miércoles, 25 de mayo de 2022

Mónica Rouanet habla con nosotros después de publicar Nada importante y antes de visitar Galapanoir

Uno de mis grandes descubrimientos del año pasado fue Monica Rouanet. No oigo a los niños jugar y Nada importante, ambas publicadas por Roca, son sus dos últimas novelas publicadas. En la serie de entrevistas que estamos haciendo a los participantes de Galapanoir, hoy tenemos el honor de haber podido hablar con Mónica Rouanet que, con Javier Menendez Flores, participará en una interesante mesa "El perfil del criminal". Así que os espero el viernes 3 de junio a las 19:00 en Galapagar y os dejamos la entrevista para abrir boca.

En Nada importante reflejas la violencia contra las mujeres en los años 90 y en actualidad. ¿No temes que el tema que tratas abra siempre un debate y la calidad literaria pase a un segundo plano?

La verdad es que no. A mí me gusta leer historias que, además de distraerme, me hagan pensar, y eso no hace que deje de apreciar la calidad literaria de las mismas. En todas mis novelas coloco de fondo un tema de carácter social con el que los lectores puedan (o no) sentirse identificados. En este caso, cuento la historia de un asesino en serie que decide erigirse como salvador de la sociedad acabando con parejas mixtas que, según sus criterios, se saltan una normativa de género anacrónica que él mismo ha estipulado. Esa normativa aboga por la inferioridad de las mujeres frente a los hombres, a los que deben acompañar y servir.

Los personajes que rodean a Minerva, la protagonista de Nada importante,  salvo Hilda que es holandesa, representan los pilares del machismo: la madre que quiere que su hija perpetúe los valores del patriarcado para evitarse problemas, el amigo protector que, aun con buena voluntad, necesita estar siempre pendiente de ella, el amigo gamberro y gracioso que representa al “malote” que gusta a todas las chicas. ¿Crees que, inconscientemente o conscientemente, estamos programados para representar uno de esos papeles? ¿Que Hilda no sea española es casualidad?

Todos esos personajes existen, en cierto modo, en la vida real, pero también existen muchos otros que, poco a poco, van implantándose en la sociedad actual. Me refiero a las madres y padres que procuran que sus hijas sean felices haciendo aquello que quieran hacer sin preocuparse de los antiguos valores patriarcales, a los amigos que no protegen sino acompañan, a las personas que no juzgan a las mujeres por defender sus derechos…

Que Hilda sea extranjera no es una casualidad. Necesitaba un personaje con unos valores diferentes a los que priorizaban en España en los años 90 y recordé a varias amigas y amigos holandeses de aquella época, afincados en España, a los que no les importaba tanto el qué dirán como a los españoles, y decidí adoptar a una de ellas que, en realidad, es una mezcla de todos.


Me ha gustado mucho como el narrador en cada capítulo entra en la mente de cada uno de los personajes y la trama avanza desde la perspectiva de cada uno de ellos. ¿Cuál ha sido el personaje cuya mente ha sido más difícil de reflejar?

Con algunos lo he pasado verdaderamente mal, pero si tuviera que elegir uno me quedaría con Sagrario. Lo peor de todo es que, mientras escribía, me daba cuenta de que eso a lo que se aferra ella no se aleja tanto de lo que todavía piensa, aunque sea por una décima de segundo, parte de la sociedad. La presión social y el miedo al cambio nos obligan a aceptar cosas terribles y a contemplarlas bajo un prisma de normalidad. 

En Despiértame cuando acabe septiembre, Amparo, la protagonista, sufre un terrible golpe cuando su hijo desaparece tiempo después de la desaparición de su marido. En tu anterior libro No oigo a los niños jugar la protagonista es una mujer, una joven, que se encuentra en un centro psiquiátrico y que arrastra un terrible sentimiento de culpa después de la muerte de su familia. Minerva, después de sobrevivir a una violación y a una paliza brutal que le provoca una amnesia que borra todo su pasado, tampoco es capaz de dejar de sentirse culpable y avergonzada de lo que otros le han hecho. ¿Es casualidad que las tres protagonistas sean mujeres?

En mi primera novela, El camino de las luciérnagas, el protagonista es un hombre y, en esta última, Nada importante, creo que hay dos co-protagonistas: Minerva y su asesino. Sí es cierto que en mis otras novelas, la protagonista absoluta es una mujer y no es casualidad. Es así porque las historias así lo requieren precisamente para dar visibilidad a los diferentes lugares en los que nos coloca la sociedad por distintos aspectos como la edad, el género, la situación socioeconómica… 

Tratas, en cada una de las novelas uno de los temas de los que la sociedad prefiere no enterarse, no sé si para fingir que no existen. ¿Qué más se puede hacer para que se afronten de cara tanto los problemas mentales como la violencia contra las mujeres si nadie quiere mirar de frente a estos problemas?

Creo que este tipo de problemas sociales empiezan a tenerse en cuenta, lo triste es que tengamos que llegar a situaciones extremas para que así sea. Es importante continuar construyendo pequeños peldaños, que nos lleven a la visualización y condena total de los mismos, a través de diferentes actos, como la tolerancia cero hacia comentarios y actuaciones indebidas, o la exposición de pequeñas situaciones abusivas que denuncien la actuación de quienes las cometen.

Cuando Minerva no puede recordar nada de su pasado todos los demás personajes tienen miedo de que acabe recordando. Su falta de recuerdos convierte a Minerva en una mujer frágil que no cuenta con experiencias que le puedan ayudar a enfrentarse al presente y al futuro. Si el pasado nos atormenta tanto ¿no es preferible olvidar los momentos traumáticos? ¿Se puede vivir sin pasado?

No, es muy difícil vivir sin pasado y, aunque sea un pasado traumático, es necesario recordarlo. Saber de dónde venimos nos ayuda a comprender nuestro yo actual y nos permite tener conciencia de por dónde debemos actuar para modificar algo. Es importante saber cómo fue el antes para comprender el ahora.

Una pregunta que os hacemos a todos es si creéis que los festivales de novela negra sirven realmente para acercar a nuevos lectores al género o si hay demasiados.

Es cierto que cada vez existen más festivales de este tipo, pero todos tienen algo que los hace diferentes a los demás. Los festivales literarios sirven, entre otras cosas, para que los lectores y los autores se conozcan e intercambien opiniones, y, por supuesto, esto consigue que más personas se interesen por la literatura y lean.




viernes, 20 de mayo de 2022

Félix García Hernán, el 2 de junio participará en Galapanoir y hoy charla con nosotras

El próximo 2 de junio Félix García Hernán estará con Cristina Higueras en Galapanoir. Participará en una mesa que promete y mucho La oscuridad del personaje. En SalamandraNegra.com seguimos entrevistando a los participantes en esta esperada segunda edición de Galapanoir. Maya Velasco habló con Félix García, espero que disfrutéis de la charla.

ENTREVISTA FÉLIX GARCÍA HERNÁN

Año 2020, Cava dos fosas fue todo un éxito y fue finalista al premio Negra y Mortal a la mejor novela
negra en español, Félix García Hernán recibe el premio Estandarte.com al Autor Revelación. ¿Cómo te sientes con un éxito tan inmediato tanto de lectura como de crítica que ha continuado con tu segunda novela, Pastores del mal?

Pues muy feliz. No hay mejor premio para un autor que la aceptación de sus lectores. Tras lo buena acogida que en su momento tuvo “Cava dos fosas”, no te puedo negar que algo de miedo escénico me  sobrevoló cuando se publicó “Pastores del mal”. Por fortuna, desde las primeras reseñas noté con alivio que estaba gustando mucho. El tema de fondo la novela es tan espinoso que temí que los lectores no conectaran con ella, o directamente la rechazaran.

Por si todo esto fuera poco, Atlantia Media ha comprado los derechos audiovisuales de las dos novelas. ¿Cómo vas a enfocar este nuevo reto? ¿Vas a escribir tú los guiones?

Fue una gran alegría para mí que esta productora se enamorara de la novela antes incluso de su publicación. Aparte de comprar lo derechos, realizaré el guion junto al director de la que, en principio, va a ser una serie de 8 capítulos.

Respecto a tu pregunta, ya participé junto a Javier Elorrieta en el guion de la adaptación de mi novela  “Delfines de Plata”, que se rodará próximamente para emitir en RTVE. Escribir un guion es una aventura apasionante. Sobre todo, porque es un lenguaje totalmente diferente al literario, y donde la química con el director de la película es clave para el resultado final. Estoy deseando ponerme manos a la obra con el guion de “Pastores”.


Una de las principales características de la novela negra es la crítica social. Tu primera novela aborda el tema de la homofobia y la segunda de la pederastia, ¿Por qué has elegido estos dos problemas?

