viernes, 17 de septiembre de 2021

El gran rojo, de Benito Olmo. Una búsqueda en el Manhattan europeo

 Después de un largo y cálido verano apetece ir a lugares más fríos, así que, si os parece bien, podemos
viajar a Frankfurt con Benito Olmo y con Mascarell, un detective diferente. En El Gran Rojo Benito Olmo cambia la soleada ciudad de Cádiz por la oscura Frankfurt y cambia un detective seguro de sí mismo por otro al que la vida, y cualquiera que se cruce en su camino, no deja de darle golpes.

Mascarell es un detective perdedor y para perdedores. Vive en Frankfurt y se siente bien moviéndose por el barrio rojo, las narcosalas y cualquier lugar al límite de la ley.  Un día le contratan para encontrar a un joven desaparecido y con lo único que Mascarell cuenta es con una fotografía. Pero el dinero que le van a pagar le viene muy bien y acepta el caso. Lo que no sabe es que hay muchas personas que también buscan al joven y que van a considerar que el detective es una piedra en el camino.

Ayla es una adolescente que vive con su padre enfermo en un barrio marginal. Su hermano Samir ha muerto de sobredosis y ella necesita saber qué es lo que realmente ha pasado. Ambos, sin conocerse el uno al otro, se enfrentarán al Gran Rojo, una organización que dirige el hampa de la ciudad y que no duda en recurrir a cualquier método sucio para mantenerse en los edificios más altos de la ciudad.



Si Bianchetti nos enseñaba la cara oscura de Cádiz (recordad que ya os recomendé La tragedia del girasol), Mascarell también nos enseña los barrios por los que ningún turista querría pasear en Frankfurt. El barrio rojo no es un reclamo, es el barrio en el que están las narcosalas, los yonkis y los buscavidas. Los rascacielos, uno en particular, normalmente edificios modernos, elegantes y llenos de luz, es mostrado como un lugar de orgías, sangre y suicidios.

El gran Rojo es una novela que se narra en primera persona y en presente cuando Mascarell protagoniza los capítulos, pero que es narrada en tercera cuando Ayla es la que lleva el peso de la historia. La prosa es sencilla pero efectiva, consigue que el lector casi sienta dolor cuando Mascarell sea molido a golpes.

A pesar de que Mascarell es el protagonista, el papel que desarrolla Ayla es fundamental. Ella es una joven que vive en un mundo de hombres, tiene que dedicarse la trapichear con droga para mantener a su padre. No tiene amigos, solo se tiene a ella misma. En realidad ambos son dos perdedores que juntos harían un buen tándem. No sé si Benito Olmo tiene pensado continuar la saga, pero para los lectores creo que sería una buenísima idea.

Nº de páginas: 344
Editorial: ALIANZA EDITORIAL
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788413622170
Año de edición: 2021
Plaza de edición: ES
Fecha de lanzamiento: 18/03/2021

viernes, 10 de septiembre de 2021

Esclavos del deseo, de Donna Leon. El eterno dilema de los venecianos

Esclavos del deseo de Donna León, la 30 entrega de la saga del gran Brunetti y el primero que yo
reseño a pesar de que he leído absolutamente todos.

¿Cómo no compararlo con Montalbano?, Camilleri y León son los grandes maestros de la novela negra italiana. Y ambos comparten el amor por los paisajes y las riquezas de Italia y la crítica social del mundo italiano, subrayando la impunidad, la corrupción a todos los niveles: el político, el inmobiliario, el comercio…

Pero las características de Guido Brunetti son bien diferentes a las de Montalbano, salvo su amor por la comida italiana. Nunca dejan de sorprenderme las panzadas que se pegan todos los días, incluso para cenar. Aperitivo, pasta y segundo plato. Y para terminar un postre contundente y una, o dos, grappas. No sería extraño que el lector engorde solo leyendo estas novelas.

El estilo narrativo de Donna León es descriptivo a la vez que se compromete con los grandes temas actuales: el medioambiente, los derechos humanos, la corrupción. Es única perfilando personajes, ya sean los protagonistas o os secundarios y es una maestra de los giros repentinos y de las subtramas. Sus novelas podrían clasificarse como clásicas si bien jamás utiliza la violencia en ellas.

Volviendo a Guido, es un hombre familiar, que adora a su esposa, Paola, aristócrata y profesora de Universidad. A sus hijos adolescentes. Aunque es un hombre atractivo e interesante y no le faltan admiradoras, para Guido la relación con otras mujeres no pasa de una valoración de su belleza o su forma de vestir. Por ejemplo, su relación con la signorina Elettra, secretaria del gran jefe, Patta, es de profunda amistad y colaboración. Todos los días, Guido nos cuenta cómo va vestida y es sin duda una mujer con estilo y clase. El antipático vicequestore Giusseppe Patta no interviene en esta entrega.

Pero las muestras de cariño entre Guido y Paola nos enternecen y sorprenden a menudo:

“La luna era una franje finísima, pero ambos la estudiaron de camino al embarcadero, andado de la mano como si fueran novios”

Brunetti es un hombre muy culto, habitual lector de los clásicos, conocedor de la mitología, amante del arte y la ópera. Un hombre también tolerante que respeta la homosexualidad, el feminismo, la inmigración. En parte, gracias a sus hijos es defensor del cuidado del medio ambiente y cada vez es más consciente del cambio climático.


Pero vamos a Esclavos del deseo. Dos chicas jóvenes aparecen en la puerta del Hospital civil de Venecia con graves lesiones. Tras las habituales indagaciones descubren que las dejaron allí Marcelo Vio y Berto Duso, amigos desde la infancia, el primero trabaja en el transporte de mercancías por barca y el segundo es abogado. Todos los casos de Brunetti nos llevan a un trasfondo de mayor calado, en este caso el tráfico ilegal de mujeres del mundo pobre a las que traen para prostituirlas. En este caso, contará con la ayuda de su compañera Griffoni y del capitán Alaimo de la Guardia del Puerto.

Lo curioso de este caso, es que Brunetti empatiza muy pronto con estos dos muchachos, porque Vio, el que provocó el accidente en barca, es un chico que trabaja para su tío y para mantener a su familia. Tirando de la manta, Brunetti encuentra un entramado de tráfico de mujeres y denuncia el trato que se les da, sin importar si viven o mueren, son como sacos vacíos que pronto les harán ganar mucho dinero. Esto trae a colación el eterno odio de nuestro Commissario por los abusones de cualquier tipo.

Y como no el eterno dilema de los venecianos: el odio hacia los turistas que pululan en masa por la cuidad y la dependencia económica que políticos y empresarios han impuesto a los venecianos con respecto de los turistas. Y el paro imperante, donde los ingenieros trabajan de barrenderos si tienen suerte de lograr una plaza.

En fin, otro maravilloso caso de Donna León y Guido Brunetti que se lee en un suspiro y que no os dejará indiferentes.

Nº de páginas: 336
Editorial: SEIX BARRAL
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788432238680
Año de edición: 2021
Plaza de edición: BARCELONA
Fecha de lanzamiento: 02/06/2021


viernes, 30 de julio de 2021

Tres reseñadores, nueve libros para el verano

 Llega agosto con una terrible ola de calor y las salamandras necesitamos un respiro. Pero no nos vamos
a ir sin recomendaros tres lecturas que harán que las noches de agosto sean más llevaderas. Leed, leed y leed y nos vemos en septiembre

Maya Velasco:

No oigo a los niños jugar de Mónica Rouanet me ha impactado. Acompañamos a Alma en su estancia en un centro psiquiátrico, una joven que sufre trastornos disociativos tras un accidente de coche con sus padres y hermanos. Pero aparte de las conductas de los adolescentes internados, encontraremos un cúmulo de atmósferas y hechos inquietantes. Este thriller engancha a la vez que nos alerta sobre las adicciones y trastornos de los adolescentes y de la estrecha línea que hay entre la vida y la muerte.

