viernes, 5 de junio de 2020

El cielo de tus días, de Greta Alonso. Un misterio fresco

Maya Velasco.
El cielo de tus días de Greta  Alonso (Seudónimo) ha sido un hallazgo en tiempos de confinamiento. No es una frase hecha, te engancha de verdad, imposible parar de leer. El motivo pueden ser sus personajes reales, frescos, el asesinato que nos obsesiona durante casi toda la historia, el equilibrio perfecto entre diálogos, sucesos, descripciones.

El cielo de tus días empieza con el envío de un mechón de pelo a la inspectora Natalia Herreros. Alex Brul, su jefe, adivina desde el principio que se trata del cabello de Alicia, su exnovia asesinada hace 15 años. Paralelamente empiezan a llegarles a los dos emails del asesino de Alicia, aunque ya hay alguien cumpliendo condena, Ennio Rossi, a todas luces un cabeza de turco. Alex, todavía obsesionado con Alicia, decide reabrir el caso:

“Cuando la vida da un vuelco, uno mira atrás y busca el momento en que todo cambió”

Alex y Natalia forman la pareja perfecta tanto a nivel policial como personal. Son guapos, simpáticos, inteligentes, de buena familia y lo más importante, cuando se miran saltan chispas en todas direcciones. Los dos están enamorados y lo saben, pero se niegan a decirlo en voz alta. Así que Alex convence a Natalia para que pida el traslado a Madrid, a Homicidios y termine el caso de Alicia. Lo mejor es poner tierra de por medio. Las relaciones sentimentales de los dos no dan para más: tras la ruptura con Alicia, Alex se comprometió con María, rica y vacía, nadie sabe muy bien porqué. Natalia convive con Tomás en una relación rota hace tiempo que se empeña en mantener. La tormenta perfecta.

Una de las grandezas de esta novela es la construcción de sus personajes. Ya hemos visto que os dos protagonistas hacen una conjunción perfecta para la intriga. El tercer personaje, Alicia, nos enamora y nos hace aborrecerla a partes iguales. A través del resto de personajes, se nos va apareciendo su vida desde las diferentes perspectivas. El problema es que pronto nos damos cuenta de aquí todo el mundo miente, o al menos, oculta algo. Y que, de algún modo, todos utilizaron a Alicia.
No hay que perder de vista la crueldad de esta novela, su dureza que a veces destila. La autora nos ofrece una panorámica del bochornoso manejo que hacen los malos de las Instituciones Públicas, policía, jueces, administraciones… de como en caso de peligro, unos se venden a otros sin la menor vergüenza.

Néstor, el hermano de Alex es también uno de los personajes que más juego da, malvado, listo, arruinado, divorciado, cruel.

A través de varios personajes, se cuestiona el papel de la familia, casi siempre fuente de problemas:

“La familia es una condena. Te la endosan cuando naces, insisten en que eres libre, pero no es cierto”

La trama se narra en primera persona alternando los capítulos de Alex con los de Natalia. Esto ofrece al lector la ventaja de ver cada acontecimiento desde las dos perspectivas.

El continuo contraste entre Bilbao y Madrid nos hace descubrir la belleza de ambas, los distintos ritmos de las dos ciudades y de sus habitantes.

Una novela más que recomendable. La autora te despista, juega contigo, continuamente aparecen nuevas historias que se enredan con la principal. Dudas de todo y de todos hasta el final.

“El techo húmedo del sótano será el cielo de tus días”

viernes, 29 de mayo de 2020

Mi hermana asesina en serie, de Oyinkan Braithwaite. Dos hermanas, asesinatos, lejía y sobornos

Mi hermana asesina en serie, de Oyinkan Braithwaite SalamandraNegra.com
Esta semana os voy a recomendar un libro que me ha sorprendido por ser una historia fresca y diferente que me ha hecho sonreír durante su lectira. Mi hermana asesina en serie, de Oyinkan Braithwaite es una novela negra diferente, una historia que te atrapa, una historia redonda.

Korede es una responsable enfermera en Lagos. Es seria, racional, inteligente.. Sólo tiene una pega, su hermana es asesina en serie. Ayoola es su hermana. Es caprichosa, superficial, enamoradiza y bellísima. Cuando se cansa de sus conquistas o cuando se siente amenazada, les asesina con la navaja que heredó de su difunto padre y llama a su hermana Korede para que le ayude a deshacerse del cuerpo. Después de ayudarla a limpiar el escenario del crimen de  su tercera víctima, Korede empieza a pensar que su hermana no mata en defensa propia, sino por algo parecido a la afición. Korede no puede desahogarse con su madre, que solo tiene ojos para su hija pequeña y ella tiene que hablar con Muhtar, un enfermo en coma que, por supuesto la escucha sin interrupciones y sin juzgarla. Cuando Ayoola se fija en el doctor del que está enamorada Korede, la historia se complica y mucho.

Las relaciones fraternales en las que la competencia entre hermanos es superada por la unión entre ellos, es el hilo central de Mi hermana, asesina en serie. Korede siempre ha envidiado la belleza de su hermana y el poder que tiene sobre los demás. Ella siempre parece invisible. Sin embargo, a pesar de todo, acude corriendo cada vez que su hermana la necesita.

Las protagonistas indiscutibles son las dos hermanas. Los personajes masculinos, quizás porque la historia está contada desde el punto de vista de Korede, no son tan completos. Los hombres representan el poder ya que son parte del gobierno, son los cargos del poder en la administración, los jefes en el hospital y también el centro de toda familia. Aparecen como personajes corruptos, maltratadores y faltos de todo escrúpulo.

Mi hermana, asesina en serie es un reflejo de la Nigeria actual, donde convive Instagram con policías sobornables, mujeres independientes con otras que solo buscan un matrimonio para cumplir con la tradición, lluvia y tráfico con policías que quitan multas por un puñado de billetes.  Korede representa la razón, Ayoola la nueva Nigeria.

Korede nos cuenta en primera persona las vicisitudes de la familia en  capítulos cortos, algunos constan solo de un par de párrafos. La lectura es muy ágil, fresca y divertida.

Me alegro muchísimo de haber encontrado esta novela. Oyinkan Braithwaite ha hecho una magnífica entrada en el mundo literario con Mi hermana asesina, en serie. Espero que este sea el comienzo de una brillante carrera literario.


Autor: Oyinkan Braithwaite
Editor: Alpha decay
Fecha de lanzamiento: noviembre 2019
Colección: Alpha decay
EAN: 978-8412073812
ISBN: 9788412073812

viernes, 22 de mayo de 2020

Nunca fuimos héroes, de Fernando Benzo. Una investigación en la que se vuelve al pasado

Nunca fuimos héroes de Fernando Benzo nos cuenta el pasado y el presente del inspector retirado de la Policía, Gabo, dedicado toda su vida a la lucha antiterrorista. Su superior en la Policía le busca para decirle que Harri, etarra que fue siempre su obsesión y al que nunca logró capturar, ha regresado a España y quieren tenerlo vigilado para saber sus intenciones. En continuos flashback, Gabo nos cuenta la lucha contra ETA en los años 70 y 80.

¿Por qué un policía retirado que vive una vida tranquila y sin complicaciones vuelve a ponerse en marcha? Todos los policías tienen un caso no resuelto que se queda grabado para siempre en su memoria y el de Gabo es Harri.

Gabo es un personaje enternecedor como todos los perdedores, triste, solitario, amargado. Jamás dio un tiro o un puñetazo. Fue y es honesto, nunca entró en la guerra sucia. Gabo perteneció a la AT en San Sebastián para luego trasladarse a Madrid en la Brigada Central de Información.  Es un referente en la lucha antiterrorista y responsable de la desarticulación de los Comandos Madrid y Barcelona. Como en toda novela negra, tiene una relación sentimental que no va a ningún sitio: con la dueña de un bar, una relación distante, sin preguntas. Y como es habitual, Gabo necesita un alter ego que será la Inspectora Estela . Divorciada, con una hija y lo más importante, todavía cree en su trabajo, todavía lucha por coger a los malos.

Gabo se pregunta insistentemente si todo ha merecido la pena, si los esfuerzos, los muertos, las guardias, las reuniones sirvieron para algo. Claramente Nunca fuimos héroes nos deja un regusto muy amargo. ¿Es esta una novela de redención? Gabo busca volver a su pasado y remedar sus errores. ¿Al final, qué nos trasmite esta historia? Que nadie gana ni pierde salvo las víctimas. Benzo nos insiste en ver las cosas sí claro los dos puntos de vista. Para la policía el objetivo es coger a los malos, para los terroristas, no hay otro objetivo de ser soldados en una guerra y hacer lo que les mandan. No piensan en las víctimas porque consideran que es así como deben llevar su lucha.

“Lo había dejado hacia más de diez años. Sin capturar a su fijación. Sin querer mirar atrás. Cansado. Decepcionado. Nunca había estado seguro de qué palabra ponerle a su abandono. Solo. Sí. Esa no era mala”.

