viernes, 31 de julio de 2020

Mujeres que no perdonan, de Camila Lackberg continua la temática iniciada con Una jaula de oro

Maya Velasco

Mujeres que no perdonan de Camila Lackberg continua la temática iniciada con Una jaula de oro

Nada tienen que ver estos dos libros con la mítica serie de Fjällbacka.

El libro se divide en tras partes y cada capítulo trata de una de las protagonistas.

Ingrid era una periodista galardonada hasta que nació su hija, y su marido y ella decidieron que dejara su profesión. Tommy la engaña desde siempre, pero esta vez ha ido más allá pues su amante pertenece a la redacción donde trabajaban los dos y de la que ahora es jefe, ignora a Ingrid y a su hija sin ningún disimulo y permite en su periódico que aún haya periodistas que acosan a las becarias.

Birgitta es una maestra mayor cuyo marido la pega sin razón alguna. Sus hijos gemelos la ignoran por completo, nadie la habla o la valora en casa. Una visita al médico, muchas veces retrasada, hará que todo salte por los aires. Y es que a pesar de que sean tan ingratos, ante todo quiere asegurar el futuro de sus hijos.

Y Victoria, una joven rusa que aceptó una relación por internet, vino a Suecia en busca de amor y una vida tranquila y se encontró con Matte. Un bestia gordo, maloliente y borracho que la veja continuamente y la tiene encerrada en casa como una criada. 

Camila Lackberg con una elección muy acertada de las protagonistas, nos muestra que el maltrato femenino es igual en todas las clases sociales y en cualquier circunstancia. Introduce también a nivel más global, el movimiento Me Too en el que vemos que este terrible problema afecta incluso a mujeres famosas y con mucho dinero.

Pero a pesar de que estas víctimas aguantan más de lo humanamente posible, hay algo que hace saltar la chispa, y la trama da un giro absolutamente inesperado que nos deja sin aliento. El libro es corto, pero además su agilidad hace que no pares de leer hasta saber en qué acaba todo. Las mujeres dan una vuelta de tuerca y deciden cambiar su vida con tintes de literatura clásica.

Una buena lectura para este tórrido verano, entretenida, pero tengo que decir que no es de los mejores libros de la autora. Creo que trata este tema tan doloroso con un poco de superficialidad, como ya hizo con Una jaula de oro, sin profundizar demasiado en los personajes y pasando de una extremo a otro de forma muy cruda.

jueves, 23 de julio de 2020

Juan Marsé, recuerdos con un regusto de tristeza

Conocí a Juan Marsé con Encerrados con un solo juguete y aún hoy, después de leerla hasta la saciedad,
me parece increíble, perturbadora, conmovedora. 

Pero sin duda, es Últimas tardes con Teresa la más conocida de sus obras. La historia de los amoríos de Teresa, niña burguesa, y El pijoaparte, un maginado que quiere prosperar.

“Años después, al evocar aquel fugaz verano, los dos tendrían presente no sólo la sugestión general de la luz sobre cada acontecimiento (con su variedad dorada de reflejos y falsas promesas, con sus muchos espejismos de un futuro redimido) sino también el hecho de que en el centro de la atracción del uno por el otro, incluso en la médula misma de los besos a pleno sol, había claroscuros donde anidaba ya el frío del invierno, la muerte de un símbolo”

Las novelas de Marsé te suelen dejar un regusto triste y amargo, de perdedor, de fracaso. Porque transcurren en la gris posguerra española. Unos eran los mimados de la sociedad, tenían casas, coches, vacaciones, ropa, lujo y encima… eran guapos. Al otro lado estaban los que tenían que luchar para pagar el alquiler o comprar comida, los que jugaban en la calle de los barrios mas pobres como el Guinardó, aquellos cuyas madres tenían las manos ásperas de fregar casas ajenas.

Los primeros, juegan a ser liberales, juegan a querer que la dictadura que tan bien les trata, caiga. Los segundos, intentan crearse un futuro que no tiene futuro. El blanco y el negro, Teresa y Manuel. Marsé relata la historia de los primeros con tintes neorealistas, y la de los segundos, a través de aventis contados por muchachos, mitad verdad y mitad mentira. Estos aventis pretenden contarnos la historia sin la crudeza y la tristeza que tienen de verdad adornándola con detalles inventados y contados mil veces en el barrio.

Ronda del Guinardó, un paseo por Barcelona que nos muestra una vez más el amargo presente que viene de un amargo pasado, el policía fracasado, la niña violada. Nuevamente el futuro que ha llegado vacío de futuro.

Otro regalo fue Noticias felices en aviones de papel, con una edición cuidada llena de bellísimas ilustraciones. Bruno, un adolescente en los años 80, un padre que fue hippy y Pauli, una mujer que escapó de guetto de Varsovia y que tira avioncitos de papel con buenas noticias, personajes que intentan olvidar la cara más amarga de la vida: ”Me cago en los sueños que vuelan, me cago en todo lo que estás diciendo que vuela”

La muchacha de las bragas de oro, Si te dicen que caí… tantas novelas que nos mostraron que no solo la guerra civil fue dura, sino que, lo que vino después podría haber sido incluso peor. Muchos toques autobiográficos del autor y unos personajes que nunca morirán. Quizás, el mejor, el pijoaparte porque representa la lucha por los sueños, la lucha por salir de la triste realidad con claros toques de la picaresca española.

Para valorar de verdad la trayectoria de este gran autor, lo mejor es leer sus novelas y sus cuentos y pasear por la Barcelona de Juan Marsé.


viernes, 17 de julio de 2020

Hija única, de Anna Snoekstra. Una lectura ligera

Una joven roba comida en un supermercado, no está pasando un buen momento. Cuando es  detenida recuerda que un día comentó con su novio el sorprendente parecido físico que tenía con Rebecca Winter, una joven desaparecida hace once años. Sin pensarlo demasiado le dice a la policía que ella es la chica desaparecida y que quiere volver a su casa. Así comienza Hija única, la primera novela de Anna Snoekstra, autora australiana que se estrena en el mundo del thriller.

El nombre de la chica desaparecida, Rebecca Winter, y la historia de la impostora que vuelve a su casa me hizo pensar en la novela de Daphne du Maurier, Rebeca, en la que una apocada joven se casa con un elegante caballero y al llegar a su mansión el recuerdo de Rebeca, la fallecida primera mujer del Sr. Winter se interpone entre ellos. El homenaje que le dedica Anna Snoekstra es evidente.

Hija única alterna los últimos días de Rebecca y la situación actual de la joven impostora. En tercera persona conoceremos cómo Rebecca vive con sus padres y sus hermanos, como se divierte con sus amigos hasta que una noche, al salir del restaurante de comida rápida en el que trabaja, desaparece sin dejar rastro. Al mismo tiempo la chica que asume la vida de Rebecca nos cuenta en primera persona cómo tiene que rellenar con mentiras los interrogantes que tanto su familia como la policía le van planteando. Nadie parece sospechar de ella, quizás sus amigos son los que le plantean más problemas, pero ella parece salir siempre airosa. Al asumir la vida de una chica que posiblemente fue asesinada pronto comprende que los peligros que acechaban a la verdadera Rebecca la van a acechar también a ella, pero está preparada.

