viernes, 16 de abril de 2021

En lo profundo de la noche, de J.A. Beckett y Daniel L. Hawk. El tratamiento modélico de la violencia

Manu López Marañón.

La coyunda autoral entre el filósofo y escritor J.A. Beckett (Granada, 1968) con el disc jockey, diseñador gráfico y miembro de un gabinete jurídico, Daniel L. Hawk (Sevilla, 1969), ha incrementado su prole literaria. Protagonizada por el detective David Abaco, bebedor compulsivo y amante del blues como primera seña de identidad, y desnortado sin remedio («siempre perdido, buscando una salida en ese mundo oscuro y vacío») como segunda, esta saga de thrillers con elementos policíacos atraviesa su gran momento. A «Entre las hojas muertas» y «Loft. La muerte sabe a Blues», se añadió, hace un par de años, «Perdición: el asesino de la Polaroid» (editada por PG editores –y ya reseñada en Salamandra Negra–). Con la cuarta entrega, «En lo más profundo de la noche», mis autores noir favoritos desembarcan en la Colección Solo Novela Negra, de igual nombre que la revista que ambos dirigen: Solo Novela Negra.


Para que el lector no se fatigue con la incesante presencia de un detective desmadejando un asesinato se requiere de aquel una personalidad capaz de superar el creciente tedio de las visitas, los interrogatorios y las decepciones que, habitualmente, suelen surgir de un misterio que termina siendo mediocre. Todo esto vuelven a superarlo, y con creces, Beckett y Hawk en «En lo más profundo de la noche».


Su detective David Abaco se nos presenta rodado y con una personalidad configurada. Vuelve a hechizar a sus lectores con su efectiva mezcla de impúdico pesimismo y férrea voluntad por salir adelante en esa vida –más bien perra– que arrastra, y de la que no parece poder (¿querer?) salir. Ejemplos del primer ingrediente de la mixtura los tenemos en varias perlas negras, confituradas a lo largo de la novela. Esta misma puede valer:


«Odio. Odio todo lo que soy, odio todo lo que de humano invade mi vida. Odio porque la tierra no merece tener a un solo hombre sobre ella, porque lo mejor que le puede pasar a este universo es que desaparezcamos en la nada más absoluta, que dejemos de ser lo que somos para convertirnos en fósiles, antiguos restos de una vida que nadie pueda conseguir rescatar del olvido».


El segundo ingrediente, su arrojo a prueba de balazos a quemarropa y afilados cuchillos, es el que Abaco despliega para demostrar su inocencia en el crimen cometido sobre la persona de Dana, una escort rubia de altos tacones y falda estrecha que aparece, cual lasciva epifanía, en el Perdición: local favorito del detective, casi su omphalos (ombligo o lugar de nacimiento, pero también centro cósmico). Un pub en el que, ya sabemos por otras novelas de la saga, él colma su doble e insaciable sed: la del blues y la más tóxica del bourbon.


«La guitarra elevaba las notas impregnando cada rincón del Perdición de una tristeza infinita. Esa tristeza que despierta la vida y que te ayuda a pensar lo solo y perdido que te encuentras en las noches profundas como aquella».


Tras ese impensable ligue con la rubia cañón (hasta dudamos sea producto de alguna alucinación), al despertar tras una noche apasionada, Abaco la encuentra en su bañera, salpicada de sangre, convirtiéndose en el único sospechoso de esa muerte por hallarse el apartamento cerrado desde dentro.


En «En lo más profundo de la noche» David Abaco vuelve a interesarnos con la fuerza que lo logran los héroes chandlerianos o hammettianos. De ambos toma rasgos: al pesimismo y voluntad ya apuntados se añade su despreocupada, en ocasiones temeraria –casi suicida– actitud a la hora de investigar…, además de beber en cantidad parecida a la del Nick Charles en The thin man. Con semejantes aditamentos el protagonista de la saga de Beckett y Hawk entra en el ranking de la escuela americana de la novela policial.


Las novelas paridas por este insólito tándem de escritores andaluces ofrecen un premio añadido al «pagar» a sus lectores horas de turismo en ignotas ciudades, de no gran tamaño, norteamericanas. No es poco conocer de primera mano el ritmo de vida, las aficiones y manías, los horizontes de los americanos, aquí mayoritariamente de clase media. Gracias a este paisanaje magistralmente descrito y movido, el lector reposa, a ratos, de la ansiedad del «¿quién fue?» fomentada por unos siempre vibrantes montajes narrativos. En este caso, las figuras de médicos, enfermeras, escorts o sacerdotes –por no hablar del equipo de investigación (junto a David Abaco repiten el teniente Porto y el sargento Lister)–; toda esta galería de un mundo bien lejano (pero reconocible gracias a la literatura y el cine) proporciona a «En lo más profundo de la noche» buenas dosis de desahogo y legítimo entretenimiento.

                                      La revista que codirigen los autores Daniel L. Hawk y J.A. Beckett

Con los crímenes rituales de familias enteras, cometidos por un psicópata convencido de encarnar a un ángel vengador para realizar la misión de Dios en la Tierra, la cuarta entrega de la saga de David Abaco entra en una imparable dinámica en la que brilla la capacidad de sacrificio, llevada al límite, de nuestro arrojado detective. Con menos protagonismo que en «Perdición: el asesino de la Polaroid», Porto y Lister aguantan bien un segundo plano, matizados por el cegador duelo –de proporciones épicas– que van a protagonizar Abaco y el inductor de las matanzas, un viejo conocido del detective (y también de quienes seguimos la saga).


Cada uno tiene sus referencias lectoras, y a mí, por intensidad y violencia, este inolvidable téte à téte, con vencedor y vencido, que arranca en el capítulo [22] (impresionante, se lee con el aliento entrecortado: lo mejor del libro) y finaliza en el [32], a bordo de un barco, me retrotrae al enfrentamiento entre dos personajes míticos de la literatura universal: Sherlock Holmes y su antagonista, el ex catedrático de matemáticas James Moriarty. Una prolongada brega la suya a lo largo del tiempo cuyo desenlace sigue dejándonos helados. No tan alargada temporalmente, más concentrada también en el espacio, Abaco y su enconado rival pelean compitiendo en odio y usando todos los medios disponibles a su alcance.


Quedan dos capítulos (el [33] y el [34]) para atar los cabos de «En lo más profundo de la noche», algo que Beckett y Hawk realizan con su solvencia habitual. La que viene siendo una grandísima saga que revitaliza el mustio thriller nacional ha quedado limpia de polvo y paja para su nueva –y ya esperadísima– nueva entrega.


«Todos tenemos una noche en la que nos sentimos perdidos. Todos tenemos una noche en la que los lobos de la vida nos devoran poco a poco, donde no hay piedad ni perdón para el perdedor. Todos hemos pasado por ese camino plagado de espinas que acaban clavándose en el corazón».


ENTREVISTA CON DANIEL L. HAWK y J.A. BECKETT:


En «En lo más profundo de la noche» David Abaco entra en escena rodado y con una personalidad sugestiva y bien trazada tras protagonizar vuestras anteriores novelas. Creo que esta cuarta será recordada por un duelo que abarca 10 capítulos y que a mí me ha parecido, hasta el momento, lo mejor de vuestra saga. Arriesgáis mucho, y salís victoriosos, en ese estremecedor encuentro que se produce en el pub Perdición durante el capítulo [22]


¿Suscitó muchas controversias decidiros por este arriesgado cruce, a la vista de todo el mundo, a pie de una barra de bar, entre dos enemigos irreconciliables que pelearán a muerte hasta el final?


DANIEL L. HAWK: Es una escena que tenía clarísimo que debíamos afrontar. La tensión que se genera cuando dos enemigos mortales se encuentran en un lugar «sagrado» donde ninguno puede ejercer la violencia sin generar daños colaterales, nos parece simplemente de lo más excitante. Lo hemos visto en otras ocasiones, en mi caso se me quedo grabado como en «Los inmortales» de Russell Mulcahy, los guerreros tienen prohibido luchar en terrenos sagrados, como iglesias y cementerios, me pareció un recurso genial.


J.A. BECKETT: Pensé que era una escena necesaria. Había que enfrentar a los protagonistas, con esa batalla de palabras, de personalidades, reconociéndose uno en el otro, sabiendo y sintiéndose muy lejos, pero también muy cerca. Porque nuestro enemigo o nuestro rival es aquel que siempre acaba colándose dentro de nosotros, le abrimos la puerta a nuestro interior. Y es que nuestro enemigo es importante porque ha conseguido algo, ha conseguido invadir nuestro pensamiento y este es el principio de una derrota.


El tratamiento de la violencia en esta nueva entrega de la saga vuelve a ser modélico. Por su brutalidad y espectacularidad habéis ideado algunas maneras de morir que, por extraño que parezca, todavía resultan nuevas. Pero uno no puede evitar pensar que se os haya podido agotar el filón.


¿Os quedan nuevas maneras de acabar con vuestros personajes?


DLH: Con imaginación todo es posible. Está claro que cada vez cuesta más innovar, que parece que ya esté todo inventado, pero a veces se te enciende esa bombillita de pequeña originalidad. Tengo que reconocer que algunas de ellas son escenas cinematografías grabadas en mi subconsciente que me marcaron y a las que les doy una vuelta y que a veces actúan casi como un homenaje.