Es muy interesante cómo Benzo nos va narrando la forma de captar a los etarras, desde la escuela, como una secta que saca a los chavales de una vida gris:”Casi sin darte cuenta, has pasado de ser un chaval con una confusa mezcla de ideas románticas y revolucionarias a ser un asesino perseguido”. También nos explica las relaciones de la banda con el tráfico de estupefacientes como medida de financiación

Reconozco que nunca me han gustado las novelas de terrorismo, pero Nunca fuimos héroes me parece más bien la historia de Gabo, de sus conflictos morales, de su lucha por dar sentido a su vida, a tantos muertos, a tanto sufrimiento. Os recomiendo que le acompañéis en este viaje.

“Matar no es fácil. Matar entristece tanto como morir”

Autor: Fernando Benzo
Editor: Planeta
Fecha de lanzamiento: 16/01/2020
Colección: Autores españoles e iberoamericanos
EAN: 978-8408221685
ISBN: 9788408221685
Encuadernación: Tapa dura
Número de Páginas: 416



viernes, 15 de mayo de 2020

El último combatiente, de Maximiliano Rodríguez Vecino. Un empujón al mundo real


El último combatiente, de Maximiliano Rodríguez Vecino. Un empujón al mundo realMaximiliano Rodríguez Vecino se estrena en el mundo de la novela negra con El último combatiente, una novela original que nos lleva a Las  Palmas de Gran Canarias a perseguir a un asesino en serie que ha sabido permanecer escondido los últimos 30 años.

En Las Palmas aparece el cadáver de un sin techo asesinado. Néstor Bandama, inspector de policía, es el encargado de investigar el caso. Al poco tiempo desaparecen dos turistas inglesas en la isla y esto hace que Néstor vea similitudes con un caso inconcluso de su padre, también inspector de policía. Desde hace 30 años hay un asesino en serie cuyas víctimas son británicos afincados en la isla.
El protagonista de El último combatiente es un policía cuyos problemas personales parecen superar al desarrollo de la investigación. A pesar de su determinación por descubrir al asesino y terminar así la larga investigación que su padre comenzó, sus adicciones emborronan su trabajo. Néstor tiene problemas con el alcohol y con el juego y es incapaz de solucionar los problemas que también tiene con su mujer. Néstor es un tipo antipático, misógino, homófobo y déspota. El lector no puede empatizar con él aunque entiende que lo que le ocurre es que el bosque le impide ver los árboles.
Los personajes femeninos parecen débiles a su lado. Los masculinos, también. 
Maximiliano Rodríguez Vecino ha conseguido crear un personaje diferente, extremo pero creíble. Pocas personas son capaces de separar sus problemas personales de sus problemas laborales, eso sólo pasa en los libros. Néstor no parece un detective de novela, parece una persona real, lo que a veces resulta inquietante para el lector.
La búsqueda del asesino remueve en la memoria la guerra de las Malvinas en la que Argentina se atrevió a toser al Imperio Británico. Creemos que las guerras terminan con el recuento de las víctimas, con los desfiles de los vencedores, pero nunca es así. La mayoría de nosotros las bloqueamos para que su recuerdo no nos altere, pero algunos siguen enganchados al problema que las produjo y muy pocos no permiten que la guerra termine. Esto es lo que ocurre en El último combatiente, pero tendréis que leerla para saber quién gana. Y el final os aviso de que es muy sorprendente.
Desde luego, además de agradecer a Maximiliano Rodríguez Vecino su labor como sanitario en esta época también convulsa, hay que agradecerle que con El último combatiente haya podido sacarnos de nuestra burbuja y llevarnos al mundo real.


jueves, 7 de mayo de 2020

Escapismo, de Marc Moreno. Un intenso texto sobre las relaciones paterno filiales de hoy en día

Manu López Marañón 

Marc Moreno (Barcelona, 1977) es autor de media docena de novelas (varias publicadas en Los libros del delito –editorial que él dirige–), entre las que destaca la penúltima, «Tiempo de ratas» (Editorial Milenio, 2017), con la que merecidamente ganó el VII premio Crímenes de Tinta que concede RBA. A sus actividades editora y escritora Marc Moreno une la labor periodística (sus artículos pueden leerse en La Vanguardia y en la revista Lonely Planet) y ser comisario del festival de literatura y cine negro Vilassar de Noir.

«Escapismo», su séptima novela, a la que puede considerarse un spin off de «Tiempo de ratas» no sólo por insistir en el que parece ser un tema fundamental para su autor (la necesidad de conseguir dinero, como sea, para sacar adelante adicciones y deseos imposibles), también por compartir algún personaje como nexo entre ambas. «Escapismo» viene a engordar satisfactoriamente la nómina de esta llamada «novela de barrio», «de quinquis» o «kinki thriller» (tres formas para referirnos a lo mismo) que se hace hoy en España, una rama del noir que revitaliza el tronco común del género negro, del que proceden otras ramas sin tanto vigor.

A la hora de citar autores (aparte de Marc Moreno) elijo tres que convierten a sus respectivos barrios en territorios idóneos para el ya casi olvidado arte de novelar. En el País Vasco Jon Arretxe con su saga protagonizada por el adivinador burkinés Touré radiografía con inspiradísima mano al complicado pero colorista barrio bilbaíno de San Francisco. Arretxe lo ha abandonado recientemente para viajar por vez primera a su pueblo natal, Basauri, un municipio industrial con mucha población emigrante; en «La banda de Arruti» (Erein, 2018) un grupo de delincuentes de segunda planea el atraco a una joyería, robo este con toda la pinta de acarrear serias rémoras. Igualmente insuperable resulta el madrileño Paco Gómez Escribano cuando retrata –a través de diversas décadas– episodios vivos y escalofriantes acontecidos en Canillejas, su barrio. Gómez Escribano explota con grandísimos recursos y aciertos a esa fauna suya tan peculiar –y hasta cierto punto entrañable–; así, en su última novela «Prohibido fijar cárteles» (Editorial Milenio, 2019), cargados de deudas con un peligroso cártel rumano de la droga pero llenos de «orgullo de barrio» unos desquiciados personajes se las arreglarán para salir de su pesadilla. La tercera autora es catalana, la gran Rosa Ribas, quien en «Un asunto demasiado familiar» (Tusquets, 2019) a una original trama detectivesca añade una impagable subtrama de suburbio a cuenta del pasado chabolero y delincuente del protagonista, su ya mítico Mateo Hernández.

Con Jon Arretxe, Paco Gómez Escribano y ahora Rosa Ribas aportando joyas como las citadas ya sólo hace falta que los acérrimos lectores del noir más canónico se animen a dar un heterodoxo paso para catar este otro tipo de literatura más negra aún –negrísima– que la generada por la tan demandada investigación criminal.

     
                                             Novelas de Arretxe, Gómez Escribano y Ribas.

El otro gran autor catalán de novela de barrio es Marc Moreno, quien en «Escapismo», al igual que hizo con «Tiempo de ratas», recurre a La Verneda para echar a rodar sobre esas aceras su barriobajero elenco. Arrabal barcelonés creado durante la década de los 50, La Verneda es fruto de la gran demanda de vivienda generada por una masiva llegada de inmigrantes desde otras regiones españolas. La carencia de equipamientos y servicios va siendo atenuada por las efectivas reivindicaciones de las asociaciones vecinales. El polígono de viviendas La Paz, inaugurado en 1966, da perfil a este distrito delimitado por la rambla de Prim y la rambla de Guipúzcoa, avenidas donde tienen lugar importantes sucesos de «Escapismo».

 
                                                             Vivir y morir en La Verneda.

Novela muy rápida, condensada en tres días (los que pasa Luisa, la madre de Aitor, víctima de un accidente laboral provocado por su empleadora, en las Urgencias del Hospital del Mar) y con el multitudinario atropello que tuvo lugar en las Ramblas, el 17 de agosto de 2017, como eje narrativo, «Escapismo» disecciona sin piedad a una familia desestructurada, la del protagonista Aitor Martí. 

Así, el padre es un adicto a la cocaína que desapareció hace 15 años; la madre una ex alcohólica obligada hoy a fregar escaleras para sacar adelante a su casa e hijo menor; el mayor, Conejo (sus enormes dientes le caen sobre el labio inferior, de ahí el apodo) se ha convertido en un tipo peligroso, de armas tomar, que vive de cobrar deudas ajenas y que no suele aparecer por el piso de su madre más que para llevarse mobiliario o incluso la televisión…

Aitor es un chaval sano y sin vicios, un pequeño camello de barrio que ayuda a su amigo Charly con trapicheos de marihuana y cocaína. Narrador de «Tiempo de ratas» este mismo Charly, junto a Eloy y el Mentiendes, se hacían con una mochila de 8 kg de farlopa que los llevaba a la perdición.