Creo que el autor de novela negra tiene la responsabilidad de actuar un poco como notario de la actualidad, mostrando a los lectores su versión de esos problemas que afectan a la sociedad. Por desgracia, es difícil encontrar temas más actuales y que al mismo tiempo creen tanto rechazo como la homofobia y la pederastia. Cada uno a nuestro nivel debemos de poner nuestro granito de arena  para que ambas lacras desaparezcan lo antes posible.

Tal y como la defines en la novela, la pederastia es el peor de los crímenes, ¿Cómo has conseguido transmitir el que causa este crimen y tratarlo de manera que no resulte excesivamente doloroso para el lector? De verdad, me ha sorprendido tu exquisita delicadeza.

Siempre me ha causado horror los que abusan de los más indefensos: los niños. Creo que están en la escala más alta de la maldad. Y, sobre todo, quería mostrar al lector algo que muy pocas veces sale a la luz: tras esa abominación, lo que se esconde como casi todo en la vida, es el dinero. Mi principal preocupación según escribía, era hacerlo con el suficiente mimo para que en ningún momento se hiriese la sensibilidad del lector, dado lo repelente de la trama. Parece que lo he conseguido, ya que en la mayoría de las reseñas se hace hincapié precisamente en eso, en que el lector sufre más por lo que no digo que por lo que digo.

¿Es posible que los padres vendan a sus hijos así? ¿Existe esta maldad tan abominable con los más inocentes?

Sé que es muy duro de decir, pero tras la imágenes que está viendo algún pedófilo o pederasta a escondidas en su ordenador, o de un adulto interactuando con un niño, muchísimas veces hay unos familiares (incluidos padres) que han vendido o facilitado esas imágenes y esos niños a las mafias.

La pederastia supone un negocio ingente que traspasa fronteras ¿cómo te has documentado para contarnos la inmensa red a nivel mundial que maneja este negocio?

Fue la parte más dura de la novela, los meses que pasé hablando con psicólogos, policías, y víctimas de abusos. Mi mayor sorpresa fue descubrir, que, como temía y he comentado antes, el objetivo final, al igual que en muchas otras lacras de la sociedad como la prostitución, las drogas o el tráfico de armas, es el ingente dinero del que se benefician las mafias. 

¿Qué opinas de los medios sensacionalistas?

Que la sociedad debe educar a sus miembros desde muy pequeños para que tengan el suficiente criterio y formación para identificarlos y darlos su justo valor.

Pastores del mal incluye la pederastia cometida por sacerdotes ¿Qué opinas sobre la postura de la Iglesia española antes las investigaciones de tantos abusos cometidos en el pasado?

Pues la respuesta es muy sencilla: todo lo que no sea tolerancia cero por parte de la Iglesia es inaceptable, y, por desgracia, me temo que eso no está pasando. Tan culpable es el párroco pederasta que se aprovecha de los más desvalidos, como el obispo que tapa su abominación.



Tus personajes están perfectamente construidos. Me ha llamado la atención el amor con que muestras al Padre Damián y a mosén Estanis.  

Esos dos personajes son un ejemplo de que ”Pastores del mal”  no es una novela contra la Iglesia, sino contra  (muchos) miembros de esta, que con su actuación y su silencio han contribuido a que esa institución cause tanto rechazo.

He oído por las redes que ya tienes la tercera, ¿nos puedes contar algo? ¿Seguiremos disfrutando de Javier Gallardo y Raúl Olaya?

Definitivamente, sí. El próximo mes de septiembre, y de nuevo de la mano de mi querida editorial “Alrevés” tendremos a estos dos “Pájaros” trabajando de nuevo.




viernes, 13 de mayo de 2022

El libro negro de las horas, de Eva García Sáez de Urturi. La codicia de los bibliófilos

Maya Velasco.
El Libro Negro de las Horas de Eva García Saénz de Urturi marca el regreso del Kraken, muy esperado por sus seguidores.

Unai López de Ayala, alias Kraken, recibe una llamada en la que le amenazan con matar a su madre si no entrega el Libro Negro de las Horas. El principal inconveniente es que la madre de Unai lleva cuarenta años muerta. No obstante, decide investigar y su búsqueda le lleva de Vitoria a Madrid. 

“Odiaba y amaba aquella sensación, la de estar presente en el escenario del crimen e intentar resolver el enigma que me dejaba un malnacido”

La trama de esta novela es independiente de la Trilogía de la Ciudad Blanca, aunque sigue la línea temporal en los protagonistas. La aparición de la primera novela de la trilogía, El Silencio de la Ciudad Blanca, supuso un verdadero fenómeno editorial que aumentó con cada entrega. Sin embargo, El Libro Negro de las Horas no tiene la misma intensidad. La trama no es tan adictiva, el ritmo es un poco lento, la actuación de Kraken no es la del superhéroe que se pintó para la saga. Unai es ahora formador de perfiladores criminales y protagonista absoluto de la novela. El resto de personajes parecen simplemente apoyar su trama. Sin embargo, hay que pensar que a todos ellos ya los conocemos con profundidad.

Claro, lo primero que uno se pregunta es qué es un libro negro, y qué es un libro de horas. Porque este nombre tiene su explicación. El libro como objeto de culto es el único personaje que compite aquí con Kraken.

Esta novela, nos introduce en el mundo del libro antiguo, unas veces para mostrarnos el más profundo amor a estos y otras para sacar a la luz las intrigas de bibliófilos y coleccionistas de libros. Hasta qué punto el deseo de tener un ejemplar único se debe al deseo de leerlo o más bien a la codicia, una codicia que, por otra parte, puede llevar incluso al asesinato. En mi opinión, las largas disquisiciones sobre el tema, el exceso de detalles de ese mundo resulta un poco abrumador para el lector y ralentiza bastante el curso de la novela.

“Las personas son efímeras, acaban muriendo. Un libro no muere, es mucho más longevo, y todos somos sus custodios temporales.”

A pesar de que en estas novelas prácticamente no hay crítica social, la historia de los años 70 contiene una crítica feroz contra ciertas instituciones católicas en las que sobre todo en la dictadura y transición, el maltrato a los niños abandonados o de familias de izquierdas era muy duro. Aún así, nos muestra  una historia de superación y de cómo de una infancia frustrada se puede sacar un futuro brillante.

La estructura del libro responde a la alternancia de épocas (Actual/pasada) y de narrador (tercera/segunda persona) que, desde luego, añade dinamismo a su prosa. El centro de interés de la novela será no tanto, la búsqueda del libro, si no, la constatación de quién es esa madre viva de Kraken y el descubrimiento de otra historia personal a la que nos habían contado.


“A veces sabes que la vida te va a cambiar al minuto siguiente, pero por mucho que te prepares mentalmente, te viene grande”

En fin, un libro entretenido, con una trama bien construida y de contenido bastante culto. Os dejo que averigüéis quien es la madre, o no, de Kraken.


lunes, 9 de mayo de 2022

GALAPANOIR, EL FESTIVAL DE NOVELA NEGRA DE LA SIERRA DE MADRID, CELEBRA SU II EDICIÓN CONTANDO CON INTERPRETACIÓN EN LENGUA DE SIGNOS

 

GALAPANOIR, EL FESTIVAL DE NOVELA NEGRA DE LA SIERRA DE MADRID, CELEBRA SU II EDICIÓN CONTANDO CON INTERPRETACIÓN EN LENGUA DE
SIGNOS

Los próximos días 2, 3, 4 y 5 de junio el municipio madrileño de Galapagar se vestirá de negro celebrando la segunda edición del único festival de literatura del crimen de la sierra de Madrid, promocionado por la concejalía de cultura y la galardonada biblioteca municipal Ricardo León.

El evento contemplará más de una veintena de actividades gratuitas que abarcarán desde encuentros de autor, mesas redondas, talleres de escritura, conferencias, hasta cuentacuentos y actividades infantiles, siempre en torno a los géneros policíaco, noir o true crime. Además, contará con el II certamen de microrrelato Enid Blyton orientado a jóvenes de la Comunidad de Madrid impulsando la lectoescritura en los adolescentes.

Este año Galapanoir da un paso más en su gran apuesta, la inclusión, a través no solo de la participación del público infantil, la focalización en el rol de la mujer escritora, la asistencia de ponentes locales, nacionales e internacionales, sino también apoyando al sector discapacitado, convirtiéndose en el único festival literario que contará con dos intérpretes en lengua de signos en los encuentros de autor y las mesas redondas.

Autores como Elia Barceló, José Carlos Somoza, Olga Luján, Miguel Ángel González, Marta Barrio, José Ángel Mañas, Sandra Aza, Javier Menéndez Flores, Berna González Harbour o Blas Ruiz Grau se darán cita en un encuentro que impulsa la literatura más demandada en la actualidad por los lectores: el género criminal. Además, participará la autora sueca Emelie Shepp en un encuentro que será retransmitido en streaming y mediante traducción simultánea.

Un festival, comisariado por Jimena Tierra (©Grupo Tierra Trivium), que pretende dar voz entreteniendo e ilustrando a todos los públicos desde los diferentes puntos de vista que ofrece la literatura de crímenes y, por supuesto, proporcionando un notable impulso al sector del libro.