JAB: La muerte es una, pero los caminos que conducen a ella son innumerables. Solo intentamos profundizar en la escena, buscamos que la muerte tenga siempre un sentido, una explicación, una génesis, un contexto. En nuestro libro nada es circunstancial, cada escena pretende explicar algo, pretende profundizar en alguien. En el caso de la muerte, esta siempre nos indica la ventana que tenemos que abrir o la puerta que tenemos que cerrar. La muerte siempre nos habla de aquel que muere y de aquel que mata.


Por su forma adusta y cínica de ser, y también por razones laborales, David Abaco parece estar irremediablemente condenado a amores venales. En esta novela el aparentemente blindado corazón de Abaco se resquebraja. Al principio con Dana, y al final con Carmen. Ambas mujeres, rubia y morena, descritas sin dejar nada de la iconografía noir, resultan ser escorts…


¿Os planteáis poner algún día en solfa la soltería de vuestro protagonista con, por ejemplo, alguna mujer amante del orden y las virtudes domésticas?


DLH: No veo a ninguna mujer capaz de sentirse arrastrada al continuo desaliento y falta de confianza en su futuro y en sí mismo, como para no caer en depresión a la semana siguiente de la boda. No, creo que Abaco tras el enamoramiento inicial tampoco se sentiría a gusto atado a una sola mujer.


JAB: Abaco es un solitario, un apátrida del corazón, no pertenece a nada ni a nadie. Pero se deja llevar siempre por la emoción del momento, por los sentimientos impetuosos, vive por y para el ahora. Por eso, sin duda, sería difícil encontrarle un acomodo en brazos de una mujer. 


El maridaje entre thriller y policíaco os resulta de una gran efectividad. En «En lo más profundo de la noche» ambos territorios narrativos vuelven a fundirse de forma silenciosa, casi imperceptible.


¿Os ha costado más en esta entrega llegar a una fusión tan natural entre ambos géneros?


DLH: La verdad es que ni siquiera lo pensamos, al ser dos, eso surge con espontaneidad. En mi caso soy «más thriller» mientras que Jota, tiene un alma más oscura y negra a la hora de escribir. Eso hace que nos complementemos sin apenas esfuerzo. En mi caso, intento vestir de oscuridad esa parte de thriller intenso y Jota, le da ese toque especial, sobre todo filosófico, que creo que le da esa alma especial que tienen nuestras novelas.


JAB: Es cierto, es una mezcla que pretende sobre todo hacer que el lector pase un buen rato. Nos apropiamos de las técnicas narrativas y argumentales de estos dos géneros para crear una manera de explicar las cosas, una manera de escribir, una manera de narrar.


La figura del pobre hombre que enloquece creyéndose un ángel vengador que ejecuta órdenes divinas es ya un lugar común en thrillers tanto literarios como cinematográficos. Nos habéis ahorrado que Peter, vuestro enfermero de urgencias, se sepa de memoria la Biblia, pero, salvo esto, sigue un patrón de comportamiento que me resulta lo menos original de la novela.


¿Habéis construido a este secundario con mimbres reconocibles porque no deja de ser un medio para llegar cuanto antes a ese cura que lo maneja como un títere; un cura que –para mí– es el gran personaje de «En lo más profundo de la noche»?


DLH: Peter es un personaje secundario, y sí, con un perfil muy reconocible, los cinéfilos pueden que se acuerden de Silas, de «El código da Vinci» de Dan Brown. Un personaje que me encantó y que me sirvió de inspiración. Además, no podía ser un personaje muy fuerte, no pretendíamos que hiciera sombra a nuestro asesino. Era solo un naipe en nuestra baraja, y que sabíamos que íbamos a descartar.


JAB: Es un personaje secundario, pero necesario. Me interesaba explicar cómo se puede manipular a la gente, como se puede influir utilizando herramientas persuasivas, como se puede modificar el comportamiento de una persona simplemente con cambiarle su manera de pensar. La inteligencia es un arma muy poderosa y se imponen siempre escarbando en el alma de aquel a quién quiere esclavizar. Nuestro «ángel vengador» no duda, no piensa, no razona, solo actúa y ese es su gran error.

«Cuanto más conseguido esté el malo mejor es la película», dijo Alfred Hitchcock. Tenéis un malo insuperable, lleno de encanto en su perfidia. En la reseña apunto que, por su capacidad de manipulación y su ubicuidad,  me recuerda no poco a James Moriarty…


¿Qué sería de vuestra saga sin este inolvidable sujeto?


DLH: Eso mismo me pregunto yo, siempre decimos que el antagonista del héroe ha de ser más potente que el propio héroe. En nuestro caso, creo que la relación entre ambos ha casado perfectamente, dos seres inteligentes y sarcásticos, constantemente en lucha. Una lucha a muerte. James Moriarty ha sido uno de los grandes «malos» de la historia, como puede ser Hannibal Lecter del «El silencio de los corderos», son personajes que se graban en tu subconsciente, si quieres un «malo» potente, estudia como es este último. Roza la perfección, siempre a mi parecer, claro.


JAB: Desde mi punto de vista, si es importante tener un buen protagonista, más importante aún es tener un muy buen antagonista. Creo que en una novela como la nuestra hemos buscado la presencia de esos dos mundos tan distantes. Creemos, y esa ha sido siempre mi teoría, que hay que contar con un malo con mucha presencia, un personaje muy rico que pueda equilibrar la balanza, que pueda enseñarnos que en los libros como en la vida siempre hay donde elegir.

 

Para terminar esta entrevista.

¿Podéis adelantarnos algo de la nueva entrega de la saga de David Abaco?

¿La tenéis adelantada?

Si algún día la dais por acabada esta saga, ¿entra en vuestros planes cambiar de género u os veis explorando nuevos territorios dentro del thriller?


DLH: En estos momentos, estamos trabajando en la reedición de «Entre las hojas muertas», hemos recuperado los derechos y no sé si por suerte o por desgracia, una editorial, que nos la jugó a base de bien, se la quedó, firmada, para casi guardarla en un cajón. Es una historia muy potente, y ahora que ya tenemos un pequeño grupo de lectores fieles, queremos hacérsela llegar. Porque creemos que vale la pena… También basada en hechos reales como «LOFT – La muerte sabe a blues», pero esta vez, con la historia de fondo de los represaliados de la dictadura chilena. Además, tenemos en mente, otro par de proyectos a cuál más loco, una obra de teatro y una idea de Jota que nos adentraría en la ciencia ficción. Retos tenemos, tiempo, ya no tanto. Poco a poco. Finalmente, agradecer a Manu sus impecables reseñas, no solo las nuestras, si no las que ejecuta con mano de bisturí en Bajo la doble lupa de… para nuestra revista, con la compañía de Anna Miralles (a la que también sumamos el agradecimiento) y que son siempre espectaculares y le dan un toque de calidad a Solo Novela Negra.

JAB: NO quisiera terminar sin agradecer a Manu López Marañón esta entrevista. Es un honor para nosotros poder dialogar contigo. Y en cuanto a la pregunta, decirte que a la vida hay que nutrirla de proyectos, hay que tener ilusiones y sueños para seguir avanzando, para seguir creciendo, para dotarla de sentido, y por muchas veces que besemos la lona siempre habrá una voz que te dice: «levántate». Por eso nuestras alforjas van cargadas de proyectos, esos proyectos de los que ha hablado Dani y a los que yo solo tengo que sumarme.







viernes, 9 de abril de 2021

Tierra de invierno de Kim Faber y Janni Pedersen, una novela negra nórdica repleta de sentimientos

Maya Velasco


Tierra de invierno de Kim Faber y Janni Pedersen ha sido una verdadera revelación en Dinamarca. Ya se
está preparando la película. ¿Por qué? ¿Qué tiene de especial?

Un atentado terrorista en un mercado de Navidad en el centro de Copenhague desata una intrincada búsqueda de los culpables. Los temas que nos trae esta bomba son muy variados y muy comunes en nuestros días.

El mundo del terrorismo yihadista, la captación de jóvenes de todo el mundo, su entrenamiento y su ensañamiento. Y por consiguiente los prejuicios contra todo lo que huela a musulmán.

EL problema de la inmigración ilegal que llega a Europa sin medios, sin documentación. EL rechazo de los europeos hacia estas personas, entre las que, a veces, se esconden, terroristas y asesinos.

EL horror de las residencias de ancianos, locales devastados por el tiempo donde se concentran la tristeza, la falta de futuro y la cercanía de la muerte.

La imposibilidad de cuidar a nuestros mayores y la tristeza de su final.

La pareja de policías, Signe y Junker, está en este momento separada. Junker ha sido enviado a la ciudad en la que creció como castigo por un tropiezo que también le traerá la separación de su mujer. Allí se enfrenta a los problemas creados por un centro de menores extranjeros no acompañados. Pero la aparición de una pareja cruelmente asesinada le llevará a una investigación insospechada en una ciudad tan pequeña.

Mientras tanto Signe, lucha por desentrañar la verdad del ataque bomba.

Los dos casos están alejados en el espacio, pero en un momento dado, era de esperar, confluyen, juntando de nuevo a los dos compañeros.