Ahora Charly, que de milagro salió vivo de aquella brutal venganza con la que terminaba «Tiempo de ratas», es otro personaje más en una historia contada en tercera persona (a diferencia de la anterior novela que lo estaba desde la primera) y que incorpora acertados insertos de la segunda persona para que Marc Moreno ajuste cuentas con su protagonista: «¿Pero tú de quién te has preocupado, Aitor? Si llevas toda la vida como si nada tuviera importancia…» o, incluso, para manifestar serias dudas frente a su capacidad para salir adelante: «Un inútil inadaptado como tú, sin habilidades sociales y al margen del mundo, ¿cómo se espabilaría sin la ayuda de la mama o del Charly?». También es usada esta segunda persona para autoinculpaciones del propio Aitor, funcionando como un sui generis monólogo interior: «La vida va sobre ruedas. Pero tú circulas marcha atrás. Y con el freno de mano puesto.» 

Y es que para mostrar la infinita infelicidad que destroza la vida cotidiana de Aitor Martí, Marc Moreno despliega a fondo sus recursos de escritor.

«Aitor sueña con volver a su estado natural de pasividad neutra que detiene el tiempo sin ninguna preocupación, ni por el dinero ni por nada que le rodea.»

Harto de las violentas apariciones de su hermano y de sus palizas, de no tener nunca un euro en el bolsillo, y aprovechando el desbarajuste policial causado por el atentado de las Ramblas, idea Aitor con urgencia un plan similar para cargarse al Conejo llevándoselo por delante usando una furgoneta que conducirá hasta su objetivo Fofo (un colega suyo de la calle con el cerebro frito por la droga y que se cree un negro a lo Dr. Dre). Desaparecido el hermano, Aitor se convertirá en víctima del terrorismo y cobrará la paga adjudicada por el Estado a los familiares de esos fallecidos. Si al final Aitor convence para el atropello al Fofo (y a su compinche el Moha), es, sobre todo, porque acaba prometiéndoles muchos gramos de cocaína si la operación se ejecuta con éxito.

«El único vínculo que Aitor tiene con ese psicópata es que ambos salieron de la misma vagina, pero Conejo jamás ha ejercido como hermano mayor ni Aitor ha albergado ninguna esperanza de que esto pasara.»

La agonía, la posible muerte de Luisa, madre de Aitor, en ese Hospital de la Barceloneta y las siempre aplazadas visitas de su hijo menor, inmerso en otros trajines, resultan un late motiv que pauta el desarrollo de la novela. Este mismo Aitor es padre de una niña –Alba– a la que ni quiere ver. Cuando supo que su novia Sofía estaba embarazada y tras no conseguir que abortara, se desentendió de ella y de lo que iba a nacer.

Con Alba Aitor repite ese mismo trato inexistente, ausente, que recibió de sus progenitores, a los que tanto reprocha y culpa de su infelicidad. Porque «Escapismo» acaba resultando, por encima de otros asuntos, un intenso texto sobre las relaciones paterno filiales de hoy en día.

Que cualquier relación (incluyendo las dadas entre hermanos) esté llevada aquí a un extremo de negatividad facilita destapar las intimidades de un grupo familiar desestructurado por unas adicciones –la droga y el alcohol– que no son exclusivas del suburbio. La dureza de ciertas situaciones, el lenguaje desabrido y violento, no son motivo para que el lector acomodado se tranquilice pensando que semejantes cosas solo se dan en los barrios, que en otros ambientes más selectos jamás encontrará dramas similares a los reflejados en esta gran novela que es «Escapismo». Pensar eso sería un grave error.

Editorial: GRUPO TIERRA TRIVIUM
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788412099829

 ENTREVISTA CON MARC MORENO:

Jon Arretxe, Paco Gómez Escribano y Rosa Ribas aparecen en mi reseña a modo de ejemplo de escritores que beben del barrio y su realidad como fuente de inspiración para sus novelas. ¿Te sientes parte de un grupo literario con características propias?

Sí y no. Por un lado es un privilegio que me metas en un grupo con estos tres autores a los que respeto tanto, y que unos más que otros es evidente que sí que hacemos cosas que van en la misma línea. En ese sentido sí que creo que hay una línea común en muchas de nuestras novelas, pero también es verdad que creo que somos autores que buscamos nuestra voz personal y un enfoque único. Yo al menos lo hago, y por lo que he leído de ellos, sospecho que ellos también, porque se salen del patrón habitual del noir español. En ese sentido creo que es difícil hablar de grupo con características comunes, porque pese a los puntos de conexión que saltan a la vista, la aspiración de hacer algo único está ahí, y es un elemento importante que nos diferencia.

Al lado de los autores que investigan crímenes, numerosísimo grupo que no para de crecer, vosotros los «suburbanos» aún sois minoría y da la sensación que vais por libre, haciendo la guerra por vuestra cuenta con lo que eso tiene de perjudicial a la hora de daros a conocer. En cambio los «criminalistas» se juntan en cuanto pueden durante incontables festivales y congresos de novela negra copando las mesas, recibiendo todos los premios; se invitan unos a otros, mantienen un estrecho contacto en las redes sociales y logran captar la atención de los medios (en prensa, revistas y hasta la televisión). La verdad es que no carecen de mérito, hay mucho trabajo ahí, y si han conseguido ser un grupo que potencia las ventas de sus productos no es por casualidad: nadie les ha regalado nada. ¿Qué se te ocurre que podríais hacer para difundir vuestras novelas escritores que, siendo tan negros –más aún, negrísimos– como los otros no os dio por crear policías o detectives? 

No creo que sea un problema de gremialismo ni de hacer grupo, los autores de nuestro rollo nos leemos entre nosotros y también nos recomendamos, disfruto con los autores del país que hacen cosas parecidas a lo que hago yo. Creo que el problema es de falta de lectores que busquen este tipo de literatura más dura, menos amable, que te golpea con más fuerza que la novela procedimental, o ya no digamos que la novela rosa con muerto e investigación. A mí me encanta la novela policiaca, igual que a la mayoría de lectores, pero yo escribo novela negra pese a ser consciente que el público potencial es mucho menor.

Siendo, para mí, vuestra literatura la rama más vigorosa y atractiva del noir ibérico, su gran esperanza, cuesta comprobar que quizá no os estéis esforzando mucho en una promoción conjunta. ¿A qué esperáis los autores «suburbanos» para estrechar lazos y dar a conocer vuestras obras fuera del círculo habitual? 

Más que estrechar lazos lo que hace falta es que una novela de bajos fondos haga el ruido suficiente para que arrastre al resto a tener un poco más de visibilidad, y genere interés en el lector. Supongo que necesitamos que aparezca un nuevo profeta con una novela revolucionaria bajo el brazo y que le haga estallar la cabeza a todos los lectores para que ponga el foco en el resto de autores que hacemos novela negra más allá de lo policial.

¿Crees concebible un festival de novela quinqui en este país?

No lo veo factible a corto plazo porque ni hay lectores suficientes ni demasiados autores que apuesten de manera clara por este tipo de historias.

¿Ves preparado al lector para dar el salto y descansar un poco de novela policíaca e interesarse por lo qué ocurre en los barrios de su ciudad?

No hay que elegir entre papá o mamá. La grandeza del género negro es que es muy amplio, de una enorme riqueza y diversidad, y que permite afrontar historias desde diferentes puntos de vista sin perder la negritud. El enfoque es la clave de cada subgénero, y lo que ofrece es distinto, desde luego, porque cada novela tiene un tipo de lector diferente. La cuestión sería llegar a un punto de equilibrio en la que hubiera tantos lectores de policial como de negra, y poder leer lo mejor de cada rama.

En «Escapismo», aun estando presentes temas muy de novela de barrio (como esa necesidad acuciante de encontrar dinero), tras su febril lectura acaba primando el recuerdo de esa brutal disección familiar que haces. Los motivos de tu protagonista a la hora de sentirse un sujeto infeliz y abandonado por todo el mundo quedan muy bien desarrollados. ¿Consideras que en La Verneda los problemas que puede generar una familia desestructurada en los hijos son de mayor calado que, por ejemplo, los que puedan darse en una familia de ese tipo del Eixample?

Los desajustes personales que una familia desestructurada provoca en los hijos son iguales en todas partes, porque los sentimientos no son diferentes en un barrio u otro. Sin embargo, el entorno influye porque ayuda o complica la problemática. Si la realidad que han mamado estos chicos desde niños es una sociedad violenta, degradada y sin empatía, gestionar la falta de esa red familiar que te mantiene vivo no es fácil, porque si no te ayudan los tuyos difícilmente lo hará el resto. En una realidad más amable, que no machaca a los chavales, es probable que encuentren fuera esos apoyos que no hay en casa.

Aitor Martí, el protagonista, que con razón no para de quejarse durante toda la novela del desdén recibido por parte de sus padres (un drogadicto y una alcohólica), sin embargo repite esa misma pauta de actuación con su hija Alba, una hija no deseada que no recibe de su padre la menor atención. ¿Te parece que es una postura consciente por parte de Aitor esa de ignorar a su hija o, por el contrario, habría que buscar en el inconsciente sus motivaciones?