La Plaza de la Constitución y la biblioteca municipal Ricardo León se convertirán en escenario del crimen durante cuatro días inolvidables dedicados a la cultura en la que los interesados podrán participar de manera gratuita inscribiéndose con premeditación y alevosía en unas jornadas apasionantes.

Más información: www.galapanoir.com y contacto@grupotierratrivium.com

Las manos tan pequeñas, de Marina Sanmartín. Una historia que renueva el género criminal

Manu López Marañón

 LAS MANOS TAN PEQUEÑAS. Marina Sanmartín. Harper Collins (2022) 

Cuatro años se ha hecho esperar Las manos tan pequeñas, última novela de Marina Sanmartín (Valencia, 1977). A El jardín de los sospechosos (Principal, 2018), le habían precedido la ficción lovecraftiana Informe sobre la víctima (2016), El amor que nos vuelve malvados (2014), y su opera prima: La clave está en Turgueniev. Autora también del volumen de relatos La vida después, esta licenciada en Periodismo compagina su carrera como novelista con la gestión de la librería Cervantes y compañía. Desde 2017 Marina Sanmartín tiene una sección propia sobre novela negra –Tinta Roja– en ABC cultural.

El agotamiento de las tramas en las novelas de investigación criminal complica el oficio de algunos escritores que, ocupándose todavía de ellas, intentan dejar su sello frente a esa mayoría que, sin remilgo alguno, opta por seguir –paso a paso– el esquema que Dashiell Hammett les legó para esta rama del noir (muy mayoritaria y popular, y a la que habría que denominar sin ningún temor subgénero). Una estructura narrativa simple da lugar a combinatorias que parecían tener no pocas posibilidades argumentales y que desarrolla situaciones, personajes y acciones de gran variedad, pero explotadas hasta su casi extenuación. Si son buenos algún día copiaré los postulados hammettianos para que comprueben qué sencillo resulta construir una intriga policíaca (regular o mala, eso dependiendo del talento de quien la desarrolle). 

Las manos tan pequeñas, esta espléndida obra que hoy presentamos desvela un crimen con una estructura narrativa muy trabajada. Olivia Galván, su protagonista, cuenta en primera persona su historia utilizando dos tiempos narrativos. 

Con el primer tiempo verbal la narradora, en la taberna del hotel Andaz en Tokio, se sitúa en un presente desde el que refiere hechos pasados. Durante un diálogo con Gonzalo Marcos, asesor cultural de la Embajada española en Japón, Olivia desgrana la verdad sobre el crimen de Noriko Aya, bailarina hispano-japonesa de fama mundial cuyo cuerpo ha aparecido en los jardines de Hamarikyu, en un tramo que se convierte en bosque. En estos seis capítulos la primera persona se combina con la segunda persona (ya en El jardín de los sospechosos me llamó la atención este uso que ahora alcanza grado de perfección) para dirigirse al interlocutor de Olivia, Gonzalo, cuyos comportamientos y suposiciones, sin interferencias de la narradora, solo conocemos directamente en sus réplicas de diálogo, unas réplicas con los pies en la tierra (ante las abundantes digresiones y suposiciones con que Olivia arma su confesión). El segundo tiempo refiere durante otros seis capítulos y también desde un presente que desgrana –ahora cronológicamente– lo que pasó desde la llegada a Tokio de Olivia y su marido, César Andrade, hasta llegar al capítulo final. «Tres años después» desempeña funciones de epílogo y en él se ponen al día los destinos de los cuatro protagonistas del libro.

Este perspectivismo del «yo narrativo» desarrollándose a gusto con el entrecruzamiento de ambos planos temporales, lejos de solaparlos, los complementa y logra interesar en todo momento. Lo que tan tentador y fácil hubiera resultado, confundir al lector tendiéndole trampas (o peor, aburrirlo con repeticiones), es concienzudamente evitado por Marina Sanmartín, que oculta datos esenciales para el esclarecimiento de la muerte de la bailarina manteniendo un legítimo y conseguido suspense. El misterio se acaba desvelando. Los lectores, con contundencia irrebatible, sin habernos engañado en ningún momento –menos aun sin haber sido tratados de idiotas–, alcanzamos a ver de una vez –y solo cuando la autora lo considera oportuno– la resolución de lo que nos ha intrigado. La vistosa y muy eficaz estructura de Las manos pequeñas es, para mí, su más destacable seña de identidad.

Las manos pequeñas es una obra de investigación criminal protagonizada por una autora, precisamente de novelas policiales, y por un asesor cultural de embajada. No son por tanto unos profesionales que al modo detectivesco investigan y desentrañan: el esclarecimiento del asesinato de Noriko Aya no vendrá envuelto en complicadas pesquisas policiales. Aquí lo sucedido se confiesa a través de la mirada y la voz de una mujer muy particular, Olivia, involucrada en unos hechos luctuosos que la atañen y de los que tiene claves para su cabal comprensión. Siempre como atento y a veces desconcertado oyente, Gonzalo se gana su confianza. Ella, segura de su silencio, aclarará –para él y los lectores al mismo tiempo– las motivaciones y complejas causas que desembocan en una carnicería.

La profundización psicológica que sobre sus personajes realiza Marina Sanmartín resulta notable. El esclarecimiento del crimen tira con fuerza del argumento y su fase final es sorpresiva; pronto percibimos cómo la autora se ha esforzado para interesar al lector (consiguiendo, por ejemplo, despertar mi apagado interés hacia estas ficciones). Pero lo que verdaderamente me sacude en Las manos tan pequeñas es el entramado de relaciones personales. Así, la de César Andrade y su mujer Olivia es una relación conyugal sustentada en la dominación/sumisión de la que nos enteramos por las acongojantes y descarnadas confidencias que hace ella sobre cómo –voluntariamente y con morboso agrado– acepta ser humillada por César. Dos psicologías enfermas quedan modeladas: la del masoquista extremo, un profesor especialista en literatura comparada que recorre las universidades del mundo dando conferencias, y la de la autora de una serie negra, quien –a pesar de su inteligencia y éxito– permite ser tratada como una perra.

César Andrade y Noriko Aya tienen una intensa relación amorosa y pasional, obligatoriamente discontinua, sustentada en las actuaciones que la bailarina de fama mundial ofrece en grandes capitales, cosmopolitas escenarios para las citas de la pareja. Agotada su relación con Olivia, el docente maduro encuentra en esta otra mujer (que ha conocido en Madrid) un motivo principal para seguir viviendo. Con el pretexto de impartir unas conferencias en la universidad tokiota queda con Noriko para entregarle un carísimo anillo de oro blanco con tres rubís. Muerta desde el inicio de la novela ella es el personaje más etéreo de Las manos tan pequeñas, aunque su creadora transmite bien la delicadeza, los arrebatos por César y esos vaivenes emocionales a los que la lleva ese descontrol. Hideki Kawaya, novio oficial de Noriko que denuncia su desaparición, mantiene con ella una relación más bien estandarizada pero de la que tampoco puede decirse que quede excluida la efusión.

Por último, Oliva y Gonzalo Marcos, amigos accidentales y recientes en Tokio, intiman durante esos días que pasan juntos recorriendo la ciudad. Entre ellos crece una complicidad que parece ser la puerta hacia el amor…

Marina Sanmartín despierta fuertes –y parece que siempre evidentes– sospechas sobre quienes pudieron asesinar a Noriko: César, Hideki y la propia narradora (El asesinato de Roger Ackroyd anda por ahí). Llevado por varias hipótesis que confluyen durante la lectura, creo que nadie dará con la resolución del inexplicable crimen acontecido en los jardines de Hamarikyu hasta que Olivia lo aclare. Venganzas, celos e incontrolables pasiones agitan con furia este explosivo cóctel. 

Alejada de esas narraciones que más parecen una guía turística de la ciudad donde se desarrollan, Las manos tan pequeñas hace que sus lectores respiren Tokio como si hubieran estado allí. La selección de templos (el de Senso-ji), museos (el de Nezu, dedicado a figuras budistas, monedas y telas) edificios (la torre Skytrel, la zona de Roggonpi), el Monkey Cafe (el apartado gastronómico, en ruidosas izakuyas –tabernas–, no está menos cuidado) y librerías (las de la cadena Tsutaya Books), ambientan ajustadamente lo que en cada uno de esos lugares se cuenta. Los jardines de Hamarikyu y esa estrecha calle contra terremotos, escenarios donde se reparten los restos del despedazado cadáver, fueron elegidos con indudable acierto. 

Narraciones como esta suponen una renovación del género y marcan el camino a seguir. Las manos tan pequeñas es una excelente novela policíaca. Al mismo tiempo es una obra literaria, –a secas y sin etiqueta comercial–, de enorme calidad que interesará a cualquier lector de exigente criterio; a ese lector escéptico y bien alejado de aquello que no trasciende el resobado código hammettiano. Marina Sanmartín con su quinta novela evita la mediocre abundancia y da el salto hacia la gran literatura. Bienvenida al selecto club.