Podríamos decir que Tierra de invierno tiene todas las características de una novela negra nórdica: el frío atmosférico intenso que nos transmite una densa sensación de frío emocional, los paisajes amplios, las casas aisladas del resto del mundo. Pero lo que me ha impactado de verdad en esta novela es la profundidad de los sentimientos de sus personajes. Junker sufre por su reciente separación matrimonial. Su vida con un padre que tiene una severa demencia senil, le hunde día a día. No sabe cómo ayudar a un padre con el que nunca tuvo una buena relación. Observa su cuerpo deteriorado, su falta de aseo, su aislamiento, su soledad.

Signe en cambio no nos muestra casi nada de su vida personal. Está inmersa en su trabajo y nos rebela el horror que le producen los acontecimientos que vive día a día. Una terrible tristeza ante la masacre en un mercado de Navidad, una botas de niño abandonadas, un video de torturas… “construyó una celda dentro del alma donde poder colocar lo insoportable, donde quede encerrado por dentro y no pueda filtrarse y contaminar la vida exterior al otro lado de la pared”

Tierra de invierno es una novela negra nórdica repleta de sentimientos, que además de la acción puramente policial nos hace reflexionar sobre las cuestiones importantes que nos ofrece el día a día: la cercanía de la muerte, las relaciones padre hijo, los sentimientos encontrados hacia los extranjeros, la imposibilidad de la vieja Europa por arbitrar una solución justa a la inmigración ilegal…

Nº de páginas: 448
Editorial: ROCA EDITORIAL DE LIBROS
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788418417191
Año de edición: 2021
Plaza de edición: ES
Traductor: RODRIGO CRESPO
Fecha de lanzamiento: 18/02/2021

viernes, 2 de abril de 2021

Solo que Marla no volverá, de Bela Braun. Amor, billar, alcohol y sangre

Almudena Natalías.

Hoy os traigo la segunda novela publicada de Béla Braun, Solo que Marla no volverá (Drácena 2020),
una novela cruda y amarga, cargada de humor negro que los lectores del género negro van a agradecer.

El protagonista, un perdedor de manual, está viviendo una ardiente historia de amor con una joven, Marla, de la que apenas sabe nada. Él sobrevive vendiendo artículos de billar en la enorme ciudad de México y es feliz con los ratos que pasa con Marla. Pero un día ella no vuelve y él no sabe dónde buscarla. Obsesionado con el porqué del abandono, descubre que Marla ha desaparecido. Queriendo recuperarla se enfrenta al oscuro mundo de la trata, de la mafia y de los callejones oscuros de la degeneración.


Siempre he pensado que la corriente de escritores mexicanos de novela negra retrata perfectamente una situación difícil empapada de extorsión y de corrupción donde las mujeres son solamente objetos de los que cualquiera puede disponer con total impunidad. El género negro no es solo una historia de detectives, es una crítica de una sociedad corrupta en la que los individuos, sobre todo las mujeres, son los peones de los poderosos. Elmer Mendoza, Bernardo Esquinca, Paco Ignacio Taibo y Béla Braun se han convertido así en cronistas de la sociedad mexicana.

Leyendo Solo que Marla no volverá, el lector espera encontrar a la joven desaparecida, pero, de repente, se encuentra inmerso en garitos con el pestilente olor a humo y sudor que exhalan los jugadores de billar y quiere algo más. Junto con las bolas de billar, el protagonista es golpeado contra los márgenes de la sociedad y, casi manejado por invisibles manos, pasa de la oscuridad de las salas de juego a la luz cegadora de las playas de México. Sombra, oscuridad y luz que nos acompañan en la búsqueda de Marla. Los personajes, y nosotros, somos solo peones sin apenas identidad que queremos encontrar a Marla al precio que sea.

Todo está aquí mismo y ha perdido su nombre. Tampoco nosotros tenemos nombre. Nuestros nombres no tienen sentido cuando los pronunciamos.


La novela está narrada en primera persona por lo que, desde el principio, solamente conocemos las cosas desde los ojos del amante de Marla. EL lenguaje es casi lo único fresco de la novela. Los lectores de fuera de México necesitamos 238 pies de página para entender el discurso del narrador, pero ninguno de nosotros entendería esta historia sin este lenguaje tan rico y tan brillante.

Desde luego agradezco a Babelio y a la editorial Drácena la oportunidad de volver a leer a un autor mexicano porque después de Solo que Marla no volverá no sé si voy a poder volver a los thrillers escalofriantes. El billar, el sexo, la violencia y la búsqueda del amor platónico en un mundo hostil, me ha dejado un regusto amargo y la necesidad de sumergirme en la negrura más oscura. 

Nº de páginas: 208
Editorial: DRACENA
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788412180763
Año de edición: 2020
Plaza de edición: ES
Fecha de lanzamiento: 14/07/2020




viernes, 26 de marzo de 2021

Manu López Marañón nos revela secretos de Alcohol 99º

Hoy tenemos el honor de contar con Manu López Marañón y esta vez no lo hace regalándonos una de sus certeras reseñas, si no para contestarnos a unas preguntas. Vamos a conocer un poco más al autor y a su obra


«Alcohol de 99º» es una novela protagonizada por dos delincuentes de poca monta que empiezan su carrera delictiva en Bilbao, pero es mucho más que eso. Una novela costumbrista, un viaje de iniciación, una novela de barrio… ¿Qué es realmente «Alcohol de 99º»?


Ernesto Sábato lo tenía claro: «la novela es un género vital, versátil e impuro. No hay un arquetipo en el que basarnos para definirla». Las grandes novelas no aceptan etiquetas, son un cajón de sastre en el que cabe de todo; las etiquetas son creadas por distribuidores y libreros, que las colocan según venga la moda. Ahora todo pretende ser género negro, pero si algún día cambia la onda y, por ejemplo, tienen éxito las novelas de barrio dirán que «Alcohol de 99º» pertenece a ese grupo. Se trata de vender. Si algo define a mi obra es que es una novela urbana. Sin más.


 


Ernesto Sabato (1911-2011)


¿Por qué situaste la historia en los años 80? ¿Qué tiene de especial esta época para que haya ahora una especie de nostalgia al hablar de ella y que, sin embargo, fue una época violenta y bastante hortera?


Violenta y hortera, pero trascendental para nuestro país, con la democracia recién recuperada y puesta en peligro por los cuatro puntos cardinales. Y en lo que se refiere a uno de los principales fenómenos que caracterizó a la década, la delincuencia juvenil, tan repasada en lo que hoy se conoce como «cine quinqui», apenas había sido llevada a la literatura española. «Alcohol de 99º» nació, entre otras cosas, para radiografiar con la mayor nitidez aquellos años terribles pero también llenos de expectativas (que no llegaron a cumplirse).


¿De dónde salen Artur y Asís? ¿Están basados en algún personaje real de tu pasado o son pura ficción?


A Artur y Asís los descubrí una tarde, tomando café en un bar. Estaban enfrente de mí, discutiendo por algo que les preocupaba mucho. Todavía no les había puesto nombre, pero con esa imagen de dos tipos de aspecto poco recomendable, apurados (especulé) porque debían dinero a un narco, arrancó «Alcohol de 99º». El primer borrador empezaba con la frase «Entonces, ¿crees que para esta noche no juntamos la tela?», en lo que hoy es la página 183.


Y las mujeres que aparecen en «Alcohol de 99º», ¿qué importancia crees que tienen en la historia?


Decisiva, como atestiguará cualquier lector. Ambas proceden del mismo barrio, el bilbaíno de La Peña, pero son muy distintas. Luli es más estereotipada, la clásica buenorra sin demasiado seso pero ambiciosa hasta decir basta. Dora me costó más componerla porque es una mujer que ha sufrido mucho en la vida y su forma de actuar a veces no resulta comprensible; es lo que hoy se llamaría una persona bipolar. En cualquier caso estoy satisfecho del rendimiento que han dado: sin ellas «Alcohol de 99º» no existiría.


El narrador no habla como los protagonistas. Utiliza un lenguaje mucho más elaborado. ¿Qué intentaste conseguir con ello? ¿Quién nos cuenta la historia de Artur y de Asís?


El que mejor explica la trascendencia del narrador en una novela es Mario Vargas Llosa: «El narrador siempre es un personaje, en todas las novelas. Puede ser visible o invisible, pero el narrador es el personaje principal de toda novela. Hay alguien que cuenta lo que ocurrió y ese alguien nunca es el autor, sino una voz que inventa al autor». Dejando al margen las historias contadas por un narrador que también actúa en la trama, en la novela moderna el narrador está con todos sus personajes, en todo lo que ocurre, pero sin ser visible. Se ha convertido en una fuerza que jamás opina ni juzga, ni mucho menos se mete en la acción. La verosimilitud de la novela actual depende de la neutralidad del narrador. Si su voz se inmiscuye en la trama, con emociones y juicios, volvemos a las novelas del XIX, y eso, en pleno siglo XXI –aunque muchos autores aún lo hagan– chirría y, como lector, suscita mi desinterés.

