inanidad que preceden al final de cualquier relación de pareja. Un rastro de huellas invisibles relata los cuidados que una profesora prodiga a una de sus alumnas, de raza negra, hasta conseguir transformar su marginalidad en integración gracias al trato que le da. En otro relato docente, Un poco de oxígeno, por favor, la redacción que una profesora manda hacer a su clase genera una pieza maestra que la obligará a establecer un nuevo tipo de relación con la joven autora. Ingratitud aborda el duro distanciamiento entre un diplomado de enfermería y una herida, muda a causa de una fractura de mandíbula, a la que él primero socorre y luego rehabilita. En Una verde calma el confinamiento es visto a través de los ojos de la esposa y madre: en este relato sobre la incomunicación familiar la aparición de una perdiz roja, que anima el hogar con su canto, da una nota de esperanza al encierro. En El castigo, otro cuento de casa cerrada, la sufrida protagonista convive con una mujer desconcertante e insensible con la que de poco sirven esfuerzos afectivos. Y Cómo empezó todo muestra a una niña adoptada, muy rebelde, que preserva su individualidad adoptando una existencia pasiva frente a las órdenes de sus nuevos padres. Las serias dudas de hacerse entender, de participar en un código de comunicación técnico –ajeno a ella– cercan a la protagonista de El silbido de la hoja cuando interviene como jurado en un juicio. En Rosado terciopelo una muela que cae dejando su raíz en la encía obliga a una visita al dentista; el odontólogo rompe la barrera de silencio con su paciente descubriéndole un amor por su trabajo que crea en ella admiración. Finalmente, Juego de culpas muestra cómo la fuerza bruta se impone en una discusión entre hermanos.


Extrañas situaciones de todo tipo –individuales y colectivas– afectan a las protagonistas de siete relatos. En Síndrome de Estocolmo una hormiga invade el globo ocular de una mujer, la cual, tras varios intentos para desalojarla, acaba aceptando su fatalidad. Y Frío polar muestra a otra mujer que sufre congelamientos parciales en su cuerpo; tras múltiples visitas a especialistas encuentra en ella misma la raíz de su mal. En Confluencias una mujer insomne imagina que presencia el accidente de un motorista; este recuerda luego cómo fue atendido hasta que la ambulancia llegó, y una bióloga, desde su ventana, observa a una vecina socorriendo al herido. Evernia Prunastri narra cómo un hombre que se apoya en un tronco de encina acaba transformándose en musgo arbóreo, pero un musgo diferente, con preocupaciones existenciales. Intensidad de abril es la matizada descripción de un apocalipsis cotidiano que se extiende durante ese mes presentado a través de inquietantes señales. En Cinco centímetros de más o una espléndida cabellera rubia una mujer a la que todo el mundo pide favores recuerda con especial cariño a aquel ex presidiario que le pidió agarrar su mano y a la señora que la confundió con su hija. Movilidad laboral narra cómo los integrantes de un circo se ven obligados a aceptar los nuevos tiempos y a modificar sus actuaciones, creándose los inevitables revuelos y decepciones

Por último, en Cuentos, relatos o lo que sean la escarmentada Emma Prieto pone por escrito dos preguntas que inevitablemente machacan a autores y autoras de este género. La primera es: ¿Para cuándo una novela? y la otra: ¿Desde cuándo escribes para niños? Sus entregados y fieles lectores no criticaremos a esta grandísima creadora de narraciones cortas si algún día opta por emplearse con una narración más extensa… Eso sí, siempre que Emma no deje de lado al género en el que nos demuestra –libro a libro– ser una consolidada maestra.  

ENTREVISTA CON EMMA PRIETO:


Cuando informo por ahí que tengo finalizado mi segundo libro (es de cuentos), al haber publicado con anterioridad una novela suelo librarme de la primera afrenta que usted, con más frecuencia de la deseada, soporta; pero respecto a la otra, mi supuesto interés por la literatura infantil (más insólito si cabe por no tener hijos), debo reconocer que no la consigo sortear. 

No puedo resistirme a citar estas líneas suyas de Cuentos, relatos o lo que sean: «A veces un cuento es un zumbido suave y otras una boca repleta de dientes picudos, ríos turbulentos o socavones en las aceras, un crujido de madera, un piar de pájaros, fiebre en verano». 

Por favor, en nombre de los cuentistas españoles: 

¿Cómo podría aclarar a tanta gente que aún se lía que el cuento es un género que admite lectores infantiles y adultos?

Lo cierto es que, a pesar de que somos un país con una riquísima tradición cuentista, con magníficos cuentos para adultos de grandes escritores (Bécquer, Unamuno, Emilia Pardo Bazán, Leopoldo Alas Clarin, Ignacio Aldecoa, Carmen Laforet, Mercé Rodoreda, Ana María Matute…) todavía pervive la idea de que el cuento es algo ligado a la vida infantil. A veces cuando usas la palabra relato, sí que se piensa en un público adulto. No sé por qué sucede así, pero lo que sí creo es que en la actualidad el cuento vive una especie de época dorada con grandes cuentistas y que es un género que cada vez va ganado más lectores, lo que es una buenísima noticia.

Julio Cortázar dejó certeras palabras sobre el relato. Estas no recuerdo haberlas copiado antes: «Género de difícil definición, tan huidizo en sus múltiples y antagónicos aspectos, y en última instancia tan secreto y replegado en sí mismo, caracol del lenguaje, hermano misterioso de la poesía en otra dimensión del tiempo literario».

Informándome sobre su biografía me entero de cómo también ha publicado, y en fecha reciente, un poemario. Al hilo de las frases de nuestro querido Julio: 

¿Se ha sentido cerca de la labor poética mientras abordaba los relatos de Mecánica terrestre?

Sí, desde luego. Intento que en los relatos haya una especie de respiración, un aliento, un ritmo, una música, la búsqueda de la belleza que para mí está cerca de lo poético.

¿Qué le resulta más complicado de parir, poemas o relatos?

Las dos cosas. Dice Fabio Morábito que el cuentista y el novelista siempre saben un poco de lo que están escribiendo, pero el poeta (sin que yo me lo considere) sólo sabe del verso que le tiene ocupado y más allá de él no sabe nada. Los cuentos a veces los escribo o les voy dando forma en la cabeza pero los poemas los vivo de una manera más urgente y necesito escribir cada verso en el momento. Los dos géneros tienen en común la condensación y la importancia de los silencios y yo siento que se encuentran cerca uno del otro.

¿Disfruta igual escribiendo, y leyendo, cuentos que con versos propios y ajenos?

La verdad es que disfruto tanto leyendo cuentos y versos ajenos, (son tantos y tan buenos) que a veces me falta tiempo para escribir los míos. Para mí la lectura es una prioridad absoluta que últimamente hasta me genera cierta ansiedad porque mi torre de libros pendientes no hace más que subir y tiene ya una altura que nunca creí que pudiera alcanzar.

La mitad de estos veinte nuevos relatos están centrados en la incomunicación. Paradójicamente en esta sociedad actual, con tantas posibilidades para iniciar un diálogo, se empeña usted en mostrar diez maneras –todas diferentes y bastante arquetípicas– en las que sus personajes pelean con inagotable tesón para hacerse escuchar (lográndolo a veces y otras no).

¿Qué le ha llevado a un tema a la vez tan peliagudo y paradójico?

Es muy cierto, en la era de la comunicación seguimos estando igual o incluso más solos que antes. La soledad te hace especialmente vulnerable. Y  todos, de una manera u otra, estamos solos. Tal vez por eso la soledad es un tema recurrente en mis relatos.

¿Por qué las mujeres protagonizan mayoritariamente este grupo de cuentos (y los otros también)?

La verdad es que yo no sabía, o no era consciente, de que iba a ser así. La escritura de este libro me duró unos tres años, los voy guardando en una carpeta del ordenador y cuando comencé a recopilarlos me di cuenta que todos estaban protagonizados por mujeres y muchos de ellos en primera persona. Y luego mientras los corregía una y otra vez me dio la sensación que todas esas mujeres en permanente equilibrio (o desequilibrio), luchando por mantenerse a flote, podrían confundirse unas con otras o incluso parecer la misma

Respecto al grupo que se ocupa de sucesos realmente extraordinarios, quisiera preguntarte: 

¿Cómo logra acercarlos tanto a sus lectores, cómo hace para transmitirnos una proximidad que suscita siempre la beneficiosa duda de si realmente no le habrán sucedido a usted calamidades tan bizarras?

Pues, me alegra mucho si, como dice, los lectores sienten esa proximidad. La verdad es que, no sé por qué, atraigo un poco los sucesos extraños. Pero también me interesa explorar el límite entre realidad y ficción porque creo que es muy difuso. En algunos de los cuentos de Mecánica terrestre lo que podría pasar por ficción no lo es y al contrario. Creo que lo común convive con lo extraordinario. Lo cotidiano tiene también mucho de misterio. Pero nos da como miedo y tratamos de no reparar en ello. Dice el gran poeta Novalis que estamos más conectados a lo invisible que a lo visible y yo creo que es cierto.