Amar a un hombre que mata de Sonia Rico. La historia de una mujer madura que se enamora de un reo por asesinato. Con una vida y un pasado tristes, gloria hace un último intento por alcanzar el sueño de su vida, casarse y tener hijos, sentirse querida y protegida. La historia avanza imparable hacia un final inesperado. Su punto fuerte es la construcción de personajes sólidos que crecen en cada página.

Todos nosotros de Javier Menéndez Flores es una de las mejores novelas que he leído este año. En plena movida madrileña, van apareciendo cadáveres de mujeres jóvenes. Una pareja de inspectores sigue este caso durante dos décadas mientras el autor nos introduce en la Madrid de la noche, su música, su historia. Una prosa cuidada, unos personajes creíbles, reales. Un triste final para las jóvenes protagonistas de los crímenes.



Manu López Marañón:

De intensa y deleitable escritura, «LAS MEMORIAS DE UN REPORTERO INDECENTE», de Pedro Avilés, dejan poso en sus lectores. Aparte de referir –con gran solvencia narrativa– crímenes mediáticos de nuestro país, este libro ofrece las claves de un oficio, el de periodista de sucesos, que hoy ya es historia. Las páginas vuelan gracias a la solvencia narrativa de un autor que, como nadie, conjuga el vértigo reporteril con la perspicacia del novelista. 

Con los crímenes de familias enteras, cometidos por un psicópata encarnando a un ángel vengador, la saga protagonizada por David Abaco entra en una dinámica en la que brilla la capacidad de sacrificio de nuestro detective favorito. Para «EN LO MÁS PROFUNDO DE LA NOCHE» Daniel Hawk y J.A. Beckett se reservan un duelo épico entre Abaco y el inductor de las matanzas que está entre lo mejor escrito en este género. En ninguna maleta veraniega puede faltar esta eficaz y vibrante mezcla de thriller e investigación criminal, removida por las cuatro manos más capaces de este país.

«LA FERIA», de Enrique Mercado,  combina existencialismo, lenguaje poético y surrealismo. Esta obra de Enrique Mercado, a la que adscribimos a la pujante novela negra de barrio, abandona las situaciones corrientes, se enrarece sugestivamente y se vuelve extraterritorial. La feria de un barrio madrileño acaba por convertirse en mapa de la humanidad. Una novela diferente, con un pulso narrativo inigualable y en la que las situaciones insólitas se funden magistralmente con lo que ofrece el día a día. 




Almudena Natalías

Vicios ancestrales es la novela perfecta para entrar en el mundo de Tom Sharpe. Un magnate que representa el rancio abolengo inglés y un catedrático de izquierdas protagonizan una historia delirante en la que los dos extremos de la sociedad británica se enfrentan al asesinato de Willy Coppett, persona de crecimiento restringido, que revuelve la tranquila vida de la campiña inglesa. Una novela que hoy quizás nadie se atreviera a publicar.

Si no hubiera mañana, de Alexis Ravelo, la sexta novela de Eladio Monroy. Para alejarse del aburrimiento Eladio acepta investigar la desaparición de la pareja de una amiga sin saber, como siempre, que las cosas sencillas en las que se mete Eladio acaban siendo complicadas. Eladio cumple años pero no pierde la esencia canalla con la que nos embaucó desde un principio.

Después, de Stephen King, nos lleva a uno de los personajes preferidos del maestro del terror. Un niño que ve fantasmas intenta hacerse mayor en un mundo en el que los adultos mienten y los muertos sólo pueden decir la verdad. Pero la verdad que descubre Jamie le va a costar cara. Una historia sencilla pero profunda, un cuento de fantasmas en la que los vivos dan más miedo.



viernes, 23 de julio de 2021

Un plan perfecto, de Iván Farias. El código ético de los ladrones

Con Un plan perfecto, de Iván Farias, se estrena Ediciones Real Noir una colección de novela negra
que, seleccionada por Carlos Salem, nos va a acercar a esas novelas que habiendo tenido éxito en sus países de origen, no habíamos podido disfrutar aquí. Las siguientes publicaciones de esta colección van a ser Siempre hay alguien a quien matar, de Guillermo Orsi  y La inauguración, María Inés Krimer, a las que no podemos dejar escapar.

Pero vamos a centrarnos en Un plan perfecto. Diego Rodríguez el Soñado, es un ladrón de los de siempre. Su código moral le impide usar una violencia, violencia que entre los delincuentes mexicanos es el pan nuestro de cada día. Cansado de su vida criminal, decide realizar un último atraco y retirarse. Escoge una bucólica provincia para atracar un banco y retirarse regentando un bar junto al mar. Siguiendo los consejos que le daba su padre, Diego se dispone a ejecutar un plan perfecto, no muy complicado en principio. En el camino se encontrará con un ladrón de joyas, un pintoresco diputado tlaxcalteca, un aprendiz de narcotraficante, un par de sicarios norteños y un peculiar taxista, el Sonrisas,  que le van a complicar la vida.

Diego, como si estuviese en una novela de Hammet, recorre Polanco, un barrio de clase alta, un distrito de DF con sus propias reglas. Diego va recorriendo la ciudad y, mientras él camina, el lector se impregna de los sonidos y de los olores de México. Mientras El Soñado camina hasta su sueño, el lector va a conocer el camino que recorren tres diamantes sin pulir desde África hasta llegar al centro de esta historia.


Iván Farias
ha escrito una novela negra alejada de los cánones actuales. En ella, a pesar de ser una novela de ladrones, no aparece ningún policía y, a pesar de transcurrir en México, no aparece ningún narco. Por otro lado Diego intenta robar un banco a la antigua usanza. Quién roba un banco hoy en día en un mundo en el que los hackers son los que se hacen con el dinero de bancos y multinacionales? pues Diego el Soñado.

Así que si no os habéis preparado aún los libros para las vacaciones no os podéis olvidar de meter en la maleta Un plan perfecto, de Iván Farias. Y tampoco os olvidéis de que, como decía el padre de Diego uno nunca debe meterse a un lugar si no sabe cómo va a salir

ISBN: 9788412379402
Fecha de lanzamiento: 27 de Mayo de 2021
Idiomas: Castellano
Género: Novela Española e Hipanoamericana

viernes, 16 de julio de 2021

No oigo a los niños jugar, de Mónica Rouanet . Perdonarse para poder sobrevivir

No oigo a los niños jugar de Mónica Rouanet me ha parecido tan buena que ya he empezado a leer
Despiértame cuando acabe septiembre, la anterior novela de la autora.

Alma es una joven que tras un accidente de coche con sus padres y hermana sufre trastorno disociativo, todo ello la lleva a intentar suicidarse, es ingresada en una clínica psiquiátrica. Allí hace amistad con otros jóvenes que sufren a su vez diferentes trastornos, encontrándose así en un mundo que al lector le resulta opresivo y delirante. La medicación, la natación y recuperar a su abuelo le hacen ir mejorando. Alma también hace amistad con dos niños y otro adolescente, Diego, que aparecen por la clínica de vez en cuando para ver a Alma.

Este thriller nos lleva a través de este presente dos tiempos pasados: uno en el que tuvo lugar el accidente de coche y otro, el pasado más lejano de este edificio que en su día fue un colegio para niños sordos. De hecho, algunos de los empleados actuales ya trabajaron o residieron en este centro. El presente se narra en primera persona por nuestra protagonista y el pasado se nos va presentando de la mano de uno de los niños pequeños que aparentemente se cuelan en el psiquiátrico de vez en cuando.