La lectura de Hija única es una lectura sencilla. A pesar de mezclar el pasado y el presente la historia fluye con facilidad. La vida de una joven adolescente es fácilmente suplantada por la impostora, quizás demasiado fácilmente. La familia recibe a la joven con los brazos abiertos, los amigos, que son los únicos que parecen sospechar, en seguida la aceptan, la policía, a pesar de saber que la chica oculta algo no parece presionarla demasiado. Todo parece muy sencillo.

Hija única es una lectura entretenida. Quizás el público juvenil la disfrutaría más que yo al centrarse en los primeros amores y cierto toque sobrenatural que la autora introduce tímidamente. La verdad es que el desenlace, a pesar de ser algo precipitado, es inesperado. Pocos lectores serán capaces de descubrir antes del final que es lo pasó realmente con Rebecca Winter. Es lo más sorprendente.

Así que si queréis disfrutar de una lectura rápida y ligera en las calurosas tardes de verano podéis acercaros al pasado de Rebecca y saber qué pasó con ella. No os olvidéis del granizado.


jueves, 9 de julio de 2020

Sangre en la nieve, de Jo Nesbo. El thriller en el que el héroe es el antihéroe

Maya Velasco

Sangre en la nieve
es la última novela de mi admirado Jo Nesbo. Este thriller en el que el héroe es el antihéroe supone un cambio de registro con respecto a las anteriores, lo que muestra una vez más su cara más polifacética.

En esta ocasión, nos encontramos con Olav Johansen, un sicario del capo de la droga de Oslo, Daniel Hoffmann. Olav, un personaje que se nos hace hasta tierno, a pesar de ser un asesino, reconoce que no sabe hacer casi nada bien, ni siquiera conducir deprisa. Lo que hace verdaderamente bien es matar gente por encargo.

“Soy una persona que elegí matar al prójimo como medio de vida. Por tanto, poseo cierto margen de tolerancia respecto a la conducta y motivaciones de los demás”

Olav es un hombre solitario, nadie sabe donde vive, no tiene teléfono ni tampoco amor. Y casi esto es mejor porque cuando se enamora, lo hace de Corina Hoffmann la mujer de su jefe. Y todavía peor, es que su próximo trabajo es matarla. Es un personaje que acepta su destino como es, sacándole el mejor partido posible. Al lector le resulta simpático. Pero no esperemos una historia de amor a lo Harry Hole, la de Olav es verdaderamente incongruente. Olav también nos regala perlas filosóficas sobre el amor o la muerte, y esta vez tendrá que elegir entre uno y otra.

Para complicar más la situación, entra en escena El Pescador y sus chicos, el nuevo distribuidor de droga que compite con Hoffmann. Aquí unos y otros juegan a sobrevivir.

No tiene nada que ver con Harry. Hay escenas que parecen de risa  como dejar una pizza en el suelo irse a dar una paliza a alguien y volver a recogerla para cenar.

Como es característico en Nesbo, nos encontramos con fragmentos poéticos en los que da vida a la naturaleza o a los elementos atmosféricos: “La nieve danzaba como algodón bajo la luz de la farola; desorientada, parecía no saber si ir hacia arriba o hacia abajo”. 

En fin, me ha gustado mucho Sangre en la nieve si bien no tiene la profundidad y tristeza características de Hole, pero le aporta ese humor agrio que destila Olav.  Espero que haya continuación.

“Además, la experiencia me dice que el pensar rara vez conduce a nada bueno”

Editorial: RESERVOIR BOOKS
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788417910501
Año de edición: 2020

viernes, 3 de julio de 2020

La voz de la tierra, de Alejandro Moreno Sánchez. La tierra a veces se revuelve

Maya Velasco

La voz de la tierra de Alejandro Moreno Sánchez

Rubén es un pintor al que todo le sale mal. Por distintas circunstancias, está arruinado y decide irse a Villar del Valle, el pueblo de su familia al que hace años que no vuelven. Este pueblo se caracteriza por no aceptar a los forasteros. Esto, unido al pasado de su abuelo hace que Rubén lo tenga muy, muy difícil. Poco a poco se va adentrando en la historia de su familia y en las intrigas que vienen del pasado, y que sin saber muy bien por qué, determinarán su presente. Pero cuando menos lo esperemos, la voz de la tierra, es decir, un terremoto, cambiará por completo el paisaje exterior e interior.

Francamente esta novela me ha impactado por lo bien escrita que está. La prosa hace que el lector vaya avanzando por el libro sin darse cuenta. Mantiene ciertas intrigas hasta el final, van apareciendo historias paralelas a la principal sin que esto demore la trama, todo lo contrario, la enriquece.

Contamos además con la introducción de lujo de Marto Pariente, un plus más para este autor.

Rubén es un personaje creíble, con una historia como la de cualquiera, con sus contradicciones, sus convicciones, su difícil relación con su madre. A veces hasta parece cómica su mala suerte: lo mismo trepa por un canalón, que sube al monte para tener cobertura y se deja el móvil en casa. Me ha encantado su faceta de fumador, cualquier momento es bueno para tener mono, se le acaba el tabaco en los peores momentos, se le empapa el paquete en el momento de mayor dificultad…pero todo se arregla en la primera calada.

Ernesto, un niño al que abandona su padre, que vivirá con el rencor eterno de creer que algo le sucedió y quiere averiguar la verdad. Como en la vida misma, un rencor cocinado a fuego lento a lo largo de los años se convierte en algo muy peligroso.

La Mina, siempre visible y presente en la vida de los lugareños que viven directa o indirectamente de ella. Está en buena parte de La voz de la tierra y de las intrigas que en ella se desarrollan. Hay una escena muy visual en la que Rubén la visita y nos transmite las sensaciones con un realismo en el que el aire se nos hace casi irrespirable.

Creo que, en el fondo, Alejandro Moreno Sánchez nos transmite que la vuelta a esas tierras silenciadas y olvidadas, pueden llegar a ser una opción en nuestras vidas, que nuestro pasado de alguna manera nos sigue llamando. Pero también, que el título se refiere a cómo la tierra a veces se revuelve, tiene voz propia: “Un temblor es un monólogo en el que la tierra habla y nosotros escuchamos. Al menos así debería ser”

Sinceramente, os recomiendo esta novela de un escritor que promete regalarnos muy buenas lecturas. Y cuando terminéis el libro, Alejandro os regala un capítulo extra en el desarrollo de la historia.

”En esta vida solo hay dos elementos que motivan nuestras acciones: el dinero y el amor”

viernes, 26 de junio de 2020

El novelista, de Javier Jené Gaspar. Los novelistas son ¿gente honrada?