Dos de los relatos que más me han gustado, «Piedras caldeadas» y «Una verde calma», tienen lugar en hábitats cerrados: un hospital y un domicilio confinado. Y no son los únicos de atmósfera claustrofóbica…

¿Se la puede considerar, por lo menos en Mecánica terrestre, una escritora que medita mucho y trabaja a fondo los espacios en los que ocurren sus relatos? 

Me parece una pregunta muy interesante. A veces esa sensación de claustrofobia (incluso en los cuentos que no suceden en lugares cerrados) creo que viene dada por las dificultades que encuentran los personajes en lidiar con la misma vida. Tienen que salir adelante pero no encuentran la manera, un poco más abajo se encuentra el precipicio. Me gusta acudir al verso de Gil de Biedma «Vivir es fácil. Arduo sobrevivir a lo vivido»). En cuanto a los cuentos que cita, desde luego «Una verde calma» lo escribí en el confinamiento y sí que quise centrarme en esa situación no sólo de encierro, sino también de pura desolación que todos vivimos. «Piedras caldeadas» sucede en un hospital: me interesa mucho la tremenda fragilidad que la enfermedad suscita, los cambios que provoca en cada uno y las distintas formas de adaptarse o desadaptarse a ese espacio cruel pero necesario que son los hospitales.

¿Exhibe usted sus mejores armas literarias encerrando a los personajes?

No lo sé. A veces es complicado encontrar la salida y siento la necesidad de contarlo. 

Para terminar me gustaría que nombrara para los lectores de SALAMANDRANEGRA.COM autores de cuentos que tienen influjo sobre su actividad creadora. También conocer, ya a la hora de leer, algún escritor favorito, con independencia de que haga relatos.

Pues sería una larga lista pero citaré a Anton Chejov, John Cheever, Clarice Linspector, Ana Blandiana, Natalia Ginzburg, Eloy Tizón, Joy Williams, Amy Hempel,  Juan Carlos Onetti, Carlos Castán, Alice Munro, Patricio Pron, César Martín Ortiz. Y también: Clara Obligado, Pedro Ugarte, Fleur Jaeggy, Laura Ferrero, Valeria Correa Fiz, Justo Sotelo, Almudena Sánchez, Elvira Navarro, María José Beltrán, Javier Morales,… me dejo a muchos, claro, pero tampoco quiero cansar.

                                                              Emma Prieto

jueves, 2 de junio de 2022

El ciclo de entrevistas con autores que participarán en Galapanoir termina con Javier Menéndez Flores. Maya Velasco habla con él

Siguiendo con la serie de entrevistas de los autores que participan en GalapaNoir, hoy contamos con Javier Menéndez Flores, sobradamente conocido periodista cultural que impactó con su novela Todos Nosotros. Un thriller en que encontramos desde desapariciones de jóvenes, canciones, noticias y un repaso a la sociedad del momento, los años 80 en Madrid, para pasar a la actualidad donde se termina de cerrar el caso.

ENTREVISTA JAVIER MENÉNDEZ FLORES

Javier, eres sobradamente conocido por haber escrito varias biografías y por tu labor como periodista en medios tan importantes como El Mundo, Interviú o Rolling Stone, además de varias novelas. Todos nosotros es una obra de una gran envergadura, ¿cómo surgió esta historia?

No fue una historia que surgiera en un momento concreto y del tirón. Muchos de los elementos que tienen peso en esa novela llevaban años rondándome, me acompañaban como una obsesión. Un día esbocé un borrador en el que apunté una serie de ideas, pero una vez que me puse a escribir, a darle forma a todo aquello, además de lo que ya tenía en mente, fueron surgiendo nuevos caminos y personajes, y la historia se ensanchó. Digamos que ha sido un proceso de largo aliento, muy meditado, no una revelación creativa y su consiguiente materialización.      

En Todos nosotros tenemos dos líneas narrativas que se entremezclan. La primera, el thriller, el lado oscuro y criminal y la segunda, la narración de la transformación de España, y en concreto de Madrid en la Transición.

Esa novela es, ante todo, una narración policíaca, una historia criminal. En cuanto a la segunda línea narrativa que apuntas, tuve claro desde el principio que esa historia criminal, enteramente ficticia, debía desarrollarse sin embargo en un escenario reconocible y en un contexto histórico y social muy concreto, y elegí para la primera parte el Madrid de la Transición porque siempre me ha parecido una época muy atractiva, de gran efervescencia social y tremendamente salvaje. Fue a partir de ahí cuando España comenzó a entrar de forma paulatina en la modernidad. Esa primera parte tiene, más allá de la trama policíaca, mucho de crónica social, y eso me exigió ser muy riguroso y documentarme muy bien. 

Al hilo de eso, Todos nosotros contiene también dos líneas temporales, los 80, la Movida y el 2002. ¿Has querido narrar el cambio, el proceso seguido después de la dictadura hasta la sociedad de hoy en día? ¿Cómo describes este cambio?

Sí, me pareció interesante mostrar el contraste de esas dos españas tan distintas. La primera parte de Todos nosotros transcurre en el último mes de 1981, el año en el que hubo una intentona golpista y el ruido de sables era una amenaza constante. Es decir, que el mantenimiento de la democracia era un desafío. En ese año las formas del Régimen anterior seguían demasiado vivas en nuestras instituciones, en la policía, por ejemplo, porque nuestra democracia tenía aún las patas muy frágiles. Sin embargo, el Madrid de 2002, que es el telón de fondo de toda la segunda parte de la novela, es ya una ciudad plenamente integrada en Europa, moderna, con una democracia plenamente asentada.   

La narración es sorprendente desde el minuto uno. Impacta especialmente el principio en el que un coche atropella a una chica que huye desnuda en medio de la nada. Otras van desapareciendo después de haber estado en un bar de copas. Esto da pie a que recorramos contigo el Madrid de la Movida, que escuchemos sus canciones y vivamos ese tiempo que tú defines como una primavera. ¿Querías de alguna manera acercar aquella época a las generaciones posteriores?

La agitación cultural de aquel momento, tan potente, no ha vuelto a darse en este país. Tras la represión propia de una dictadura, la democracia trajo consigo el despendole, las ganas de ocupar los espacios públicos, de vivir. Ese es un período que siempre me ha interesado. De hecho, mi último libro es un diccionario cultural de la Movida, Madrid sí fue una fiesta, en donde también hablo del clima político y social. Y en cuanto al comienzo de Todos nosotros, tenía claro que debía enganchar al lector desde la primera página, porque yo, como lector habitual de novela negra y policíaca, es eso lo que le pido a ese género, que su ritmo e intensidad me obliguen a leer un capítulo detrás de otro.     

Si hubiera que definir de alguna manera Todos nosotros, yo diría que es una novela con mucho trabajo de fondo. Por una parte, nos sorprende la prosa tan trabajada, tan precisa. Y por otro el trabajo con los personajes.  ¿Qué te ha costado más?

Siempre he creído que una mala historia bien contada puede funcionar, pero una buena historia mal contada, fracasa. De ahí que la forma sea para mí muy importante. Además ¿qué es lo que diferencia, en todos los géneros literarios pero más aún en novela negra, a unos escritores de otros? El estilo y el modo en que el autor desarrolla la historia. Los argumentos son finitos; es más, muchas de las novelas que leemos tienen prácticamente el mismo argumento. Es el estilo del autor el que establece la diferencia. Y los personajes, en una novela, son, claro, importantísimos, capitales, porque deben ser como los buenos actores, que te olvidas de que están interpretando un papel: son aquello que ves.  

Otra de las fortalezas de la novela es el trabajo que has hecho para reflejar los puntos de vista de las víctimas, de los investigadores y del culpable. ¿Cómo has conseguido meterte en la piel de todos ellos?

He dicho muchas veces que para dotar de vida a los personajes, un novelista debe hacer un ejercicio de transformismo: tiene que ser todos y cada uno de los personajes que crea, meterse en su piel, en su psicología, transmitir sentimientos y emociones reales al lector. Es un poco de locos, pero es así. En Todos nosotros he sido varias víctimas, he sido un asesino y he sido varios investigadores de policía, y he tratado de que todos ellos tuvieran el mismo grado de verosimilitud. ¿Cómo se hace eso? No lo sé, no tengo ni idea, pero ahí está la novela. Que sea el lector quien juzgue si lo he conseguido. 

Hay un claro homenaje a las actuales fuerzas de seguridad del Estado, en contraposición con las del pasado. Inteligencia, trabajo, entrega en contraposición a fuerza bruta, imposición.