«La memoria es una máquina extraordinaria y actúa como una mesa de edición cinematográfica sobre la que, desordenados e inflamables, descansan a la espera de ser elegidos centenares de pequeños fragmentos de celuoide».



ENTREVISTA CON MARINA SANMARTÍN:


La estructura de su novela, articulada en torno a la conversación que en una taberna de hotel comparten Olivia Galván y Gonzalo Marcos, me ha recordado a la que mantienen Zavalita y el zambo Ambrosio en la que –para mí– es la mejor novela que se haya escrito en Latinoamérica. Me refiero, claro, a Conversación en La Catedral. Que para renovar y hacer más atractivas las ficciones criminales autores como usted (¡qué pocos son!) puedan inspirarse en grandes modelos literarios es una gran noticia no solo para el noir, también para la literatura en general.

Da la sensación de que al planteamiento formal de Las manos tan pequeñas no se llega en un momento de inspiración. 

Dígame, ¿le ha costado mucho tiempo organizar así la trama de su quinta novela?

La trama de la novela es una mezcla de inspiración y horas de trabajo; la estructura, más de lo primero que de lo segundo, porque desde un principio tuve claro que esta novela era realmente una confesión, el desahogo de Olivia Galván, que encuentra en Gonzalo la manera de desprenderse de todo el lastre emocional que la atormenta. Teniendo claro este punto de partida, no podía narrarse de otra manera. 

Ha corrido un riesgo enorme al utilizar el yo narrador de la protagonista (Olivia) en los dos tiempos narrativos de su novela. Duplicar la información, trampearla o, peor aún, aburrir al lector no hubiera resultado descabellado en manos de una autora menos capaz que Marina Santamaría. 

¿Cómo se hace para salir victoriosa de un reto tan complicado y para mantener el interés hasta el sorprendente final?

No aburriéndose a una misma y repasando el texto una y mil veces, pero sobre todo manteniendo mi propia tensión. 

Olivia y su completa sumisión (no solo sexual) hacia su marido César es otro gran hallazgo de Las manos tan pequeñas. No le negaré que al principio yo veía exagerada una entrega de semejante calibre, pero acabo aceptando cómo en la vida de hoy se pueda dar una monstruosidad así. El fino y frío autoanálisis de ese matrimonio, «la crónica de mi descenso, de una renuncia progresiva a todo lo que no fuera obedecer y soportar», según palabras de Olivia, resulta ser un habilidosísimo recurso para cincelar las perturbadas mentes de la pareja.

¿Padeció metiéndose hasta el fondo en unos terrenos tan escabrosos para moldear de esa brutal manera a Olivia y César?

Le mentiría si dijera que padecí. No soy de esa clase de autores, a los que respeto tremendamente, que lloran con su ficción porque la sienten como real. Si uno de mis personajes muere, cuando llega la hora de apagar el ordenador y olvidar la novela hasta mañana, yo no continúo compungida. Tengo claro que lo que cuento es mentira, que es una historia que me invento y que, precisamente por eso, es inocua. Solo así se pueden abordar temas como la sumisión de Olivia y analizarla sin que la vergüenza ajena o la incomprensión… sí, principalmente la incomprensión, hagan el ejercicio insoportable. En este sentido, mentir nos permite aprender.

«Superpuesta a la ciudad espectáculo que inmortalizan las guías, otra ciudad en la sombra, silenciosa y anclada en el pasado, como un bosque oscuro que todavía no se hubiera descubierto». 

La ciudad de Tokio juega importante papel en Las manos tan pequeñas. Leyéndola me parecía imposible reflejar esta megalópolis sin que usted hubiera estado en ella, tal es el grado de perfecta ambientación, siempre en el justo equilibrio, para reflejar los escenarios donde se desarrolla la trama y sin caer en un exhaustivo repertorio. Al final del libro me entero de que usted viajó a Japón en 2018.

Para tanto autor incapaz de cribar la documentación reunida, en este caso sobre ciudades con múltiples atractivos (como pueda ser Tokio), ¿cómo se procede a una selección tan ajustada –y encantadora– como esta que usted hace para describir los espacios narrativos de una urbe tan atractiva (y más para quien procede de Occidente y que inevitablemente colisiona con ese nuevo mundo)?

Con esto la estructura me resultó de gran ayuda, al decidir no asociar más de dos escenarios a un día. Creo que en la literatura, quien crea, debe ser muy estricto marcándose límites, porque el riesgo de perderse en la dispersión siempre es frecuente, y más cuando hay que seleccionar aspectos de un lugar tan atractivo y rico en posibles ubicaciones como Tokio.

En las páginas 112-113 de Las manos tan pequeñas leemos: «La buena literatura sin música, no existe. No importa que la historia sea triste o cruel o sangrienta, hay un ritmo irrepetible y único en toda narración, y de encontrarlo depende la gloria de la novelista».

En mi caso he encontrado su obra, más por la ambientación que por su trama, entroncada al universo cinematográfico de Wong Kar-Wai (a quien cite Lost in translation como referencia habría que pasarlo por las armas). Los violines de Michael Galasso en Deseando amar pautaban de manera no tan inconsciente mi lectura de Las manos tan pequeñas dándole su ritmo propio. 

Para usted, ¿qué música acompaña a su novela de inmejorable manera?

Podría contestar a la pregunta, pero no lo haré. En esto no tengo duda: cada lector debe encontrar su propia música.

Lograr un imparable y sinuoso ritmo narrativo en una historia formada desde la palabra, ¿será la mayor evidencia de que se salió triunfante del empeño? 

Imagino que sí, aunque Las manos tan pequeñas no es un thriller, porque su ritmo es mucho más lento y no contiene escenas de acción trepidante. Lo que sí se desborda como un torrente y en ese sentido acelera nuestra lectura es la declaración de Olivia, que se sincere por fin… eso es lo que atrapa y mantiene nuestro interés y nos obliga a pasar una y otra página, sin parar, hasta el final.

Dado su lato conocimiento sobre el género negro, no me resisto a preguntarle:

¿Cómo ve el noir actualmente, tanto en España como en el resto del mundo?

Creo que la salud comercial del noir nacional está garantizada, pero no tanto la literaria, aunque la salvan una lista reducidísima de nombres.

¿Qué escritores son sus favoritos y cuáles resaltaría tanto por posibles influencias sobre su obra como por sus propios gustos lectores?

Patricia Highsmith, Daphne du Maurier, Iris Murdoch, Ernesto Sábato, Stieg Larsson, Alicia Giménez Bartlett, Dominique Dunne, Ryu Murakami, Natsuo Kirino, Joan Lindsay, Leonardo Sciascia, Petros Màrkaris, James Ellroy, Jo Nesbø… podría seguir sin parar durante horas.


Por último y para cerrar la entrevista:

¿Puede adelantar para SALAMANDRANEGRA.COM algo de su próximo proyecto literario? 

Estoy trabajando en un ensayo que nada tiene que ver con la novela negra y el cambio de registro lo estoy disfrutando mucho.

¿Seguirá escribiendo ficciones criminales o, por el contrario, pretende cambiar de tercio con alguna nueva temática?

Intuyo que, aunque escriba otras cosas en un futuro, nunca abandonaré del todo la ficción criminal.



domingo, 8 de mayo de 2022

Cristina Higueras estrena nuestra serie de entrevistas para Galapanoir

Hoy comenzamos una serie de entrevistas que SalamandraNegra.com va a realizar como peludio de la segunda edición de Galapanoir, el festival de novela negra que se va a celebrar del 2 al  de junio en Galapagar, el corazón de la sierra de Madrid.

Hoy entrevistamos a Cristina Higueras que durante los últimos años compagina su carrera de actriz con una brillante carrera literaria.

Su novela, “El error de Clara Ulman”, fue finalista del premio Celsius 2019, y “Soy tu mirada” ha sido galardonada este año con el Premio Aragón Negro 2022.

El personal estilo, la originalidad de sus historias, y la forma de perfilar los personajes que las pueblan, la han hecho acreedora de un destacado lugar dentro de la novela negra española actual 

ENTREVISTA CRISTINA HIGUERAS

Todos conocemos tu faceta como actriz y como productora, pero ya tienes cuatro novelas publicadas. En qué momento decides ser tú la creadora de personajes. ¿Qué te da más satisfacciones interpretarlos o crearlos?

Aunque mi primera novela, “Consuelito de la Ascensión” se publicó cuando yo estaba en los comienzos de mi carrera de actriz, hace ya muchos años, realmente no me planteé en serio mi faceta de autora hasta 2015, cuando la editorial La esfera de los libros me publicó “El extraño del ayer”. La buena acogida que tuvo me animó a seguir gestando historias. 