El trasfondo de esta novela es la denuncia de las familias que aparcan a niños con algún tipo de incapacidad, ya sea física (como la sordera) o mental, para no tener que encargarse de ellos. Si bien en el caso de los trastornos mentales está más que justificado el tratamiento por parte de personas especializadas en el tema. En este sentido, la autora subraya el papel del doctor y los cuidadores que en todo momento tratan con mucho cariño a los niños:

“Para comprender que nuestro silencio es nuestro ruido tienes que haberlos confundido desde pequeño, desde tan pequeño que ni siquiera hubieras nacido. Solo entonces podrías comprender por qué gritamos los sordos, por qué hacemos tanto ruido”

También aborda la autora, la necesidad que tiene el ser humano de perdonarse para poder sobrevivir y dejar atrás experiencias que ya no tienen remedio pero que nos impiden avanzar por la vida.


En mi opinión, Mónica Rouanet, tiene una prosa cuidada pero sencilla, intimista, con unos diálogos y un lenguaje muy apropiado para los personajes que describe, en su mayoría adolescentes con diversos traumas. La descripción del inmenso edificio, cuya parte superior esta cerrada por un muro, es impactante, ya que no se demora en detalles innecesarios, pero nos lleva a través de los escenarios creando un ambiente triste y un suspense que hace que el lector intuya desde el principio lo que está pasando. Hay que tener en cuenta que nos hallamos en un lugar cerrado, con una trama más que inquietante, y con el deseo de averiguar los detalles de la vida de Alma y del secreto que parece encerrar este edificio:

“Cuando se marchó la de los tacones, cerré la puerta y corrí hasta la ventana. Una reja fija la resguardaba por su parte exterior, aún así, la abrí buscando oxígeno. Me ahogaba, necesita aire, escapar, saltar…”

Los personajes están muy bien caracterizados, cada uno con sus trastornos o sus circunstancias.  Y me parece muy relevante ya que son adolescentes con trastornos psíquicos, lo que indudablemente dificulta su creación. Gabriela sufre trastornos alimenticios, Ferrán está obsesionado por el sexo, Luna solo busca amor y atención, Mario tiene manía persecutoria

En fin, que No oigo a los niños jugar es una novela ideal para estos días de estío o para cualquier ocasión.

Nº de páginas: 300
Editorial: ROCA EDITORIAL DE LIBROS
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788418417283
Año de edición: 2021



viernes, 9 de julio de 2021

Después, de Stephen King. Un delicioso cuento de fantasmas

Volvemos a nuestra cita anual con el maestro Stephen King, otra vez de la mano de un niño con
extrañas capacidades que nos sumergirá en el universo King sin que nos demos cuenta. Después nos sigue sorprendiendo.

Jamie Conklin vive con su madre, agente literaria y mantiene en secreto un extraño don: Jamie, en ocasiones, ve muertos. Pero esto no es, como en el caso del niño del Sexto Sentido, algo que viva con ansiedad, para Jamie ver a los difuntos no le supone ningún problema, casi nunca, ya que estos se limitan a saludarle con la mano y a contestar a sus preguntas, diciendo solo la verdad, hasta que parten a su destino final. Pero Jamie, que mantiene una preciosa relación con su madre, le confiesa su secreto y ella se lo cuenta a Liz, su pareja, una agente policía corrupta del Departamento de Nueva York. Cuando este pide al niño que le ayude a evitar el atentado de un asesino terrible Jamie va a entender el precio que tiene que pagar por su poder.

Es una novela corta pero a Stephen King le bastan unos pocos párrafos para atraparnos irremediablemente. Jamie nos cuenta su historia cuando tiene 22 años. Los personajes están magníficamente elaborados, no pertenecen del todo al lado oscuro o al lado blanco, son humanos. Jamie se mueve en un mundo de adultos, donde hay secretos, y puede hablar con los muertos, que son los únicos que no le pueden mentir.

Stephen King vuelve a demostrar en Después que nadie es capaz, como él, de mezclar el mundo real con el sobrenatural sin que el lector se dé cuenta y sin que cuestione los prodigios que relata en sus novelas. No hay nada especialmente novedoso en Después, pero los lectores de Stephen King es lo que queremos de él, cuentos de terror en los que reconozcamos su universo. Jamie habla con los muertos, los muertos no pueden mentir, eso es así y es completamente normal.


En Después, King vuelve a contarnos el paso de un joven a la edad adulta. Como ya nos mostró en IT, novela a la que se hacen muchos guiños, y en Cuenta conmigo, hacerse mayor no es fácil.

Jamie se encuentra en el centro de una balanza en la que los adultos le ayudan o intentan destruirle. En uno de los platillos está su madre y su vecino, el sabio profesor Burkett que le aconsejarán y le ayudarán a vivir de la manera más normal posible. En el otro platillo están Lizz, que intentará mejorar en su trabajo aprovechándose de Jamie y el tío que se hacía llamar Tambor, terrorista muerto que no olvidará que Jamie se interpuso en su camino.

Me ha gustado mucho Después, una novela que nos cuenta una historia cotidiana (si, a pesar de los muertos y los crímenes), en la que un niño intenta encontrar su sitio en el mundo. Una lectura obligada este verano

Nº de páginas: 248
Editorial: PLAZA & JANES EDITORES
Idioma: CASTELLANO
ISBN: 9788401027123
Traductor: JOSÉ ÓSCAR HERNÁNDEZ SENDIN, SÁNCHE
Fecha de lanzamiento: 10/06/2021



viernes, 2 de julio de 2021

Las doncellas, de Alex Michaelides. Un drama gótico en la Inglaterra moderna

 Las doncellas de Alex Michaelides es la segunda obra de este autor que consiguió un gran éxito con La
paciente silenciosa
.

Mariana, un año después de la muerte de su marido, recibe la llamada de su sobrina para contarle que han asesinado a su amiga Tara. Mariana que es su tutora, se desplaza a Cambridge para apoyarla.  Desde el principio, sospecha de Edward Fosca, profesor de Filología clásica que tiene un grupo de alumnas selectas, todas de buena familia, “las doncellas”. Mariana por su condición de psicoterapeuta decide ayudar a la policía, estableciéndose una extraña relación entre estos asesinatos y el pasado de su matrimonio.

El escenario de Cambridge se amolda perfectamente a un lugar en el que son posibles los crímenes, los pasos en la oscuridad, las sombras ocultas entre la niebla nocturna. Un ambiente gótico que sirve para subrayar el clima de suspense en el que transcurre la trama.

“Edward Fosca era un asesino. Aquello era un hecho…” esta frase es el comienzo de un thriller psicológico en el que el lector no tiene más remedio que creer que ya está resuelto el asesinato del que claro, aún no sabemos nada.

La protagonista, Mariana, psicoterapeuta de 36 años, que sufre una depresión por la muerte de su marido, impregna toda la trama con su propio drama. La muerte ha estado presente en su vida desde la infancia. Emprende la búsqueda del asesino con una terca fijación por Fosca. El autor juega con el lector mostrando dos posibles relaciones amorosas para Mariana. De esta manera, nos engancha cuando tratamos de descubrir por una parte al asesino y por otra a su próximo amante.

Salvo Fosca, un profesor atractivo e inteligente perseguido hasta la saciedad por Mariana, el resto de los personajes no tiene una gran relevancia en la novela. El asesino es un hombre con doble personalidad una que esconde al monstruo que es y otra llena de tristeza por su pasado que oculta su lado asesino.


A pesar de lo horrendo de los crímenes, en Las doncellas no hay violencia, pues más allá de coartadas, lo que se analiza es la psicología de los personajes, el porqué de las extrañas tarjetas en griego que aparecen en las habitaciones de las chicas, porque Mariana se siente perseguida en todo momento, qué oculta su sobrina Zoe.

El libro consta de seis partes, prólogo y epílogo en tercera persona, pero desde el punto de vista de la protagonista, intercalando páginas del diario del asesino, que nos va contando su vida y el porqué de sus crímenes:

“Una vez que matas a un ser humano ya no hay vuelta atrás… supongo que es un poco nacer de nuevo. Aunque no se trata de un nacimiento cualquiera, sino de una metamorfosis”.