Si dijéramos que todos los policías españoles de hace 40 años eran unos brutos que basaban su trabajo en la violencia física estaríamos mintiendo, porque entonces también hubo buenos policías que no empleaban la fuerza para resolver los casos en los que trabajaban. Pero es cierto que hubo también mucho cafre proveniente de la policía del franquismo, y que, sin embargo, hoy en día esos métodos son inencontrables en nuestra policía. Y creo que los buenos policías merecen ser elogiados, puesto que se juegan la vida por nosotros a cambio de un sueldo que no está a la altura (ninguno, por alto que fuera, lo estaría) de los altísimos riesgos que corren. Todo buen policía es vocacional, como todo buen médico. No puede ser de otra forma.   


Esta es una novela de violencia psicológica muy dura, en la que claramente te esfuerzas por separarte de los detalles escabrosos. ¿Es una forma de mostrar una realidad social manteniendo el respeto a las víctimas y al lector?

Tiene que ver, fundamentalmente, con el hecho de que creo que insinuar, dar a entender algo que va a suceder pero sin llegar a cruzar el umbral, tiene más fuerza y poder de sugestión que lo que se nos muestra con todo detalle. No me gusta la explicitud, el gore, y cuando insinúas, permites al lector que deje volar la imaginación, y el efecto psicológico puede ser aún más fuerte. Es como la radio y la televisión: la primera deja lugar a la imaginación; la segunda no, porque te lo está enseñando todo. También serviría la diferencia entre el erotismo y la pornografía: mientras que el primero te sitúa en un contexto y te permite imaginar situaciones, la segunda te lo da todo hecho y no deja margen alguno para imaginar. 

Dentro de la novela negra ¿qué autores son tus favoritos?

Novela negra o policíaca. Aparte de los clásicos, te diría que Philip Kerr, James Ellroy, Donald Ray Pollock, John Connolly…

¿Para cuándo tu próxima novela? ¿Has comenzado un camino en el que nos encontraremos de nuevo a Diego y sus colegas?

Estoy trabajando en una novela policíaca de larga extensión que espero poder concluir pronto, y es posible que en ella aparezcan personajes que ya estaban en Todos nosotros y que, creo, aún tienen recorrido.

Muchas gracias, Javier. Nos vemos en Galapanoir


miércoles, 1 de junio de 2022

Hablamos con Inés Plana sobre la saga del guardia civil Tresser y quedamos con ella en Galapanoir

Hoy hablamos con Inés Plana, una de las autoras de novela negra más reconocida. Nació en Barbastro (Huesca). Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y desde el principio desarrolló su carrera profesional en Madrid. Ha trabajado en diversos medios de prensa escrita y también en el terreno editorial. Morir no es lo que más duele (Editorial Espasa) fue su primera novela y cosechó un gran éxito de crítica y público. Fue finalista a mejor novela en Valencia Negra y Morella Negra y nominada a mejor novela negra novel en la Semana Negra de Gijón. En 2019 publicó Antes mueren los que no aman, con un nuevo caso policial del teniente de la Guardia Civil Julián Tresser. La novela fue finalista a mejor novela en Cartagena Negra 2020. Inés Plana ha sido miembro del jurado en las tres últimas ediciones del Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro. El 10 de noviembre de 2021 publicó también con Espasa su tercera novela: Lo que no cuentan los muertos.

ENTREVISTA INÉS PLANA

En tus anteriores novelas tratas temas sociales como la violencia de género, la trata de personas, el tráfico de drogas. Esta vez, en Lo que no cuentan los muertos se muestran las consecuencias sociales que la crisis financiera del 2008 tuvo en la población. ¿La novela negra tiene que reflejar los problemas de la sociedad? Y si es así, ¿el autor tiene que opinar?

La novela negra, como en los demás géneros, tendría que fluir libre en la mente de su autor, sin corsés ni anclajes. No es una convención obligada la denuncia social, pero es cierto que se trata de un género en el que se acomoda especialmente el reflejo de las contradicciones y el espejo de los sótanos más oscuros de la sociedad, puesto que suele haber crímenes, maldad, corrupción –política, financiera, policial– y violencia. En mi caso sí considero imprescindible una mirada crítica sobre la realidad, como periodista y como escritora, y esa mirada propia la he ido plasmando en mis tres novelas protagonizadas por el teniente y luego capitán de la Guardia Civil Julián Tresser.  

En Lo que no cuentan los muertos. notamos una gran evolución del protagonista. Julián Tresser ha ascendido, se ha incorporado a la UCO, trabaja en equipo, pero lo más importante es que ahora tiene que cuidar de su hija Luba, una hija que necesita mucho de él. ¿Has notado tú si también has evolucionado a ese ritmo en tu  manera de escribir?

Por supuesto que sí, Tresser y yo hemos evolucionado juntos, él como personaje y yo como escritora. A medida que he ido escribiendo he querido arriesgarme más, porque escribir es un aprendizaje intenso y continuo, siempre es un reto, jamás es o debe ser un trabajo acomodaticio que reproduzca fórmulas ya experimentadas, o yo al menos lo entiendo así. El teniente Tresser de Morir no es lo que más duele es distinto al capitán de la UCO que es en Lo que no cuentan los muertos, y esa evolución ya comienza a emerger en mi segunda novela, Antes mueren los que no aman. Sin dejar de ser él mismo, con sus marcadas singularidades, es también una persona diferente, sobre todo porque tiene una hija y mantiene una relación sentimental con la psiquiatra Adelaida por la que debe luchar.  


La culpa sobrevuela todas y cada una de las tramas de la novela. Rita Marí y Eduardo Molaro, tras sobrevivir a un accidente aéreo padecen el llamado síndrome del superviviente. Una vez que han desaparecido, sus familias también se sienten culpables por no haber estado a su lado. ¿Crees que el ser humano tiende a culparse de todo por la educación recibida o que simplemente es una emoción generada cuando existe una base real para el remordimiento?

La tradición judeocristiana, fuertemente arraigada en la sociedad occidental, forma parte de nuestra cultura. El pecado, el remordimiento por haberlo cometido y el arrepentimiento necesario como liberación es algo que hemos aprendido desde pequeños. La culpa forma parte de nosotros, está anclada a nuestro ADN, y no es necesaria siquiera una base real para que nos asfixie y nos aniquile. Incluso cuando nos van las cosas muy bien, sentimos culpa por esa buena fortuna y tememos que se acabe la buena racha. Lidiar con este sentimiento no es fácil, porque tiene una estructura muy compleja que irradia tanto desde lo social como de lo emocional. Literariamente es un sentimiento atractivo porque sitúa a los personajes al límite, como los lectores podrán comprobar en Lo que no cuentan los muertos, donde dos supervivientes de un accidente aéreo se sienten culpables por haber salvado milagrosamente la vida.  

Tanto el personaje de Rita como el de Tresser no son personajes demasiado simpáticos y sería lógico pensar que el lector no va a empatizar con ellos. Sin embargo, ambos tienen una cara solidaria que hace que muchos nos solidaricemos con sus problemas. En tus novelas no hay personajes buenos y malos, todos tienen aristas. ¿Es algo buscado?

Sí, lo es, porque la condición humana está dibujada con trazos claroscuros y el mero hecho de afrontar la vida cada día ya nos coloca ante encrucijadas y dilemas que ponen en marcha las diferentes versiones que tenemos de nosotros mismos y que pueden empujarnos a cruzar alguna línea roja. En el caso de Julián Tresser, su dilema entre cumplir con su deber de guardia civil  y encajar a la vez sus sentimientos en ese puzle emocional le mantienen en un difícil equilibrio. Nunca cruza línea roja alguna, ama su oficio y está muy entregado a él, pero es un personaje poliédrico y con no pocas contradicciones. En cuanto a Rita Marí, su ambigüedad moral me pareció interesante para construir el personaje y disfruté mucho haciéndolo. Ninguno estamos hechos de una sola pieza. Somos más bien engranajes de varias.  

La documentación supongo que ha sido fundamental al escribir Lo que no cuentan los muertos.. ¿Tanto para escribir el momento del accidente aéreo como para desarrollar la investigación en sí te has necesitado el consejo de expertos?

Es fundamental para dar verosimilitud a la historia y también es fuente inspiradora. En Lo que no cuentan los muertos me asesoré con un amigo comandante de vuelo, Miguel Ángel Sagüés, para narrar el accidente aéreo que aparece en las primeras páginas. Por supuesto, en mis tres novelas me han asesorado guardias civiles que se han convertido en grandes amigos míos. Gracias a ellos no solo he podido plasmar el trabajo investigador de Julián Tresser y su equipo, sino también comprender e interiorizar la labor de la Guardia Civil, cuya vocación de servicio y sus valores son realmente admirables, como lo es también su entrega, a pesar de esa falta de recursos endémica que sufre el Cuerpo desde siempre. Han sido y son muy generosos conmigo, mi gratitud hacia ellos es absoluta, y mucho más aún tras haberme concedido la Cruz de Plata de la Orden del Mérito por mi contribución a difundir su trabajo a través de mis novelas. Es un orgullo inmenso y un honor lucir esa medalla, uno de los grandes y más hermosos acontecimientos de mi vida. 