Aitor es hijo de sus circunstancias. Y de lo que ha vivido como algo normal durante toda su vida. Él es consciente que sus padres no lo han hecho bien porque le han generado un sentimiento que no es bueno, y que siente que le ha condicionado en su vida, pero cuando él tiene que hacer de padre acaba copiando malas conductas que él ha visto hacer. Y lo hace con naturalidad y sin pensar que lo hace mal, porque para él es lo que hay, es lo normal. Hasta que pone en marcha ese pequeño cerebro que tiene desentrenado y empieza a darle al coco, que es el gran problema de este tipo de chicos, que no piensan mucho, y cuando lo hacen, como no están acostumbrados a utilizar el cerebro, suelen meter la pata y se equivocan.

Respecto a «Tiempo de ratas», tu anterior novela contada en primera persona, en «Escapismo» optas por el narrador omnisciente añadiéndole unas muy ajustadas y brillantes apariciones de la segunda persona. ¿Qué te mueve principalmente a elegir la persona en que va a ser narrada tu obra? 

Lo que quiero contar y cómo lo quiero contar para pasármelo bien escribiendo y que el lector también lo haga al leerlo. En «Tiempo de ratas» tenía muy claro lo que quería explicar, pero me costó encontrar el tono narrativo. Estuve cuatro años cambiando cosas hasta que encontré la voz en primera persona pero de un personaje secundario, que creo que al final funciona muy bien. Y en «Escapismo» me pasó todo lo contrario, que rápidamente encontré el tono y sabía cómo quería escribir: con un narrador activo que se mete con los personajes, que les habla, y que interpela al lector, que hace un juego diferente para que el lector sea consciente que la historia que está leyendo lo va a mantener despierto.

¿Lo tienes claro desde el principio o, por el contrario, brota de manera espontánea?

Invierto mucho tiempo en la pre y post escritura, así que cuando me pongo a escribir lo tengo todo muy pensado y estudiado porque le he dado mil vueltas y sé qué voy a escribir y cómo lo voy a hacer. Soy periodista y estoy acostumbrado a escribir rápido, así que el proceso de redactar la novela normalmente suele ser muy corto, pero luego me pego muchos meses rescribiendo, igual que antes de ponerme, que también me paso muchas semanas dándole vueltas a las piezas y haciendo mi tetris particular.

El final de «Escapismo» no es menos violento que el de «Tiempo de ratas». A diferencia de otros autores en los que muere hasta el apuntador en sus desenlaces (estoy pensando en Paco Gómez Escribano), tú te las arreglas para que quede algún superviviente. En el caso de «Tiempo de ratas» el que no moría era el narrador, Charly, el mismo que tiene un papel importante en «Escapismo». ¿Reservas algo para el superviviente de «Escapismo» en tu próxima novela?

Mi idea literaria es crear un universo propio, y eso supone que en todas las novelas hay pequeños elementos comunes, guiños, o conexiones que si has leído todos los libros te harán gracia, pero que si no las detectas no impide en absoluto entender cada novela, porque simplemente son juegos que hago con el lector. No voy a ser tan presuntuoso de decir que lo tengo todo pensado hasta el día que me muera, las novelas que voy a escribir y qué personajes van a salir, pero me encanta jugar a crear algo que vaya más allá de cada novela individual. Un mundo literario que crece novela a novela.

¿Cuáles son tus escritores de cabecera?

Dennis Lehane y Don Winslow, que curiosamente son dos escritores que no están demasiado bien vistos entre los autores de aquí, y Edward Bunker. Y de los españoles Carlos Zanón. Como se suele hacer en estos casos podría mencionar a los clásicos, de los que he tratado de leer al menos una novela de los principales autores americanos de la primera mitad del siglo XX, pero para mí un escritor de cabecera es ese autor del que te lo has leído todo o casi todo, y que cuando saca novedad vas como un loco a la librería. Y de esos solo tengo estos pocos.

¿Dentro del género negro por quién te consideras más influido?

Por muchos autores, soy un escritor muy abierto a las influencias y, cuando algo me llama la atención, intento incorporarlo a mi repertorio. Creo que tengo un estilo muy personal, pero este estilo no ha surgido de la nada, he ido adaptando a mi manera de escribir todo lo que me gusta de otros autores. Siempre leo con ojos de escritor y con voluntad de aprender. Recuerdo como si fuera ayer el día que leí «El poder del perro» y el estilo picado y cortante de Winslow. O cuando descubrí la negritud poética de Zanón.

¿Podrías descubrirnos algún autor que te guste y que no sea aún demasiado conocido?

Jordi Dausà y Diego Ameixeiras. Para mi gusto, Jordi es el mejor escritor de novela negra en catalán (tiene traducida al castellano la novela «Lemmings», que ganó el premio a la mejor novela en el festival Lloret Negre y que recomiendo a todo el mundo) y lo mejor de todo es que él no es consciente de ser un escritor de novela negra. Y Diego es un autor gallego del que he leído cuatro novelas suyas traducidas al castellano (creo que tiene alguna más en castellano), y que tiene un manejo narrativo espectacular, capaz de crear una gran tensión con muy poco, y unos personajes riquísimos.

¿Te planteas cambiar de registro literario y probar otras temáticas alejadas de la marginalidad?

Sí, desde luego, pero la cabra tira al monte y hay ciertos elementos que me atraen especialmente, y como escribo para pasarlo bien, al final acabo metiendo cositas del barrio, de bajos fondos y acabo convirtiendo cualquier historia en una crook story.

¿Puedes contar para Salamandra Negra en qué estás ocupado ahora?

Estoy con el guion de «Tiempo de ratas», que si todo sale como espero que salga, se convertirá en una película. Y acabando una novela de título «Después de la vergüenza», que es un pelín más thriller y no tan quinqui como las anteriores, pero que conserva muchos de los elementos habituales en mis novelas.
                                                                                 Marc Moreno

viernes, 1 de mayo de 2020

Cava dos fosas, de Félix García Hernán. La venganza como motor de vida

Maya Velasco

Cava dos fosas de Félix García Hernán es una novela de policías buenos y malos muy malos.

La historia comienza con el asesinato de un homosexual en el Retiro en la época de la Transición y no para hasta llegar al final de una historia de venganza cocinada durante 30 años en una cárcel española. Así que tenemos dos tramas diferenciadas. La primera, la búsqueda de los neonazis que asesinaron al joven y después a un sindicalista, y que años después provoca un rapto y su investigación. Se irán intercalando en secuencias que ocasiones son muy parecidas, persecuciones, vigilancias, investigaciones en locales y prostíbulos…hay para todos los gustos.

Los dos personajes principales como es lógico son el bueno y el malo. Javier Gallardo es policía. Se ha retirado al Pirineo leridano para darse un tiempo después de un caso complicado. Desde el principio se muestra como una persona honesta, primero de su promoción y con ganas de cambiar el mundo algo casposo de la Policía franquista en su paso a la constitucional. Se rodea más que de compañeros de cuerpo, de amigos, Fernando, Carmen y Raúl.

Diego López de Arbeloa es un fascista hijo de uno de los “héroes” del 23F. De buena familia, con dinero, con esa soberbia que necesita de varias generaciones para hacerse tan prepotente, agresivo, autoritario. Y se rodea de una caterva de delincuentes a los que desprecia.

En cuanto a la crítica social que suele haber en las novelas negras o policiales, Cava dos fosas se centra en ese paso mencionado de una policía que no sentía ningún respeto por los ciudadanos a otra como la actual que se dedica a protegerlos más allá de sus obligaciones. Esto sucede gracias a policías como Javier, Carmen y Fernando, que se enfrentan a todo el cuerpo por defender lo que ellos consideran legítimo. Retrata con precisión el mundillo neonazi que pulula por la España de la Transición y denuncia la corrupción política y policial del momento: “Hay mucho interés en que determinados aspectos no cambien nunca en este país, y la mejor herramienta para conseguirlo es contar con la ayuda, o el silencio, de los que deben velar por el orden”.

En segundo lugar, la venganza que es tan a menudo el motor de las novelas de estas características, solo que, en este caso, se trata de una venganza que va construyéndose, despacio, pero de forma muy meticulosa durante los 30 años que pasan entre una trama y otra.

Si esta vez gana el bien o el mal, lo dejo en el aire, para que los descubráis después de devorar esta novela.

Nº de páginas; 288
Editorial: ALREVES
Idioma:CASTELLANO
Encuadernación:Tapa blanda
ISBN: 9788417847456
Año de edición: 2020



viernes, 24 de abril de 2020

Sangre de Liebre, de Juan Bolea. Cócteles y sangre de liebre

¿Quién no se ha levantado un día con una resaca brutal y, sin recordar muy bien por qué, sabe la juerga del día anterior le va a traer algún que otro problema? Pues eso es lo que le pasa a Florian Falomir en Sangre de liebre, la última novela publicada de Juan Bolea. Una novela que no te vas a arrepentir de leer.