Respecto a qué faceta me da más satisfacciones, te diré que utilizo los mismos resortes cuando construyo un personaje para representarlo encima de un escenario o delante de una cámara, que cuando lo diseño para una novela. La única diferencia es que, como actriz, me dedico solamente al rol que me ha tocado y como escritora tengo que perfilar la totalidad de los personajes de la historia y todo lo demás, pero la sensación de hacer una trampa al destino viviendo más vidas que el resto de los humanos es la misma. Y es muy gratificante.

 

A tu primera novela, "Consuelito de la Ascensión" se le ha encuadrado en el género de la picaresca, las tres siguientes "El extraño del ayer", "El error de Clara Ulman" y "Soy tu mirada" son novelas negras, y no podemos olvidar el magnífico relato, “Sombras de carne y hueso” , incluido en HNegra, una recopilación de cuentos negros escritos por mujeres. 

¿Por qué este género? ¿Te han influido autores pertenecientes al mismo?


A modo de anécdota y ya que lo mencionas, “Sombras de carne y hueso” (el relato de HNegra) fue el germen de mi segunda novela negra: “El error de Clara Ulman”. Fue Fernando Marías, gran escritor y gran amigo, tristemente desaparecido hace unos meses, quien me animó a desarrollar en profundidad la historia del citado relato. 

Estar especializándome en el género negro, se debe a lo mucho que me interesa profundizar en el lado oscuro del ser humano. Estoy convencida de que, si confluyen una serie de circunstancias, todos sin excepción, podemos traspasar el límite y convertirnos en criminales. 

Soy una gran admiradora de los clásicos americanos, sobre todo de James M. Cain y de Patricia Highsmith. Me fascina la originalidad de sus historias y, sobre todo, la maestría que tienen para conducir a su antojo al lector por los vericuetos de sus tramas.

Qué opinión tienes de los festivales de novela negra. ¿Crees que sirven para dar a conocer la literatura a nuevos lectores o crees que son demasiados?

Nunca son demasiados. Permiten un acercamiento privilegiado entre las personas que creamos las historias y las que son receptoras de las mismas. Me interesa mucho ese feedback que se crea. 


En "Soy tu mirada", la historia es contada por un narrador omnisciente, uno de los personajes escribe un diario, en primera persona, y se dirige al lector del mismo haciéndole preguntas, lo que casi nos convierte a todos en personajes de la trama. ¿Ha sido complicado utilizar todas las voces posibles en una misma novela?

La estructura de las dos voces es la base de “Soy tu mirada” y lo primero que decidí tras concebir el argumento. Es la forma de situar al lector en diferentes perspectivas. Alternar una voz externa y, digamos, objetiva, con la de uno de los personajes que habla en primera persona y se dirige directamente a quien está leyendo su relato, me permite establecer el juego que pretendo con el lector, dándole todas las piezas del rompecabezas para que lo vaya construyendo y se sorprenda con el resultado final.

Soy tu mirada transcurre en dos tiempos, los años 90 y la actualidad. Describes qué tipo de impunidad existe en ambos, en los años 90 no existían cámaras que grabaran a las personas en los bares o en las calles y en la actualidad internet permite que los delincuentes actúen escudados en una identidad inventada. ¿Crees que los delincuentes evolucionan más rápidamente que las armas con las que la sociedad cuenta para desarmarlos?

Por supuesto. El criminal siempre juega con ventaja porque, a priori, cuenta con la impunidad y con el derecho a ser inocente si no se demuestra lo contrario. Me fascina la sensación de poder que tiene el que vulnera las reglas. Seguramente es muy semejante a la que tenemos quienes creamos este tipo de historias, jajaja.

En la novela tratas el tema del bulling en unos años en los que, si no era permitido abiertamente, era aceptado por todos como una experiencia más en el crecimiento de los jóvenes. Sin embargo, aunque ahora la sociedad está mucho más concienciada contra el acoso escolar, seguimos viendo que muchísimos niños lo sufren. ¿Crees que realmente el acoso crea heridas que son prácticamente imposibles de cerrar en las víctimas? ¿Y en los verdugos?

Estoy convencida de que las vivencias que tenemos en los primeros años de la vida nos marcan a fuego para el resto de nuestra existencia, para bien o para mal. Por ello debemos de ser muy conscientes de la gran responsabilidad que tenemos los adultos en la forma de tratar a los niños y en la educación que les ofrecemos. 

 Soy tu mirada tiene un final sorprendente (al que aconsejo que lleguen todos nuestros lectores)  que cierra perfectamente todos los interrogantes planteados en la trama. Sin embargo me pregunto si podría haber una continuación al menos con algunos de los personajes.

Como el resto de mis novelas, “Soy tu mirada” tiene un final abierto pero, más que pensando en una próxima trama, lo hago porque me gusta dar el testigo a las personas que me leen para que fantaseen con qué pasará después de la última página y con el futuro de los personajes.

La verdad es que siempre termino mis novelas con la idea de darles continuidad en un futuro pero, al final, la siguiente novela es totalmente diferente y es protagonizada por personajes distintos. 

Muchas gracias, Cristina, por dedicarnos tu tiempo. 
Nos despedimos, por ahora, y esperamos que vengáis el 2 de junio a la mesa La oscuridad del personaje, mesa que Cristina Higueras comparte con Félix García Hernán y que moderará Pablo Roldán. 
Nos vemos en Galapanoir.




viernes, 29 de abril de 2022

Los nombres prestados, de Alexis Ravelo. Western ambientado en los años 80

Maya Velasco.

Los nombres prestados (Ediciones Siruela) de Alexis Ravelo, es una novela original en su trama, muy bien escrita y con unos personajes perfectamente construidos. Premio Café Gijón 2021 de novela. Sería larguísimo contar todos los premios ganados por Ravelo, escritor canario, de novela negra, no tan negra, juvenil… La verdadera fortaleza de Ravelo, además de su perfecta prosa, de su saber escribir, es que le ha dado un aire nuevo a la novela negra lejos de los patrones repetitivos y comerciales que tan a menudo leemos.

Para mí, Los nombres prestados es de alguna manera, una historia redonda: el inicio es inquietante, premonitorio… El final es absolutamente delicioso. No lo voy a desvelar porque creo que es un hallazgo para el lector.

Nidocuervo, un pueblecito remoto, alejado de todo (que, a pesar de estar inventado, el lector no puede dejar de situar en Las Canarias). Marta, la pelirroja, vive tranquila trabajando de traductora en casa, mientras cuida de Abel, que asiste en Nidocuervo a uno de los mejores colegios para niños con discapacidad. Un chaval bueno que por las tardes de grandes paseos por los alrededores y un día encuentra a Roco, un perrazo que se convierte en su alterego.

Y así conocemos a Tomás, un hombre maduro que se traslada a esta recóndita zona, para disfrutar de su jubilación con su entrañable perro que se convierte en personaje principal de esta novela.

El lector sabe desde el principio que algo va a pasar. Un narrador omnisciente nos va contando las costumbres de estos cuatro personajes. Unos personajes buenos, preocupados por los demás, tranquilos. hasta que dejan de estarlo, claro.

Porque como todo en la vida, nada es lo que parece. Marta está huyendo de su pasado, un pasado envuelto en la política extrema, atentados, huidas, hasta que decide acabar con todo y esconderse a cuidar de Abel. Tomás viene huyendo de su propio pasado en la policía.


Novela negra en la que Alexis Ravelo nos plantea si después de una vida de violencia, podemos empezar de cero y alejarnos de un pasado que nos pesa como una losa. ¿Es posible la redención total? ¿Es posible huir en una sociedad globalizada de un pasado sangriento lleno de violencia para convertir nuestra vida en una balsa de aceite? ¿Sirve de algo convertirse en una persona pacífica que ayuda a sus vecinos, que solo quiere vivir en paz o nuestros actos pasados os persiguen para siempre?

No os perdáis esta novela. Merece de verdad la pena.

Western ambientado en los años 80


viernes, 22 de abril de 2022

La bahía humeante, de José Luis Muñoz. Cuando un personaje se funde en el paisaje

Almudena Natalías. 

José Luis Muñoz  es un escritor conocido por todos los lectores de novela negra , ganador del Premio
Francisco García Pavón (2004), Premio Carmen Martín Gaite (2021), Premio Carmen Martín Gaite (2021), Premio a la trayectoria Castellò Negre (2022) entre otros muchos. Es uno de los autores más reconocidos en este género pero además de cultivar el género negro, José Luis Muñoz ha escrito novela erótica, novela de viajes, novela histórica… Dirige, junto a Lluna Vicens, el festival de novela negra que se celebra cada año en el Valle de Arán, el Black Mountain Bossòts, que abrirá su sexta edición el 25 de abril. A su prolífica colección de novelas se une este año La bahía humeante (Traspiés Ediciones, 2022), un viaje por el corazón de Islandia.