En esta tercera novela de la saga de Tresser aparecen muchos más personajes que en las anteriores. Sin embargo, cada uno de ellos aporta algo a la trama y ninguno queda desdibujado. ¿Ha sido complicado escribir una novela coral sin que queden flecos sueltos?

Mentiría si te dijera que no ha sido complicado, pero va en el equipaje del escritor: la complicación. De lo contrario, no merece la pena el esfuerzo. Ha sido un trabajo intenso y he corrido riesgos, como lo es el hecho de crear una gran galería de personajes que apoyan y hacen avanzar la trama sin que el lector se pierda o se sienta confundido. En cada novela acepto nuevos desafíos porque voy aprendiendo en todas y el afán de superación me parece imprescindible, tanto en la escritura como en la propia vida. 

¿Vas a seguir escribiendo la saga de Tresser?


Tresser forma parte de mí. Le queda aún mucho recorrido, así que por supuesto que seguiré con él y continuaremos evolucionando juntos. En Lo que no cuentan los muertos cierra una etapa y a la vez se abre otra en su vida que quiero perseguir en nuevas novelas y nuevas aventuras del ahora capitán de la UCO.  

¿Qué opinas de la proliferación de festivales negros. ¿Son demasiados o son necesarios para darse a conocer a los lectores?

La novela negra vive un momento extraordinario y hay que aprovecharlo. Ha pasado de ser antaño un subgénero literario a convertirse en uno de los más vendidos y con obras de calidad y con voluntad literaria. Los festivales negros, como bien apuntas, nos ayudan a difundir nuestras obras y a conectar con nuestros lectores en vivo y en directo, y eso siempre es muy gratificante y aporta mucho a los autores y a los festivales en sí. No tengo la sensación de que sean muchos, incluso los que se celebran en localidades pequeñas nos permiten conocerlas y difundir sus encantos, que todas los tienen y hay que apoyarlas en estos tiempos de la España vaciada.  

Muchas gracias, Inés. Nos vemos en Galapanoir.





martes, 31 de mayo de 2022

Blas Ruiz Grau, habla con nosotras y nos habla de su obra

Continuamos con la serie de entrevistas a los autores que van a participar en la segunda edición de
Galapanoir. En esta ocasión Maya Velasco ha hablado con Blas Ruiz Grau que participará el día 4 de junio a las 19 de la tarde en una mesa interesantísima sobre La psicología del thriller, junto a Marta Barrio y moderada por Pablo Roldán.

Blas Ruiz Grau empezó auto publicándose con mucho éxito, pero después de publicar su trilogía sobre los pecados capitales (No matarás, No robarás y No morirás) se ha convertido en uno de los maestros del thriller en España. Su última novela publicada, El cuento del lobo, se adentrará en la historia de una oscura desaparición.

ENTREVISTA BLAS RUIZ GRAU

Comienzas autopublicando tus novelas, me consta que te ha costado mucho trabajo llegar a donde estás. ¿Qué nos puedes contar de esta experiencia? ¿Qué diferencia encuentras con el trabajo con editoriales?

Pasar por la auto publicación, al menos en mi caso, significa haber atravesado el camino duro para llegar a donde estoy. El trabajo, aunque no lo parezca, es mucho mayor que cuando comienzas directamente con una editorial, ya que cuesta muchísimo más que se fijen en ti. Porque directamente no estás en librerías, que al final es lo importante. La diferencia es tan brutal que ni sabría por dónde empezar, pero me quedo con el poder trabajar junto a grandes profesionales del sector.

Has publicados muchas novelas y has evolucionado mucho en tu forma de escribir, ¿Cuáles son tus referentes en thriller-novela negra?

Siempre lo fue Juan Gómez-Jurado, pero he ido añadiendo a Dolores Redondo, César Pérez Gellida, Mikel Santiago y un largo etcétera.

Con No morirás has cerrado una trilogía del mutilador de Mors, que ha tenido un gran éxito, ¿Qué sentimiento te despierta este final? ¿Tenías previsto desde el principio crear una saga?

Sí, me atraía muchísimo la idea de una saga. Me encanta que cuando mis lectores piensen de algún modo en mí, les venga a la mente el inspector Nicolás Valdés. Es un honor. Cuando acabé la trilogía me sentí raro. Han sido muchos años de trabajo y al final era mi día a día. 

Has escrito muchas novelas, las de más éxito forman parte de esta trilogía que ahora se cierra ¿Hay alguna de las novelas que te despierte por algún motivo más cariño que las demás?

Creo que me quedo con No mentirás. Es tan de mi gusto lector que me encanta lo que sucede en ella.

Tus personajes ya se han hecho familiares para el lector de novela negra, ¿volveremos quizás a encontrar a Sara, Alicia y Alfonso, compañeros del protagonista Valdés?

Sin duda. Creo que tienen mucho que contar todavía.

En no mentirás, encontramos a un novato llamado Nicolás Valdés del que nos despedimos en No morirás ¿Cómo crees que ha evolucionado el personaje?

Su evolución ha sido como la de cualquier persona normal. La experiencia es un grado y eso influye positivamente en su trabajo, aún siendo tan duro. Se equivoca igual, como todo ser humano, pero ha adquirido la capacidad de poder afrontar lo que otras personas no podrían. Dicen que los palos curten. En su caso, es así.

A menudo los escritores nos decís que siempre hay algo vuestro en el protagonista, ¿Qué tiene de Blas Ruiz Grau, Nicolás Valdés?

Te diría que nada, pero es falso. Lo tiene todo. Es inseguro, como yo. Cabezón, como yo. Defensor de los suyos (incluso cuando nadie se lo pide), como yo. Le gusta mi música. Tiene mi humor… Es un espejo, para bien y para mal.

Por regla general, las trilogías tienen en común el equipo investigador presentándose en cada entrega un caso nuevo con un oponente nuevo. Tu trilogía tiene el mismo psicópata. Háblanos un poco de este personaje.

Lo bueno (y malo) de este psicópata es que están complicado que contar sus pormenores ha requerido de tiempo. Mi reto era que la novela no perdiera interés aún sabiendo quién es el “malo” en la segunda y tercera entrega. Según los comentarios lo conseguí, por lo que te puedes imaginar la satisfacción. Ya digo, es un ser extremadamente complejo que aúna lo peor de muchos psicópatas que he estudiado. No es el asesino perfecto, pero sí uno que sabe lo que hacer. Y, lo peor, motivado. No hay nada peor que un psicópata motivado por algo.



Cuéntanos tus proyectos actuales, ¿Qué nos espera después de la trilogía y el monstruo de Mors?

En noviembre publiqué El cuento del lobo, que es hasta la fecha mi última novela. Es un thriller psicológico bastante duro en el que el lector empatiza sobremanera con el protagonista y en el que siente su angustia como propia. O eso me han dicho al menos. Ahora mismo estoy acabando la gira que finalizará en Galapagar y centrándome en escribir la nueva novela. Creo que gustará porque… bueno, no puedo contarlo. :D

Muchas gracias, Blas. Nos vemos en Galapagar.



viernes, 27 de mayo de 2022

Nada importante, de Mónica Rouanet. ¿Ha cambiado la sociedad?

Mónica Rouanet, pedagoga y psicóloga, comenzó su carrera literaria autoeditando "El camino de las luciérnagas". Su siguiente novela "Donde las calles no tienen nombre", empezó a publicar con la editorial Roca, editorial que también publicó Despiértame cuando acabe septiembre (2019), No oigo a los niños jugar (2021) y Nada importante (2022), su última novela publicada.

Esta misma semana he podido charlar con ella (aquí tenéis la entrevista), acerca de ella sobre "Nada importante", con motivo de la mesa en la que va a participar sobre "El perfil criminal" en Galapanoir el 3 de junio.

Minerva vive en el Madrid de los brillantes años 90. Tiene novio, quizás algo obsesivo, vive sola y tiene una vida casi feliz. Pero una noche es víctima de una violación y de una terrible paliza. Cuando despierta del coma en el hospital no recuerda nada. No sabe que la señora que está junto a su cama es su madre y que su novio se suicidó después de la noche aquella. A partir de ahí empieza su nueva vida, en una sociedad que analiza al milímetro su caso. A ella es la prensa y la sociedad la que le acusa ya que su agresor ha muerto. Está marcada física, psicológica y socialmente, además no sabe que en Madrid hay un asesino en serie que asesina a parejas que no respetan el principio fundamental de las relaciones: la mujer debe supeditarse al hombre. Pasan los años y rehace su vida junto a su amiga Hilda, su madre y junto a dos jóvenes que conoce en el hospital. La sociedad ha cambiado, pero sólo en la superficie.