Lo más fácil sería que Mariana se enamorase y comenzase una nueva vida después de haber descubierto ella solita al asesino de Cambridge. ¿Es ese el final? Os animo a disfrutar de este libro y de su intriga.

Editor: Alfaguara
Fecha de lanzamiento: 03/06/2021
Colección: Alfaguara negra
EAN: 978-8420455488
ISBN: 9788420455488
Encuadernación: Tapa blanda
Nº de páginas: 328 páginas



viernes, 25 de junio de 2021

Amar a un hombre que mata, de Sonia Rico. Una historia de amor imprevisible

Maya Velasco.

Matar a un hombre que mata (La vocal de Lis 2021) es la última obra de Sonia Rico. Tras su genial libro de relatos A telephone rings, Sonia muestra una clara madurez en su prosa con una historia que a nadie puede dejar indiferente.

Gloria, una mujer madura y profundamente sola que repasa su triste vida: Una horrible infancia con unos padres horribles, varios engaños amorosos, trabajos alienantes, en definitiva, una vida gris:” No he sido la dueña de mi vida nunca”

Y ya tenemos todos los ingredientes esenciales para que una mujer, cualquier mujer, que además lo único que desea es un marido e hijos, se enganche a una historia amorosa descabellada e incomprensible para cualquiera que no se encuentre en esa situación.

Porque según va avanzando la historia, cada vez entendemos menos a Gloria. Como no la entienden sus amigas o su vecina, casi una madre, que es la única que cuida de ella en una Barcelona ajetreada y descarnada, como cualquier ciudad grande donde cada uno intenta solucionar su vida sin preocuparse demasiado del que tiene al lado.

Convencida por su vecina, Gloria acude a una cárcel a impartir un taller de cocina y, como no podía ser de otra manera, se enamora de uno de los presos. Atractivo bien vestido, con maneras cariñosas y protectoras. El preso sabe muy bien cómo manipular a Gloria, como rellenar los huecos que hay en su vida. Primero a través de cartas, después en los vis a vis

Gloria se enfrenta a las únicas personas que tiene y que le intentan avisar de una relación tóxica que no la puede llevar a ningún sitio. Y todo va transcurriendo por la vía de lo previsible. Hasta que llega el final.

Debo reconocer que, para mí, el final de Amar a un hombre que mata es absolutamente imprevisible. Pero muy significativo para ver que Gloria no es un personaje plano, que va evolucionando a lo largo de la novela, desde una inocente niña de pueblo a una mujer que tiene que enfrentarse a su vida, a sus jefes, a un amor difícil. Sonia Rico, además de muchas cosas más, es psicóloga y esto le da al personaje la profundidad necesaria, la evolución que hace sólido a un protagonista.

Sonia Rico como en sus anteriores libros, realiza un impecable trabajo de documentación que nace de preguntarse si realmente una mujer puede enamorarse de un hombre que sabe que es un asesino. La respuesta es un sí rotundo y, de hecho, todos conocemos casos mediáticos al respecto.

Las costumbres y vida carcelaria están relatadas impecablemente, así como la soledad de una mujer que ha vivido en un pueblo y se traslada a una gran ciudad.


Yo creo que el lector no puede menos de ver a Gloria como lo que es, que se deja enredar por un hombre en un momento de su vida en el que prima su soledad. y si nos paramos a reflexionar un poco, también veremos la facilidad que tiene un manipulador para atrapar como una araña a su mosca, alrededor de la que va tejiendo una red de la que no se puede escapar.

Y por cierto, la autora nos deja dispersos unos guiños que no dejarán de intrigarnos. Os recomiendo esta novela muy bien escrita y que nos propone un tema singular que os hará pensar.

EDITORIAL: La vocal de lis
ENCUADERNACIÓN: Tapa blanda o Bolsillo
IDIOMA DE PUBLICACIÓN : Castellano
IDIOMA ORIGINAL : Castellano
ISBN: 978-84-122900-8-0
EAN: 9788412290080
Nº PÁGINAS: 404
FECHA PUBLICACIÓN : 19-04-2021





viernes, 18 de junio de 2021

Impacto, de Olivier Norek. Un eco thriller post-pandémico

 La pandemia todavía no ha terminado, estamos en ello, pero ya se empiezan a publicar libros que se
desarrollan en un mundo post-covid. Uno de ellos es Impacto (Plataforma Editorial, 2021), de Oliver Norek autor que ya conocemos por Entre dos mundos, novela que reseñé con entusiasmo. Impacto es una apuesta por crear un thriller distinto en el que la defensa del planeta tiene un papel muy importante.

Olivier Norek es un policía francés en excedencia que en sus novelas aborda algunos de los temas más espinosos de la sociedad contemporánea. Si en Entre dos mundos hablaba sin tapujos de la crisis migratoria, en Impacto plantea el tema del cambio climático y cómo los intereses económicos de un puñado de empresas nos llevan inexorablemente a la destrucción. 

Virgil Solal ex policía con experiencia antiterrorista, decide pasarse al otro bando y crear un grupo ecologista llamado Green War que va a intentar que los poderes políticos y económicos cambien radicalmente de postura ante el inminente cambio climático y ante la destrucción irremediable del planeta.

Para ello secuestra a un importante directivo de una de las empresas que contribuyen al deterioro del planeta y amenaza públicamente con matarlo si no le pagan un sustancioso rescate que les será devuelto cuando reviertan sus prácticas contaminantes. La opinión pública pronto apoyará a este grupo y las calles se llenarán de manifestantes a favor de Green War. 

El personaje principal de Impacto es Virgil. En un principio el lector piensa que Nathan Modis el brillante policía que negocia con él y Diane Meyer, la psiquiatra que le ayudará a crear el perfil del secuestrador, van a llevar el peso de la historia. Pero se produce un cambio. El propio lector empatizará con el terrorista y los demás personajes se desdibujarán. Virgil Solal se convertirá en el centro del mundo.

Impacto tiene todas las características del thriller. Es una novela con un ritmo muy rápido, los giros de guion se suceden a lo largo de toda la trama, el tema que se trata toca de cerca a todos los que se acercan a la novela, los traumas del pasado de los personajes tienen importancia en el momento actual. Pero, sin embargo, En Impacto, los lectores que empiezan empatizando con la policía, pronto se pone del lado del terrorista. Sus reivindicaciones son mucho más lógicas que el sistema que intenta atraparlo y quiere que Solal llegue hasta el final.

Pero hasta que os leáis el libro no descubriréis si Virgil llevará a cabo sus amenazas. Tenéis que leerlo.

Nº de páginas: 296
Editorial: PLATAFORMA
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788418582417
Año de edición: 2021
Fecha de lanzamiento: 05/05/2021


viernes, 11 de junio de 2021

La muerte en un naipe, de Jimena Tierra. Un asesino que quería ser un héroe

Almudena Natalías.


La editorial Al revés empezó a publicar en 2018 la colección Sin ficción, dirigida por Marta Robles. En SalamandraNegra.com nos hemos hecho eco de varias de ellas, porque somos muy aficionados al llamado True Crime que trata, desde el punto de vista de personas relacionadas con el delito narrado, los crímenes más conocidos en España. Cazaré al monstruo por ti, de Manu Marlasca, Desmontando el crimen perfecto de Maika Navarro, Los ratones de dios, de Luis Rendueles, han sido reseñadas ya en el blog. 

En esta ocasión voy a hablaros de La muerte en un naipe en la que Jimena Tierra nos relata, de manera totalmente objetiva, los crímenes y la investigación que se realizó para capturar a un asesino que atemorizó a la Comunidad de Madrid en los años 2000. 

Alfredo Galán Sotillo, el Asesino de la Baraja, quería ser un héroe y para eso se alistó en las Fuerzas Armadas. Primero fue enviado a Bosnia con los cascos azules. Cuándo se encontró realizando tareas humanitarias empezó a darse cuenta de que el ejército no era lo que él pensaba. Al regresar a España tampoco encontró las misión que lo convertiría en un héroe. Fue enviado  a limpiar el chapapote que llegaba a las costas gallegas cuando ocurrió el desastre del Prestige y, en un arranque de ira, abandonó el ejército. 