Max Rigalt es un escritor fracasado. Ha llegado a la mitad de su vida, ha viajado, se ha enamorado y la única novela que ha escrito es un best seller que le ha robado un maestro de escritura que le engañó y se quedó con su novela. Por eso viaja a Islandia, para buscarlo y vengarse, por él y por tantos ilusos que confiaron en compañeros sin escrúpulos.

Cuando aterriza en Islandia descubre un país moderno anclado en la naturaleza más salvaje. Un país de gente civilizada que lee mucho, donde los escritores son subvencionados para que puedan escribir.

En Reikiavik se encuentra con una antigua relación que le vuelve a recordar que se hace mayor y conoce a una joven con la que juega a ser joven. Mientras recorre el país, un país que se le va metiendo dentro vive un romance con su particular Lolita descubriendo en coche la Islandia más salvaje.

 

                                                          Islandia, el campo de lava

La bahía humeante es una road story en la que el protagonista, además de recorrer el país del hielo,  recorre su propia vida. Si en vez de ser un escritor maduro fuera un joven de 15 años nos encontraríamos claramente en una novela de iniciación y quizás, a  pesar de que Max ya no es un adolescente, en la novela vivimos su paso a la edad adulta.

El paisaje no solo juega un papel fundamental en La bahía humeante, el paisaje es casi el narrador de esta historia. El agua, el hielo, el musgo se mezclan con el cinismo del protagonista y le van guiando hasta un desenlace totalmente inesperado, final que el lector no es capaz de sospechar incluso cuando en el brazo de Max empieza a crecer el musgo llegando así a una simbiosis delirante entre él y el paisaje.


Os recomiendo que leáis La bahía humeante, una historia que habla de literatura, de madurez, de la búsqueda del sentido de la vida. Ya me diréis.


viernes, 8 de abril de 2022

ÚLTIMOS DÍAS EN BERLÍN. Paloma Sánchez-Garnica. Planeta (2021)

Manu López Marañón

Es una opinión hoy extendida que el verdadero valor de una novela es el de su forma literaria, ante la cual la historia narrada pasa a segundo término. Sin embargo, hay que recordar que el estilo no es un ornamento ni menos un accesorio, cómo es la única manera en que un artista puede decir lo que tiene que decir. Y Últimos días en Berlín, una narración compleja en ambientaciones, testigo de importantísimos acontecimientos históricos que Paloma Sánchez-Garnica arma de manera funcional es, de acuerdo, formalmente hablando poco vistosa, sin experimentalismos de ninguna clase, pero viene contada como suele convenir a este tipo de obras «bigger than life»: autora omnisciente que utiliza un estilo sencillo y directo que no entorpece su desfile de asuntos y personajes. A excepción del segundo capítulo («Petrogrado, 1921», flashback que acontece durante la revolución rusa), el desarrollo de los demás sigue un transcurso cronológicamente lineal.

Para una novela tan ambiciosa en tramas y subtramas, protagonizada por un centón de personajes y desarrollada en décadas trascendentales para la civilización (1921-1946), hay que situarse bien en la Alemania de entreguerras. Sumido en un caos económico, no sólo a consecuencia de la destrucción física propia de la primera contienda mundial sino, fundamentalmente, por las obligaciones económicas a las que fue sometido por las potencias vencedoras como costo de reparaciones de guerra, este país desemboca en un estado de cosas al que caracteriza su falta de horizontes y la humillación nacional. La República de Weimar presidida por Paul von Hindenburg necesitaba la llegada de un salvador que, por desgracia, apareció.

El trasfondo social de Últimos días en Berlín, fruto de aquel desencanto –y de la carencia material y de ideales de la población– en medio de una radicalización política creciente generada por el enfrentamiento larvado entre socialistas, comunistas y anarquistas, con el ascenso imparable del nazismo atizando el fuego, resulta primordial y viene trazado con el rigor histórico en lo que, rápido se percibe, ha sido una titánica labor de documentación. En la capital de la República de Weimar, en esos momentos previos a la llegada del Partido Nazi alemán al Gobierno –1933, vía elecciones democráticas–, cuando todavía parecía que aquellos grotescos salvadores de la patria no eran más que una broma, el gran disparate no se desvaneció como una pesadilla.

La atmósfera que desprende esa importantísima parte de Últimos días en Berlín es la de unos personajes aferrándose a vivir en un presente en el que todo estaba diabólicamente dispuesto para estallar y hacerse añicos (como el Reichstag). Era aquella una Berlín fatalista y alimentada por tan inmensa desesperación que el único recurso era mantenerse en el alambre sobre ese mundo de almas a la deriva en el que los valores ya cayeron. Allí todo estaba en el mercado y la corrupción se imponía en cualquier ámbito mientras los principios eran un lujo anticuado… con semejante estado de cosas, la única forma de salir adelante era desarrollar unas ganas irracionales de sobrevivir.


Últimos días en Berlín es una novela ambiciosa de la que se extrae una visión totalizadora de la realidad y del momento histórico en que se desarrolla. Pero aun siendo esto muy significativo hay que decir que la sustancia fundamental dentro de la que viven y mueren sus actores tiene que ver –más que con la actualidad social y el acontecer político– con la espiritualidad humana y la soberanía individual, con el amor y la misteriosa geografía de los destinos particulares. La obra finalista del premio Planeta 2021 no es parca en describir las devastaciones en ciertos espíritus –casi siempre los de seres merecedores de mejores destinos–, cuya integridad y naturaleza se vuelven casi impotentes ante situaciones arrastrándolos a unas comprometidas existencias. 

La estructura recuerda a la arquitectura de aquellas extensas novelas decimonónicas. Episodios melodramáticos y efectistas, las coincidencias extraordinarias, grandes parrafadas que, a ratos, convierten los diálogos en discursos, retrotraen a los grandes hitos del –por ejemplo– Víctor Hugo de Los miserables. Pero, pese a sus influencias, Últimos días en Berlín es una obra con personalidad propia, en las antípodas estilísticas de Berlin Alexanserplatz, (pieza clave de la rompedora literatura del siglo XX firmada por Alfred Döblin que, asimismo, radiografía la República de Weimar), pero no tan distante del clasicismo de Adiós a Berlín de Christopher Isherwood (origen del Cabaret de Bob Fosse), y próxima, sobre todo, al Doctor Zhivago de Boris Pasternak.


La última novela de esta escritora madrileña es un texto heroico que a su final, tras infinitas calamidades individuales e históricas, acaba dejando en los lectores un poso optimista. Su héroe principal, –Yuri Santacruz–, es hombre de instintos sanos que no carece de aptitud y vocación para la grandeza. Primero la revolución rusa, fuerza transformadora y destructiva que mella su carácter, y luego el auge del nazismo, tras tratar de aplastar y modelarlo con brutalidad, logran que Yuri responda siempre de manera no menos contundente con una moral, una psicología y hasta una cosmovisión propia.

Los personajes modelados por la autora de La sonata del silencio no lo son, en absoluto, de una pieza. Últimos días en Berlín pone de manifiesto la cara poliédrica de la vida y de los seres humanos. Los actores principales de su historia son tironeados y aventados aquí y allá por grandes sucesos —la agitación postrevolucionaria en el Petrogrado soviético, el ascenso nazi en Berlín, la Segunda Guerra Mundial, la entrada del Ejército Rojo en Berlín, la paz—, pero, insisto porque lo encuentro fundamental, el nervio del libro está trazado sobre individuos del montón, sobre seres anónimos que lejos de hacer historia con mayúsculas la sufren en lo más íntimo.

Como ocurre a Yuri Santacruz, a quien se depara el dudoso privilegio de asistir a grandes convulsiones, el resto de personajes aparece desorientado ante lo que ocurre. Solo tras pasar por el tamiz del tiempo y de la razón —y de la pluma de los historiadores— cobra orden y sentido la Historia. Cuando se vive al día, como les sucede a la bella e intrigante Claudia Kahler, a la abnegada médica Krista Metzger, e incluso a seres más beligerantes (así el incombustible comunista Axel Laufer o el periodista defensor a ultranza de la libertad de expresión, Fritz Siegel; a nazis como el celoso e impotente marido de Claudia, el SS Ulrich Von Schönberg —cuyo ascenso a la élite de Hitler está magistralmente estructurado—, o al hermano de Claudia, el Scharführer-SS Franz Kahler); en todos ellos —buenos y malos—  sus peripecias cotidianas (a su conjunto Unamuno llama «intrahistoria») se escriben en minúscula.

El recurrente tema de Últimos días en Berlín que reaparece a lo largo de tumultuosas peripecias, la indefensión del individuo frente al «gran acontecimiento» o su impotencia cuando se ve atrapado en gigantescos remolinos, lo encontramos superado con ejemplarizante esplendor cuando Yuri adquiere esa suerte de coraje sobrehumano que lo pone a la altura de cada acontecer para orientarse, dentro de ellos, con sus pasiones e ideas (jamás rendidas a pesar del perenne tormento interior que lo acosa). Su nobleza está en preservar, contra cada adversidad, la serenidad y el apego a valores y convicciones (su sentido de la justicia, sobre todo; pero también el amor o la encarnizada búsqueda de la verdad) que amenazan ser arrasados, por la tormenta soviética revolucionaria primero y por el nazismo después, y que son sus mejores brújulas para orientarse en el devastado mapa europeo.