Hace unos días escuché que la primera frase de una novela debe de hacer que el lector sepa lo que le
espera y quiera saber qué va a pasar. Esto lo sabía Javier Jené Gaspar cuando escribió El novelista. La primera frase resume perfectamente lo que nos vamos a encontrar

“Está lleno de imbéciles este puto mundo. Es la única verdad que mi mente nunca discute”

En una sola frase nos damos cuenta de que el protagonista nos va a contar una historia sobre alguien que tiene las cosas claras, al menos desde su punto de vista.

A Javier Jené Gaspar le conocemos en SalamandraNegra.com de su anterior novela El maldito orgullo de Leo Barcan con la que ganó el Certamen literario Nuevos Escritores 2017 y con la que nos describe la vida de un tipo que sale de la cárcel. En El novelista es el lector el que entra en la cárcel, entra en el cerebro de un novelista que pasa un fin de semana en Logroño para presentar su segunda novela, pero el cerebro de este novelista es el cerebro de un psicópata.

Después de tener magníficas críticas con su primera novela, nuestro protagonista publica su segunda obra. A pesar de que con su nueva novela no cosecha el mismo entusiasmo que mostraron los críticos con su anterior libro, viaja a Logroño para hacer dos presentaciones en una librería del centro de la ciudad. Allí se fija en una espectacular joven de ojos verdes que le obsesionará el resto de su viaje. Al encontrársela esa misma noche en un bar de la calle Laurel, no sospechará que este fortuito encuentro va a remover los peores instintos que el escritor esconde y que las consecuencias de mirar estos ojos verdes van a ser terribles.

El escritor es el protagonista de esta novela y nosotros vamos a conocer al resto de los personajes a través de sus enfermos ojos. La chica de ojos verdes, la gorda, la alta, el taxista viejo, los gemelos… Nadie en esta historia tiene nombre, para qué, son seres inferiores al escritor, son cosas. El escritor es el único que está vivo. Claro que el mundo está visto desde los ojos de un psicópata que ve desde un plano superior el movimiento del mundo y el de los seres que lo pueblan. Si a esto le sumas el alcohol y las drogas…

Me ha vuelto a gustar mucho este autor. A diferencia del protagonista de la novela, Javier Jené Gaspar ha escrito una novela redonda, en todos los sentidos. Su segunda obra es tan brillante como El maldito orgullo de Leon Gaspar, más brillante aún. El novelista consigue que el lector se retuerza en su sillón descubriendo cómo es la mente de un asesino sin escrúpulos. Y el final, el final es magnífico.

Así que dejaros de lecturas sin sal y sumergiros de cabeza en el ambiente agridulce que se respira por las calles que recorre El novelista y si algo sale mal… siempre se puede culpar al vino

viernes, 19 de junio de 2020

El enigma de la habitación 622, de Joel Dicker. La última gran publicación del año

Maya Velasco.
El enigma de la habitación 622 de Joel Dicker es la última gran publicación del año, la primera que el autor ubica en Suiza, país en el que vive.

En esta novela, Joel Dicker pretende hacer un homenaje a su editor y amigo Bernard de Fallois recientemente fallecido. El protagonista es “El escritor”, este se dispone a escribir un nuevo libro y decide pasar unos días en el Hotel Palace de Verbier en los Alpes suizos. Allí descubre que hubo un asesinato en la habitación 622, hoy llamada 621 bis. Este asesinato tuvo lugar durante El Gran Fin de Semana del Banco Ebezner, donde se anuncia quién será el próximo presidente.

Además, contamos con el típico triangulo amoroso: Dos banqueros del Banco Ebezner, Macaire, casado con Anastasia y Lev Levovitch, amante de la misma. Esta historia nos hace pensar en los matrimonios de conveniencia y la búsqueda del verdadero amor, que aquí tropieza con multitud de obstáculos. De alguna manera, la relación de los amantes me ha recordado al libro de Albert Cohen, Bella del señor, en la que se intenta construir una relación perfecta sin las incomodidades de la cotidianidad, el trabajo, los hijos, etc, pero que termina siendo terriblemente artificial.

Así que paralelamente, conoceremos la historia de los personajes que pueblan este Banco. Macaire, un hombre bueno que lucha por heredar el puesto de su padre como presidente del Banco y por el amor de su mujer, Anastasia. Esta, hija de una mujer empobrecida y obsesionada con casar a sus hijas con millonarios, quiere a Macaire, pero su gran amor es Lev. Lev, un hombre hecho a sí mismo, sumamente inteligente que va subiendo puestos en la escala social para reconquistar a Anastasia. Y toda una tribu de banqueros codiciosos que luchan por el poder en un juego corrupto de intrigas y ¿de asesinatos? No, de un asesinato.

Una característica que comparte con sus anteriores novelas, es que alude constantemente al “asesinato”, pero no será hasta el final cuando sepamos quién es la víctima (recordemos “el drama” del Libro de los Baltimore).

Hay infinidad de personajes en la historia y de casi todos se cuenta toda su historia. Todos están descritos y bien dibujados como el padre de Lev, el director del Palace, la madre de Anastasia, el primo de Macaire, etc. Y todos serán interrogados para esclarecer “el asesinato” que la policía no pudo resolver y que ahora servirá a “El escritor” para construir su nueva novela.

Como en el caso de La desaparición de Stephanie Mailer, creo que esta novela no está a la altura de La verdad sobre el caso Harry Quebert o El libro de los Baltimore. El final de El misterio de la habitación 622, se llena de más y más personajes, entremezcla todas sus historias creando en el lector una sensación de desconcierto total. La solución del misterio es cuanto menos rebuscada. Me gusta mucho como escribe, entretiene, engancha, pero sigo quedándome con sus primeros libros.

“La vida es una novela que ya sabemos cómo termina: al final el protagonista muere. Así que lo más importante no es cómo acaba nuestra historia, sino cómo vamos a llenar las páginas. Pues la vida, igual que una novela, tiene que ser una aventura. Y las aventuras son las vacaciones de la vida”

viernes, 12 de junio de 2020

La nena, de Carmen Mola. El inicio del año del cerdo

LA NENA CARMEN MOLA
Carmen Mola, sea quien sea, acaba de publicar La nena, la tercera novela de la saga de la inspectora Elena Blanco con la misma polémica de las dos novelas anteriores La novia gitana y La red púrpura.

Empecé a leer La nena con bastante escepticismo. La red púrpura me pareció una extensión con poco sentido de La novia gitana, así que no esperaba demasiado de la lectura de La nena.

El año nuevo chino se celebra todos los años en el madrileño barrio de Usera. Chesca está al mando de la Brigada desde que la inspectora Elena Blanco dejó la policía después de desmantelar la red púrpura. Esa noche Chesca conoce a un joven un poco extraño. Por la mañana despierta atada a una colchoneta en un sótano con un asqueroso olor a cerdo. Sus colegas empiezan a preocuparse y acuden a pedir ayuda a Elena. A partir de ahí empiezan a tirar de un hilo que les descubrirá los secretos de Chesca mientras, sin tener apenas tiempo, tienen que encontrar a su compañera.