En su despacho de detectives se presenta una mañana un tipo que se hace llamar Lu Sagarra. Es un artista que acaba de casarse con la hija de uno de los empresarios más exitosos de Zaragoza, Abdón Chaure. La petición de Lu es que encuentre un reloj de lujo que ha perdido en una de sus juergas nocturnas. Florián acepta el caso y esa misma noche visita el Salón Cosmos, burdel frecuentado por su cliente y allí conoce a Denise, prostituta a la que también frecuenta su cliente. A partir de ese momento Flo se embarca en una espiral de alcohol, drogas y sexo que hacen que su vida, precariamente decente, se convierta en una vida de desenfreno con bastantes lagunas de memoria. En una de esas mañanas de resaca Flo se despierta con todo el cuerpo magullado y la noticia de que en la casa de campo del suegro de Lu se ha producido un asesinato.

Sangre de liebre mezcla escenarios de la Zaragoza más chic con los escenarios rurales en los que se encuentra la finca de los Chaure. Los cócteles más exquisitos se mezclan con la sangre de liebre en la que se guisan estos alegres animalitos.

El protagonista, Florian Falomir, en seguida hace que el lector empatice con él El mismo nos narra en primera persona el devenir de una investigación en la que él mismo se acaba convirtiendo en sospechoso, es débil, que se le va a hacer. Todos los personajes mienten compulsivamente y él se deja llevar. Cuando conoce al artista y descubre su primera mentira Flo se da cuenta de la clase de tipo que es Lu, pero el ambiente bohemio de la noche zaragozana le atrae más. Flo se embarca en una ola de desenfreno y en un mundo que ya creía olvidado. Las mañanas se convierten en bruma y las noches se convierten en su realidad, se aleja de todo y de todos. Hasta que la realidad le da una bofetada y su vida cae como una torre de naipes.

Hay que dejarse llevar, como Florian, por las luces de Sangre de liebre y conocer de primera mano cómo, a veces, la mentira es mucho más atractiva que la gris realidad y más si te lo cuenta Juan Barea.

Editor: Al reves
EAN: 978-8417847197
ISBN: 9788417847197
Número de Páginas: 288

viernes, 17 de abril de 2020

Los solitarios, de Álvaro Arbina. Diez personajes confinados

Maya Velasco

Los solitarios es el primer thriller de Álvaro Arbina. Construido con una precisión increíble, no deja ningún cabo suelto. Consta de 8 partes precedidas por una supuesta entrevista al autor en las que explica recursos de la novela

Un bosque de coníferas absolutamente rodeado por la nieve, con una casa en el medio de la nada. Una serie de personajes totalmente distintos entre sí, llegan a la casa en un helicóptero esperando encontrar a sus hijos, desaparecidos hace meses que les han enviado una invitación para reunirse en la casa.

La novela comienza cuando llegan allí los equipos de investigación y empiezan a encontrar cadáveres. Nueve en total.
Y aquí, Álvaro Arbina, nos empieza a contar de nuevo la historia desde el punto de vista de las víctimas, aparentemente para anular la sorpresa y eliminar la incertidumbre. En todo caso, el lector cuenta con un relato paralelo de Emeli, la Inspectora, y de cada una de las víctimas, que además nos van contando su vida: un matrimonio neoyorkino, un inmigrante senegalés, un ruso con su asistente, un español, una mexicana superdotada, una inglesa con trastorno de memoria, un excombatiente. Álvaro Arbina nos dice que son personajes distorsionados o desnudos, como prototipos.

Los investigadores encargados son la Inspectora Emeli Urquiza, española y Francis Thurrmond. Se llevan muy bien y se complementan sin problemas. A lo largo de Los solitarios vamos sabiendo detalles de su vida y de su carácter.

El lector, igual que los investigadores y las víctimas, no sabe a qué atenerse porque el autor juega con nosotros hasta el final. Nos sorprende con la idea de la caracola como imagen de la civilización, de los fractals o estructuras que se repiten. ¿Qué quiere decirnos?
Otra de sus declaraciones es que él es un escritor todopoderoso que controla la historia y a sus personajes

La novela está atravesada por dos temas: el racismo y las diferencias sociales. Todo el mundo da por hecho que la mexicana Ángeles se encargue de preparar el desayuno para todos; al personaje español, le llaman torero y el negro Sabaly “hablaba un francés de colonia, un francés africano y sumiso, como de lerdo”

Llegado un momento, el lector, al igual que todos los demás, cae en los paralelismos de Los solitarios con Diez negritos de Agatha Christie. También hay referencias a El señor de las moscas de Golding. Y es que al final, hay 10 víctimas. ¿Quién es el asesino?

El final no va a dejar de sorprenderos. Una novela más que recomendable.

Nº de páginas: 576
Editorial: S.A. EDICIONES B
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788466666367
Año de edición: 2020

viernes, 10 de abril de 2020

La mano armada, de Carlos Pérez Merinero. Un desmadrado carrusel de vicio

La mano armada, de Carlos Pérez Merinero. Un desmadrado carrusel de vicio
Manu López Marañón

A Carlos Pérez Merinero (Écija, 1950 – Madrid, 2012) lo tenía fichado por leer su nombre en los títulos de crédito de películas que me apasionan y reviso sin cansancio. Sobre todo por encontrármelo como coguionista de Amantes (Vicente Aranda, 1991), para mí la mejor película de la historia del cine español, pero también en otras quizá no tan redondas pero donde asimismo brilla. Destaco entre estas películas con guion de Pérez Merinero una bastante buena y ganadora de varios goya, La buena estrella (Ricardo Franco, 1997), y otra que si bien pasó casi desapercibida atesora un encanto inmarchitable: Cuando todo esté en orden (César Martínez Herrada, 2002).

Para la serie de televisión «La huella del crimen» a Pérez Merinero encargaron varios guiones. En la reseña de Un episodio nacional que recientemente he publicado en Cita en la Glorieta hago referencia al del capítulo El crimen de la calle Fuencarral, que dirigió Angelino Fons.

Pérez Merinero escribió esta joya.

Estos eran mis someros conocimientos sobre alguien a quien otorgaba un papel nada desdeñable en nuestro cine. Pero al reseñar La mano armada para Salamandra Negra –en lo que supone mi contribución inaugural a esta influyente revista– me entero de cómo esa novela forma parte del copioso, y desconocido por mí, corpus narrativo del sevillano. Escorado hacia el género negro Pérez Merinero publica entre 1981 y 2011 un total de 12 novelas, algunas para la mítica «Colección Negra» de Editorial Bruguera (El ángel triste; Días de guardar) y otras para editoriales de renombre como Júcar (La mano armada) o Laia (El papel de la víctima; Llamando a las puertas del infierno).

Tras su prematuro fallecimiento, David Pérez Merinero, hermano de Carlos, crea «La colección Carlos Pérez Merinero» que abarca una obra inédita no menos escasa. Poemarios, novelas, guiones cinematográficos y hasta textos dramáticos que quedaron sin editar empiezan a ser exhumados desde entonces con el interés creciente de crítica y público.


A la par de esta avalancha de títulos, editoriales independientes –siempre atentas a lo literariamente más valioso– han comenzado a reeditar antiguas novelas de Pérez Merinero. Es el caso de Días de guardar (Ediciones Reino de Cordelia, 2014), Las reglas del juego (El Garaje ediciones, 2018) o El ángel triste (Ediciones Vernacci, 2019).

A este revival «merinerista», todo un boom, se suma ahora –marzo de 2020– el Grupo Tierra Trivium en lo que supone un ejercicio de anticipación a la que nos ha venido encima con el coronavirus. Y es que la reedición de la novela que nos ocupa, La mano armada, por su temática porno-noir está llamada a convertirse en un imparable éxito durante estos meses de obligado confinamiento doméstico. En papel, y también ya en EPUB, pueden hacerse con ella aquí: Grupo Tierra Trivium 


Contrario a la novela enteramente pornográfica, Mario Vargas Llosa afirma: «Mi idea de la novela, sí, es totalizadora, porque debe recoger la experiencia global de la vida humana. Si solo hay amor o erotismo, da una sensación de irrealidad, y yo soy un escritor realista». No sé qué pensarán otros pero para mí lo que realmente representa a La mano armada son sus lances pornográficos, lances de un hiperrealismo y crudeza que yo no degustaba desde que, allá en mi inquieta juventud, caté al marqués de Sade.

Pero ya no soy aquel que celebraba la presencia de la obscenidad (y aún menos ese erotismo cosmopolita, light, de «altos vuelos», al que recurren presentadoras de televisión que se sienten reencarnaciones de Anaïs Nin). A estas alturas del partido me sobran coitos en todo tipo de acrobáticas posturas, libidinosos calambrazos corporales provocados a golpe de látigo o por equinos fustazos, intensos cunnilingus perpetrados por amantes con adiestradísima lengua, desencantados onanismos de mesa camilla y hasta emotivos –y quizá justificados– besos enamorados. Encuentro mecánicas, faltas de vida en general, esas ortopédicas páginas que no tardo en saltarme.

Respecto al marqués de Sade, leído con imberbe turbación, apenas si queda ya el poco convincente recuento de sus patológicas guarrerías, convertidas hoy en un homogéneo cargamontón de sexo preferentemente anal y en sesión continua. Algo que, como bien ha dejado dicho el Nobel hispanoperuano (autor de la estimable novela erótica Elogio de la madrastra), acaba por crear en el lector esa sensación de irrealidad que, pronto acostumbrado a ella, desemboca en su inevitable hastío.