En «Alcohol de 99º» la voz del narrador corresponde a un sacerdote. El padre Larraz, director de la Protección de Menores donde acaba Artur al inicio de sus andanzas, es quien cuenta, en tercera persona, la novela entera. Es un cura de los que abundaron durante la Transición, de orientación progresista y vocación más social, en su caso interesado por reciclar pequeños delincuentes para la sociedad. El padre Larraz, debido a su cotidiano contacto con estos golfos, conoce la vida marginal y sabe usar el lenguaje callejero; pero, como bien apuntáis, en ocasiones deja llevarse por un léxico rebuscado, preciosista, en el que hasta se cuela algún latinajo herencia de su estancia en el seminario. Como buen sacerdote esta historia por él relatada tiene intenciones moralizantes, pero si el lector permanece atento no hallará en toda ella una sola opinión suya, menos un juicio de valor. El narrador de «Alcohol de 99º» en esto es –como prescribe Vargas Llosa– perfectamente invisible, neutral. Presenta su historia notarialmente para que cada cual extraiga conclusiones.


Siempre has dicho que Marsé es uno de tus escritores de cabecera. ¿Que la historia termine en Barcelona es un homenaje a este autor? ¿Hay algún guiño más a Marsé?


Juan Marsé, en «Últimas tardes con Teresa», crea al Pijoaparte y de él parte esa novela llamada «de barrio» que tratamos de continuar hoy unos cuantos. Manuel Reyes, charnego de monte Carmelo, en constante rebeldía hacia un hábitat que él consideraba una canallada tener que aguantar, es un arquetipo literario. Y eso lo consiguen pocos escritores. 


El guiño, para quienes han leído «Últimas tardes con Teresa», se produce cuando Artur sube al Carmelo. 


Pero de ninguna manera llevo «Alcohol de 99º» a Barcelona para homenajear a Marsé. Me seduce la ciudad, y mucho más aquella de mediados de los 80, conflictiva y peligrosa, sí, pero abarrotada de vida y creación cultural (en las antípodas de lo que encontramos actualmente en una Barcelona que a mí, que la llevo visitando desde 1986, –y lo digo con dolor–, cuesta un montón reconocer). Para esta ambientación ochentera de la parte catalana de «Alcohol de 99º» me aporta mucho Manuel Vázquez Montalbán. Nada como leer algún caso del detective Pepe Carvalho para empaparse bien, y rápido, de aromas rambleros y de aquel barrio chino con sus estrafalarios personajes (por desgracia ya muertos y enterrados).

 

                                                                  Juan Marsé (1933-2020)


¿Qué otros autores crees que han influido en tu manera de escribir?


Para «Alcohol de 99º», aparte de los citados, influyen las novelas «Prótesis» de Andreu Martín y «Al margen» del francés André Pieyre Mandiargues. Obras irrepetibles escritas en estado de gracia, que se acercaron a la Barcelona más canalla y supieron recrearla como nadie más lo hizo. Para nuestra vergüenza –ambas– permanecen descatalogadas. Eso muestra el tamaño de nuestra indigencia literaria, a qué nos conduce tanto best-seller de editoriales poderosas. A Andreu y André los he podido conocer por golpes de fortuna en librerías de viejo y ferias del libro usado y de ocasión.             



¿Cómo documentaste la novela en la parte que se desarrolla en Barcelona? ¿Has salido mucho por allí o conoces los bajos fondos sólo de manera teórica?


Nada de teorías. Visité a fondo el barrio chino de Barcelona antes de las Olimpiadas. Aún mantenía algo de su antiguo esplendor anárquico y prostibulario (estuve un par de veces en la Bodega Bohemia, por citaros un ejemplo). Reconvertido en el Raval se ha gentrificado y resulta light. Necesitaba emociones fuertes y me hablaron del barrio chino de Valencia. Aquello sí que era dinamita (hace 10 años, no sé cómo seguirá): situaciones comprometidas que necesitaba para la novela las saqué de aquel maná y de mis experiencias en él, unas experiencias entre muy peligrosas y surrealistas. 


Ya en las últimas visitas a Barcelona di –en lo que resultó ser toda una epifanía– con lo que fue la Cúpula Venus y, sobre sus restos, inventé ese restaurante de lujo con casino en plena Rambla, algo de lo que estoy orgulloso porque creo que ha quedado bastante creíble (alguien me ha habló de hacerlo realidad). Para el edificio del Eixample donde ubiqué la sucursal del banco Popular pateé la zona un agosto que batió allí registros de calor. Al final di con lo que buscaba: un banco en el bajo de la calle Aragón 314 con entrada y salida (además de otra salida que da a la perpendicular calle del Bruc). Era perfecto para el atraco con el que quería dar punto final a «Alcohol de 99º».

          


La poesía y vida de Jaime Gil de Biedma entran, no pocas veces, en las páginas de esta novela (nunca hubiera creado a mi personaje favorito del libro, El Piro, sin conocer a fondo la obra de Jaime –incluyendo la correspondencia y sus diarios que, de forma impagable, ha ido editando estos años Lumen–): siento verdadera pasión por este poeta. Más tarde, ya con «Alcohol de 99º» terminado, y releyendo la monumental y excepcional biografía que para la editorial Circe preparó Miguel Dalmau (a quien aprovecho para mostrar mi agradecimiento), descubrí cómo en Aragón 314 había vivido la familia Gil de Biedma, incluyendo al propio Jaime hasta que se emancipó y alquiló «aquel sótano más oscuro que mi reputación» en la calle de Muntaner. Me quedé de piedra.

                                                                        Calle Aragón, 314

¿Qué podemos esperar los lectores de Alcohol de 99º en un futuro? Hay secundarios que darían para más… ¿Habrá otra historia con algún personaje de la novela?


Mi próxima obra, que se titula «Prosas para eunucos», es fundamentalmente un libro de relatos. Algunos de ellos vienen protagonizados por personajes de «Alcohol de 99º», pero no por los secundarios. En este segundo libro mío los lectores volverán a encontrarse con Artur, Asís, el padre Larraz, Dora… y hasta con un redivivo John Lennon. Quizás sea buena idea que algún secundario protagonice otra historia. Puede ser, no sé. La verdad es que he acabado harto de «Alcohol de 99º» y pretendo escribir algo totalmente diferente.

                                        La portada de «Prosas para eunucos» volverá a estar 
                                                             a cargo del pintor bilbaíno Jorge Urizar Urraza.


¿Va a haber alguna presentación en breve? Tus lectores estamos deseosos…


La Covid ha puesto literalmente patas arriba este asunto y mucho me temo que tardemos en encontrarnos con motivo de una presentación en vivo. Confío en hacer alguna en Madrid, tengo amigas y amigos allí y estoy convencido de que irían encantados para brindarme su apoyo. Saldría un acto muy lucido. Pero hay que esperar: de momento ni se puede salir de la propia Comunidad Autónoma, con que vosotras me diréis… De todas maneras las editoras de Grupo Tierra Trivium apuestan fuerte por las presentaciones virtuales de sus autores. No me extrañaría que preparen algo para «Alcohol de 99º». Las ventas del libro aumentan poco a poco. Se debe aprovechar estos momentos de expectación inicial para tratar de captar lectores. 


                                                    La edición de Grupo Tierra Trivium (2021)


viernes, 19 de marzo de 2021

Alcohol de 99º, de Manu López Marañón. Una novela de iniciación y mucho más

MayaVelasco.

Alcohol de 99º de Manu López Marañón (Tierra Trivium 2021), una alegría, un honor y un reto reseñarla.

“un alcohol capaz de volatilizar de tu mano hasta el último de los nitratos de quien dispara un arma”

En esta novela, Manu López Marañón nos relata la historia de dos amigos de Bilbao, Artur y Asís que comienzan su andadura como pequeños raterillos de barrio para terminar paseando por las Ramblas de Barcelona.

Para los amantes de las etiquetas, ¿novela negra urbana? ¿novela de iniciación? ¿road noir? ¿quinqui noir?. Yo creo que lo tiene todo.

Pero fundamentalmente, es un retrato fiel de una época especialmente convulsa. El propio autor en su video promocional nos habla de los que han tenido la dudosa suerte de vivir la locura de los 80, locura a menudo, avivada por las drogas que pululan por todas las calles. Por tanto, también novela de denuncia de una sociedad que ofrece pocas posibilidades a los jóvenes de clase baja y sobre todo si vienen de familias desestructuradas, es decir, delinquir y drogarse.

Nuestros protagonistas van ascendiendo en la escala de sus fechorías, menudeo de drogas, robo de gasolineras, hasta llegar al que será su gran golpe. En el fondo al lector (y creo que también al autor) Artur y Asís le dan pena, son unos pobres desgraciados que suelen confiar en quien no deben y que dan con sus huesos en la cárcel. Pero por muchas veces que caigan, ellos siguen luchando por sobrevivir en las calles. A mí me recuerdan un poco, sobre todo al principio de Alcohol de 99º al Lazarillo de Tormes, unos infelices que solo luchan por vivir. “Starting over”, no es casual que un capítulo se llame como la canción de John Lennon (que, por cierto, también tiene su papel en la novela).

Otro tema que se plantea en esta novela es la homosexualidad en una época en que todavía no estaba socialmente admitida. Uno de los personajes no se atreve a admitirlo y mostrarlos ante sus amigos.  Y la soledad que en el fondo sienten todos ellos: ”Reconocer que estaba ahí, en el parque, solo, que él era él y no su madre, ni por supuesto su padre, ni menos sus compañeros de clase, ni Asís incluso, suponía un descubrimiento incómodo que inauguraba su adolescencia: una época dura en la que descubres que eres tú y nadie más, pero en la que no sabes quién demonios eres ni en qué consistes exactamente”

Por supuesto, Alcohol de 99º cuenta con todo un catálogo de personajes de la época, la madre enganchada, el padre desaparecido, el cantante olvidado, el amante tierno y enamorado de un menor…


El escenario es Bilbao y en un homenaje al gran Marsé, acaba en Barcelona. Hay más guiños de Manu López Marañón a su admirado Marsé: Asís conoce a su novia rica en un baile de patio para pijos; las visitas al Carmelo y la pareja francesa que pretende adoptar a uno de los chicos.