Es indudable que las novelas de Carmen Mola tienen un ritmo muy rápido. La trama de La nena se desarrolla en solo 3 ó 4 días, días repletos de vísceras, olor a sangre y violencia. A cualquier lector de este género esto les gusta. 

Los personajes enlazan sus propias vivencias con la investigación principal. La BAC es una unidad especial con un equipo especial que se relacionan entre ellos de manera natural. No hay personalidades excéntricas que ocupen todo el foco. Además, en esta entrega, Elena Blanco, que era la indiscutible protagonista de las novelas anteriores, tiene ahora un papel más secundario en favor del equipo. Mejor, porque era la única que parecía un estereotipo poco real. Bueno, es cierto que en este tipo de novelas la efectividad tiene que superar al realismo.

La resolución es bastante predecible. Es cierto. Para ser una brigada especial las cosas siempre les salen bien. Pero eso también es lo de menos. 

Desde luego, si buscas una novela de las que te enganchan, de las que necesitas saber cómo terminan para poder dormir La nena es esa novela. Si lo que buscas es realismo y calidad literaria, quizás no sea tu novela, pero desde luego vas a pasar un rato entretenido y escalofriante. Tú decides.

Nº de páginas: 392
Editorial: ALFAGUARA
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788420435985
Año de edición: 2020

viernes, 5 de junio de 2020

El cielo de tus días, de Greta Alonso. Un misterio fresco

Maya Velasco.
El cielo de tus días de Greta  Alonso (Seudónimo) ha sido un hallazgo en tiempos de confinamiento. No es una frase hecha, te engancha de verdad, imposible parar de leer. El motivo pueden ser sus personajes reales, frescos, el asesinato que nos obsesiona durante casi toda la historia, el equilibrio perfecto entre diálogos, sucesos, descripciones.

El cielo de tus días empieza con el envío de un mechón de pelo a la inspectora Natalia Herreros. Alex Brul, su jefe, adivina desde el principio que se trata del cabello de Alicia, su exnovia asesinada hace 15 años. Paralelamente empiezan a llegarles a los dos emails del asesino de Alicia, aunque ya hay alguien cumpliendo condena, Ennio Rossi, a todas luces un cabeza de turco. Alex, todavía obsesionado con Alicia, decide reabrir el caso:

“Cuando la vida da un vuelco, uno mira atrás y busca el momento en que todo cambió”

Alex y Natalia forman la pareja perfecta tanto a nivel policial como personal. Son guapos, simpáticos, inteligentes, de buena familia y lo más importante, cuando se miran saltan chispas en todas direcciones. Los dos están enamorados y lo saben, pero se niegan a decirlo en voz alta. Así que Alex convence a Natalia para que pida el traslado a Madrid, a Homicidios y termine el caso de Alicia. Lo mejor es poner tierra de por medio. Las relaciones sentimentales de los dos no dan para más: tras la ruptura con Alicia, Alex se comprometió con María, rica y vacía, nadie sabe muy bien porqué. Natalia convive con Tomás en una relación rota hace tiempo que se empeña en mantener. La tormenta perfecta.

Una de las grandezas de esta novela es la construcción de sus personajes. Ya hemos visto que os dos protagonistas hacen una conjunción perfecta para la intriga. El tercer personaje, Alicia, nos enamora y nos hace aborrecerla a partes iguales. A través del resto de personajes, se nos va apareciendo su vida desde las diferentes perspectivas. El problema es que pronto nos damos cuenta de aquí todo el mundo miente, o al menos, oculta algo. Y que, de algún modo, todos utilizaron a Alicia.
No hay que perder de vista la crueldad de esta novela, su dureza que a veces destila. La autora nos ofrece una panorámica del bochornoso manejo que hacen los malos de las Instituciones Públicas, policía, jueces, administraciones… de como en caso de peligro, unos se venden a otros sin la menor vergüenza.

Néstor, el hermano de Alex es también uno de los personajes que más juego da, malvado, listo, arruinado, divorciado, cruel.

A través de varios personajes, se cuestiona el papel de la familia, casi siempre fuente de problemas:

“La familia es una condena. Te la endosan cuando naces, insisten en que eres libre, pero no es cierto”

La trama se narra en primera persona alternando los capítulos de Alex con los de Natalia. Esto ofrece al lector la ventaja de ver cada acontecimiento desde las dos perspectivas.

El continuo contraste entre Bilbao y Madrid nos hace descubrir la belleza de ambas, los distintos ritmos de las dos ciudades y de sus habitantes.

Una novela más que recomendable. La autora te despista, juega contigo, continuamente aparecen nuevas historias que se enredan con la principal. Dudas de todo y de todos hasta el final.

“El techo húmedo del sótano será el cielo de tus días”

viernes, 29 de mayo de 2020

Mi hermana asesina en serie, de Oyinkan Braithwaite. Dos hermanas, asesinatos, lejía y sobornos

Mi hermana asesina en serie, de Oyinkan Braithwaite SalamandraNegra.com
Esta semana os voy a recomendar un libro que me ha sorprendido por ser una historia fresca y diferente que me ha hecho sonreír durante su lectira. Mi hermana asesina en serie, de Oyinkan Braithwaite es una novela negra diferente, una historia que te atrapa, una historia redonda.

Korede es una responsable enfermera en Lagos. Es seria, racional, inteligente.. Sólo tiene una pega, su hermana es asesina en serie. Ayoola es su hermana. Es caprichosa, superficial, enamoradiza y bellísima. Cuando se cansa de sus conquistas o cuando se siente amenazada, les asesina con la navaja que heredó de su difunto padre y llama a su hermana Korede para que le ayude a deshacerse del cuerpo. Después de ayudarla a limpiar el escenario del crimen de  su tercera víctima, Korede empieza a pensar que su hermana no mata en defensa propia, sino por algo parecido a la afición. Korede no puede desahogarse con su madre, que solo tiene ojos para su hija pequeña y ella tiene que hablar con Muhtar, un enfermo en coma que, por supuesto la escucha sin interrupciones y sin juzgarla. Cuando Ayoola se fija en el doctor del que está enamorada Korede, la historia se complica y mucho.

Las relaciones fraternales en las que la competencia entre hermanos es superada por la unión entre ellos, es el hilo central de Mi hermana, asesina en serie. Korede siempre ha envidiado la belleza de su hermana y el poder que tiene sobre los demás. Ella siempre parece invisible. Sin embargo, a pesar de todo, acude corriendo cada vez que su hermana la necesita.