Y hete aquí, en mi enésima lectura de un noir, que topo con algo imprevisto porque gracias a la habilidad de Pérez Merinero me es dado participar, –y de lleno–, en las escaramuzas sexuales que su innominado protagonista (un esmirriado agente de policía de 26 años que en aquel Madrid franquista de 1962 actúa y «razona» como un varón de 52) lleva a cabo con cuanta mujer se cruza: prostitutas sobre todo, a las que suele beneficiarse sin pagar, pero también actrices de tercera fila, virginales madames de burdel, o incluso viudas (no respeta nada este tío, todo le sirve). Es el suyo un desmadrado carrusel del vicio que casi siempre hace girar, el muy caradura, durante el cumplimiento de sus servicios de «orden público».



                                        La evolución del sexo en la literatura: del marqués de Sade a Vargas Llosa

La crudeza es total, el sexo se ventila sin concesiones a la menor elipsis. No quedan fuera excesos de violencia verbal ni física. El capítulo XIV, por ejemplo, resulta inconcebible de asumir incluso para mentes partidarias del «todo vale»: nadie que lo acabe vivirá después su sexualidad de igual manera, el que avisa no es traidor. En paralelo a tanta acción degradada, el despliegue léxico aportado por Merinero a la hora de llevar a buen puerto los orgasmos de su insaciable protagonista resulta abrumador: ese inabarcable registro en el que predomina el lado más canalla del lenguaje da paso, a veces, a alguna exquisita perla que nos deja no menos noqueados. Espigo unas líneas que se lean sin que nadie nos acuse de impúdicos, rastreo que me ha costado lo suyo:

«Las domingas de Berta Ramos eran tan gordezuelas y estaban tan atocinadas que por mucho que las plegó el día continuó siendo feriado y el escaparate mostraba un aspecto de lo más presentable».

«El dolor hizo que aumentase la intensidad de mi mordida sobre el papote de la mofletuda y la muy lasciva se retorció de gusto como si le hubiese dado unas hogazas de pan candeal».

Y me pasa que no puedo parar, que nada me salto: agoto hasta el último resuello sexual de este desquiciado agente del Cuerpo General de Policía «nacido para follar» mientras me transformo en un degradado voyeur que comparte su obsesión y disfruto endiabladamente –reconozco, algo alarmado– con cada desviación suya… Las cartas que Nora remitía a James Joyce eran sexualmente explícitas pero anárquicas sintácticamente. No sucede así con el estilo de Pérez Merinero porque su extraordinaria sexualidad cerebral, ese fervor corporal que él se empeña en emporcar minuciosamente, viene servido por una prosa elegantemente armada, dueña de peculiares sabores y aromas (algo tan difícil de lograr) la cual, desde luego, a la hora de definir y adjetivar los diversos trances sexuales resulta adecuadísima.

Estamos ante una novela pornográfica pero, no conviene olvidarlo, también negra. En las fuentes de este género no falta material de derribo para que Merinero extraiga unos respiraderos que puedan tomarse como los necesarios «descansos», entre mujer y mujer, de su policía (al contrario de lo que sucedía en Justine, la celebrada obra del monotemático marqués). Esos lapsos noir amplían el interés por una obra que de tan sucia, por muy «artísticamente» que se sepa mostrar, corría el riesgo de convertirse, como las de Sade, en repetitivamente monótona. La temática policial salva a La mano armada.

Para ella el autor no idea una trama de investigación criminal; lo que muestra es algo que, si bien no resulta del todo original, por lo menos cabe celebrar en estos tiempos en que a cualquier lumbrera le da por planificar asesinatos. Carlos Pérez Merinero opta por desgranar sucesos de una vida en teoría dedicada al servicio ciudadano pero que, lejos de cualquier ejemplaridad, y se mire por donde se mire, resulta arrastrada. El agente, siempre sin un duro, se siente un mamporrero al servicio de los grandes capitostes del dinero:

«A cambio de matar, torturar y violar con impunidad nos hacen currar a su servicio para evitar que la gente se desmande y les expulse del palacete de invierno en el que se dan la gran vida».

Este policía sin nombre (por edad sería Agente de 1ª o Inspector de 3ª, algo que tampoco se desvela) refiere en primera persona (En La mano armada narrador y protagonista coinciden) el torrente de sus más bajos y desolados pensamientos:

«A mis veintiséis años mi hoja de ruta no era muy presentable que digamos y me hundí más de lo que ya estaba, dándole vueltas al vacío y a la soledad que presidían mi vida. Y aunque no tenía ninguna bola de cristal, me barrunté con un fatalismo de lo más humillante que el futuro no iba a ser mejor. Nunca llegaría a comisario ni me harían reportajes en El Caso».

Para vengar la muerte del policía Santiago Carreño, el comisario Peralta propone a nuestro agente escarmentar a un tal Escamilla, que es quien, ante su amenaza de desvelar una información relacionada con el contrabando, se ha cargado al compañero. Al comisario y el agente pronto se añade Olite, hombre de confianza del jefe, y dos «cazarrojos» de la Brigada Político-Social, Linares y Martínez. Tras un atroz «interrogatorio» coronado por un disparo del comisario en la tripa de Escamilla, el inspirado Peralta deja sobre la espalda del finado una nota que avisa: «Esto es lo que hacemos a los que nos pierden el respeto». Acaba de nacer el «Escuadrón Santiago Carreño».
Posteriores actuaciones de este grupo parapolicial, siempre al margen de un aparato judicial que demandaba al Régimen más mano dura, vertebran buena parte de la trama. Otra actuación del escuadrón va dirigida contra un abogado monárquico, quien, tras ser conminado a no molestar más «a esos generales que él ya sabe», recibe una soberana paliza. La nota sobre el desfallecido disidente anuncia: «Esto es lo que hacemos con los traidores».

En la DGS al comisario Peralta le dan la enhorabuena por su escuadrón, que llega allá donde no pueden sociales ni grises (la Policía Armada). Pero una noche un norteamericano de nombre Evans sodomiza al agente durante una orgía, y éste, herido en su orgullo a pesar de que la experiencia en absoluto le haya disgustado, da con su violador en la Casa de Campo y lo pasaporta de un tiro en la nuca. Convencido de haber hecho justicia el agente asume el nombre del escuadrón y deja sobre la víctima su habitual firma en forma de nota. Redactada por él, avisa: «Esto es lo que hacemos a los maricones que vienen a España a pervertir a nuestros hijos».

Que el agente haya procedido por su cuenta indigna –más que el crimen en sí–a Peralta, que comunica al usurpador cómo el escuadrón ha sido desmantelado. Evans ha resultado ser el secretario de la Embajada americana, con lo que eso supone. Semejante rosario de desatinos motiva que el comisario destine a su responsable a servir en provincias. Nuestro héroe prefiere ir solo al destierro a hacerlo acompañado por una prostituta –Amelia– con la que mantiene una larga «relación». La barata pensión y la abulia provinciana apenas mitigada por los encuentros con una insaciable viuda (heredera de una fábrica de galletas) van creando el caldo de cultivo necesario para el retorno del agente a Madrid, donde firmará ya sus desmanes en solitario como «La mano armada».



                                                                    Bret Easton Ellis.

Este cínico creado por Carlos Pérez Merinero, el recalcitrante misógino especialista en interrogatorios a base de bofetadas, puntapiés, puñetazos y quemaduras de cigarrillo, de gatillo fácil y nula empatía hacia nadie, con un cerebro cuarteado en el que la patología sexual no deja lugar a otros sentimientos –y a quien cuesta olvidar–, anticipa en cinco años los desmanes de aquel otro monstruo parido por Bret Easton Ellis para protagonizar su American psycho. Nos referimos al broker Patrick Bateman al que nuestro agente iguala –sino supera– en maldad y perturbación.

Nº de páginas: 290
Editorial:GRUPO TIERRA TRIVIUM
Idioma:CASTELLANO
Encuadernación:Tapa blanda
ISBN: 9788412099881
Año de edición: 2020

ENTREVISTA CON DAVID PÉREZ MERINERO:

A pesar de su innegable calidad, muchos lectores desconocen la faceta literaria de Carlos Pérez Merinero, mayoritariamente recordado por haber sido uno de los mejores guionistas que ha dado este país. Desde hace unos años no pocas editoriales independientes reeditan novelas de tu hermano y tú mismo, a raíz de su fallecimiento en 2012, creas la «Colección Carlos Pérez Merinero», con un fondo extenso de obras terminadas que quedaron sin editar. ¿Qué repercusión tiene lo que vas publicando y cuál está siendo su valoración crítica?

Si te refieres a la Colección Carlos Pérez Merinero la respuesta no tiene dudas: Ninguna (así con mayúscula y negrita). No podía ser de otra manera, su edición es no venal y no pasa de unas (pocas) docenas de ejemplares. ¿Para qué tanto esfuerzo? Porque estaban ahí, los libros estaban ahí.