Con Nada importante, Mónica Rouanet analiza una de las peores lacras que tiene nuestra sociedad, la violencia de género. A través de los personajes la autora muestra los diferentes patrones que hacen que la idea de que el hombre está por encima de la mujer se perpetúe, como los padres que no quieren que su hija se meta en problemas y quieren para que se cuide y eviten los problemas aunque para esto tengan que limitar sus aspiraciones. Sus intenciones son buenas, pero estas no solucionan el problema.

El narrador de Nada importante se mete en la cabeza de los personajes que protagonizan cada uno de los capítulos. A pesar de estar narrada en tercera persona el lector es empujado a la mente de los protagonistas, Minerva y su enemigo, conociendo en cada momento sus miedos y sus intenciones.

Por todo ello recomiendo que leáis nada importante, una novela en la que, además de perseguir a un asesino en serie, os va a obligar a analizar qué es lo verdaderamente importante y quienes no lo son.  Muchas gracias a Babelio que me ha dejado leer la novela antes de tiempo. Ya me contaréis y os veo en Galapanoir. 



miércoles, 25 de mayo de 2022

Mónica Rouanet habla con nosotros después de publicar Nada importante y antes de visitar Galapanoir

Uno de mis grandes descubrimientos del año pasado fue Monica Rouanet. No oigo a los niños jugar y Nada importante, ambas publicadas por Roca, son sus dos últimas novelas publicadas. En la serie de entrevistas que estamos haciendo a los participantes de Galapanoir, hoy tenemos el honor de haber podido hablar con Mónica Rouanet que, con Javier Menendez Flores, participará en una interesante mesa "El perfil del criminal". Así que os espero el viernes 3 de junio a las 19:00 en Galapagar y os dejamos la entrevista para abrir boca.

En Nada importante reflejas la violencia contra las mujeres en los años 90 y en actualidad. ¿No temes que el tema que tratas abra siempre un debate y la calidad literaria pase a un segundo plano?

La verdad es que no. A mí me gusta leer historias que, además de distraerme, me hagan pensar, y eso no hace que deje de apreciar la calidad literaria de las mismas. En todas mis novelas coloco de fondo un tema de carácter social con el que los lectores puedan (o no) sentirse identificados. En este caso, cuento la historia de un asesino en serie que decide erigirse como salvador de la sociedad acabando con parejas mixtas que, según sus criterios, se saltan una normativa de género anacrónica que él mismo ha estipulado. Esa normativa aboga por la inferioridad de las mujeres frente a los hombres, a los que deben acompañar y servir.

Los personajes que rodean a Minerva, la protagonista de Nada importante,  salvo Hilda que es holandesa, representan los pilares del machismo: la madre que quiere que su hija perpetúe los valores del patriarcado para evitarse problemas, el amigo protector que, aun con buena voluntad, necesita estar siempre pendiente de ella, el amigo gamberro y gracioso que representa al “malote” que gusta a todas las chicas. ¿Crees que, inconscientemente o conscientemente, estamos programados para representar uno de esos papeles? ¿Que Hilda no sea española es casualidad?

Todos esos personajes existen, en cierto modo, en la vida real, pero también existen muchos otros que, poco a poco, van implantándose en la sociedad actual. Me refiero a las madres y padres que procuran que sus hijas sean felices haciendo aquello que quieran hacer sin preocuparse de los antiguos valores patriarcales, a los amigos que no protegen sino acompañan, a las personas que no juzgan a las mujeres por defender sus derechos…

Que Hilda sea extranjera no es una casualidad. Necesitaba un personaje con unos valores diferentes a los que priorizaban en España en los años 90 y recordé a varias amigas y amigos holandeses de aquella época, afincados en España, a los que no les importaba tanto el qué dirán como a los españoles, y decidí adoptar a una de ellas que, en realidad, es una mezcla de todos.


Me ha gustado mucho como el narrador en cada capítulo entra en la mente de cada uno de los personajes y la trama avanza desde la perspectiva de cada uno de ellos. ¿Cuál ha sido el personaje cuya mente ha sido más difícil de reflejar?

Con algunos lo he pasado verdaderamente mal, pero si tuviera que elegir uno me quedaría con Sagrario. Lo peor de todo es que, mientras escribía, me daba cuenta de que eso a lo que se aferra ella no se aleja tanto de lo que todavía piensa, aunque sea por una décima de segundo, parte de la sociedad. La presión social y el miedo al cambio nos obligan a aceptar cosas terribles y a contemplarlas bajo un prisma de normalidad. 

En Despiértame cuando acabe septiembre, Amparo, la protagonista, sufre un terrible golpe cuando su hijo desaparece tiempo después de la desaparición de su marido. En tu anterior libro No oigo a los niños jugar la protagonista es una mujer, una joven, que se encuentra en un centro psiquiátrico y que arrastra un terrible sentimiento de culpa después de la muerte de su familia. Minerva, después de sobrevivir a una violación y a una paliza brutal que le provoca una amnesia que borra todo su pasado, tampoco es capaz de dejar de sentirse culpable y avergonzada de lo que otros le han hecho. ¿Es casualidad que las tres protagonistas sean mujeres?

En mi primera novela, El camino de las luciérnagas, el protagonista es un hombre y, en esta última, Nada importante, creo que hay dos co-protagonistas: Minerva y su asesino. Sí es cierto que en mis otras novelas, la protagonista absoluta es una mujer y no es casualidad. Es así porque las historias así lo requieren precisamente para dar visibilidad a los diferentes lugares en los que nos coloca la sociedad por distintos aspectos como la edad, el género, la situación socioeconómica… 

Tratas, en cada una de las novelas uno de los temas de los que la sociedad prefiere no enterarse, no sé si para fingir que no existen. ¿Qué más se puede hacer para que se afronten de cara tanto los problemas mentales como la violencia contra las mujeres si nadie quiere mirar de frente a estos problemas?

Creo que este tipo de problemas sociales empiezan a tenerse en cuenta, lo triste es que tengamos que llegar a situaciones extremas para que así sea. Es importante continuar construyendo pequeños peldaños, que nos lleven a la visualización y condena total de los mismos, a través de diferentes actos, como la tolerancia cero hacia comentarios y actuaciones indebidas, o la exposición de pequeñas situaciones abusivas que denuncien la actuación de quienes las cometen.

Cuando Minerva no puede recordar nada de su pasado todos los demás personajes tienen miedo de que acabe recordando. Su falta de recuerdos convierte a Minerva en una mujer frágil que no cuenta con experiencias que le puedan ayudar a enfrentarse al presente y al futuro. Si el pasado nos atormenta tanto ¿no es preferible olvidar los momentos traumáticos? ¿Se puede vivir sin pasado?

No, es muy difícil vivir sin pasado y, aunque sea un pasado traumático, es necesario recordarlo. Saber de dónde venimos nos ayuda a comprender nuestro yo actual y nos permite tener conciencia de por dónde debemos actuar para modificar algo. Es importante saber cómo fue el antes para comprender el ahora.

Una pregunta que os hacemos a todos es si creéis que los festivales de novela negra sirven realmente para acercar a nuevos lectores al género o si hay demasiados.

Es cierto que cada vez existen más festivales de este tipo, pero todos tienen algo que los hace diferentes a los demás. Los festivales literarios sirven, entre otras cosas, para que los lectores y los autores se conozcan e intercambien opiniones, y, por supuesto, esto consigue que más personas se interesen por la literatura y lean.




viernes, 20 de mayo de 2022

Félix García Hernán, el 2 de junio participará en Galapanoir y hoy charla con nosotras

El próximo 2 de junio Félix García Hernán estará con Cristina Higueras en Galapanoir. Participará en una mesa que promete y mucho La oscuridad del personaje. En SalamandraNegra.com seguimos entrevistando a los participantes en esta esperada segunda edición de Galapanoir. Maya Velasco habló con Félix García, espero que disfrutéis de la charla.

ENTREVISTA FÉLIX GARCÍA HERNÁN

Año 2020, Cava dos fosas fue todo un éxito y fue finalista al premio Negra y Mortal a la mejor novela
negra en español, Félix García Hernán recibe el premio Estandarte.com al Autor Revelación. ¿Cómo te sientes con un éxito tan inmediato tanto de lectura como de crítica que ha continuado con tu segunda novela, Pastores del mal?

Pues muy feliz. No hay mejor premio para un autor que la aceptación de sus lectores. Tras lo buena acogida que en su momento tuvo “Cava dos fosas”, no te puedo negar que algo de miedo escénico me  sobrevoló cuando se publicó “Pastores del mal”. Por fortuna, desde las primeras reseñas noté con alivio que estaba gustando mucho. El tema de fondo la novela es tan espinoso que temí que los lectores no conectaran con ella, o directamente la rechazaran.