Las protagonistas indiscutibles son las dos hermanas. Los personajes masculinos, quizás porque la historia está contada desde el punto de vista de Korede, no son tan completos. Los hombres representan el poder ya que son parte del gobierno, son los cargos del poder en la administración, los jefes en el hospital y también el centro de toda familia. Aparecen como personajes corruptos, maltratadores y faltos de todo escrúpulo.

Mi hermana, asesina en serie es un reflejo de la Nigeria actual, donde convive Instagram con policías sobornables, mujeres independientes con otras que solo buscan un matrimonio para cumplir con la tradición, lluvia y tráfico con policías que quitan multas por un puñado de billetes.  Korede representa la razón, Ayoola la nueva Nigeria.

Korede nos cuenta en primera persona las vicisitudes de la familia en  capítulos cortos, algunos constan solo de un par de párrafos. La lectura es muy ágil, fresca y divertida.

Me alegro muchísimo de haber encontrado esta novela. Oyinkan Braithwaite ha hecho una magnífica entrada en el mundo literario con Mi hermana asesina, en serie. Espero que este sea el comienzo de una brillante carrera literario.


Autor: Oyinkan Braithwaite
Editor: Alpha decay
Fecha de lanzamiento: noviembre 2019
Colección: Alpha decay
EAN: 978-8412073812
ISBN: 9788412073812

viernes, 22 de mayo de 2020

Nunca fuimos héroes, de Fernando Benzo. Una investigación en la que se vuelve al pasado

Nunca fuimos héroes de Fernando Benzo nos cuenta el pasado y el presente del inspector retirado de la Policía, Gabo, dedicado toda su vida a la lucha antiterrorista. Su superior en la Policía le busca para decirle que Harri, etarra que fue siempre su obsesión y al que nunca logró capturar, ha regresado a España y quieren tenerlo vigilado para saber sus intenciones. En continuos flashback, Gabo nos cuenta la lucha contra ETA en los años 70 y 80.

¿Por qué un policía retirado que vive una vida tranquila y sin complicaciones vuelve a ponerse en marcha? Todos los policías tienen un caso no resuelto que se queda grabado para siempre en su memoria y el de Gabo es Harri.

Gabo es un personaje enternecedor como todos los perdedores, triste, solitario, amargado. Jamás dio un tiro o un puñetazo. Fue y es honesto, nunca entró en la guerra sucia. Gabo perteneció a la AT en San Sebastián para luego trasladarse a Madrid en la Brigada Central de Información.  Es un referente en la lucha antiterrorista y responsable de la desarticulación de los Comandos Madrid y Barcelona. Como en toda novela negra, tiene una relación sentimental que no va a ningún sitio: con la dueña de un bar, una relación distante, sin preguntas. Y como es habitual, Gabo necesita un alter ego que será la Inspectora Estela . Divorciada, con una hija y lo más importante, todavía cree en su trabajo, todavía lucha por coger a los malos.

Gabo se pregunta insistentemente si todo ha merecido la pena, si los esfuerzos, los muertos, las guardias, las reuniones sirvieron para algo. Claramente Nunca fuimos héroes nos deja un regusto muy amargo. ¿Es esta una novela de redención? Gabo busca volver a su pasado y remedar sus errores. ¿Al final, qué nos trasmite esta historia? Que nadie gana ni pierde salvo las víctimas. Benzo nos insiste en ver las cosas sí claro los dos puntos de vista. Para la policía el objetivo es coger a los malos, para los terroristas, no hay otro objetivo de ser soldados en una guerra y hacer lo que les mandan. No piensan en las víctimas porque consideran que es así como deben llevar su lucha.

“Lo había dejado hacia más de diez años. Sin capturar a su fijación. Sin querer mirar atrás. Cansado. Decepcionado. Nunca había estado seguro de qué palabra ponerle a su abandono. Solo. Sí. Esa no era mala”.

Es muy interesante cómo Benzo nos va narrando la forma de captar a los etarras, desde la escuela, como una secta que saca a los chavales de una vida gris:”Casi sin darte cuenta, has pasado de ser un chaval con una confusa mezcla de ideas románticas y revolucionarias a ser un asesino perseguido”. También nos explica las relaciones de la banda con el tráfico de estupefacientes como medida de financiación

Reconozco que nunca me han gustado las novelas de terrorismo, pero Nunca fuimos héroes me parece más bien la historia de Gabo, de sus conflictos morales, de su lucha por dar sentido a su vida, a tantos muertos, a tanto sufrimiento. Os recomiendo que le acompañéis en este viaje.

“Matar no es fácil. Matar entristece tanto como morir”

Autor: Fernando Benzo
Editor: Planeta
Fecha de lanzamiento: 16/01/2020
Colección: Autores españoles e iberoamericanos
EAN: 978-8408221685
ISBN: 9788408221685
Encuadernación: Tapa dura
Número de Páginas: 416



viernes, 15 de mayo de 2020

El último combatiente, de Maximiliano Rodríguez Vecino. Un empujón al mundo real


El último combatiente, de Maximiliano Rodríguez Vecino. Un empujón al mundo realMaximiliano Rodríguez Vecino se estrena en el mundo de la novela negra con El último combatiente, una novela original que nos lleva a Las  Palmas de Gran Canarias a perseguir a un asesino en serie que ha sabido permanecer escondido los últimos 30 años.

En Las Palmas aparece el cadáver de un sin techo asesinado. Néstor Bandama, inspector de policía, es el encargado de investigar el caso. Al poco tiempo desaparecen dos turistas inglesas en la isla y esto hace que Néstor vea similitudes con un caso inconcluso de su padre, también inspector de policía. Desde hace 30 años hay un asesino en serie cuyas víctimas son británicos afincados en la isla.
El protagonista de El último combatiente es un policía cuyos problemas personales parecen superar al desarrollo de la investigación. A pesar de su determinación por descubrir al asesino y terminar así la larga investigación que su padre comenzó, sus adicciones emborronan su trabajo. Néstor tiene problemas con el alcohol y con el juego y es incapaz de solucionar los problemas que también tiene con su mujer. Néstor es un tipo antipático, misógino, homófobo y déspota. El lector no puede empatizar con él aunque entiende que lo que le ocurre es que el bosque le impide ver los árboles.
Los personajes femeninos parecen débiles a su lado. Los masculinos, también. 
Maximiliano Rodríguez Vecino ha conseguido crear un personaje diferente, extremo pero creíble. Pocas personas son capaces de separar sus problemas personales de sus problemas laborales, eso sólo pasa en los libros. Néstor no parece un detective de novela, parece una persona real, lo que a veces resulta inquietante para el lector.
La búsqueda del asesino remueve en la memoria la guerra de las Malvinas en la que Argentina se atrevió a toser al Imperio Británico. Creemos que las guerras terminan con el recuento de las víctimas, con los desfiles de los vencedores, pero nunca es así. La mayoría de nosotros las bloqueamos para que su recuerdo no nos altere, pero algunos siguen enganchados al problema que las produjo y muy pocos no permiten que la guerra termine. Esto es lo que ocurre en El último combatiente, pero tendréis que leerla para saber quién gana. Y el final os aviso de que es muy sorprendente.
Desde luego, además de agradecer a Maximiliano Rodríguez Vecino su labor como sanitario en esta época también convulsa, hay que agradecerle que con El último combatiente haya podido sacarnos de nuestra burbuja y llevarnos al mundo real.