Lo siguiente que sabemos de él es el crimen de la portería de la calle Alonso Cano. Galán Sotillo asesinó al conserje en el domicilio de éste, junto a su hijo de dos años. Los investigadores creen en principio que se trata un ajuste de cuentas. El asesino ha actuado como un profesional y no se ha llevado nada de la casa. Apenas 11 días después, en la Alameda de Osuna de Madrid, un trabajador del aeropuerto es asesinado en una parada de autobús, en la escena del crimen aparece un naipe. Durante el día siguiente Galán Sotillo se traslada a Alcalá de Henares y en un bar asesina a dos personas y deja herida grave a la dueña del negocio. La policía no vincula los tres sucesos. El 7 de marzo, en la localidad de Tres Cantos, dos jóvenes son disparados por Galán que se va sin acabar el trabajo. Antes de irse arroja el 2 de copas. A partir de ahí la policía empieza a buscar al Asesino de la Baraja, ya tiene nombre. El 18 de marzo conduce hacia Arganda del Rey hasta encontrar a una pareja en un descampado. Los dispara a ambos y lanza el 3 y 4 de copas. La histeria en Madrid es total. La policía no sabe dónde buscar, sólo sabe que los crímenes están todos relacionados por el arma, una Tokarev, que Galán trajo de Bosnia. El 3 de julio Galán Sotillo se presenta totalmente borracho en la comisaría de Puertollano reconociendo la autoría de los crímenes. En esta comisaría se produce una escena que sería cómica si no hubiera víctimas detrás.


—Me he entregado aquí, porque estaba aquí, en Puertollano... Pero yo soy el Asesino de la Baraja. Asesinaba a la gente porque era fácil, y podía haber seguido matando hasta que quisiera parar. De hecho, me he entregado porque estaba cansado de la ineficacia policial. 

Jimena Tierra, de manera totalmente aséptica, va desgranando los crímenes y la investigación que llevó a Alfredo galán a la cárcel. En La muerte en un naipe se mezclan citas del propio asesino con fragmentos de la investigación que se realizó y fragmentos del juicio. Jimena Tierra se convierte así en una cirujana que, con pulso firme, disecciona la historia de este asesino en serie. Quizás se echa en falta algo de sentimiento, pero como la gran documentalista que Jimena es, entiendo que lo que busca es la total objetividad. 

Lo que sí que deja claro la autora es la total frialdad del asesino, su falta de empatía y la ausencia de escrúpulos de un tipo que lo único que quiere es cometer una hazaña que, para él es gloriosa pero que para el resto de la humanidad es repugnante. 

No dejéis de leer La muerte en un naipe si recordáis el año en el que toda España buscaba al Asesino de la Baraja. Si no lo recordáis, inevitablemente tenéis que leerla.

Nº de páginas: 230
Editorial: ALREVES
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788417847982
Año de edición: 2021
Plaza de edición: ES
Fecha de lanzamiento: 07/04/2021




 


viernes, 4 de junio de 2021

El reino, de Jo Nesbo. Una tragedia que es un thriller sangriento

 

Maya Velasco.

El reino, la última novela de Jo Nesbo es para mí, sin duda la mejor. Y esto es mucho decir cuando todo el que me conozca sabe que estoy irremediablemente enamorada de Harry Hole. O de Harry Hole y Jo Nesbo, porque para mi son la misma persona.

Una historia con reminiscencias de la bíblica de Caín y Abel. Una familia con dos hijos que vive en lo alto de una montaña, en una población pequeña de Noruega. La familia Opgard, en apariencia feliz, pero en la que desde el principio se intuyen dramas ocultos en el fondo del armario

Los padres mueren en un accidente de coche y el hermano menor, Carl, parte a estudiar a Estados unidos. Roy, el más tímido, el mayor, queda cuidando la granja y las tierras además de trabajar en una gasolinera. A los quince años, Carl vuelve con Shannon, arquitecta, culta, atractiva, para ofrecer a toda la comunidad el negocio de sus vidas: un hotel en las montañas. Y aquí se desata el pandemónium.

Como ya hemos visto en las obras de Nesbo que no forman parte de la saga de Hole, se narra en primera persona, es Roy quien nos cuenta todo lo que pasa, a veces ocultando y a veces descubriendo. Los personajes de El reino muestran la madurez narrativa de Nesbo: son personajes completos.

Roy es el hermano mayor que siempre ha sacado de todos los apuros a Carl. Se ha peleado con medio pueblo por él, le ha cuidado, le ha dado dinero, le ha querido sin límites. Es un hombre solitario, casi antipático para el resto de la comunidad y de pronto, vuelve Carl, el hijo pródigo, el simpático, el guapo, el exitoso, aquel del que se enamoran todas las chicas y Roy se ve obligado a retomar su papel de protector: “La familia es lo primero. Para bien y para mal. Por delante del resto de la humanidad”. Y esa es la tragedia de Roy.

Porque El reino termina siendo una auténtica tragedia, un thriller sangriento. Nesbo huye una vez más de las grandes ciudades para desarrollar esta tragedia en una comunidad pequeña, llena de secretos odios, secretas venganzas, un pasado secreto que sigue latiendo a cada instante. Nada se olvida. Todo sigue presente, sobre todo el empeño del policía, Kurt Olsen, que, desde que desapareció su padre, no para de buscar la verdad sobre los sucesos del pasado. Claro, que tendrá que ocuparse también de los del presente.

Nesbo construye como nadie un ambiente cargado de nubes y de tormentas, físicas y psíquicas, un ambiente opresivo que ahoga a los personajes en cada rincón, curvas que conducen a la muerte, luces de freno que nunca se apagan, hielo que resbala, frío que cala hasta el alma.

En El reino encontramos el mismo fondo de todas las novelas de Nesbo: la tragedia humana de la lucha entre el bien y el mal. Personas que sufren, que toman una decisión, acertada o no, que tendrá consecuencias para todos. En este caso, la trama estrella es la familia, sus virtudes e inconvenientes, los secretos que duelen para siempre, la lealtad a cualquier precio, incluso si nos hace daño. Porque Roy desde pequeño, tiene que cargar con una mochila muy, muy pesada. Sufre por ser el menos querido por sus padres, por sus vecinos, por las mujeres.

Para mí, esta es sin duda la mejor novela de Jo Nesbo. Compleja, adictiva, con personajes bien construidos, potentes, excelentes diálogos, excelente trama. Qué más decir.

Nº de páginas: 624
Editorial: RESERVOIR BOOKS
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788418052033
Año de edición: 2021
Plaza de edición: ES
Fecha de lanzamiento: 06/05/2021

viernes, 28 de mayo de 2021

Panza de burro, de Andrea Abreu. Un cuento para adultos protagonizado por dos niñas

 Almudena Natalías


La expresión Panza de burro  denomina a un fenómeno meteorológico que ocurre en el norte de casi todas las Islas Canarias que consiste en una acumulación de nubes bajas que en los meses de verano actúan como pantalla solar y que dan una sensación fresca. Pero Panza de burro (Barrett, 2020) es también la primera novela de Andrea Abreu, una novela que se ha convertido en el fenómeno editorial del año, y con razón.

En Panza de burro se desarrollan unos años en la vida de dos niñas de 10 u 11 años en un barrio de Tenerife que queda lejos de mar. En este barrio, la protagonista y su admirada amiga Isora despiertan juntas a la adolescencia, a la sexualidad, a la amistad y al dolor. La protagonista siente una profunda adoración por su amiga Isora. Ella vive todo a través de esta amistad, es feliz cuando su amiga lo es, siente dolor cuando Isolda está triste, es débil cuando Isolda se ríe de ella…

Para que leyerais Panza de burro podría hablaros del lenguaje de esta historia, de la musicalidad, del ritmo de las frases, de que hay fragmentos que leerlos en alto es como recitar una poesía, que la forma de narrar recuerda la literatura oral latinoamericana, pero lo único de lo que voy a hablar es de la forma de narrar la amistad de dos niñas cuyo único objetivo es llegar al mar.