El interés por las «cosas» de Carlos es creciente y no es infrecuente que se publiquen artículos y reportajes de altura. Recuerdo ahora este de David Benedicte, el del joven escritor Carlos Rodríguez Crespo en Jot Down, el magnífico reportaje de Silvia Cruz en Vanity Fair… La constante atención que le han dedicado María Ángeles Robles, Paco Gómez Escribano y Alejandro Luque también me gustaría destacarla aquí.

¿Estas obras póstumas, según tu criterio, están a la altura de lo que Carlos publicó en vida?

Me veo obligado a recurrir a la fórmula Lola Flores: «Eso lo tiene que decí mi público y vozotro los críticos».

¿En cuánto tiempo tienes previsto agotar este fondo de publicaciones? 

Si todo va según lo provisto y Undibé me da salud (y jurdó) en enero de 2026, coincidiendo con el decimocuarto aniversario de la muerte de Carlos.

Las novelas, e incluso los guiones, viniendo firmados por Pérez Merinero parecen de favorable distribución. Pero con poemarios y obras dramáticas, géneros más difíciles para encontrar acomodo (aunque sean de un autor conocido), ¿cómo te mueves en el mercado editorial español?

Durante mi juventud tuve mucha relación con el mundo editorial, afortunadamente pude alejarme de él. Las circunstancias (¿?) me han obligado a volver a la carretera, bien que lo lamento. Lo afortunado es que en algunos casos (no todos) hay una relación previa de amistad con los editores (no con todos); en estos casos, el proceso va muy rodado y la complicidad es total. ¿En los otros? De momento, me callo.

En editoriales convencionales solamente he conseguido que se editen o reediten sus novelas. Ah, hace un rato me han comunicado que un poemario de Carlos (Sesión continua) lo va a publicar Mandala Ediciones. ¿Guiones y obras dramáticas? La única posibilidad de darlas a conocer (¿?) es la Colección CPM, no veo otra.

Como he resaltado, los inolvidables episodios sexuales del protagonista de La mano armada logran dejar en segundo plano la, por otra parte, potente y bien trazada trama policial. ¿En la obra narrativa de Carlos Merinero el sexo tiene la importancia y el desarrollo que he encontrado en esta novela o se trata de una excepción?

La respuesta la tienes a tu alcance, (re)lee las novelas de Carlos Pérez Merinero.

¿Crees que el autor era consciente al pergeñar episodios sexuales desbocados, como los que se cuentan en el capítulo XIV de La mano armada, de haber alcanzado la cumbre de la literatura pornográfica española? 

Desconozco cómo andará el escalafón de la literatura pornográfica española.

Para alguien como yo, que ha leído y visto de todo, quedarse estupefacto en pleno 2020 con escenas de cama es un dato a tener en cuenta… En los años ochenta llevábamos ya unos cuantos de democracia, pero supongo que al editar Júcar esta novela habría reacciones virulentas porque cuesta suponer que un texto de semejante procacidad pasara desapercibido. ¿Recuerdas alguna anécdota de cuando La mano armada llegó a las librerías? 

Carlos me comentó en su día que algunos lectores escribieron cartas furibundas a la editorial reclamando el dinero que habían pagado por ella.

¿Hubo algún colectivo social o eclesial que pusiera el grito en el cielo ante las abundantes tropelías sexuales (que incluyen alguna violación) del protagonista?

En aquellos años no había tanto «ofendidito» (que dicen en Cádiz) como ahora. Quizá a tus lectores les pueda interesar estos comentarios que hizo un joven Federico Jiménez Losantos en la revista Época.

Para la trama noir de la novela Carlos no recurre al topicazo de crear un policía que esclarezca crímenes, sino que opta por un camino diferente muy de agradecer, ya que se propone contar el día a día de este agente del franquista Cuerpo General de Policía. Esto, de entrada, supone una novedad notable dentro del monocorde panorama del noir ibérico, para el que no parece existir hoy cosa más importante que las pesquisas de un asesinato. Pero es que además La mano armada aporta una erudición de primerísima mano sobre el nivel de corrupción social y policial durante aquella época central de la dictadura. Así, la existencia de ese cuerpo parapolicial (el «Escuadrón Santiago Carreño») que en 1962 se pasa por el forro la ley (una ley, hay que recordar, más que tolerante con los desmanes de un Estado policial) y que en sus acciones punitivas llega donde no pueden la Brigada Político-Social ni la Policía Armada, es una de las grandes revelaciones de La mano armada. ¿Crees que pueda haber otras novelas que pongan al descubierto de forma tan descarnada los entresijos policiales que se daban cuando el Régimen de Franco estaba en su plenitud represora? 

En una entrevista que Javier Rebollo y Andrés Peláez le hicieron a Carlos en la revista Ni hablar (julio/agosto 1996) éste manifestaba: «Yo al señor que escribe La mano armada voy y lo fusilo porque no se puede consentir, aunque como lector necesito leer ese libro una vez al año... por perversión o lo que sea.  Y como no hay otros lo tengo que escribir yo. Hay mucha intencionalidad en La mano armada: Ya había muchas novelas no policiales que tenían el antifranquismo como referente pero no conozco ninguna novela policiaca antifranquista. Que me citen novelas. Yo solo conozco ésta».

Qué más puedo añadir.

El personaje principal (narrador en primera persona) de La mano armada es un psicópata que pone los pelos de punta a cualquiera. Que tu hermano fuera capaz de hacer empatizar a sus lectores con semejante bestia aclara muchísimo sobre sus capacidades creadoras. Tanto por su patología sexual como por darse a una violencia fuera de todo control durante el ejercicio de su servicio, este agente sin nombre me recuerda a otro feroz psicópata, más famoso y ya con película: el protagonista de American psycho. ¿Estás de acuerdo con esta comparación y, si no, con qué otro personaje de la literatura mundial establecerías tú relación?

Hace muchísimo tiempo que leí la novela que citas, no le encuentro relación con los personajes de Carlos.

Me atrevo a sugerir que si se quieren buscar influencias en su narrativa que se busque en Camus, Onetti, Bernhard…

Es una pena no podérselo preguntar a él, pero quizá puedas tú contestar a estas preguntas: ¿Qué autores, noir y de cualquier otro tipo, eran los favoritos de Carlos Pérez Merinero? ¿Cuáles fueron sus novelas de cabecera? ¿Hubo alguna que le dejara mayor influencia? ¿Conoces algún proyecto de tu hermano que se haya quedado truncado por su prematura desaparición?

La respuesta a las tres primeras cuestiones puede estar aquí.

¿Proyectos truncados? Miles, sus carpetas están llenas de notas, ideas para novelas,  argumentos… Como cualquier escritor, vamos.

viernes, 3 de abril de 2020

Sueños frágiles, de Yara Zgheib. Donde conviven el pánico y la esperanza

Maya Velasco.
Sueños frágiles de Yara Zgheib es una obra absolutamente aterradora, pero a la vez absolutamente esperanzadora que nos introduce en el doloroso mudo de la anorexia.

Nos cuenta en primera persona la historia de Anna, parisina de 26 años, bailarina y anoréxica. Comienza contándonos su matrimonio con Mathias, sus paseos por París, y su posterior traslado a Estados Unidos donde él tiene una excelente oportunidad de trabajo. Y a la vez nos va dando pequeñas claves de cómo y por qué va dejando de comer y cada vez hace ejercicio de forma más compulsiva. Cuando la situación ya no puede ir a peor, Mathias la lleva a un centro de rehabilitación.

Aquí comienza la enternecedora historia de la casa de melocotón, 17 Swann Street, donde un grupo de mujeres lucha contra sus peores demonios.

Os puedo asegurar que Yara cuenta el pánico que le entra a Anna ante las comidas de manera tan real que el lector puede imaginar cada sabor, cada textura, cada caloría. Es verdaderamente impresionante la prosa de la autora, como nos conduce a través de la angustia, cómo nos comprender algo de lo que no teníamos ni idea y cómo nos hace ponernos en la piel de estas mujeres. ¿Cómo una persona puede llegar al punto de casi dejar de serlo?:” ¿A qué me dedico en la vida real? Mi respuesta sincera sería: Hace años que no tengo vida real. En esta he pasado la mayor parte de los días evitando comer.”

Otra de las reflexiones más importantes del libro, es lo necesaria que es la ayuda y el apoyo de los demás para poder salir de este hoyo sin fondo. Estas mujeres desde sus propias miserias forman una red de ayuda infinita que impide que caigan más en ese hoyo. La desesperación se hace también patente en las familias que ven al enfermo ir matándose poco a poco sin ser capaz de reconocer su problema.