jueves, 7 de mayo de 2020

Escapismo, de Marc Moreno. Un intenso texto sobre las relaciones paterno filiales de hoy en día

Manu López Marañón 

Marc Moreno (Barcelona, 1977) es autor de media docena de novelas (varias publicadas en Los libros del delito –editorial que él dirige–), entre las que destaca la penúltima, «Tiempo de ratas» (Editorial Milenio, 2017), con la que merecidamente ganó el VII premio Crímenes de Tinta que concede RBA. A sus actividades editora y escritora Marc Moreno une la labor periodística (sus artículos pueden leerse en La Vanguardia y en la revista Lonely Planet) y ser comisario del festival de literatura y cine negro Vilassar de Noir.

«Escapismo», su séptima novela, a la que puede considerarse un spin off de «Tiempo de ratas» no sólo por insistir en el que parece ser un tema fundamental para su autor (la necesidad de conseguir dinero, como sea, para sacar adelante adicciones y deseos imposibles), también por compartir algún personaje como nexo entre ambas. «Escapismo» viene a engordar satisfactoriamente la nómina de esta llamada «novela de barrio», «de quinquis» o «kinki thriller» (tres formas para referirnos a lo mismo) que se hace hoy en España, una rama del noir que revitaliza el tronco común del género negro, del que proceden otras ramas sin tanto vigor.

A la hora de citar autores (aparte de Marc Moreno) elijo tres que convierten a sus respectivos barrios en territorios idóneos para el ya casi olvidado arte de novelar. En el País Vasco Jon Arretxe con su saga protagonizada por el adivinador burkinés Touré radiografía con inspiradísima mano al complicado pero colorista barrio bilbaíno de San Francisco. Arretxe lo ha abandonado recientemente para viajar por vez primera a su pueblo natal, Basauri, un municipio industrial con mucha población emigrante; en «La banda de Arruti» (Erein, 2018) un grupo de delincuentes de segunda planea el atraco a una joyería, robo este con toda la pinta de acarrear serias rémoras. Igualmente insuperable resulta el madrileño Paco Gómez Escribano cuando retrata –a través de diversas décadas– episodios vivos y escalofriantes acontecidos en Canillejas, su barrio. Gómez Escribano explota con grandísimos recursos y aciertos a esa fauna suya tan peculiar –y hasta cierto punto entrañable–; así, en su última novela «Prohibido fijar cárteles» (Editorial Milenio, 2019), cargados de deudas con un peligroso cártel rumano de la droga pero llenos de «orgullo de barrio» unos desquiciados personajes se las arreglarán para salir de su pesadilla. La tercera autora es catalana, la gran Rosa Ribas, quien en «Un asunto demasiado familiar» (Tusquets, 2019) a una original trama detectivesca añade una impagable subtrama de suburbio a cuenta del pasado chabolero y delincuente del protagonista, su ya mítico Mateo Hernández.

Con Jon Arretxe, Paco Gómez Escribano y ahora Rosa Ribas aportando joyas como las citadas ya sólo hace falta que los acérrimos lectores del noir más canónico se animen a dar un heterodoxo paso para catar este otro tipo de literatura más negra aún –negrísima– que la generada por la tan demandada investigación criminal.

     
                                             Novelas de Arretxe, Gómez Escribano y Ribas.

El otro gran autor catalán de novela de barrio es Marc Moreno, quien en «Escapismo», al igual que hizo con «Tiempo de ratas», recurre a La Verneda para echar a rodar sobre esas aceras su barriobajero elenco. Arrabal barcelonés creado durante la década de los 50, La Verneda es fruto de la gran demanda de vivienda generada por una masiva llegada de inmigrantes desde otras regiones españolas. La carencia de equipamientos y servicios va siendo atenuada por las efectivas reivindicaciones de las asociaciones vecinales. El polígono de viviendas La Paz, inaugurado en 1966, da perfil a este distrito delimitado por la rambla de Prim y la rambla de Guipúzcoa, avenidas donde tienen lugar importantes sucesos de «Escapismo».

 
                                                             Vivir y morir en La Verneda.

Novela muy rápida, condensada en tres días (los que pasa Luisa, la madre de Aitor, víctima de un accidente laboral provocado por su empleadora, en las Urgencias del Hospital del Mar) y con el multitudinario atropello que tuvo lugar en las Ramblas, el 17 de agosto de 2017, como eje narrativo, «Escapismo» disecciona sin piedad a una familia desestructurada, la del protagonista Aitor Martí. 

Así, el padre es un adicto a la cocaína que desapareció hace 15 años; la madre una ex alcohólica obligada hoy a fregar escaleras para sacar adelante a su casa e hijo menor; el mayor, Conejo (sus enormes dientes le caen sobre el labio inferior, de ahí el apodo) se ha convertido en un tipo peligroso, de armas tomar, que vive de cobrar deudas ajenas y que no suele aparecer por el piso de su madre más que para llevarse mobiliario o incluso la televisión…

Aitor es un chaval sano y sin vicios, un pequeño camello de barrio que ayuda a su amigo Charly con trapicheos de marihuana y cocaína. Narrador de «Tiempo de ratas» este mismo Charly, junto a Eloy y el Mentiendes, se hacían con una mochila de 8 kg de farlopa que los llevaba a la perdición.

Ahora Charly, que de milagro salió vivo de aquella brutal venganza con la que terminaba «Tiempo de ratas», es otro personaje más en una historia contada en tercera persona (a diferencia de la anterior novela que lo estaba desde la primera) y que incorpora acertados insertos de la segunda persona para que Marc Moreno ajuste cuentas con su protagonista: «¿Pero tú de quién te has preocupado, Aitor? Si llevas toda la vida como si nada tuviera importancia…» o, incluso, para manifestar serias dudas frente a su capacidad para salir adelante: «Un inútil inadaptado como tú, sin habilidades sociales y al margen del mundo, ¿cómo se espabilaría sin la ayuda de la mama o del Charly?». También es usada esta segunda persona para autoinculpaciones del propio Aitor, funcionando como un sui generis monólogo interior: «La vida va sobre ruedas. Pero tú circulas marcha atrás. Y con el freno de mano puesto.» 

Y es que para mostrar la infinita infelicidad que destroza la vida cotidiana de Aitor Martí, Marc Moreno despliega a fondo sus recursos de escritor.

«Aitor sueña con volver a su estado natural de pasividad neutra que detiene el tiempo sin ninguna preocupación, ni por el dinero ni por nada que le rodea.»