En los años 2000 en un barrio obrero de canarias viven dos niñas que son amigas. La protagonista tiene a Isora como su único referente, es más, como el centro de su universo. Cuando crecemos dejamos de mirar dentro de la familia y queremos parecernos a nuestra mejor amiga. Eso es lo que le pasa a esta niña. Isora lo sabe porque, aparentemente, es más fuerte y mucho más segura de sí misma, pero algo pasa y la protagonista empieza a ver el mundo desde otra óptica. Ya se hace sus propias preguntas y los papeles empiezan a cambiar.

"Por lo general a todo el mundo le gustaba más Isora que yo: porque era más alpispa, más echadita palante, tenía más sangre y más labia. Sabía cómo hablar con la gente vieja y con la joven también, y yo no."

La historia es un cuento para adultos protagonizado casi exclusivamente por mujeres, las niñas y sus abuelas, en el que la naturaleza forma parte de la historia. El bosque, las nubes, el mar y la isla, la naturaleza es un personaje más.



Andrea Abreu, con su primera novela, ha conseguido escribir un libro original, una historia que te hace pensar, un relato que combina momentos muy duros con otros que te hacen sonreír pero lo hace con la cadencia del mar, casi sin que nos demos cuenta. No podéis dejar de leer Panza de burro.



viernes, 21 de mayo de 2021

Los buenos hijos, de Rosa Ribas. Literatura con mayúsculas

Manu López Marañón.


Rosa Ribas nació en 1963 en El Prat de Llobregat (Barcelona). Tras estudiar Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona y doctorarse, se trasladó a Alemania. Allí ha desarrollado una intensa labor como docente y autora. Su comisaria Waber-Tejedor ha protagonizado una saga de éxito pronto traducida al alemán. En colaboración con Sabine Hofmann, Rosa Ribas pone a andar a la reportera Ana Martí, que soluciona casos en la España de los años cincuenta: una negrísima trilogía que arranca en 2007 con «Don de lenguas» y cierra «Azul marino». Siguiendo en la órbita del género negro esta autora ha creado a los Hernández, una familia de detectives de Sant Andreu dedicada a investigaciones de todo tipo. El primer título de la nueva trilogía fue «Un asunto demasiado familiar» (Tusquets, 2019) a la que sigue esta «Los buenos hijos» que hoy presentamos en SalamandraNegra.com

Voy a ser polémico. Novelistas como James Cain, Dashiell Hammett y Raymond Chandler, cumbres de la novela policiaca norteamericana, a mí no me parecen grandes escritores. A ver: ¿cómo serlo, si ellos representan la forma extrema de un repudio consciente –o inconsciente– de la literatura? De entrada está su intensa necesidad de tirar el lenguaje por la borda; en sus novelas abunda el insulto, la obscenidad verbal, el uso abusivo del slang: manifestaciones de maltrato a la palabra en cuanto esta tiene de alusión al pensamiento y el sentimiento. Asistimos a un proceso de deliberada degradación del lenguaje, y, si bien es cierto que no pueden suprimirlo, este queda reducido al máximo. Es lo primero que siento con tales autores de culto.

Lo paradójico es que este lenguaje tan rebajado se venga de los Hammett y compañía porque hay momentos donde lo narrado está tan logrado como pura acción que se deshumaniza en un exceso de verismo similar al de las peleas cinematográficas (que son el colmo de lo ilusorio). Con estos escritores la novela llega a un punto extremo. Buscando eliminar intermediarios verbales sirve hechos puros; pero es que no hay hechos puros. Entre lo que sucede y los lectores debe existir un mínimo de lenguaje y aquí apenas hallo el necesario para que «lo novelístico» pueda desarrollarse y no resulte incomprensible (que es lo que la mayoría de las veces ocurre). ¿Por qué el escritor negro norteamericano se niega a describir? Porque eso, evidentemente, daría ventaja al lenguaje y ellos buscan justo lo contrario: usarlo en dosis ínfimas. No sé a vosotros pero a mí esta manera de tratar una historia me resulta irreal, difícil de seguir. Creo no estar a la altura.

No conforme con lo apuntado, estos autores rehúsan a emplear las conquistas de la novela psicológica. Escogen una trama novelesca digamos «de piel para afuera». Los personajes de un Hammett no piensan verbalmente: actúan. En sus libros en vano busco la menor reflexión, el más primario pensamiento, la más leve anotación de un gesto interior, de un móvil. Encuentro asombroso que muchas novelas suyas (también las de Chandler) estén escritas en primera persona, la persona confidencial por excelencia.

Esta novelística pretende coexistir con su lector en un grado que antes, ciertamente, jamás se había intentado. Por fría e impenetrable me aleja del misterio que debe encerrar cualquier forma de literatura entendida como arte. Si las obras de estos norteamericanos resultaron originales fue porque en ellas los detectives se enfrentaban a sus criminales con iguales armas: la mentira, la traición y la violencia. Que la novela policiaca bajara de las alturas estéticas a la que la había llevado Conan Doyle para situarse, desde entonces, en un plano de turbia y directa humanidad fue una benéfica consecuencia para el género. Leídas hoy, esas endebles narraciones tienen en ese descenso al duro y sucio suelo su más perdurable logro.


 

                                                   La primera parte de la saga familiar de los Hernández.


Por resultar casi lo contrario a esas insuficiencias que detecto en los creadores de novela policíaca norteamericana (y en muchísimo mayor grado sobre su infinita legión de miméticos seguidores por cualquier parte del ancho mundo), hace un par de años disfrutamos enormemente con «Un asunto demasiado familiar» inicio de la nueva trilogía de Rosa Ribas que continúa, sin desfallecer en contundencia narrativa, con las historias de «Los buenos hijos». Acontecen estas durante el invierno de 2017, año del masivo atropello en las Ramblas.

La autora vuelve a emplearse a fondo para trabajar la psicología de los Hernández. Al principio sobre los más perfilados durante aquella primera parte: el pater familias Mateo, arrojado fundador de la agencia Hernández detectives, y Lola, la madre alcohólica aquejada por demencias periódicas, dueña de un afilado instinto para detectar la maldad. Sobre Mateo Hernández se dice:

«Las novelas y las películas dicen que los detectives no deben casarse y, aún menos, tener hijos porque se ablandan. No era cierto, su familia, su afán por cuidar de ella habían canalizado el salvajismo de su juventud, lo había hecho sólido, quizás duro. Los que ablandaban el cuerpo y el espíritu eran los años y los achaques».

Pero Rosa Ribas enseguida va a profundizar en los tres hijos del matrimonio: Marc, malcasado, acomplejado, bebedor en exceso, buscando reivindicarse desde las brillantes –y arriesgadas– soluciones de sus casos; Nora, la hija mayor, viuda reciente (se culpa de la muerte de su marido) y enciclopedia viviente de la familia Hernández, quien, tras retornar al hogar hace un mes después de mucho tiempo sin dar señales de vida, oculta a padres y hermano dónde ha estado. El secreto solo lo comparte con Amalia, la otra hija de la familia que se ha ido ya a vivir con Daniel Ayala (fiel colaborador en esos trabajos «bajo mano» que le permiten al padre pagar los sueldos a sus hijos). Amalia se siente al margen de las otras mujeres de la familia (su madre, la tía Claudia, Nora…). Ella no es tan «rara» como las Obiols. Su análisis, más cerebral, permite observaciones de esta enjundia a la omnisciente narradora:


«En su casa nada iba a cambiar; era ella la que tenía que hacerlo. Sus padres eran un planeta autónomo, que se podía visitar pero no colonizar. No es deber de los hijos cambiar a los padres, es un esfuerzo inútil que atenta contra la naturaleza».