El estilo narrativo de Alcohol de 99º es sobrio pero elegante, muy culto. La jerga está impecablemente reflejada. Las escenas y los diálogos recuerdan al estilo cinematográfico.

Una magnífica novela de un magnífico autor, y magnífico amigo.

GRUPO TIERRA TRIVIUM
EAN: 9788412314731
Autor: JOSÉ MANUEL LÓPEZ MARAÑON
Colección: SANGRE Y TINTA
Fecha Lanzamiento: 01/02/2020
Nº de páginas 520
Encuadernación: Rústica – Tapa Blanda


viernes, 12 de marzo de 2021

Los muertos no mienten de Stephen Spotwood. Una novela protagonizada por dos mujeres en la semana de la mujer

 Maya Velasco.


Los muertos no mienten de Stephen Spotwood es la nueva apuesta de Editorial Planeta. 

Una novela negra con un corte clásico, ambientada en Nueva York, años 40. Lo original de esta novela, lo que más me ha gustado de esta novela, es que las detectives, porque son dos, son mujeres. De hecho, todos los personajes conductores de la trama son mujeres. Los personajes masculinos que hay, tienen un papel insignificante o solo se dedican a dar mamporros a Will.

Willowjean Parker es una joven que trabaja en un circo y que por esas casualidades de la vida se cruza con la famosa detective privada Lilian Pentecost, enferma de esclerosis múltiple. Pentecost, siguiendo una corazonada, decide ofrecerle un puesto como ayudante, incluyendo formación, casa, manutención… y amistad. Las dos se cuidarán mutuamente mientras se enfrentan a un asesinato de la clase alta de la metalurgia. Deben resolver el asesinato de Abigail Collins, esposa de un empresario que se suicidó hace un año. La relación entre estas dos mujeres es lo que le da a la novela un carácter especial de camaradería, de ternura incluso.

Por allí se mueven los mimados gemelos de la familia, Rebeca y Randolp y el mejor amigo, Harrison Wallace. Cualquiera de ellos puede ser culpable. Pero se da la circunstancia de que, en el conflicto, se introduce a una médium que estaba allí el día del asesinato y que aparentemente, tiene algo que ver con todo.

Will es quien nos va narrando la historia intercalando su pasado y jugando con nosotros contándonos pequeñas mentirijillas que más tarde nos descubre. Es una muchacha vivaz, sabe de todo, resolutiva y cariñosa. Dura, vehemente. A menudo, conversa con el lector de tú a tú:

“Lo que viene a continuación es un ejemplo de una ocasión en que metí la pata hasta el fondo. Seguramente podría encontrar una forma de suprimirlo, pero te respeto como lector y espero tu generosidad al leerlo”

El escenario es el Nueva York de los años 40, sus barrios más lujosos y los más pobres, los locales nocturnos, las cárceles y los parques.

El estilo es rápido, fácil de leer, entretenido, con notas de humor y momentos de tristeza. Engaños, chantajes, muertes, peleas… lo típico en una novela detectivesca “Habitaciones cerradas, espíritus vengativos y mujeres muertas conservadas en frío”

El desenlace de esta historia lo dejo para que lo descubra el lector por sí mismo. ¿Es Los muertos no mienten el primero de una serie de aventuras de Will Parker y Lilian Pentecost?

Nº de páginas: 400
Editorial: S.A. EDICIONES B
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788466668774
Año de edición: 2021
Plaza de edición: ES
Traductor: LAURA PAREDES LASCORZ
Fecha de lanzamiento: 18/02/2021



viernes, 5 de marzo de 2021

PERDICIÓN: El asesino de la Polaroid. Daniel L. Hawk y J.A. Beckett. Ediciones P.G. (2019)

Manu López Marañón


Para quienes siempre hemos sentido curiosidad por la manera en que salen adelante las novelas escritas a cuatro manos, el encuentro entre el filósofo y escritor J.A. Beckett (Granada, 1968) con el disc jockey, diseñador gráfico y miembro de un gabinete jurídico, Daniel L. Hawk (Sevilla, 1969), añade una buena dosis de asombro: la de saber que previamente –y en solitario– Beckett ha escrito ya dos novelas protagonizadas por David Ábaco, el detective de «Perdición: el asesino de la Polaroid». La primera, «Entre las hojas muertas», está ambientada en el Chile de Pinochet (la trama aúna alta política e intriga) y en «La muerte sabe a Blues» homenajea al cine negro con su detective perspicaz, la femme fatale y el infaltable crimen que sacude a la alta sociedad.

Es decir, que Daniel L. Hawk se ha incorporado a una saga bastante rodada para contribuir a este tercer caso del detective ideado por Beckett, lo que resulta –creo yo– algo insólito en nuestras letras, por no decir único. De cualquier manera, esta colaboración suya, por lo menos en la novela que reseño hoy , ha dado un resultado muy estimulante. ¡Ah!, y no puedo olvidar que Daniel y J.A. tienen entre sus manos, desde hace más de un año, otro trabajo en común: el de dirigir una gran revista de referencia para el género: Solo Novela Negra.

No soy entusiasta lector de investigaciones criminales ni menos de thrillers. Creo haber leído ya suficientes obras de este popularísimo remedo literario como para asegurar que, sin duda, con cualquier otra rama del género (así, novela negra de barrio, novela negra histórica o novela negra rural) disfruto muchísimo más. A «Perdición: El asesino de la Polaroid» llego por la recomendación de una amiga lectora de absoluta confianza, algo que me hace abrir este thriller con las más altas expectativas puestas en él.

El escritor que junto a Borges mejor ha reflexionado sobre esta clase de literatura, el inmenso Ricardo Piglia (autor de «Plata quemada» obra maestra que muchos harían bien en conocer), dejó dicho cómo «en cualquier novela policial hay una situación que define al género mismo: el lector sabe o imagina qué le espera al leer tal o cual título, y lo sabe antes de comenzar». Ese conocimiento, ese saber previo, funciona como un modo de leer… Y este mismo lector puede legítimamente plantearse si no estará ante una lectura innecesaria, una lectura repetida hasta la saciedad que es justo lo que me pasa tras aquel empacho de novelas policíacas de hace años. ¿Qué hacer entonces ante la sobreabundancia de novelas protagonizadas por investigadores de toda laya? Para resultar original la parodia o la renovación parecen ser las únicas opciones que quedan… hay una tercera: empeñarse en parir la novela policiaca «perfecta». Y esta última opción es a la que se han apuntado Daniel L. Hawk y J.A. Beckett en su inaugural colaboración literaria.


 

                                La revista que codirigen los autores Daniel L. Hawk y J.A. Beckett

Una vez aparecido el primer crimen las novelas negras que no son excelentes responden al enigma con esquemas previsibles cuando no trilladísimos. Solo los grandes escritores son capaces de darle a la construcción de la intriga un plus que vaya más allá del simple suspense o de la simple resolución de un problema. «Perdición: El asesino de la Polaroid» muestra con contundencia los sanguinarios crímenes de unas jóvenes estudiantes cometidos por un serial killer. Poseído este por las voces que revientan su retorcida mente, voces sobre las que cada vez resulta menor el efecto de los barbitúricos, de ellas deviene que la brutalidad y capacidad mortífera de quien las escucha vayan en progreso.

Tampoco arrinconan los autores el proceso mental seguido por las secuestradas en el zulo al que van destinadas, proceso casi idéntico que va de la ansiedad pasando por el miedo hasta desembocar en el terror, antesala de sus muertes inminentes. La metodología del patológico asesino, construida y descrita con bisturí de forense, proporciona una indudable seña de identidad a esta escalofriante obra. Rememorando la primera muerte, se lee:

«Nunca olvidaría su cara, sus rasgos característicos, su sangre fluyendo fuera de su cuerpo. Tenía algo de arte. No era un simple asesinato. No era matar por matar. Lo suyo era arte y venganza, venganza y locura».

Otras señas de identidad, para mí no menos interesantes, vienen de la decisión de ambientar la trama en un innominado pueblo del Sur de Estados Unidos y de no desvelar la fecha en que se desarrolla. Por una preferencia que a otro pueda resultar fallida, traslado mi lectura a comienzos de los 90 porque para mí esta novela respira aquella atmósfera criminal de una época que me conmovió y que encontraba en películas como «El silencio de los corderos» o en la serie «Twin Peaks».

                                                    Héroes y villanos: «Twin Peaks» y «El silencio de los corderos».

La oficina del sheriff Hurtado con sus ayudantes –los algo casposos Cullen y Mordrake–, las tiendas de donuts, pubs oscuros como el Perdición (donde corre el Bourbon y suenan blues míticos como el «I need your love» de BB King), o esos moteles de carretera en cuyas desangeladas habitaciones se alojan David Ábaco, Líster y Porto, son emplazamientos bien perfilados que colaboran a crear ese ambiente americano.