Harto de las violentas apariciones de su hermano y de sus palizas, de no tener nunca un euro en el bolsillo, y aprovechando el desbarajuste policial causado por el atentado de las Ramblas, idea Aitor con urgencia un plan similar para cargarse al Conejo llevándoselo por delante usando una furgoneta que conducirá hasta su objetivo Fofo (un colega suyo de la calle con el cerebro frito por la droga y que se cree un negro a lo Dr. Dre). Desaparecido el hermano, Aitor se convertirá en víctima del terrorismo y cobrará la paga adjudicada por el Estado a los familiares de esos fallecidos. Si al final Aitor convence para el atropello al Fofo (y a su compinche el Moha), es, sobre todo, porque acaba prometiéndoles muchos gramos de cocaína si la operación se ejecuta con éxito.

«El único vínculo que Aitor tiene con ese psicópata es que ambos salieron de la misma vagina, pero Conejo jamás ha ejercido como hermano mayor ni Aitor ha albergado ninguna esperanza de que esto pasara.»

La agonía, la posible muerte de Luisa, madre de Aitor, en ese Hospital de la Barceloneta y las siempre aplazadas visitas de su hijo menor, inmerso en otros trajines, resultan un late motiv que pauta el desarrollo de la novela. Este mismo Aitor es padre de una niña –Alba– a la que ni quiere ver. Cuando supo que su novia Sofía estaba embarazada y tras no conseguir que abortara, se desentendió de ella y de lo que iba a nacer.

Con Alba Aitor repite ese mismo trato inexistente, ausente, que recibió de sus progenitores, a los que tanto reprocha y culpa de su infelicidad. Porque «Escapismo» acaba resultando, por encima de otros asuntos, un intenso texto sobre las relaciones paterno filiales de hoy en día.

Que cualquier relación (incluyendo las dadas entre hermanos) esté llevada aquí a un extremo de negatividad facilita destapar las intimidades de un grupo familiar desestructurado por unas adicciones –la droga y el alcohol– que no son exclusivas del suburbio. La dureza de ciertas situaciones, el lenguaje desabrido y violento, no son motivo para que el lector acomodado se tranquilice pensando que semejantes cosas solo se dan en los barrios, que en otros ambientes más selectos jamás encontrará dramas similares a los reflejados en esta gran novela que es «Escapismo». Pensar eso sería un grave error.

Editorial: GRUPO TIERRA TRIVIUM
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788412099829

 ENTREVISTA CON MARC MORENO:

Jon Arretxe, Paco Gómez Escribano y Rosa Ribas aparecen en mi reseña a modo de ejemplo de escritores que beben del barrio y su realidad como fuente de inspiración para sus novelas. ¿Te sientes parte de un grupo literario con características propias?

Sí y no. Por un lado es un privilegio que me metas en un grupo con estos tres autores a los que respeto tanto, y que unos más que otros es evidente que sí que hacemos cosas que van en la misma línea. En ese sentido sí que creo que hay una línea común en muchas de nuestras novelas, pero también es verdad que creo que somos autores que buscamos nuestra voz personal y un enfoque único. Yo al menos lo hago, y por lo que he leído de ellos, sospecho que ellos también, porque se salen del patrón habitual del noir español. En ese sentido creo que es difícil hablar de grupo con características comunes, porque pese a los puntos de conexión que saltan a la vista, la aspiración de hacer algo único está ahí, y es un elemento importante que nos diferencia.

Al lado de los autores que investigan crímenes, numerosísimo grupo que no para de crecer, vosotros los «suburbanos» aún sois minoría y da la sensación que vais por libre, haciendo la guerra por vuestra cuenta con lo que eso tiene de perjudicial a la hora de daros a conocer. En cambio los «criminalistas» se juntan en cuanto pueden durante incontables festivales y congresos de novela negra copando las mesas, recibiendo todos los premios; se invitan unos a otros, mantienen un estrecho contacto en las redes sociales y logran captar la atención de los medios (en prensa, revistas y hasta la televisión). La verdad es que no carecen de mérito, hay mucho trabajo ahí, y si han conseguido ser un grupo que potencia las ventas de sus productos no es por casualidad: nadie les ha regalado nada. ¿Qué se te ocurre que podríais hacer para difundir vuestras novelas escritores que, siendo tan negros –más aún, negrísimos– como los otros no os dio por crear policías o detectives? 

No creo que sea un problema de gremialismo ni de hacer grupo, los autores de nuestro rollo nos leemos entre nosotros y también nos recomendamos, disfruto con los autores del país que hacen cosas parecidas a lo que hago yo. Creo que el problema es de falta de lectores que busquen este tipo de literatura más dura, menos amable, que te golpea con más fuerza que la novela procedimental, o ya no digamos que la novela rosa con muerto e investigación. A mí me encanta la novela policiaca, igual que a la mayoría de lectores, pero yo escribo novela negra pese a ser consciente que el público potencial es mucho menor.

Siendo, para mí, vuestra literatura la rama más vigorosa y atractiva del noir ibérico, su gran esperanza, cuesta comprobar que quizá no os estéis esforzando mucho en una promoción conjunta. ¿A qué esperáis los autores «suburbanos» para estrechar lazos y dar a conocer vuestras obras fuera del círculo habitual? 

Más que estrechar lazos lo que hace falta es que una novela de bajos fondos haga el ruido suficiente para que arrastre al resto a tener un poco más de visibilidad, y genere interés en el lector. Supongo que necesitamos que aparezca un nuevo profeta con una novela revolucionaria bajo el brazo y que le haga estallar la cabeza a todos los lectores para que ponga el foco en el resto de autores que hacemos novela negra más allá de lo policial.

¿Crees concebible un festival de novela quinqui en este país?

No lo veo factible a corto plazo porque ni hay lectores suficientes ni demasiados autores que apuesten de manera clara por este tipo de historias.

¿Ves preparado al lector para dar el salto y descansar un poco de novela policíaca e interesarse por lo qué ocurre en los barrios de su ciudad?

No hay que elegir entre papá o mamá. La grandeza del género negro es que es muy amplio, de una enorme riqueza y diversidad, y que permite afrontar historias desde diferentes puntos de vista sin perder la negritud. El enfoque es la clave de cada subgénero, y lo que ofrece es distinto, desde luego, porque cada novela tiene un tipo de lector diferente. La cuestión sería llegar a un punto de equilibrio en la que hubiera tantos lectores de policial como de negra, y poder leer lo mejor de cada rama.

En «Escapismo», aun estando presentes temas muy de novela de barrio (como esa necesidad acuciante de encontrar dinero), tras su febril lectura acaba primando el recuerdo de esa brutal disección familiar que haces. Los motivos de tu protagonista a la hora de sentirse un sujeto infeliz y abandonado por todo el mundo quedan muy bien desarrollados. ¿Consideras que en La Verneda los problemas que puede generar una familia desestructurada en los hijos son de mayor calado que, por ejemplo, los que puedan darse en una familia de ese tipo del Eixample?