Yuri es hombre de acción en la acepción barojiana del término. Cada lector, detrás de su inalterable actividad, descubre en él una resguardada fortaleza (con sus propias faltas incluidas) que lucha por ser mantenida. Porque quizá lo verdaderamente humano esté en la dignificación ética de tantas debilidades y carencias, unos atributos tan connaturales al ser humano como su integridad. Yuri Santacruz no oculta al fanático que lleva dentro, a ese que ha sufrido una merma espiritual por perder a su madre de trágica manera a los 12 años. La revolución rusa (a quien primero culpabiliza de sus males), y luego el nazismo y la guerra, son estimulantes orgánicos, levadura moral para este hombre vehemente y sectario. Pocas horas bastan para transformaciones de semejante calado. En otros, las alteraciones producidas duran semanas, en ocasiones años; desde una dolorosa carencia que juega en su contra, en el caso de Yuri —y como deseaba Bertold Brecht para los hombres imprescindibles— duran una vida entera.

Últimos días en Berlín es, también, una novela de amor. Yuri Santacruz se enamora de la especial belleza de la aria Claudia Kahler (un amor que se aprovecha del matrimonio poco afortunado de ella con Ulrich). Un vínculo misterioso e irrompible se forja entre él y esa mujer, que lo ve así: «Yuri es alto, pelo castaño abundante, piel morena, ojos grises, claros, gatunos. Elegante y atlético, sonrisa cautivadora. Siempre con sus trajes oscuros, camisa blanca y sombrero de fieltro». El nazismo, la guerra y su final, los acercarán, apartarán, volverán a juntar. En uno de los episodios más hermosos de su romance, cuando Claudia y Yuri viven un fin de semana de apasionada intimidad (lejos del marido, en un discreto hotel de Mittenwald), él parece olvidar las zozobras de su vida, se siente feliz por vez primera.

Yuri amará a Claudia sin dejar de querer a Krista, su otra gran pasión.

La descripción de ese otro amor entre Yuri Santacruz y Krista Metzger es un logro mayor del libro porque resulta de una emoción menos efusiva que la sentida hacia Claudia: el lector lo va presintiendo, adivinando crecer por menciones palpitantes, aun antes de que los propios protagonistas comprendan que son ya prisioneros de ella. Luego, cuando esta relación sentimental se rompe por causas ajenas a ambos y reaparece Claudia, el relato cobra otro vigor.

En una obra tan caudalosa en arrebatos los enamoramientos vienen referidos con calor (no exento de pasión sexual) en el caso de Claudia Kahler, y con mayor austeridad, mediante pudorosos y significativos silencios, cuando la autora se ocupa de Krista Metzger. En épocas en que, desechada Claudia —parece que para siempre— Krista y Yuri se hallan separados, apenas se revela lo que es el padecimiento más amargo para él: su separación de la mujer que adora, esa cruel incertidumbre sobre la suerte de la médico ginecóloga (Krista ha sido trasladada para ejercer su especialidad al campo de concentración femenino de Ravensbrück). Este subtexto muestra gran alcance literario.

En la madre de Yuri —Verónika Olégovna Pilatova— quien tras no poder huir a Alemania en 1921 con el resto de su familia es violentamente seducida por un amigo de Miguel Santacruz, padre de Yuri —Petia Smelov, personaje corrupto y oportunista que llega a ser médico en el Kremlin—; en la madre, digo, con la que se abre y casi cierra la novela, encuentro un epítome del horror de ese apocalipsis que fulminó millones de vidas. Sin esa sufrida mujer este no alcanzaría del todo en la novela su categoría de siniestro símbolo. Un símbolo que, al mismo tiempo, Sánchez-Garnica se encarga de suavizar anteponiendo, dentro de la tragedia, una esperanza: la de lograr creer en una Europa resurgiendo de las cenizas de la hecatombe.

Hay novelas cuyos desenlaces se ven arrastrados por acontecimientos que acaban inundándolos. La entrada del Ejército Rojo en Berlin en mayo de 1945 (cuando escribo esto —77 años después— los rusos, por orden de Vladimir Putin, acaban de invadir Ucrania…), con todo lo que ello supuso en el orden mundial, lleva en su marejada, entre tantos otros, los destinos de tres personajes, a esas alturas muy queridos ya por los lectores de Últimos días en Berlín: los inolvidables Yuri, Claudia y Krista.

ENTREVISTA CON PALOMA SÁNCHEZ GARNICA:

La actualidad impone su ritmo y no puedo iniciar esta entrevista sin preguntarle por la situación ucraniana. Casi ocho décadas después de que el Ejército Rojo entrase en Berlín, Vladimir Putin ordena a sus tropas invadir Ucrania. 

Por supuesto, sin asomo de buscar paralelismos entre un final de guerra mundial y la agresión a un país independiente que busca tomar decisiones dentro del ámbito de su soberanía nacional; muy lejos de ello, 

¿Cómo entiende la licenciada en Geografía e Historia (además de en Derecho) que es Paloma Sánchez-Garnica el papel del ejército en países supuestamente democráticos durante esta segunda década del siglo XXI en el que el uso de la fuerza parecía abolido como medio para resolver situaciones de tensión en el orden internacional?

Considero necesario el ejército en un país democrático, precisamente para defender y proteger esa democracia y el Estado de derecho que conlleva. Otra cosa es el uso de la fuerza. Creo que se debe apostar siempre por la vía diplomática, el diálogo y el acuerdo mediante cesiones mutuas y gestión inteligente de los tiempos y los asuntos. Sin embargo, cuando el que está sentado al otro lado de la mesa es un sátrapa como Putin, es muy probable que la diplomacia resulte inútil, como así ha sido.

¿Justifica alguna otra causa, más allá de la defensa nacional o de su intervención ante catástrofes naturales o desastres causados por la mano del hombre, para recurrir a los recursos materiales de un ejército profesional?

No podría negarlo de forma categórica porque no sabemos lo que el futuro nos depara como sociedad, los peligros a los que nos enfrentamos en este nuevo siglo tan distinto al anterior. Estamos entrando en una nueva era en todos los sentidos y debemos adaptarnos y prepararnos para evitar cometer errores irremisibles.

Gran parte de Últimos días en Berlín transcurre durante los primeros años de la revolución soviética y del nazismo en el Berlín de entreguerras. 

El lector de su novela extrae la conclusión de cómo ambos regímenes, que tan nefastos resultaron para Europa, ya nacieron con mal pie.

¿Hasta qué punto las humillaciones impuestas a Alemania por el Tratado de Versalles (1919), deshonra muy difícil de sobrellevar para la población, así como aquel «comunismo de guerra» establecido en 1918 por la URSS (al que se unió una feroz sequía que provocó una hambruna que mató a millones de personas); hasta qué punto circunstancias así pueden hacer menos incomprensibles los excesos cometidos contra las poblaciones alemana y rusa?

Los excesos se produjeron precisamente como consecuencia de esas humillaciones impuestas a Alemania tras la IGM con el Tratado de Versalles, que arrojaron a la población a una crisis social y laboral, a una polarización política que derivó en violencia en las calles y confrontación social. Esta situación debilitó la democracia de la República de Weimar creándose un enorme vacío político que vino a llenar el nazismo. 

En el caso de Rusia, los excesos se producen por la necesidad de controlar a una población agotada tras una brutal guerra civil, la hambruna y la falta de lo más básico para sobrevivir en aras a la lucha por conseguir el paraíso futuro, el «radiante porvenir» del que hablaba Stalin en virtud del cual el presente era la instancia en la que se estaba construyendo el futuro (el socialismo), y en ese presente se exigen sacrificios, esfuerzo y carencias. Es la promesa del paraíso futuro que nunca llega salvo para la «nomenklatura», los miembros del Partido, «la vanguardia», es decir, los que ya gozan de esos privilegios y prebendas que niegan al resto de la población. 

Ese secundario suyo (tan logrado) llamado Erich Villanueva, que trabaja en la Embajada española en Berlín, no solo proporciona empleo y casa a Yuri Santacruz, también le regala buenos consejos paternales. Erich ve así a Yuri: «Te vigilan desde hace meses. Estás ennoviado con una alemana de raza aria que ha tenido sus más y sus menos con el sistema, tienes ascendencia rusa, saliste en defensa de un comunista, se rumorea que lo escondiste y que lo ayudaste a escapar del país, has estado liado con la mujer de Ulrich von Schönberg…». Este resumen de parte de las actividades de Yuri en Berlín informa bien sobre su psicología y forma de ver la vida.