Aunque pudiera intuirlo, nunca tuve una percepción tan real de esta enfermedad. Como ya dije, la autora hace un trabajo increíble para transmitirnos los sentimientos de Anna. Y también nos da un rayo de esperanza en el convencimiento de que todo puede arreglarse y salir bien.

viernes, 27 de marzo de 2020

La favorita del Harén, de Andreu Martín. La violencia justa fuera del paraíso

La favorita del Harén, de Andreu Martín. La violencia justa fuera del paraíso
Necesitamos salir de casa, la calle se nos antoja un mundo lleno de luz y de maravilloso humo que nos envuelve sin que apenas nos demos cuenta, pero no debemos salir. Estaréis de acuerdo conmigo en que la mejor forma de huir es hacerlo de la mano de autores como Andreu Martín que en esta ocasión nos vuelve a llevar a su magnífico Harén del Tibidabo, un paraíso de lujo, sexo y secretos.
En La favorita del Harén nos reencontraremos con Emili Santamarta y con un elenco de personajes tan histriónicos como él.

Al Harén llega una escuálida joven conocida como la Caldera pidiendo a Mili asilo. La quieren matar y Mili, todo corazón, se ofrece a ayudarla. A partir de ese momento nuestro narrador y protagonista indiscutible se verá envuelto en la lucha entre dos bandas de mafiosos, los Santiago y los Klein además de un par de guardias civiles que no quieren que salgan a la luz sus secretos más oscuros. Y ya está el lío formado.

Si en El Harén del Tibidabo Mili no salía a la calle por su agorafobia, en La favorita del Harén Mili apenas entra. Con los gorditos, dos enanos “esféricos, caritas risueñas, ojos lastimeros, suplicantes de un trato de favor” pero muy crueles pasará una terrible noche de Halloween y se unirá a una manifestación independentista en Monserrat. Una noche festiva y un luminoso día con una música ambiental inolvidable: los gritos y los tiros de sicarios que parecen salidos de una novela de Tom Sharpe.

Mili nos cuenta la historia. Sus recuerdos son los que nos guían por esta historia de mafiosos. Los momentos que él no vivió, también los cuenta en primera persona. Mili Santamarta puede hacer eso y lo que le dé la gana.

Otra vez Andreu Martín nos muestra personajes que no son lo que parecen ser. Los Sambitos, los mafiosos gorditos y con apariencia bonachona son unos criminales extremadamente fieros cuya meta es matar de manera despiadada al guardia civil que disparó durante un robo a Delfín, su único hijo y heredero del imperio de sus padres, de ahí su nombre. Una de los guardias civiles extorsionados cumplimenta sus ingresos y su insatisfecha vida trabajando en el harén con el sobrenombre de Semíramis. El propio Mili pasa de la bondad y la inocencia a tener mano dura y gatillo fácil. La Caldera parece que va a ser la protagonista de esta historia pero nadie puede eclipsar a Mili.

Andreu Martín vuelve a enseñarnos una de las múltiples caras de Barcelona en una carrera contrarreloj. Negra, divertida, con una Barcelona de fondo que no siempre es amigable pero que siempre es el perfecto escenario para las novelas de Andreu Martín. Leedla y quedaos en casa, por favor.

viernes, 20 de marzo de 2020

Olor a muerte en Pioz, de Beatriz Osa. El terrible asesinato que ocurrió en Guadalajara

Maya Velasco
Olor a muerte en Pioz de Beatriz Osa es la última publicación de la colección Sin Ficción de la Editorial Alrevés. Esta serie me ha parecido hasta ahora interesantísima, en primer lugar porque trata de casos muy mediáticos de los que todos hemos oído algo pero no sabemos mucho y en segundo lugar porque el trabajo de documentación y redacción de todos estos periodistas es indiscutiblemente magnífico.

El caso que ahora se nos presenta es el de Patrick Nogueira que mató y descuartizó a cuatro miembros de su familia: su tío Marcos (40), su tía Janaína (39) y los dos hijos de estos de 1 y 3 años. El relato va desde el día que se descubre el hecho hasta el final del juicio. El día del horror fue el 17 de agosto de 2016. Descuartizó a sus dos tíos y metió a todos en bolsas de basura. Un mes después los vecinos no aguantaron más el olor y se encontraron los cuerpos en alto grado de descomposición.

Como en los otros casos tengo que resaltar el trabajo de Beatriz Osa que relata el caso dando los detalles escabrosos más necesarios para la comprensión del terrible suceso. Su prosa es perfecta, el relato sobrio, pero sin ser una lista de datos sin sentido. Incluso introduce referencias a sucesos del momento para situar al lector en aquellos días, y compara este con casos similares del momento. También añade datos de estudiosos de diversos temas relativos al proceso.

Y además, el reconocimiento del trabajo de todos los implicados  en el caso, tantos y tantos técnicos y profesionales que han dedicado cada minuto a explorar las pruebas, a encontrar la verdad.
Su descripción del olor a muerte, ya presente en el título, es tan descriptivos, que nos parece estar allí, en ese chalet de los horrores de Guadalajara: “Quien lo ha olido sabe que volverá a olerlo, aunque nada a su alrededor se esté pudriendo”.

El personaje de Patrick se refleja de forma precisa, sus gestos, sus posturas, su físico, sus pensamientos expresados a través de su teléfono móvil o sus declaraciones, su posible enfermedad psíquica. Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención es la descripción del propio Patrick:

“Yo he cavado mi tumba de niño. Son un cúmulo de delitos, de contraversiones, de mierdas…Es una evolución de desgracias, una detrás de la otra. He bebido hasta no aguantar más y he cambiado de ciudades, pero no ha cambiado nada. He llegado hasta este punto y no puedo cambiar el pasado”.

Esta es la única explicación: una infancia de malos tratos, demasiado alcohol, demasiadas lecturas macabras y de violencia extrema, demasiada maldad.

El relato del juicio es también extremadamente interesante. Como nos explica Beatriz Osa, los juicios mediáticos son especiales. En este hubo mucho público. Patrick cambió por completo de aspecto. Parece un niño bueno y lo primero que hace es pedir perdón a todo el mundo.

En fin, no puedo menos de recomendaros Olor a muerte en Pioz, un relato esclarecedor de los terribles sucesos acaecidos en Guadalajara en 2016.

viernes, 13 de marzo de 2020

Las lágrimas de Hauwa Samuel o cómo fundir el humor con la más dura crítica social

Las lágrimas de Hauwa Samuel o cómo fundir el humor con la más dura crítica socialJavier Rodríguez Pascual acaba de publicar la tercera novela de la saga de Yaiza Cabrera, excéntrica
detective que conocimos en El primer gran caso de Yaiza Cabrera y Procelosos lodazales. Esta novela, Las lágrimas de Hauwa Samuel, es la más social de la saga ya que encara uno de los problemas más terribles de la sociedad actual, la trata de seres humanos.

La Guardia Civil, casi por casualidad, hace un control a uno de los camiones que circulan por las autopistas madrileñas. Casi por casualidad descubre en su interior a veinte jóvenes subsaharianas y, casi por casualidad uno de los agentes dispara al conductor del camión. Poco después Yaiza Cabrera es contratada para acudir a la lectura del testamento del empresario dueño de la empresa de camiones en la que se encontraron las chicas, Leocadio Huidobro. Allí conoce a los dos hijos del empresario y a sus mujeres y todos descubren que el empresario había adoptado recientemente a una hija que Leocadio tuvo fuera del matrimonio y a un joven subsahariano.
Colándose entre los capítulos del libro el lector va a descubrir la dura historia de Hauwa Samuel y de su hermana Doris que engañadas llegan al Primer Mundo arrancadas de un pequeño paraíso para ser encerradas entre los grises muros de Occidente.

Las lágrimas de Hauwa Samuel es la novela que más redonda de las que he leído del autor. Su estilo ágil, fresco y divertido en esta ocasión está salpicado del dolor de muchas mujeres víctimas de una sociedad que comete actos terribles y de unas personas que sacan beneficios económicos de la venta de personas que intentan convencerse de que ellos no tienen culpa por mirar para otro lado. Todos nosotros miramos de frente cuando pasamos por alguno de los clubs de carretera sin querernos enterar de que dentro de ellos hay mujeres obligadas a prostituirse para pagar una deuda que no quisieron contraer y de la que nunca podrán librarse.

Aunque esta es la tercera novela protagonizada por Yaiza Cabrera se puede leer perfectamente de manera independiente. La protagonista ha evolucionado hasta convertirse en una detective profesional que no duda en seguir su instinto pero que sabe pedir ayuda si la necesita. Así nos encontraremos con su amigo con derecho a roce, Melitón, y el jefe de este el Inspector Luis Bárcenas que acompañarán a Yaiza hasta descubrir cómo se produjo la muerte del empresario y qué escondía este en su flota de camiones.

Es esta una novela llena de ironía, llena de humor, llena de personajes que parecen sacados de nuestras historias cotidianas. Las gemelas casadas con los hijos de la víctima no dejaban de recordarme a las hermanas de la Cenicienta.

Así que no puedo, una vez más, dejar de recomendaros que leáis Las lágrimas de Hauwa Samuel para descubrir cómo puede fundirse el humor con la más ácida crítica social haciendo que esto parezca una tarea sencilla, por supuesto sin serlo, bajo la pluma de Javier Rodríguez Pascual.