Soltero por elección o conveniencia, el detective de este tipo de narración no suele participar de ninguna institución social (ni siquiera de la microscópica familia). Esa condición outsider es la que garantiza desde el comienzo del género su libertad y autonomía, por eso es él quien mejor puede ver la perturbación social, detectar el mal y lanzarse a actuar.

En el caso de nuestro protagonista –David Ábaco– se cumple a rajatabla lo que acabo de decir. Es cierto que a raíz de una monumental borrachera que acaba con él en la celda de una comisaría, es «invitado» por el teniente Porto y el sargento Líster a acompañarlos hasta el lugar de los hechos y embarcarse en la resolución de este tremendo caso. Pero, una vez llegados allí, el detective Ábaco pronto se desmarca para investigar por su cuenta (aunque es cierto que en todo momento trabaja en equipo y rinde cuentas a sus jefes).

Una novedad señalo en la personalidad de este inteligente sabueso dado al alcohol y a la desazón existencial, y que sólo encuentra paz para su espíritu en esos tugurios para perdedores a los que acude con asiduidad: es su radical pesimismo, una completa desesperanza, la negativa visión del mundo.

Los capítulos en primera persona (hay varios como el [28] que parecen páginas de una autobiografía a corazón abierto), aquellos que vienen contados por el detective (se alternan con los narrados en tercera persona por los autores), se inician con estremecedoras declaraciones de principios, unas declaraciones que –en no pocas ocasiones– parecen proponerse empequeñecer a Thomas Hobbes:

«El hombre tiene grabada en su alma el estigma del culpable. Nunca alcanzaremos la salvación. La bondad se diluyó en nuestra naturaleza, somos carroñeros abalanzándose sobre un cadáver putrefacto en mitad de la nada. Nos hemos convertido en seres perdidos, seres perdidos para siempre».

«Pero yo era un tipo sin esperanzas, deseando de un momento a otro ocupar una sucia y barata caja de madera para ser incinerado. Mis cenizas no tendrían el glamour para ser esparcidas por un bello paisaje o por un mar azul, posiblemente ocupasen el espacio de una caja de cartón para perderse finalmente en un cubo de basura».

La extravagancia, la diferencia que define a estos sujetos extraordinarios que investigan, se asocia en el caso del raro y algo bohemio David Ábaco a la soledad, el humo y el alcohol. Hay –durante toda la novela– referencias a un pasado no muy lejano de profesor universitario, a una vida en pareja, dramáticamente truncada pero que no se aclara. Es posible que estos trágicos acontecimientos hayan sido ya narrados en alguna de las anteriores novelas de Beckett, o, también, que los autores hayan querido dejarlos en el aire para desarrollarlos en una próxima obra.

Decía Jorge Luis Borges que «este tipo de relatos acaban por convertirse, en definitiva, en una suerte de calidoscopio o de breve clasificación de la trama múltiple de crímenes, siempre extraordinaria y siempre repetida, que señala y define la lógica secreta del mundo en el que, resignados, vivimos». La ambientación de «Perdición: el asesino de la Polaroid» favorece su rápida identificación de personajes y escenarios, mamados gracias a las películas norteamericanas. La verdad es que si Hawk y Beckett hubieran elegido Utrera y en vez de policías federales los que investigasen fuesen guardias civiles quizá el resultado hubiera sido igual de intenso…Pero hoy día captar a un lector, y más para un género tan sin criba, con sobreabundancia de títulos (en su mayoría nefastos pese a lo que venden), está muy complicado y cualquier argucia comercial que lo haga más interesante es legítimamente válida.

Un género con convenciones, fórmulas y líneas temáticas tan estereotipadas como las de la novela policiaca debe «romperse» en algún momento con la historia de la obsesión de un personaje. En «Perdición: el asesino de la Polaroid» lo novelístico se sostiene bien gracias a su asesino múltiple, un serial killer cuya conciencia, centrada en una alambicada venganza, trata de conformar el mundo a través de una cosmogonía que, sin que lo sepa, no está fuera de él, sino que nace de su propia y enferma mente.

Con modalidades múltiples y visiones personales, las ya pocas novelas policíacas inolvidables reconstruyen distintas perspectivas del criminal como un autómata extraño, casi una «máquina de matar», que no controla sus impulsos y actúa con eficacia a la vez desesperada y brutal. Así lo han pretendido, –y logrado con creces–, Daniel L. Hawk y J.A. Beckett en «Perdición: el asesino de la Polaroid». Desde esta revista damos la enhorabuena a ambos y esperamos el nuevo título de una saga merecedora de tener una entusiasta legión de seguidores…


ENTREVISTA CON DANIEL L. HAWK y J.A. BECKETT:

No pocos hemos sentido la tentación de escribir con otra persona a la que admiramos. Algunos, como vosotros, habéis caído de lleno en ella y ningún lector de «Perdición: el asesino de la Polaroid» va a lamentarlo. Con vuestro permiso, trato de sacaros algo sobre esta peculiarísima forma de afrontar una obra artística, en este caso una novela noir.

¿Cómo os planteáis escribir al alimón «Perdición: el asesino de la Polaroid»?

Daniel L. Hawk (DLH):

Durante toda mi vida he estado escribiendo, tengo innumerables proyectos inacabados. Empiezo muy bien, pero a medio trabajo se me atragantan y los aparco para empezar unos nuevos. Esto acabó cuando supe de la faceta de escritor de J. A. (trabajamos juntos) y le expliqué mis problemas con la escritura y Perdición era uno de esos proyectos inacabados. Así que le pedí ayuda y esa ayuda se convirtió sin darnos cuenta en escritura a cuatro manos y vimos que la cosa funcionaba, así que acabo en la obra que hoy reseñáis y de la cual solo podemos dar las gracias.

J.A. Beckett (JAB):

La verdad es que me lo planteé como un juego, como una nueva experiencia literaria, como algo novedoso y distinto. Yo tenía tres libros y Dani la ilusión por escribir uno. No me lo pensé. La vida del escritor frente a la hoja en blanco es muy solitaria y a veces muy desagradecida. Por eso, poder compartir ideas, ilusiones, proyectos y trabajo, mucho trabajo, me pareció enriquecedor y apasionante. Era como tener dos mirillas en la misma puerta, los dos vemos la misma realidad, pero desde perspectivas diferentes, y eso me pareció fantástico. Sin duda enriquece cualquier producto literario. Como así ha sido.


El hecho de que J.A. Beckett hubiera publicado dos novelas con el detective de «Perdición: el asesino de la Polaroid» como protagonista, ¿no resultó un incordio a la hora de establecer las competencias de cada uno para este tercer caso de David Ábaco?

DLH: Ni mucho menos, fue una «imposición» de J.A. seguir con sus personajes en nuestra novela, para mí en realidad fue un regalo, ya tenían andadura, sabía cómo eran por su anterior novela que ya había leído, te ahorrabas crear el perfil de tres personajes nuevos.

JAB: Al contrario, creo que mi personaje salió reforzado. Aportar nuevas ideas y nuevas maneras de ver la historia hizo que nuestro detective adquiriese nuevas facetas que yo no le había dado. Los personajes son algo curioso, son como seres vivos que acaban viviendo independientemente de ti y que como personas van creciendo y van adquiriendo su propia personalidad a raíz de lo que le aportamos. Y nuestros personajes nos sobrevivieron a los dos. Y con éxito y sin complejos.

Pasamos al proceso de redacción… ¿Un autor escribió los 48 capítulos y el otro iba corrigiéndolos? Se me ocurre que uno pudo escribir los capítulos en primera persona y el otro los que vienen en tercera… ¿Se dio algo así? Y ahora, sinceramente: ¿habéis discutido mucho para sacar adelante este proyecto? ¿Escribiréis otro caso de David Ábaco?

DLH: Pues la verdad es que uno escribió en primera persona y el otro en tercera hasta que por diversión nos intercambiamos los papeles, así que ambos estamos repartidos por toda la historia y se puede decir que casi hemos escrito un 50% del libro cada uno.

JAB: Como he dicho antes para mí era un juego, una experiencia diferente. Yo escribía en primera persona y Dani en tercera, hasta que decidimos cambiar. Y fue muy divertido y apasionante, porque al final ya no reconocíamos ni nuestras propias frases. Había surgido un todo sin fisuras. Un río donde no había partes, todo era una corriente de agua buscando el mar.

Aparte de esta primera colaboración literaria, codirigís la revista Solo Novela Negra… ¿Qué tal os va con ella? ¿Compartís alguna cosa más?

DLH: La revista es un proyecto que nos ofreció la editorial de manos de Anxo do Rego y que da muchísimo trabajo, pero también muchas alegrías. Nos permite estar ligados al género que nos apasiona de manera directa. Así como relacionarte con gente del mundillo y estar al día de todo lo que se cuece. La revista no deja de crecer y eso es el premio que nos llevamos. Sobre la última pregunta, trabajamos juntos, así que compartimos más tiempo que con nuestras propias familias.