Por si todo esto fuera poco, Atlantia Media ha comprado los derechos audiovisuales de las dos novelas. ¿Cómo vas a enfocar este nuevo reto? ¿Vas a escribir tú los guiones?

Fue una gran alegría para mí que esta productora se enamorara de la novela antes incluso de su publicación. Aparte de comprar lo derechos, realizaré el guion junto al director de la que, en principio, va a ser una serie de 8 capítulos.

Respecto a tu pregunta, ya participé junto a Javier Elorrieta en el guion de la adaptación de mi novela  “Delfines de Plata”, que se rodará próximamente para emitir en RTVE. Escribir un guion es una aventura apasionante. Sobre todo, porque es un lenguaje totalmente diferente al literario, y donde la química con el director de la película es clave para el resultado final. Estoy deseando ponerme manos a la obra con el guion de “Pastores”.


Una de las principales características de la novela negra es la crítica social. Tu primera novela aborda el tema de la homofobia y la segunda de la pederastia, ¿Por qué has elegido estos dos problemas?

Creo que el autor de novela negra tiene la responsabilidad de actuar un poco como notario de la actualidad, mostrando a los lectores su versión de esos problemas que afectan a la sociedad. Por desgracia, es difícil encontrar temas más actuales y que al mismo tiempo creen tanto rechazo como la homofobia y la pederastia. Cada uno a nuestro nivel debemos de poner nuestro granito de arena  para que ambas lacras desaparezcan lo antes posible.

Tal y como la defines en la novela, la pederastia es el peor de los crímenes, ¿Cómo has conseguido transmitir el que causa este crimen y tratarlo de manera que no resulte excesivamente doloroso para el lector? De verdad, me ha sorprendido tu exquisita delicadeza.

Siempre me ha causado horror los que abusan de los más indefensos: los niños. Creo que están en la escala más alta de la maldad. Y, sobre todo, quería mostrar al lector algo que muy pocas veces sale a la luz: tras esa abominación, lo que se esconde como casi todo en la vida, es el dinero. Mi principal preocupación según escribía, era hacerlo con el suficiente mimo para que en ningún momento se hiriese la sensibilidad del lector, dado lo repelente de la trama. Parece que lo he conseguido, ya que en la mayoría de las reseñas se hace hincapié precisamente en eso, en que el lector sufre más por lo que no digo que por lo que digo.

¿Es posible que los padres vendan a sus hijos así? ¿Existe esta maldad tan abominable con los más inocentes?

Sé que es muy duro de decir, pero tras la imágenes que está viendo algún pedófilo o pederasta a escondidas en su ordenador, o de un adulto interactuando con un niño, muchísimas veces hay unos familiares (incluidos padres) que han vendido o facilitado esas imágenes y esos niños a las mafias.

La pederastia supone un negocio ingente que traspasa fronteras ¿cómo te has documentado para contarnos la inmensa red a nivel mundial que maneja este negocio?

Fue la parte más dura de la novela, los meses que pasé hablando con psicólogos, policías, y víctimas de abusos. Mi mayor sorpresa fue descubrir, que, como temía y he comentado antes, el objetivo final, al igual que en muchas otras lacras de la sociedad como la prostitución, las drogas o el tráfico de armas, es el ingente dinero del que se benefician las mafias. 

¿Qué opinas de los medios sensacionalistas?

Que la sociedad debe educar a sus miembros desde muy pequeños para que tengan el suficiente criterio y formación para identificarlos y darlos su justo valor.

Pastores del mal incluye la pederastia cometida por sacerdotes ¿Qué opinas sobre la postura de la Iglesia española antes las investigaciones de tantos abusos cometidos en el pasado?

Pues la respuesta es muy sencilla: todo lo que no sea tolerancia cero por parte de la Iglesia es inaceptable, y, por desgracia, me temo que eso no está pasando. Tan culpable es el párroco pederasta que se aprovecha de los más desvalidos, como el obispo que tapa su abominación.



Tus personajes están perfectamente construidos. Me ha llamado la atención el amor con que muestras al Padre Damián y a mosén Estanis.  

Esos dos personajes son un ejemplo de que ”Pastores del mal”  no es una novela contra la Iglesia, sino contra  (muchos) miembros de esta, que con su actuación y su silencio han contribuido a que esa institución cause tanto rechazo.

He oído por las redes que ya tienes la tercera, ¿nos puedes contar algo? ¿Seguiremos disfrutando de Javier Gallardo y Raúl Olaya?

Definitivamente, sí. El próximo mes de septiembre, y de nuevo de la mano de mi querida editorial “Alrevés” tendremos a estos dos “Pájaros” trabajando de nuevo.




viernes, 13 de mayo de 2022

El libro negro de las horas, de Eva García Sáez de Urturi. La codicia de los bibliófilos

Maya Velasco.
El Libro Negro de las Horas de Eva García Saénz de Urturi marca el regreso del Kraken, muy esperado por sus seguidores.

Unai López de Ayala, alias Kraken, recibe una llamada en la que le amenazan con matar a su madre si no entrega el Libro Negro de las Horas. El principal inconveniente es que la madre de Unai lleva cuarenta años muerta. No obstante, decide investigar y su búsqueda le lleva de Vitoria a Madrid. 

“Odiaba y amaba aquella sensación, la de estar presente en el escenario del crimen e intentar resolver el enigma que me dejaba un malnacido”

La trama de esta novela es independiente de la Trilogía de la Ciudad Blanca, aunque sigue la línea temporal en los protagonistas. La aparición de la primera novela de la trilogía, El Silencio de la Ciudad Blanca, supuso un verdadero fenómeno editorial que aumentó con cada entrega. Sin embargo, El Libro Negro de las Horas no tiene la misma intensidad. La trama no es tan adictiva, el ritmo es un poco lento, la actuación de Kraken no es la del superhéroe que se pintó para la saga. Unai es ahora formador de perfiladores criminales y protagonista absoluto de la novela. El resto de personajes parecen simplemente apoyar su trama. Sin embargo, hay que pensar que a todos ellos ya los conocemos con profundidad.

Claro, lo primero que uno se pregunta es qué es un libro negro, y qué es un libro de horas. Porque este nombre tiene su explicación. El libro como objeto de culto es el único personaje que compite aquí con Kraken.

Esta novela, nos introduce en el mundo del libro antiguo, unas veces para mostrarnos el más profundo amor a estos y otras para sacar a la luz las intrigas de bibliófilos y coleccionistas de libros. Hasta qué punto el deseo de tener un ejemplar único se debe al deseo de leerlo o más bien a la codicia, una codicia que, por otra parte, puede llevar incluso al asesinato. En mi opinión, las largas disquisiciones sobre el tema, el exceso de detalles de ese mundo resulta un poco abrumador para el lector y ralentiza bastante el curso de la novela.

“Las personas son efímeras, acaban muriendo. Un libro no muere, es mucho más longevo, y todos somos sus custodios temporales.”

A pesar de que en estas novelas prácticamente no hay crítica social, la historia de los años 70 contiene una crítica feroz contra ciertas instituciones católicas en las que sobre todo en la dictadura y transición, el maltrato a los niños abandonados o de familias de izquierdas era muy duro. Aún así, nos muestra  una historia de superación y de cómo de una infancia frustrada se puede sacar un futuro brillante.

La estructura del libro responde a la alternancia de épocas (Actual/pasada) y de narrador (tercera/segunda persona) que, desde luego, añade dinamismo a su prosa. El centro de interés de la novela será no tanto, la búsqueda del libro, si no, la constatación de quién es esa madre viva de Kraken y el descubrimiento de otra historia personal a la que nos habían contado.


“A veces sabes que la vida te va a cambiar al minuto siguiente, pero por mucho que te prepares mentalmente, te viene grande”

En fin, un libro entretenido, con una trama bien construida y de contenido bastante culto. Os dejo que averigüéis quien es la madre, o no, de Kraken.


lunes, 9 de mayo de 2022

GALAPANOIR, EL FESTIVAL DE NOVELA NEGRA DE LA SIERRA DE MADRID, CELEBRA SU II EDICIÓN CONTANDO CON INTERPRETACIÓN EN LENGUA DE SIGNOS

 

GALAPANOIR, EL FESTIVAL DE NOVELA NEGRA DE LA SIERRA DE MADRID, CELEBRA SU II EDICIÓN CONTANDO CON INTERPRETACIÓN EN LENGUA DE
SIGNOS

Los próximos días 2, 3, 4 y 5 de junio el municipio madrileño de Galapagar se vestirá de negro celebrando la segunda edición del único festival de literatura del crimen de la sierra de Madrid, promocionado por la concejalía de cultura y la galardonada biblioteca municipal Ricardo León.