De estos retratos no quedan fuera secundarios de peso como la tía Claudia, gata humana siempre al cuidado de las flores de ese jardín donde vive, u otros ayudantes de la entera confianza de Mateo: su ex compañero de instituto, el gitano Heredia, o Arsenio, ese armario humano que nos recuerda a Maciste.

En «Los buenos hijos» tenemos un collage de casos «menores» que van turnándose durante los capítulos (infidelidades, despido de incompetentes, traiciones a socios de empresa, desapariciones…), y que resultan, para cualquier agencia detectivesca, su pan nuestro de cada día. Con ellos casi como excusa, Rosa Ribas se centra en lo que parece motivarle más: la vida de esta familia de Sant Andreu, una familia de clase media casi arquetípica, pero con aspiraciones y desvelos especiales. Así, los esmerados cuidados farmacéuticos con su mujer (que la evitan de ingresar en un psiquiátrico) o sus empeños hacia los hijos (más centrados sobre la conflictiva Nora) resaltan el lado paterno del mandamás de la agencia. No solo la inevitable competitividad entre jóvenes a la hora de sacar adelante los casos asignados, también el trato hogareño, producto de la jerarquía, y la relación de cada hermano con sus padres conforman las variopintas personalidades de estos tres hijos buenos.

Sumando deseos y motivaciones (de progenitores y retoños) Ribas nos enseña cómo lograr que unos personajes ficticios crezcan y maduren. En todos sin excepción encontramos –bien removidos– sentimientos, complejos de culpa, impotencias, resquemores, angustias… Gracias a esta mezcla tan real que caracteriza a cotidianeidad de la vida se respira verdad, humanidad. Estamos ante seres de carne y hueso, no ante monigotes de guiñol (y no miro a nadie...)

Tanto las investigaciones que tienen como escenarios al propio barrio de Sant Andreu y a los colindantes de Las Navas y La Sagrera, como las que requieren desplazamientos a Barcelona (desde el Guinardó hasta la rambla santa Mónica –donde bandas organizadas de camellos pelean por su demarcación–), vienen bien escenificadas gracias al lenguaje empleado. Su capacidad evocadora a la hora de captar ambientes y los diversos matices del habla son transpuestos, a la perfección, por el finísimo oído de Rosa Ribas, quien, residiendo en Frankfurt, parece tener siempre a mano su ciudad natal. La novelista de El Prat describe gustándose y para presentar las situaciones usa a conveniencia los paisajes urbanos, huyendo de esa escritura sintética que demanda el guion.

El suicidio de una adolescente de catorce años (presentado en la página 86 con la llegada de sus atribulados padres a la agencia) acaba por convertirse en prioritario para «Los buenos hijos»: es el caso que requerirá la intervención de la familia al completo y de todos sus colaboradores. Las arriesgadas pesquisas de una red de prostitución de menores acarrean una situación dramática haciendo que la novela pegue un formidable giro en su tercera parte. Los Hernández se apiñan entonces para coordinarse de forma urgente y expedita.

Hemos entrado de lleno en los terrenos de la acción. Pero una acción siempre «de piel para adentro». Al contrario de los autores citados, en esta novela de Rosa Ribas a la violencia la acompañan reflexiones graves de padres e hijos sobre su presente y pasado; también surgen debates morales (sobre todo por parte de Nora) a la hora de dilucidar si actúan bien o mal… Y es que, por mucho que los sentimientos negativos aniden en lo más íntimo, estamos ante seres humanos, no ante frías y descerebradas máquinas de disparar balas. La novela rompe el ritmo sosegado, gracias al cual se nos ponía al tanto de complicados problemas familiares y, desde ese momento tremendo que genera el profundo corte –cualquier lector se electrizará–, alcanza una sinuosa rapidez para barajar soluciones que necesitan mucha habilidad y fuerza bruta.

El empleo de la tercera persona permite saltar capítulo a capítulo entre tantos personajes, y más todavía desde el instante en que llega esa hora trascendental (no solo para la familia, también para la agencia) en que se reparten peliagudos cometidos entre miembros y colaboradores. Está mucho en juego. Todos lo saben. Nadie puede fallar.

Con «Los buenos hijos» Rosa Ribas vuelve a sacar brillo a un género casi exhausto. Y usando las armas que tantos autores policiacos han decidido desechar, ellos sabrán porqué (sospechamos que por una asumida carencia de talento): primero, la capacidad psicológica para construir a sus personajes (personas habría que decir aquí) y, después, un lenguaje que huye de cualquier esquematismo reduccionista. Solo cuando se logra semejante mixtura se compromete al lector en un presente no alejado de las vicisitudes humanas.

Esta nueva entrega de la saga familiar de los Hernández hace que la novela policiaca está de enhorabuena. La gran literatura también. No se la pierdan.


ENTREVISTA CON ROSA RIBAS:

Ya en la primera parte de la trilogía de los Hernández me llamó la atención cómo, viviendo desde hace tanto en Alemania, consiguieras una palpitante recreación de los barrios periféricos de Barcelona. En «Los buenos hijos» a Sant Andreu se unen localidades similares (Las Navas y La Sagrera), pero esta vez también aparecen las Ramblas, concretamente esa de Santa Mónica donde estatuas vivientes cada día más sofisticadas (como esta tuya de las tres cabezas) y bandas de lateros pugnan por hacerse con el dinero de los paseantes.

James Joyce pasó la mayor parte de su vida adulta fuera de Irlanda, pero su universo literario se encuentra fuertemente enraizado en Dublín, la ciudad que provee a sus obras de escenarios, ambientes, personajes y materia narrativa. 

¿Escribes desde Frankfurt sobre Barcelona sin necesidad de viajes, o, por el contrario, vuelas hasta allí para captar el ambiente y los datos necesarios para que tus novelas consigan su ajustado punto de color local?

ROSA RIBAS: Antes de la pandemia viajaba con relativa frecuencia a Barcelona, pero tengo que admitir que estas novelas las he escrito desde la necesidad de revivir la ciudad desde la lejanía. Llevo treinta años en Alemania. Y, cuando empecé esta serie la posibilidad de volver era un plan remoto. Ahora, justo cuando sale la segunda publicada, hemos decidido volver, pero cuando escribí «Un asunto demasiado familiar» todavía no lo sabía y, tanto durante el proceso de escritura de esta como de «Los buenos hijos», era mi forma de viajar y vivir en la ciudad. 

Escribir desde Frankfurt, por otro lado, también me otorga perspectiva. Aunque las ciudades están en un proceso continuo de transformación, no son cambios tan rápidos y, además, por el hecho de vivir fuera, los puedes distinguir mejor, ya que quienes están inmersos en su día a día lo viven de manera paulatina.


Quizá porque los tiras y aflojas del matrimonio Hernández (Mateo y Lola) quedaban presentados en «Una historia demasiado familiar», en esta segunda parte de la trilogía profundizas en los hijos: Marc, Nora y Amalia. Creo que es Marc el hermano que más crece en «Los buenos hijos»; de ser el personaje con personalidad más diluida en «Un asunto demasiado familiar» pasa a convertirse en otro, lleno de vigor, y en permanente tensión laboral para reivindicarse como investigador frente a sus dos hermanas, tan listas ellas. Ello resulta aún más meritorio teniendo un problema serio con la bebida y estando siempre pendiente de un hilo la fidelidad de su mujer (Alicia).

¿Cómo consigues avanzar tanto con Marc; qué le has dado?