JAB: Como dice Dani, dirigir una revista como Solo Novela Negra es un premio para alguien que ama este género, como es nuestro caso. Es una forma de ayudar a que la novela negra sea considerada como algo importante dentro del mundo de la literatura. También nos ayuda a que otros autores puedan crecer y dar a conocer sus obras, como también nos ayuda a participar del mundo cultural que nos rodea. Pero en este caso he de agradecer todo el trabajo de Dani en la dirección, yo como filósofo soy muy disperso y él siempre sabe marcar el camino y las directrices. He de decir que Solo Novela Negra es sin duda la revista referencia de este género y no paramos de crecer. Dani y yo somos dos personas totalmente distintas, pero sin embargo coincidimos en muchas cosas. Nos encanta tener ilusiones y sueños, no tenemos alas, pero no las necesitamos, porque tenemos todo un cielo encima nuestro.

Pensando en el lector de este trabajo cuya curiosidad se despierte por «Perdición: el asesino de la Polaroid» (¡ojalá sean muchos!), y sabiendo de la abundancia de este tipo de novelas de investigación, ¿cuál sería el hecho diferenciador que pueda llevarle a comprar la vuestra? ¿Quizá la compleja personalidad del detective, la bestialidad del asesino, la impecable ambientación, o algo diferente que se me haya podido escapar como entregado lector?

DLH: O la suma de todo lo que propones. Fue un reto intentar juntar la novela negra, la policiaca, el hard-boiled en un thriller. Porque no nos equivoquemos, la novela es un thriller en los que vamos dejando pinceladas de otros estilos literarios. También hemos intentado recrear los ambientes que encontraríamos en un guion, donde hay más dibujos en un story-board que en el propio guion. Para nosotros ese story-board es tu imaginación, nosotros te damos un par de inputs, tu cabeza hace el resto.

JAB: No pretendemos que nuestra novela sea «Ulises» de Joyce, nosotros pensamos en el lector, queremos que se lo pase bien, que rompa con su monotonía, que por un tiempo se deje llevar a otra realidad, a otra historia distinta de la suya y de la mano de otros personajes. Que tenga derecho al olvido, que cada palabra y cada hoja lo aleje un poco más del mundanal ruido y lo acerque un poco más al silencio de su yo. Por eso lo teníamos muy claro y nos comprometimos en pisar el acelerador desde el minuto 1. Pero eso también nos diferencia del resto, utilizamos dos estilos narrativos diferentes, una historia contada en primera y en tercera persona, un análisis psicológico de los personajes, una manera de escribir, una manera de contar la historia, una manera de entender aspectos tan importantes como la vida, la muerte, como la soledad, como la ley, como la justicia... y todo enfocado a un lector que se deje llevar como un trozo de madera por el río del que hemos hablado antes. Pero todo eso también ayuda si tienes un antihéroe como el nuestro y un paisaje que como en las novelas de Comac McCarthy es un personaje más dentro del libro.

Estamos ante un serial killer ambientado en un pueblo del sur de Estados Unidos. ¿Habéis tenido en cuenta, consciente o inconscientemente, a algún escritor a la hora de plantear la trama de «Perdición: el asesino de la Polaroid»? Decirnos, ya de paso, algunos escritores de referencia para vosotros, tanto de género negro como de literatura de otro tipo.

DLH: De esto J.A. puede hablar largo y tendido, las referencias son muchas, por decir una, el sheriff Hurtado es un homenaje al sheriff de «No es país para viejos» y así muchísimas más. Ahora te hago una pregunta yo, ¿Dónde pone que es Estados Unidos? Aunque para tu tranquilidad te diré que sí, evidentemente.

JAB: Dani y yo somos unos amantes de la novela negra, por lo que sin duda se han colado la influencia de algunos autores. Nosotros amamos la novela negra clásica, y nuestro detective tiene algo de Marlowe, de Spade, de Archer, así como nuestro asesino tiene tics de personajes de Ellroy, Thompson, Harris... Me gusta la novela negra clásica y su forma de contarnos las historias por eso tengo que nombrar a Chandler, a Hammett, a MacDonald, a Cain, a Burnett, a Thompson... pero también a M. Connelly, a John Connolly, a Ian Rankin, a Mankell, a Winslow, a Ellroy, a Nesbo, a Kerr (me tengo que parar). Y de otros géneros, yo aprendí a escribir con Cormac MaCarthy, Dostoyevski, Hess, Kafka, Faulkner, Balzac, Dickens, Orwell... (me tengo que parar).

Como buenos conocedores del género, ¿qué opinión os merece actualmente el noir y cómo veis su desarrollo no solo en España, también en el mundo?

DLH: Hay de todo, bueno y malo, lo que no nos gusta es que hoy todo el mundo escribe, no hay un solo lector que no se anime y publique un libro, tienes millones de libros editados de manera independiente en decenas de plataformas, de estos, ¿cuántos son buenos?, ¿cuántos tienen un mínimo de calidad?, a la revista nos han llegado auténticos «fiascos» que te hacían preguntarte, ¿Cómo tienes el valor de enviarme esto sabiendo que somos unos «haters»? Al final hacemos como que no nos los hemos leído, no somos nadie para hacer sangre con la ilusión del que empieza.

JAB: Creo que hay grandes escritores como los que he nombrado anteriormente y con algunos más, que me he dejado en el tintero, que mantienen el nivel de la novela negra. Pero el problema se encuentra en que actualmente las políticas editoriales nos venden como novela negra productos que no lo son en absoluto y de una calidad media baja. Ese es el gran error. No todo vale. Llevo leyendo novela negra muchísimos años, cuando ésta era un subgénero denostado y de segunda clase. Tengo la suficiente experiencia como para saber diferenciar y para tener criterio. Por eso la mayoría de lo que nos venden como novela negra, ni se le parece, y en la mayoría de los casos ni se lo merecen. Es como la novela negra nórdica, hay grandes escritores, pero la mayoría que me han llegado son una auténtica basura. De la novela negra en nuestro país prefiero no opinar. Tengo amigos entre los escritores y no quiero hacer excepciones.

Hoy en día, y gracias a Internet, resulta más cómodo ambientar una novela en cualquier país y época histórica. No obstante, y para hacerlo profesionalmente, resulta muy trabajoso atar con corrección los cabos. En este sentido «Perdición: el asesino de la Polaroid» me ha parecido modélica.

¿Qué os llevó a elegir para este nuevo caso de David Ábaco un pueblo del sur estadounidense? ¿Ha igualado, o superado, el trabajo de documentarse al de la redacción propiamente dicha?

DLH: Los escenarios son reales, existen, encontramos el pueblo, la ciudad, el desierto, las montañas y el lago, y como en «Twin Peaks» al que haces referencia nos pareció la ambientación ideal para este tipo de historia. Tienes sol, lluvia, agua, arena, pueblo, ciudad, no te falta de nada en un lugar así. La verdad es que, comparado con la redacción, esta parte del trabajo se puede catalogar de lo más fácil de la obra en sí.

JAB: Como he dicho antes, queríamos que el paisaje fuera un personaje más de la novela, algo con carácter, con personalidad propia, algo que transmitiera al lector la sensación de vivir en un pueblo como aquel, de recorrer sus bosques, de sentir el calor del sol, la humedad de la lluvia. En el fondo, el paisaje es un reflejo de los personajes y tiene mucha importancia en nuestro libro. 

El pueblo donde se cometen los crímenes carece de nombre y tampoco se da, en ningún momento, fecha alguna. Reconozco que estas indeterminaciones sientan bien a «Perdición: el asesino de la Polaroid». Averiguar qué pueblo es lo dejé por imposible pronto, pero como lector que aspira a saberlo todo supuse que la trama se desarrolla a principios de la década de los 90. ¿Habré acertado? ¿Qué habéis pretendido ocultando esos datos espacio-temporales?

DLH: Esta es justo la clave que diferencia nuestra novela de la gran mayoría, aunque me consta que hay otros escritores quizás no tan conocidos que usan también este tipo de narración «anónima». Nuestro objetivo es que tú pongas los elementos de tu imaginario sobre la escena. Nosotros te damos dos o tres pinceladas al lugar, pero tú le pones fecha, decoración y vestimentas, buscamos esa complicidad de que parte de la obra sea también tuya, ayudándonos en tu cabeza a ambientar la propia novela.

JAB: No queríamos dar fechas, ni nombres, ni etiquetas. Queríamos que el lector se implicara en la historia, que nos ayudara a crear, a imaginar, a soñar con sitios distintos, con tiempos distintos, con lugares distintos. Escribimos para el lector y nos encanta que participe en la novela, nos encanta que se creen mundos paralelos al nuestro. Porque de una cosa estoy seguro, cuando terminamos el libro comprendí que éste ya no nos pertenecía, que ahora era parte del lector y que ya no sería nuestro nunca más. ¿Y sabes qué? Me encantó la idea.

Publicar en una editorial pequeña, «independiente» si lo preferís, por desgracia suele ser sinónimo de mala distribución y escasa visibilidad autoral. Por no salirnos del género negro, hay que recordar que los grandes grupos editoriales logran colocar –año tras año– auténtica basura entre lo más vendido. El lector español hoy –y en esto no se diferencia mucho del resto– aborregado hasta límites inconcebibles, carece de curiosidad a la hora de catar obras de autores insuperablemente mejores de a los que están acostumbrados por una mezcla de rutina y desidia… Ir a una librería para ellos es igual que bajar a su panadería a por la misma barra de pan. En España quedan lectores… pero de uno o dos escritores exclusivamente, de esos que, por supuesto, producen cada año un nuevo título para seguir subidos en la ola. ¿Y la calidad literaria? ¡Vamos, por favor, no sean ustedes rancios! ¿A quién diablos importa ya eso?