El evento contemplará más de una veintena de actividades gratuitas que abarcarán desde encuentros de autor, mesas redondas, talleres de escritura, conferencias, hasta cuentacuentos y actividades infantiles, siempre en torno a los géneros policíaco, noir o true crime. Además, contará con el II certamen de microrrelato Enid Blyton orientado a jóvenes de la Comunidad de Madrid impulsando la lectoescritura en los adolescentes.

Este año Galapanoir da un paso más en su gran apuesta, la inclusión, a través no solo de la participación del público infantil, la focalización en el rol de la mujer escritora, la asistencia de ponentes locales, nacionales e internacionales, sino también apoyando al sector discapacitado, convirtiéndose en el único festival literario que contará con dos intérpretes en lengua de signos en los encuentros de autor y las mesas redondas.

Autores como Elia Barceló, José Carlos Somoza, Olga Luján, Miguel Ángel González, Marta Barrio, José Ángel Mañas, Sandra Aza, Javier Menéndez Flores, Berna González Harbour o Blas Ruiz Grau se darán cita en un encuentro que impulsa la literatura más demandada en la actualidad por los lectores: el género criminal. Además, participará la autora sueca Emelie Shepp en un encuentro que será retransmitido en streaming y mediante traducción simultánea.

Un festival, comisariado por Jimena Tierra (©Grupo Tierra Trivium), que pretende dar voz entreteniendo e ilustrando a todos los públicos desde los diferentes puntos de vista que ofrece la literatura de crímenes y, por supuesto, proporcionando un notable impulso al sector del libro.

La Plaza de la Constitución y la biblioteca municipal Ricardo León se convertirán en escenario del crimen durante cuatro días inolvidables dedicados a la cultura en la que los interesados podrán participar de manera gratuita inscribiéndose con premeditación y alevosía en unas jornadas apasionantes.

Más información: www.galapanoir.com y contacto@grupotierratrivium.com

Las manos tan pequeñas, de Marina Sanmartín. Una historia que renueva el género criminal

Manu López Marañón

 LAS MANOS TAN PEQUEÑAS. Marina Sanmartín. Harper Collins (2022) 

Cuatro años se ha hecho esperar Las manos tan pequeñas, última novela de Marina Sanmartín (Valencia, 1977). A El jardín de los sospechosos (Principal, 2018), le habían precedido la ficción lovecraftiana Informe sobre la víctima (2016), El amor que nos vuelve malvados (2014), y su opera prima: La clave está en Turgueniev. Autora también del volumen de relatos La vida después, esta licenciada en Periodismo compagina su carrera como novelista con la gestión de la librería Cervantes y compañía. Desde 2017 Marina Sanmartín tiene una sección propia sobre novela negra –Tinta Roja– en ABC cultural.

El agotamiento de las tramas en las novelas de investigación criminal complica el oficio de algunos escritores que, ocupándose todavía de ellas, intentan dejar su sello frente a esa mayoría que, sin remilgo alguno, opta por seguir –paso a paso– el esquema que Dashiell Hammett les legó para esta rama del noir (muy mayoritaria y popular, y a la que habría que denominar sin ningún temor subgénero). Una estructura narrativa simple da lugar a combinatorias que parecían tener no pocas posibilidades argumentales y que desarrolla situaciones, personajes y acciones de gran variedad, pero explotadas hasta su casi extenuación. Si son buenos algún día copiaré los postulados hammettianos para que comprueben qué sencillo resulta construir una intriga policíaca (regular o mala, eso dependiendo del talento de quien la desarrolle). 

Las manos tan pequeñas, esta espléndida obra que hoy presentamos desvela un crimen con una estructura narrativa muy trabajada. Olivia Galván, su protagonista, cuenta en primera persona su historia utilizando dos tiempos narrativos. 

Con el primer tiempo verbal la narradora, en la taberna del hotel Andaz en Tokio, se sitúa en un presente desde el que refiere hechos pasados. Durante un diálogo con Gonzalo Marcos, asesor cultural de la Embajada española en Japón, Olivia desgrana la verdad sobre el crimen de Noriko Aya, bailarina hispano-japonesa de fama mundial cuyo cuerpo ha aparecido en los jardines de Hamarikyu, en un tramo que se convierte en bosque. En estos seis capítulos la primera persona se combina con la segunda persona (ya en El jardín de los sospechosos me llamó la atención este uso que ahora alcanza grado de perfección) para dirigirse al interlocutor de Olivia, Gonzalo, cuyos comportamientos y suposiciones, sin interferencias de la narradora, solo conocemos directamente en sus réplicas de diálogo, unas réplicas con los pies en la tierra (ante las abundantes digresiones y suposiciones con que Olivia arma su confesión). El segundo tiempo refiere durante otros seis capítulos y también desde un presente que desgrana –ahora cronológicamente– lo que pasó desde la llegada a Tokio de Olivia y su marido, César Andrade, hasta llegar al capítulo final. «Tres años después» desempeña funciones de epílogo y en él se ponen al día los destinos de los cuatro protagonistas del libro.

Este perspectivismo del «yo narrativo» desarrollándose a gusto con el entrecruzamiento de ambos planos temporales, lejos de solaparlos, los complementa y logra interesar en todo momento. Lo que tan tentador y fácil hubiera resultado, confundir al lector tendiéndole trampas (o peor, aburrirlo con repeticiones), es concienzudamente evitado por Marina Sanmartín, que oculta datos esenciales para el esclarecimiento de la muerte de la bailarina manteniendo un legítimo y conseguido suspense. El misterio se acaba desvelando. Los lectores, con contundencia irrebatible, sin habernos engañado en ningún momento –menos aun sin haber sido tratados de idiotas–, alcanzamos a ver de una vez –y solo cuando la autora lo considera oportuno– la resolución de lo que nos ha intrigado. La vistosa y muy eficaz estructura de Las manos pequeñas es, para mí, su más destacable seña de identidad.

Las manos pequeñas es una obra de investigación criminal protagonizada por una autora, precisamente de novelas policiales, y por un asesor cultural de embajada. No son por tanto unos profesionales que al modo detectivesco investigan y desentrañan: el esclarecimiento del asesinato de Noriko Aya no vendrá envuelto en complicadas pesquisas policiales. Aquí lo sucedido se confiesa a través de la mirada y la voz de una mujer muy particular, Olivia, involucrada en unos hechos luctuosos que la atañen y de los que tiene claves para su cabal comprensión. Siempre como atento y a veces desconcertado oyente, Gonzalo se gana su confianza. Ella, segura de su silencio, aclarará –para él y los lectores al mismo tiempo– las motivaciones y complejas causas que desembocan en una carnicería.

La profundización psicológica que sobre sus personajes realiza Marina Sanmartín resulta notable. El esclarecimiento del crimen tira con fuerza del argumento y su fase final es sorpresiva; pronto percibimos cómo la autora se ha esforzado para interesar al lector (consiguiendo, por ejemplo, despertar mi apagado interés hacia estas ficciones). Pero lo que verdaderamente me sacude en Las manos tan pequeñas es el entramado de relaciones personales. Así, la de César Andrade y su mujer Olivia es una relación conyugal sustentada en la dominación/sumisión de la que nos enteramos por las acongojantes y descarnadas confidencias que hace ella sobre cómo –voluntariamente y con morboso agrado– acepta ser humillada por César. Dos psicologías enfermas quedan modeladas: la del masoquista extremo, un profesor especialista en literatura comparada que recorre las universidades del mundo dando conferencias, y la de la autora de una serie negra, quien –a pesar de su inteligencia y éxito– permite ser tratada como una perra.

César Andrade y Noriko Aya tienen una intensa relación amorosa y pasional, obligatoriamente discontinua, sustentada en las actuaciones que la bailarina de fama mundial ofrece en grandes capitales, cosmopolitas escenarios para las citas de la pareja. Agotada su relación con Olivia, el docente maduro encuentra en esta otra mujer (que ha conocido en Madrid) un motivo principal para seguir viviendo. Con el pretexto de impartir unas conferencias en la universidad tokiota queda con Noriko para entregarle un carísimo anillo de oro blanco con tres rubís. Muerta desde el inicio de la novela ella es el personaje más etéreo de Las manos tan pequeñas, aunque su creadora transmite bien la delicadeza, los arrebatos por César y esos vaivenes emocionales a los que la lleva ese descontrol. Hideki Kawaya, novio oficial de Noriko que denuncia su desaparición, mantiene con ella una relación más bien estandarizada pero de la que tampoco puede decirse que quede excluida la efusión.