RR: En la primera novela Marc nos parece más gris porque es más gris. Marc siente que tiene que reivindicarse como el hijo que él cree que su padre desea que sea, aprovechando incluso la ausencia de Nora, que siempre le hace sombra. Su necesidad de ganarse ese lugar aumenta en «Los buenos hijos» porque ahora ha vuelto Nora. Ella es la que parecer cumplir con creces con las expectativas paternas, lo que para Marc representa un problema. Él se siente demasiado «hermano mediano» emparedado entre dos hermanas más brillantes, cada una a su manera. Este conflicto ya estaba apuntado en «Un asunto demasiado familiar» y explota en «Los buenos hijos», donde será el motor de sus acciones.

De entre toda la variedad de psicologías que nos ofrecen los Hernández, ¿son la madre –Lola– y su hijo –Marc– quienes mayor trabajo te dan desde el punto de vista creativo?

RR: Muy cierto, son los dos más difíciles, si bien por razones diferentes. No se trata sólo de sus personalidades, sino también del modo en que aparecen en la novela. Con Marc, que tiene una perspectiva propia, hay un juego constante entre su visión del mundo y de sí mismo y cómo es visto por los demás. En esa discrepancia apreciamos mucho mejor su conflicto interno y sus razones.

Lola es un personaje muy complejo y oscuro, al que en la novela no le he dado una perspectiva propia. A Lola la conocemos por sus actos y palabras, la vemos a través de la mirada de los demás. Nunca entramos en su cabeza. Y creo que es mejor no hacerlo.

Gracias a que comparte el secreto con Amalia, los lectores llegamos a saber dónde ha pasado Nora esos cuatro meses que estuvo desaparecida…

¿No te parece algo injusto que el resto de la familia siga sin conocer ese dato cuando es algo que los mortifica (sobre todo al padre)? ¿Tan necesario has encontrado mantenerlo guardado?

RR: Sí, porque lo que ellas guardan es destructivo. O por lo menos ambas creen que podría serlo. Por eso callan. Quizás si hablaran, el efecto no sería tan tremendo como suponen, pero con los secretos, con el conocimiento en general, no hay vuelta atrás. Una vez se sabe algo, no se puede dejar de saber a voluntad, no se puede borrar. La revelación es irreversible. Por eso no pueden arriesgarse y aceptan que la consecuencia de su silencio es que sus padres sufran.

El tema de los secretos y de las razones que llevan a la gente a guardarlos recorre toda la novela. ¿Por qué le ocultamos tantas cosas a la gente que queremos y qué nos quiere? ¿Por qué los hijos mienten a los padres y los padres a los hijos? A veces para protegernos, para proteger la imagen que queremos que los otros tengan, para no decepcionarlos, para no perder su afecto… Son tantas las razones que, finalmente, acabamos tejiendo redes complejas de mentiras y secretos. 

Nora, por mucho que discuta ferozmente con su madre, sabe que es una Obiols de los pies a la cabeza, algo que le preocupa porque no quiere terminar como ella ni tampoco como su tía Claudia. Amalia, la hija pequeña, aunque se siente –y es– mucho más Hernández, teme también que un día le alcance el ramalazo materno. Curiosamente en la completa locura que supone el desenlace resulta ser Nora la que más muestras de sensatez da frente a –por ejemplo– una desmelenada Amalia…

¿El gen Obiols no respeta a nadie de esta familia? ¿Acabarán perturbadas todas sus mujeres?

RR: Nora, por su pasado, por todo lo que ha hecho, es la que más ha reflexionado sobre por qué son como son las mujeres de esta familia. Incluso ha intentado curarse o, por lo menos, repararse.

Por eso, cuando la máquina terrible en la que se convierte la familia al final de la novela se desboca, ella, en un momento de lucidez, intenta detenerla. Amalia, en cambio, a pesar de tener una personalidad más pragmática y sensata, se deja llevar por esa espiral, pero lo hace a su manera. Amalia se parece más a su padre, es más «física».

Respecto a cómo acabarán, es un secreto que se irá desvelando en las siguientes novelas. 

Cuando la acción se desata en «Los buenos hijos», obligando a familia y colaboradores de confianza (Daniel Ayala, Heredia, Arsenio) a moverse de manera ensamblada, lo que otro escritor podría haber convertido en un sangriento carrusel tú prefieres poner el freno gracias a esa barrera que resulta ser la conciencia. 

¿Has querido lanzar un mensaje tranquilizador sobre la capacidad del ser humano para no traspasar ciertos límites?

RR: Mi idea era que los personajes se comportasen con coherencia. Ponerlos a prueba para ver hasta dónde eran capaces de llegar. Y llegan muy lejos. Ya vemos en otras situaciones, sobre todo en el caso de Mateo, que se mueven con relativa facilidad a un lado y a otro de las líneas rojas entre la legalidad y la ilegalidad. Pero en lo que sucede al final de la novela se trata ya de traspasar fronteras sin retorno, de ahí tengan muchas dudas y se planteen conflictos morales.

Por otro lado, no creo que haya un mensaje tranquilizador en la novela, puesto que nos encontramos también con personas que no muestran el más mínimo reparo en maltratar o abusar de otros sin que les importe el dolor que les causan.

Debido al ritmo un tanto pausado que llevaba tu libro, pocos adivinamos la dinámica en la que entra a partir de la tercera parte.

¿Asumiste mientras lo escribías que semejante cambio de registro iba a descolocar?

RR: Más bien caí en la cuenta al terminar. Mientras escribo procuro no pensar en estas cosas porque pueden tener un efecto inhibidor. Los lectores están presentes en cuanto que quiero que la historia sea aprehensible –la escritura es un acto de comunicación–, pero no puedo plantearme si cumplo o no con determinadas expectativas porque eso significaría perder la libertad, sería como dibujar con plantilla o rellenar esos dibujos donde los números de indican qué color toca, el 1 es el amarillo, el 2 el rojo…

Ya oigo a tanto pésimo lector quejándose porque las hostias tarden tanto en repartirse… 

¿No temes que ante la intensidad de las últimas 100 páginas habrá quienes consideren a las otras (por otra parte, maravillosas) 270 casi un tiempo muerto?

RR: Sin las primeras páginas, las últimas 100 no tienen sentido. Lo que pasa allí está sembrado al principio. Se está preparando desde la primera línea. Todos los elementos están ahí para que el lector se sumerja en las páginas finales entendiendo por qué tenían que ser como son. Sin ese arranque más pausado, no se justifica la intensidad final.

Si queremos decirlo de un modo más rudo: no se trata de la cantidad de hostias, sino de su calidad. Aquí cuando llegan, llegan bien dadas

Sé que no es tu público, pero…

¿Qué le dirías al consumidor habitual de thrillers e investigaciones criminales para intentar convencerlo de que –por una santa vez– lo intente con una novela negra que no atenta de forma lesiva contra la literatura?

RR: No sé. Soy una pésima vendedora. Se me ocurre recomendarles que se lean tu reseña.

No voy a preguntar nada sobre la entrega que cerrará esta apasionante e imprescindible trilogía porque sé lo que vas a contestar. Pero por lo menos a ver si puedes desvelar algo a los lectores de Salamandra Negra…

¿Cuándo tienes previsto que aparezca el tercer y último libro dedicado a la familia Hernández? Y una última cosa… ¿No te da dolor tener que despedir a esta galería de personajes que tanto aportan literariamente?

RR: Mucho. A mí me cuesta mucho dejar a los personajes, por eso, aunque no me lo propongo de entrada –aquí tampoco fue el caso–, acabo escribiendo series. Y respecto a este tema, ya se me escapó una pista al responder a otra de tus preguntas, porque acabo de ver que he escrito «las siguientes novelas», así, en plural. De modo que, ya ves, tal vez no sea una trilogía… 

Respecto a cuándo aparecerá el próximo libro de la serie –ya no lo llamo el último–, no te puedo decir nada porque no lo sé. Ahora estoy terminando una novela que no es de la serie y después me pondré de inmediato con la nueva de los Hernández. Ya se está perfilando en mi cabeza. Tengo muchas ganas de reencontrarme con los personajes, como te puedes imaginar.