J.A. Beckett con tres novelas publicadas quizá tenga más experiencia en esto de ir de autor «independiente» por la vida, pero también me interesa lo que pueda contarnos Daniel L. Hawk como recién llegado a esta jungla en armas que es la distribución española. Por favor, contarnos vuestras tribulaciones, en concreto las que estéis pasando a un año de que «Perdición: el asesino de la Polaroid» viera la luz en Ediciones P.G. Y para terminar: ante esta situación de emergencia creada por el covid 19 con el masivo cierre de editoriales y librerías, ¿qué se os ocurre que podríamos hacer, entre todos, para intentar salvar el negro futuro del libro?

DLH: Muy de acuerdo con tu texto, encontrar una rendija, para que una obra como la nuestra, que nos consta que gusta, que tiene la calidad suficiente para codearse con muchas otras que están vendiendo gracias a la maquinaria que tienen detrás, es muy difícil. Se ha dicho de todo de nuestra novela, que si estuviera firmada por Stephen King ya estaría en el cine, que si recuerda a «True Detective», a «Twin Peaks» en varias ocasiones o a «El silencio de los corderos», muchas referencias al cine, porque ese era el objetivo, escribir con imágenes. Como salvaríamos el género, solo si se deja de manosear. Con el género se puede jugar, llevarlo en todas direcciones y mezclarlos con todos los estilos que quieras, pero hay un mínimo que se ha de cumplir, ha de ser negro en su máxima expresión. Una investigación y un cadáver no son suficientes para que te coloquen en una estantería de novela negra, se ha de pedir un poco más. La perversión de las editoriales se refleja en esa maniobra maldita con la intención de vender libros a costa del lector. Un lector engañado que compra una novela negra y se lleva un sucedáneo maquillado.

JAB: Estoy de acuerdo con Dani, Y Estamos muy agradecidos a nuestro editor Anxo Do Rego, pero sin duda, publicar en una pequeña editorial hace que tu obra tenga menos repercusión y menos luz. Todo cuesta un poco más. Todo es más lento y desesperante. Y lo que es más doloroso, te lee menos gente. Pero estamos moderadamente contentos y seguiremos luchando. Estamos convencidos que no tenemos nada que envidiar a muchas de las novelas de cabecera de algunas editoriales. Pero este mundo es muy difícil y competitivo, y cada año salen nuevos escritores y nuevas propuestas y muy pocas oportunidades para publicar decentemente. Pero nosotros creemos en lo que hacemos, y consideramos que PERDICIÓN es un buen libro. Por lo menos un libro para pasárselo bien y poder disfrutar de un buen rato de emoción, intriga, y de todas aquellas emociones que siempre despierta una buena lectura. Para salvar el negro futuro del libro hay que leer, que aparezcan de la nada nuevos lectores. Yo soy un usuario diario del tren. Los móviles han ocupado el lugar de los libros, tal es así que cuando veo a alguien con un libro tengo tendencia a pensar bien de él. Como yo siempre digo, leed, leed porque ya sabéis que estáis malditos. Quisiera felicitar a nuestro querido entrevistador por las reflexiones vertidas sobre los libros. Me han parecido certeras y adecuadas, tal es así que por un momento creía que lo estaba pensando yo. Muchas gracias por las preguntas nos has hecho reflexionar, y eso es siempre de agradecer.    

                                                        Daniel L. Hawk y J.A. Beckett




lunes, 1 de marzo de 2021

Los collares eléctricos, de José Ignacio Ceberio. Una novela de iniciación con unos personajes maduros

Almudena Natalías.


José Ignacio Ceberio acaba de publicar Los collares eléctricos (Editorial Txertoa). Tras escribir el libro de cuentos Zumo de ciprés  ha obtenido varios premios literarios, entre ellos, el I Certamen Internacional de Microrrelatos Grupo Prisa.

Jon Ormaza es un aburrido funcionario de la Diputación de Bizkaia. Han creado un programa cultural de intercambio, un “Erasmus” gracias al que tres jubilados viajan a Noruega a hacer un curso en la universidad. Como hace tiempo que los maduros estudiantes no se ponen en contacto con sus familias y al ver que el proyecto puede fracasar, la Diputación envía a Jon a Noruega a localizarlos. Dos de ellos aparecen medio sanos y salvos, pero Asunción Gondra no aparece. Siguiendo la pista de la intrépida Asun y, ayudado por una empleada de la universidad, viaja al archipiélago Svalbard, en pleno Círculo Polar Ártico, y Jon descubre la fría naturaleza del norte. Al volver a Algorta y al volver a su burbuja, Jon descubre que su experiencia en Noruega puede ayudarle a encontrarse a sí mismo.

José Ignacio Ceberio plantea en Los collares eléctricos cómo la rutina convierte a las personas en autómatas que aceptan la realidad sólo si no se hacen demasiadas preguntas y que las pocas preguntas que se hacen se suelen quedar sin respuesta.

Los tres jubilados que participan en el programa cultural encuentran en Noruega una vida nueva. Nada tienen que envidiar a los jóvenes que comparten aula con ellos. Salen de su vida y entran en un mundo en el que nunca anochece y en el que nadie les recuerda que tienen que ser serios y civilizados. Y Jon también.

Los collares eléctricos está narrado en primera persona. El lector descubre a la vez que Jon lo diferente que es el mundo en el que viven de un mundo en el que no te conoce nadie y donde se pueden conocer amigos que aún no te juzgan. El lector sonríe al conocer las peripecias del viaje y se enfada cuando Jon se enfada. 

Ceberio construye una historia que, escrita con una prosa poética y musical pero salpicada de ironía, envuelve a los personajes en un mundo ficticio con fantasmas, trajes tradicionales, auroras boreales y cenas familiares. Escenas que los personajes interpretan según su estado de ánimo y que les encierran en una dorada burbuja de felicidad que la realidad pincha de vez en cuando. Y vuelta a empezar.

Los collares eléctricos es una novela que se lee del tirón, es imposible dejar de leer las peripecias del moderno Lazarillo de Algorta. Al terminar te deja un regusto un poco amargo pero una gran sonrisa en la cara. Una novela de iniciación en la que los protagonistas no son adolescentes, son personas maduras que quieren cambiar de vida. No os la perdáis.

Autor: Ceberio Sáinz de Rozas
Editor: Txertoa
Colección: Narrativa 24
EAN: 978-8471486608
ISBN: 9788471486608
Encuadernación: Tapa blanda
Nº de páginas: 108 páginas




lunes, 22 de febrero de 2021

El salto de la araña, de Graziella Moreno. Un salto al vacío cuando no hay salida

Maya Velasco.


 El salto de la araña de Graziella Moreno no es un thriller más de los muchos que se publican hoy en día. Es una novela que nos hace replantearnos muchos temas fundamentales. Es una denuncia social. Es la historia de un crimen.

Agosto de 2018: Un policía novato se dirige a su primera escena de un crimen. Allí encuentra a Javi y a Alba, una joven pareja, desquiciados, locos y en un rincón a un niño, sentado en el suelo que tira con rabia su muñeco favorito.

Septiembre de 2019: Javi comienza a contarnos en primera persona su vida, y sobre todo cómo conoció a Alba, se enamoró de ella y como las cosas fueron sucediendo como sucedieron. Eso sí, hasta el final, no sabemos quién ha muerto.

Escuchar a Graziella Moreno en diversos medios, me ha ayudado a entender mejor la historia. Javi es un chaval que roba pequeñas cosas por deporte, trabaja en la empresa de exterminio de plagas de su padre, pertenece a una familia normal (si es que puede haber una familia “normal”). Alba es una chica que proviene de una familia desestructurada, guapísima, desequilibrada en ciertos aspectos.

Ahora bien, Javi insiste a menudo en que él nos cuenta su verdad, y que Alba probablemente tenga otra. Como aclara la autora, la verdad es muy relativa, no existe la verdad absoluta.

Javi y Alba, que tiene un hijo, muy pronto, son una típica pareja joven y alocada que se va dejando arrastrar por las circunstancias sin saber dar un paso adelante para tomar el control de sus vidas. Las drogas y el atractivo camino de la delincuencia como salida fácil a los problemas se instalan pronto en sus vidas para llevarlos, irremediablemente a la cárcel o al desastre, o a ambos.

O ¿realmente es que todos llevamos nuestro destino dibujado en la frente? “Cuando lo has perdido todo, solo te queda volver la vista atrás” Es esta también una novela en que el remordimiento de Javi nos hace simpatizar con él. Pero también hay momentos en que el lector se rebela porque desde nuestro cómodo sofá, la decisión más lógica es otra. Capítulo aparte, merece la historia del hijo que tiene que vivir en esta historia de mentiras, de discusiones, de violencia. Cada día vemos que los menores a menudo son quien pagan las malas decisiones de sus padres.

El salto de la araña, un momento en el que todos tomamos una decisión en nuestras vidas sin saber si nos llevará al cielo o al infierno, es una denuncia de cómo la sociedad puede influir en nuestras vidas y como nuestras decisiones, siempre, nos llevan a un sitio determinado:

“Porque nuestros actos tienen consecuencias, y los de Alba no iban a a ser la excepción. Y los míos, tampoco.

Magnífica novela.