Los desajustes personales que una familia desestructurada provoca en los hijos son iguales en todas partes, porque los sentimientos no son diferentes en un barrio u otro. Sin embargo, el entorno influye porque ayuda o complica la problemática. Si la realidad que han mamado estos chicos desde niños es una sociedad violenta, degradada y sin empatía, gestionar la falta de esa red familiar que te mantiene vivo no es fácil, porque si no te ayudan los tuyos difícilmente lo hará el resto. En una realidad más amable, que no machaca a los chavales, es probable que encuentren fuera esos apoyos que no hay en casa.

Aitor Martí, el protagonista, que con razón no para de quejarse durante toda la novela del desdén recibido por parte de sus padres (un drogadicto y una alcohólica), sin embargo repite esa misma pauta de actuación con su hija Alba, una hija no deseada que no recibe de su padre la menor atención. ¿Te parece que es una postura consciente por parte de Aitor esa de ignorar a su hija o, por el contrario, habría que buscar en el inconsciente sus motivaciones?

Aitor es hijo de sus circunstancias. Y de lo que ha vivido como algo normal durante toda su vida. Él es consciente que sus padres no lo han hecho bien porque le han generado un sentimiento que no es bueno, y que siente que le ha condicionado en su vida, pero cuando él tiene que hacer de padre acaba copiando malas conductas que él ha visto hacer. Y lo hace con naturalidad y sin pensar que lo hace mal, porque para él es lo que hay, es lo normal. Hasta que pone en marcha ese pequeño cerebro que tiene desentrenado y empieza a darle al coco, que es el gran problema de este tipo de chicos, que no piensan mucho, y cuando lo hacen, como no están acostumbrados a utilizar el cerebro, suelen meter la pata y se equivocan.

Respecto a «Tiempo de ratas», tu anterior novela contada en primera persona, en «Escapismo» optas por el narrador omnisciente añadiéndole unas muy ajustadas y brillantes apariciones de la segunda persona. ¿Qué te mueve principalmente a elegir la persona en que va a ser narrada tu obra? 

Lo que quiero contar y cómo lo quiero contar para pasármelo bien escribiendo y que el lector también lo haga al leerlo. En «Tiempo de ratas» tenía muy claro lo que quería explicar, pero me costó encontrar el tono narrativo. Estuve cuatro años cambiando cosas hasta que encontré la voz en primera persona pero de un personaje secundario, que creo que al final funciona muy bien. Y en «Escapismo» me pasó todo lo contrario, que rápidamente encontré el tono y sabía cómo quería escribir: con un narrador activo que se mete con los personajes, que les habla, y que interpela al lector, que hace un juego diferente para que el lector sea consciente que la historia que está leyendo lo va a mantener despierto.

¿Lo tienes claro desde el principio o, por el contrario, brota de manera espontánea?

Invierto mucho tiempo en la pre y post escritura, así que cuando me pongo a escribir lo tengo todo muy pensado y estudiado porque le he dado mil vueltas y sé qué voy a escribir y cómo lo voy a hacer. Soy periodista y estoy acostumbrado a escribir rápido, así que el proceso de redactar la novela normalmente suele ser muy corto, pero luego me pego muchos meses rescribiendo, igual que antes de ponerme, que también me paso muchas semanas dándole vueltas a las piezas y haciendo mi tetris particular.

El final de «Escapismo» no es menos violento que el de «Tiempo de ratas». A diferencia de otros autores en los que muere hasta el apuntador en sus desenlaces (estoy pensando en Paco Gómez Escribano), tú te las arreglas para que quede algún superviviente. En el caso de «Tiempo de ratas» el que no moría era el narrador, Charly, el mismo que tiene un papel importante en «Escapismo». ¿Reservas algo para el superviviente de «Escapismo» en tu próxima novela?

Mi idea literaria es crear un universo propio, y eso supone que en todas las novelas hay pequeños elementos comunes, guiños, o conexiones que si has leído todos los libros te harán gracia, pero que si no las detectas no impide en absoluto entender cada novela, porque simplemente son juegos que hago con el lector. No voy a ser tan presuntuoso de decir que lo tengo todo pensado hasta el día que me muera, las novelas que voy a escribir y qué personajes van a salir, pero me encanta jugar a crear algo que vaya más allá de cada novela individual. Un mundo literario que crece novela a novela.

¿Cuáles son tus escritores de cabecera?

Dennis Lehane y Don Winslow, que curiosamente son dos escritores que no están demasiado bien vistos entre los autores de aquí, y Edward Bunker. Y de los españoles Carlos Zanón. Como se suele hacer en estos casos podría mencionar a los clásicos, de los que he tratado de leer al menos una novela de los principales autores americanos de la primera mitad del siglo XX, pero para mí un escritor de cabecera es ese autor del que te lo has leído todo o casi todo, y que cuando saca novedad vas como un loco a la librería. Y de esos solo tengo estos pocos.

¿Dentro del género negro por quién te consideras más influido?

Por muchos autores, soy un escritor muy abierto a las influencias y, cuando algo me llama la atención, intento incorporarlo a mi repertorio. Creo que tengo un estilo muy personal, pero este estilo no ha surgido de la nada, he ido adaptando a mi manera de escribir todo lo que me gusta de otros autores. Siempre leo con ojos de escritor y con voluntad de aprender. Recuerdo como si fuera ayer el día que leí «El poder del perro» y el estilo picado y cortante de Winslow. O cuando descubrí la negritud poética de Zanón.

¿Podrías descubrirnos algún autor que te guste y que no sea aún demasiado conocido?

Jordi Dausà y Diego Ameixeiras. Para mi gusto, Jordi es el mejor escritor de novela negra en catalán (tiene traducida al castellano la novela «Lemmings», que ganó el premio a la mejor novela en el festival Lloret Negre y que recomiendo a todo el mundo) y lo mejor de todo es que él no es consciente de ser un escritor de novela negra. Y Diego es un autor gallego del que he leído cuatro novelas suyas traducidas al castellano (creo que tiene alguna más en castellano), y que tiene un manejo narrativo espectacular, capaz de crear una gran tensión con muy poco, y unos personajes riquísimos.

¿Te planteas cambiar de registro literario y probar otras temáticas alejadas de la marginalidad?

Sí, desde luego, pero la cabra tira al monte y hay ciertos elementos que me atraen especialmente, y como escribo para pasarlo bien, al final acabo metiendo cositas del barrio, de bajos fondos y acabo convirtiendo cualquier historia en una crook story.

¿Puedes contar para Salamandra Negra en qué estás ocupado ahora?

Estoy con el guion de «Tiempo de ratas», que si todo sale como espero que salga, se convertirá en una película. Y acabando una novela de título «Después de la vergüenza», que es un pelín más thriller y no tan quinqui como las anteriores, pero que conserva muchos de los elementos habituales en mis novelas.
                                                                                 Marc Moreno