Dígame, ¿quedarán hoy hombres de semejante temple y vigor?

Claro, por qué no iban quedar. Quedan y muchos. Yo tengo cerca de mí algunos. La diferencia estriba en que, por suerte, no estamos en situaciones tan extremas como aquellas a las que se tuvo que enfrentar Yuri Santacruz, pero si se presentasen condiciones parecidas, estoy convencida de que saldría a relucir no solo el temple y el vigor, sino la honestidad, la integridad y la fortaleza de la que goza el personaje de la novela.

¿Le dio problemas parir a un personaje tan poliédrico como resulta ser Yuri Santacruz, superviviente nato capaz de salir vivo de situaciones tan límites como las por él vividas, y, al mismo tiempo, un resentido que tiene dividido su corazón entre dos mujeres tan extraordinarias como son Claudia Kahler y Krista Metzger?

Todo personaje tiene su dificultad, hay que conocerlo, entenderlo, enfocarlo y perfilarlo para que resulte creíble. Me inspiró mucho la relectura de El doctor Zhivago, y conocer la vida de su autor Boris Pasternak, entre otras muchas lecturas. 

A Verónika Olégovna Pilatova, madre de Yuri, la persigue la adversidad desde el principio de Últimos días en Berlín, cuando no puede subir a ese tren que, con destino a la capital alemana, va a sacar a toda su familia del infierno vivido en Petrogrado. Aunque Verónika no aparezca en muchas páginas de la novela es un personaje trascendental, ya que, entre otras cosas, en ella está el origen de la inquina de su hijo Yuri. Las tribulaciones por las que pasa hacen de ella, para mí, un emblema de esa Europa sacudida por revoluciones y guerras mundiales.

¿Qué opina de esta interpretación de Verónika?

Que es muy exacta.

Para construir a un personaje así, ¿Cuánto de su propia experiencia como madre ha podido valerle? 

Para construir cualquier personaje se hace necesario una mínima experiencia vital, tener memoria, recuerdos, vivencias, lecturas, muchas lecturas, y con todo eso uno entra a pergeñar la historia y perfila cada uno de los personajes. Es evidente que mi condición de madre influye en esta construcción tan concreta. No quiero ni imaginar el dolor que sintió esa mujer (aunque sea ficticia) al verse arrojada con sus hijos a ese mundo tan sórdido, brutal e inhumano, a la separación de sus hijos, al comprobar el monstruo en el que se ha convertido uno de ellos transformado por una ideología perversa. 

Las brutales torturas que Verónika padece en la Lubianka a cargo de un esbirro del mismísimo Laurent Beria, máximo responsable de la NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, luego KGB), rozan el riesgo de la inverosimilitud, un riesgo del que usted consigue salir usted airosa…

¿Fue describir esas escalofriantes sevicias lo más complicado a la hora de abordar el argumento de su novela

Por desgracia para el ser humano, todo lo que se cuenta en esa y otras escenas (extraídas de testimonios recogidos en obras o diarios personales, o historias reales noveladas) fue vivido de una manera u otra por muchas personas, mujeres y hombres corrientes, que vivían y respiraban como nosotros, con familias, sentimientos y miedos igual que los tenemos nosotros, gente corriente que tuvo la mala suerte de vivir en un tiempo terrible y devastador que condicionó su vida. Resulta evidente que sabiendo esto me resultase complicado describir estas escenas porque sabía que, eso que contaba, lo habían vivido gente como yo, como mis seres queridos, mis amigos… 

Encuentro una influencia de Doctor Zhivago sobre Últimos días en Berlín. Si bien los caracteres de ambos Yuri (Zhivago y Santacruz) son radicalmente diferentes (el cirujano y poeta algo abúlico y soñador con un sentido pesimista de la existencia frente al hombre de acción irreflexivo y en permanente lucha por la vida), sus historias de amor (Yuri Zhivago con Lara y Tonia; Yuri Santacruz con Claudia y Krista) ofrecen puntos de contacto.

A la hora de narrar los amores de Yuri Santacruz, ¿hasta qué punto pudo tener en cuenta los de Zhivago hacia Lara y Tonia?

Hubo inspiración en el personaje de Yuri; el trío amoroso surgió de forma más inconsciente, pero estoy convencida de que conocer la vida amorosa de Zhivago, incluso la vida del propio Pasternak (también con una vida amorosa muy ajetreada) tuvieron mucho que ver en la historia de la novela.  

Por último, me gustaría saber de qué historiadores bebió para conseguir la impresionante —y ajustada— ambientación de Últimos días en Berlín, tanto en sus capítulos rusos como en los alemanes, tanto en la paz como durante la guerra. También que diera a los lectores de SALAMANDRANEGRA.COM algunos autores preferidos para sus ratos de lectura.

Para documentarme leí mucho, ensayos, novelas, diarios. La lista es larga. Desde Archipiélago Gulag o Un día en la vida de Iván Denísovich, de Solzhenitsyn, pasando por las obras de Vasili Grossman, de Svetlana Aleksiévich, Bulgákov, Anna Ajmátava, Hanna Arendt, Ayn Rand, Montefiori, Natacha Wodin con su magnífica novela tan de actualidad Mi madre era de Mariúpol, Los hermanos Singer; o Las rosas de Stalin de Monika Zgustova; El vértigo, de Evgenia Ginzburg;  Una saga moscovita de Aksiónov; los diarios de Víctor Kempeler, El hombre en busca de sentido de Víktor Frankl; El nazi perfecto o diario de un joven nazi; Regreso de la URSS seguido de Retoques a mi regreso de la URSS de André Guidé; Anónima, una mujer en Berlín; Los hermanos Oppermann de Lión Feuchtwanger. La obra de Ian Kershaw, de Anne Applebaum, Saul Friedländer o Karl Schlögel.

Mis lecturas actuales son Guerra y Paz de Tolstoy y estoy releyendo Rebelión en la granja de George Orwell.

Mis autores preferidos son muchos, desde Stefan Zweig, pasando por Javier Marías, Benito Pérez Galdós, Unamuno, Carmen Martin Gaite… Son tantos… 



viernes, 1 de abril de 2022

Presentación en Alovera de Alcohol de 99º, de Manu López Marañón

 Maya Velasco.

El pasado viernes 23 de marzo nos reunimos en Alovera (Guadalajara) para asistir a la esperada
presentación de Alcohol de 99º de nuestro compañero y amigo, Manu López Marañón.

Comienzo por agradecer a la Alcaldesa de Alovera a Mercedes García Granizo, Directora de la Biblioteca Municipal y a todas las personas que asistieron al acto, por la acogida que nos dieron. En Salamandranegra.com podemos afirmar que los vecinos de Alovera son amabilísimos. La biblioteca, las instalaciones, el Salón de Actos nos parecieron espectaculares. Desde luego, se nota el gran trabajo de todos.

La segunda sorpresa fue encontrar allí a dos escritores más: Marto Pariente y Ana María Trillo. Gracias a los dos por vuestra atención.

Manu presentó Alcohol de 99º en un tete a tete con Marto Pariente ¿Qué más se puede pedir? Fue una conversación agradable, suelta, entre escritores y entre amigos. Y para los asistentes un verdadero lujo ya que, como todos sabréis son grandes conocedores de la novela negra.



Manu, como siempre, nos deslumbró con su vasta cultura y con su naturalidad y cercanía, contándonos anécdotas de su adolescencia y de su vida en Bilbao. Nos relató sus inicios como escritor y desmenuzó junto con sus lectores los personajes, la prosa, la estructura y el tema de su novela. 

Fue muy interesante la reflexión del autor sobre el género de su novela, que muchos encasillan en la novela negra. Él prefiere definirla como una novela en la que cabe casi todo, novela costumbrista, realista e incluso histórica, ya que refleja aquellos años 80 tan duros, azotados por la droga, la delincuencia y el terrorismo. Manu se mostró muy sensible con este último tema del que dice estar hastiado y renuncia a apuntarse a la moda de escribir sobre él.

Une vez más, Manu explicó la diferencia de lenguaje entre los personajes de la calle y el narrador, que es un sacerdote culto y que por tanto tiene un lenguaje más cuidado.

No dejó pasar la ocasión para rendir homenaje a su muy admirado Juan Marsé, al que lee recurrentemente. O contarnos que sus preferencias se inclinan hacia el personaje de Asis.

Allí estaba en pleno el club de lectura organizado por Mercedes. Hicieron preguntas que demostraban una lectura muy profunda de Alcohol de 99º. Por cierto, que también hubo tiempo para comentar el título.

Una hora y media de lujo que nos pareció cortísima. Es de agradecer encontrar novelas y autores que se alejan del panfleto repetitivo que da dinero y que persiguen una literatura de calidad.

Enhorabuena a Manu por su libro, por una magnífica puesta en escena, gracias a todos por vuestra amabilidad. Seguro que volveremos.