Por último, Oliva y Gonzalo Marcos, amigos accidentales y recientes en Tokio, intiman durante esos días que pasan juntos recorriendo la ciudad. Entre ellos crece una complicidad que parece ser la puerta hacia el amor…

Marina Sanmartín despierta fuertes –y parece que siempre evidentes– sospechas sobre quienes pudieron asesinar a Noriko: César, Hideki y la propia narradora (El asesinato de Roger Ackroyd anda por ahí). Llevado por varias hipótesis que confluyen durante la lectura, creo que nadie dará con la resolución del inexplicable crimen acontecido en los jardines de Hamarikyu hasta que Olivia lo aclare. Venganzas, celos e incontrolables pasiones agitan con furia este explosivo cóctel. 

Alejada de esas narraciones que más parecen una guía turística de la ciudad donde se desarrollan, Las manos tan pequeñas hace que sus lectores respiren Tokio como si hubieran estado allí. La selección de templos (el de Senso-ji), museos (el de Nezu, dedicado a figuras budistas, monedas y telas) edificios (la torre Skytrel, la zona de Roggonpi), el Monkey Cafe (el apartado gastronómico, en ruidosas izakuyas –tabernas–, no está menos cuidado) y librerías (las de la cadena Tsutaya Books), ambientan ajustadamente lo que en cada uno de esos lugares se cuenta. Los jardines de Hamarikyu y esa estrecha calle contra terremotos, escenarios donde se reparten los restos del despedazado cadáver, fueron elegidos con indudable acierto. 

Narraciones como esta suponen una renovación del género y marcan el camino a seguir. Las manos tan pequeñas es una excelente novela policíaca. Al mismo tiempo es una obra literaria, –a secas y sin etiqueta comercial–, de enorme calidad que interesará a cualquier lector de exigente criterio; a ese lector escéptico y bien alejado de aquello que no trasciende el resobado código hammettiano. Marina Sanmartín con su quinta novela evita la mediocre abundancia y da el salto hacia la gran literatura. Bienvenida al selecto club.

«La memoria es una máquina extraordinaria y actúa como una mesa de edición cinematográfica sobre la que, desordenados e inflamables, descansan a la espera de ser elegidos centenares de pequeños fragmentos de celuoide».



ENTREVISTA CON MARINA SANMARTÍN:


La estructura de su novela, articulada en torno a la conversación que en una taberna de hotel comparten Olivia Galván y Gonzalo Marcos, me ha recordado a la que mantienen Zavalita y el zambo Ambrosio en la que –para mí– es la mejor novela que se haya escrito en Latinoamérica. Me refiero, claro, a Conversación en La Catedral. Que para renovar y hacer más atractivas las ficciones criminales autores como usted (¡qué pocos son!) puedan inspirarse en grandes modelos literarios es una gran noticia no solo para el noir, también para la literatura en general.

Da la sensación de que al planteamiento formal de Las manos tan pequeñas no se llega en un momento de inspiración. 

Dígame, ¿le ha costado mucho tiempo organizar así la trama de su quinta novela?

La trama de la novela es una mezcla de inspiración y horas de trabajo; la estructura, más de lo primero que de lo segundo, porque desde un principio tuve claro que esta novela era realmente una confesión, el desahogo de Olivia Galván, que encuentra en Gonzalo la manera de desprenderse de todo el lastre emocional que la atormenta. Teniendo claro este punto de partida, no podía narrarse de otra manera. 

Ha corrido un riesgo enorme al utilizar el yo narrador de la protagonista (Olivia) en los dos tiempos narrativos de su novela. Duplicar la información, trampearla o, peor aún, aburrir al lector no hubiera resultado descabellado en manos de una autora menos capaz que Marina Santamaría. 

¿Cómo se hace para salir victoriosa de un reto tan complicado y para mantener el interés hasta el sorprendente final?

No aburriéndose a una misma y repasando el texto una y mil veces, pero sobre todo manteniendo mi propia tensión. 

Olivia y su completa sumisión (no solo sexual) hacia su marido César es otro gran hallazgo de Las manos tan pequeñas. No le negaré que al principio yo veía exagerada una entrega de semejante calibre, pero acabo aceptando cómo en la vida de hoy se pueda dar una monstruosidad así. El fino y frío autoanálisis de ese matrimonio, «la crónica de mi descenso, de una renuncia progresiva a todo lo que no fuera obedecer y soportar», según palabras de Olivia, resulta ser un habilidosísimo recurso para cincelar las perturbadas mentes de la pareja.

¿Padeció metiéndose hasta el fondo en unos terrenos tan escabrosos para moldear de esa brutal manera a Olivia y César?

Le mentiría si dijera que padecí. No soy de esa clase de autores, a los que respeto tremendamente, que lloran con su ficción porque la sienten como real. Si uno de mis personajes muere, cuando llega la hora de apagar el ordenador y olvidar la novela hasta mañana, yo no continúo compungida. Tengo claro que lo que cuento es mentira, que es una historia que me invento y que, precisamente por eso, es inocua. Solo así se pueden abordar temas como la sumisión de Olivia y analizarla sin que la vergüenza ajena o la incomprensión… sí, principalmente la incomprensión, hagan el ejercicio insoportable. En este sentido, mentir nos permite aprender.

«Superpuesta a la ciudad espectáculo que inmortalizan las guías, otra ciudad en la sombra, silenciosa y anclada en el pasado, como un bosque oscuro que todavía no se hubiera descubierto». 

La ciudad de Tokio juega importante papel en Las manos tan pequeñas. Leyéndola me parecía imposible reflejar esta megalópolis sin que usted hubiera estado en ella, tal es el grado de perfecta ambientación, siempre en el justo equilibrio, para reflejar los escenarios donde se desarrolla la trama y sin caer en un exhaustivo repertorio. Al final del libro me entero de que usted viajó a Japón en 2018.

Para tanto autor incapaz de cribar la documentación reunida, en este caso sobre ciudades con múltiples atractivos (como pueda ser Tokio), ¿cómo se procede a una selección tan ajustada –y encantadora– como esta que usted hace para describir los espacios narrativos de una urbe tan atractiva (y más para quien procede de Occidente y que inevitablemente colisiona con ese nuevo mundo)?

Con esto la estructura me resultó de gran ayuda, al decidir no asociar más de dos escenarios a un día. Creo que en la literatura, quien crea, debe ser muy estricto marcándose límites, porque el riesgo de perderse en la dispersión siempre es frecuente, y más cuando hay que seleccionar aspectos de un lugar tan atractivo y rico en posibles ubicaciones como Tokio.

En las páginas 112-113 de Las manos tan pequeñas leemos: «La buena literatura sin música, no existe. No importa que la historia sea triste o cruel o sangrienta, hay un ritmo irrepetible y único en toda narración, y de encontrarlo depende la gloria de la novelista».

En mi caso he encontrado su obra, más por la ambientación que por su trama, entroncada al universo cinematográfico de Wong Kar-Wai (a quien cite Lost in translation como referencia habría que pasarlo por las armas). Los violines de Michael Galasso en Deseando amar pautaban de manera no tan inconsciente mi lectura de Las manos tan pequeñas dándole su ritmo propio. 

Para usted, ¿qué música acompaña a su novela de inmejorable manera?

Podría contestar a la pregunta, pero no lo haré. En esto no tengo duda: cada lector debe encontrar su propia música.

Lograr un imparable y sinuoso ritmo narrativo en una historia formada desde la palabra, ¿será la mayor evidencia de que se salió triunfante del empeño? 

Imagino que sí, aunque Las manos tan pequeñas no es un thriller, porque su ritmo es mucho más lento y no contiene escenas de acción trepidante. Lo que sí se desborda como un torrente y en ese sentido acelera nuestra lectura es la declaración de Olivia, que se sincere por fin… eso es lo que atrapa y mantiene nuestro interés y nos obliga a pasar una y otra página, sin parar, hasta el final.

Dado su lato conocimiento sobre el género negro, no me resisto a preguntarle:

¿Cómo ve el noir actualmente, tanto en España como en el resto del mundo?

Creo que la salud comercial del noir nacional está garantizada, pero no tanto la literaria, aunque la salvan una lista reducidísima de nombres.

¿Qué escritores son sus favoritos y cuáles resaltaría tanto por posibles influencias sobre su obra como por sus propios gustos lectores?

Patricia Highsmith, Daphne du Maurier, Iris Murdoch, Ernesto Sábato, Stieg Larsson, Alicia Giménez Bartlett, Dominique Dunne, Ryu Murakami, Natsuo Kirino, Joan Lindsay, Leonardo Sciascia, Petros Màrkaris, James Ellroy, Jo Nesbø… podría seguir sin parar durante horas.


Por último y para cerrar la entrevista:

¿Puede adelantar para SALAMANDRANEGRA.COM algo de su próximo proyecto literario? 

Estoy trabajando en un ensayo que nada tiene que ver con la novela negra y el cambio de registro lo estoy disfrutando mucho.

¿Seguirá escribiendo ficciones criminales o, por el contrario, pretende cambiar de tercio con alguna nueva temática?

Intuyo que, aunque escriba otras cosas en un futuro, nunca abandonaré del todo la ficción criminal.